Por Bartolomé Leal

Uno de los libros fascinantes del 2025, el cual tuvo una repercusión tan limitada que da lipiria, es este ensayo titulado modestamente Aproximación a la cultura de Haití, no obstante estar ricamente dotado de información de primera mano; y además de una narrativa y una imaginería que lo hacen un libro para consultar de continuo a quien se interese, no digamos solo en el drama haitiano, sino sobre todo en lo que son los ciudadanos de esa nación, sus formas de pensar, de actuar, de cocinar o de orar. Los haitianos y haitianas constituyen de alguna manera, por su humildad, capacidad de trabajo y honradez, la mejor gente que hemos recibido en este país durante las oleadas migratorias causadas por el hambre, el desamparo y la violencia.

Su autor es Yvenet Dorsainvil, un profesor de lenguaje, educador, escritor y comunicador, líder en la comunidad haitiana en Chile. Lleva década y media residiendo en nuestro país. Es autor de un diccionario bilingüe kréyol-español publicado por la Universidad de Chile, orientado a facilitar la integración de la comunidad migrante y la comunicación con el medio local. Claro que esa jerga sociológica no le hace justicia al libro que comentamos: amplio, generoso, abierto a tantas expresiones como fue posible. Yvenet, un hombre ocupado y preocupado, de enorme cultura, que entiende que todo está relacionado en la vida de los pueblos y eso significa que no es posible dejar de lado aspectos que pueden ser anecdóticos; o tener poca conexión aparente.

La obra está impecablemente bien escrita, y si uno empieza por el capítulo I, una sinopsis de la historia de Haití, no puede parar más. Pero, saltemos de tema en tema, abriendo el libro en cualquier página, de las casi 400 que ofrece. Por ejemplo, el capítulo dedicado al vudú. La religión sincrética africana-cristiana que fue y sigue siendo tan importante en la historia y el presente no solo de Haití, sino en otros países donde se consolidó una cultura afroamericana. Sean Cuba (la santería), Brasil (el candomblé), Trinidad y Tobago, Martinica, Luisiana (el voodoo)… Yvenet da explicaciones sencillas aunque substantivas de los rituales vudú, los dioses y diosas, la relación con la naturaleza, las prácticas mágicas, el arte, los ritos… Menciona lo que hay de heredado de las antiguas naciones africanas de donde provinieron los esclavos, esa práctica infame, lacra de la humanidad; y cómo, entremezclándose, fusionándose, sintetizando, se fue formando el corpus religioso vudú. Que nació bajo el signo de la rebeldía, de la furia, del sacrificio. Existen pocos libros, de hecho, es casi el único en Chile, que penetre con tanta seriedad y respeto en la explicación de ese fenómeno, que ha sufrido tan burda cantidad de distorsiones comunicacionales. La frivolidad nacional ha festinado el tema, sin entender nada ni interés en hacerlo.

Sigamos con el kréyol, la forma oficial de escribir la denominación de la lengua que nació en Haití, entre los esclavos, que tomaron el francés de los opresores y lo transformaron en una lengua secreta, aunque popular y extendida, intercalando expresiones, giros y palabras de otros idiomas, sobre todo africanos. El capítulo se titula “Más allá de lo lingüístico”. Yvenet explica cuáles son sus características en cuanto a idioma, su estructura, cadencia y gramática. Su esfuerzo por lograr simplicidad, el predominio de la nasalización, presente en diversas etnias africanas, lo cual dificulta al extraño aprender la lengua. “Su evolución ha estado marcada por la oralidad”, plantea Yvenet. ¡Qué manera más sencilla de explicar el origen de las hablas criollas, las jergas, dialectos o lunfardos que han enriquecido nuestro continente! Sin embargo, hay más, al mencionar la influencia de la cultura fon, de Benin (hoy Dahomey), cuna de uno de los más grandes reinos del medioevo africano. Pues allí nació el vudú, afirma Yvenet. De modo que la conexión entre kréyol y vudú no es un juego de palabras sino un fenómeno lingüístico-religioso que parece milagroso.

Vamos a la gastronomía. El libro es prodigioso en este capítulo. Señala Yvenet: “Nuestra cocina es el resultado de un proceso de apropiación y resignificación en el que convergen legados africanos, indígenas y europeos”; dentro de los cuales destaca “el valor simbólico de platos y bebidas dentro de la vida colectiva… una forma de transmisión de memoria e identidad”. El tema le fascina y se explaya sobre los desayunos, donde son típicos los plátanos cocidos con salsa de pescado, los espaguetis o el maíz molido, más diversos acompañamientos. El arroz tampoco es servido en forma convencional, es propio del almuerzo. El arroz con champiñón, por ejemplo, que no es una mera mezcla, sino que con los hongos se prepara un jugo concentrado en el cual se cocina el arroz. Tras eso se incorporan diversas variedades de porotos según la disponibilidad.

Agreguemos la rica variedad de pescados y mariscos, jaibas y conchas, oferta del mar Caribe, pródigo en fauna acuática. Una cumbre gastronómica, de potente carga identitaria es el griyo kochon (cerdo marinado grillé), propio de las celebraciones comunitarias. Una mención especial a la sopa de zapallo, que tradicionalmente lleva carne y verduras, aunque ha evolucionado, según afirma Yvenet. Es conocida como la “sopa de la independencia”, preparada para el día 1 de enero, cuando se conmemora la emancipación de Haití del yugo colonial francés. Si hablamos de postres, destacan el budín de batata (papa dulce), el pan de arroz (con leche de coco y vainilla) y la tablet (azúcar acaramelada y frutos secos).

Bueno, hay mucho más en este libro, capítulos dedicados a la literatura, las artes pictóricas, la música, la danza; más otros temas relacionados con la salud y la educación. Y por cierto, hay un aparte sobre los zombis, tema infaltable tratándose de Haití. Aquí también hay bastante más que las horribles películas gringas, ya que en Haití ha existido una práctica de “zombificación”, que nos mueve desde el mito a la realidad, desde las prácticas mágicas a la metáfora de la esclavitud. Yvenet presenta, incluso, el testimonio de un zombi, que reflexiona sobre el precario hilo entre la muerte y la conciencia.

Si uno quisiera encontrar algunos vacíos (y los hay en todo libro con intenciones holísticas) podría ser en el tema de la ecología, donde Haití se muestra hoy como un país devastado por los desastres naturales, el saqueo de su territorio y la acumulación terrorífica de basura, con poca o nula respuesta en términos de política pública. Esto es factor determinante en su situación actual y que ha significado una diáspora que no se detiene. A propósito, sale alguna mención laudatoria de los “los hombres de las montañas”, quienes a pesar de su tan alabada vida bucólica, son en parte responsables de la expoliación masiva de los bosques del país, sobre todo para producir carbón de leña (fundamental para las necesidades energéticas de un país tan pobre), aun cuando es un factor crucial que limita el desarrollo al transformar las cuencas de los ríos en verdaderos desiertos de piedras; y sus montañas, algunas vez verdes de árboles, en cerros pelados que reciben las lluvias como un lavado que arrastra lo poco de suelo productivo que alguna vez cobijaron.

Pasado y presente: pintura naif haitiana, autor anónimo

En literatura, hay un sabio y extenso repaso de los mejores autores haitianos desde los siglos XIX y XX, incluyendo desde Jacques Roumain y René Depestre, hasta Frankétienne, Emmelie Prophète, Lyonel Trouillot, Dany Laferrière y muchos más. Yvenet no olvida, por supuesto, uno de sus temas de especialidad: la literatura oral. Tampoco deja de mencionar a los autores de la diáspora, encarnizadamente perseguidos durante las dictaduras de la familia Duvalier. Hay un tema racial aquí, porque Papá Doc fue durísimo con la élite mulata, tradicionalmente afrancesada, para imponer una negritud estricta.

La no mención del escritor Gary Victor suena injusta con quien es el autor más reconocido de la literatura noir haitiana a nivel internacional. La suya es una vertiente con toques fantásticos que constituyen una originalidad en el medio latinoamericano, bastante cargado a armar tramas y personajes en la línea de los Chandler, Hammet y pare de contar. Novelista galardonado, periodista y agrónomo, con eventuales incursiones en el servicio público, Gary Victor merecería mejor reconocimiento entre nosotros. Otro nombre grandioso de la cultura haitiana es el cineasta Arnold Antonin, que con sus 40 documentales y media docena de películas de ficción, ha hecho el registro de momentos claves de la historia, el arte y la cotidianeidad haitianas. Tampoco encontramos referencias explícitas a la pintura naif, un fenómeno que ha aportado mercados al país, sobre todo porque grandes artistas han producido obras memorables. Ocurre que, en el origen de este arte, aunque hay controversia al respecto, hubo influencia de algún mecenas norteamericano y eso parece imperdonable en ciertos círculos anestesiados por el discurso del “imperialismo”.

En música, nuevamente el libro se explaya en rica información y análisis inteligentes, con extensas parrafadas para el kompa, un ritmo bailable que es infaltable en las veladas haitianas y que permite el despliegue de una capacidad netamente africana de dotar al baile de sensualidad y alegría. De todos modos, me permito reclamar que se ignore al bolero haitiano, cantado en francés, propio de la burguesía local, ya que en ese rubro hay piezas únicas, amén de adaptaciones del acervo clásico simplemente encantadoras.

Pero ya vendrán más publicaciones de nuestro amigo Yvenet Dorsainvil, donde esperamos su visión sobre algunos tópicos poco tratados. Y un último detalle importante: el libro no señala fuentes ni informantes. Sería conveniente que en alguna futura reedición se consignaran más y no fueran referencias mínimas, idealmente por capítulos, ya que habrá quienes deseen saber más sobre los temas presentes en el enjundioso libro del profesor Dorsainvil.

Yvenet Dorsainvil: Aproximación a la cultura de Haití
Letrame Grupo Editorial, Madrid, 2025, 396 páginas

Aproximación a la cultura de Haití
Aproximación a la cultura de Haití