COMPRENDER A LA CRIATURA HUMANA

Por Josefina Muñoz Valenzuela /Letras de Chile

Ludovic Slimak, autor de este libro, es arqueólogo y paleoantropólogo, y ya desde el título nos sitúa en la actual concepción, muy diferente a la sostenida pocas décadas atrás: tanto neandertales como sapiens son criaturas humanas, razón por la cual debemos hablar de dos humanidades, diferentes, pero ambas humanas.

Durante varios siglos se mantuvo la creencia de una evolución ascendente desde los llamados homínidos y, seguramente, muchos de nosotros conservamos en la retina la imagen de varis figuras humanas, desde las más antiguas hasta las más nuevas y “evolucionadas”. Son todas del orden Primates: monos, homínidos, neandertal, sapiens, y culmina con un ser claramente erguido en dos pies, nuestra actual característica.

Los neandertales fueron “descubiertos” a mediados del siglo XIX, y se les situó como una especie de prehumanos o no humanos, con representaciones bastante más cercanas a lo simiesco que al sapiens que conocemos. Sucesivos descubrimientos arqueológicos y nuevas interpretaciones de los hallazgos (escasos) han ido llevando a cambios importantes en la mirada actual, que intenta dejar atrás los prejuicios de no pocos científicos del ámbito de la antropología.

Una cita muy al inicio del libro nos asombra y sacude algunas de las creencias que fueron instalándose en nosotros desde hace muchas décadas y sin mayores cuestionamientos: “Los lejanos restos de la humanidad neandertal sugieren que nunca fue un nosotros-mismos más. En cuanto a sus estructuras mentales, nunca fue un hermano ni un primo, sino una humanidad otra, plena y entera”. (p. 14)

Uno de los grandes aportes de este libro al reconocimiento de nuestra existencia humana es considerar dos humanidades diferentes, -neandertales y sapiens- cuyos caminos evolutivos fueron diferentes, pero ambas definitivamente humanas, con capacidades muy similares. Y los primeros indicios los encuentra Slimak gracias a las excavaciones en el círculo polar ártico europeo, que el arqueólogo describe así: “… el clima polar del gran norte euroasiático es muy frío pero también muy seco, y se encuentra a salvo de las garras glaciares. Además de que sus tierras están despejadas, en los momentos más favorables presentan un biotopo extraordinario, especialmente propicio para la vida. En las extensiones polares y siberianas, los rebaños de proboscídeos se desarrollarán en gran número, creando ese entorno tan singular que hoy llamamos estepas de mamuts”. (p. 39) Es decir, alimento en abundancia y acceso a las proteínas básicas.

El trabajo arqueológico realizado en estas zonas polares demuestra la existencia de un mamut muerto para ser comido y que, analizado con pruebas de carbono-14, tendría unos cuarenta y ocho mil años. La importancia de este hallazgo es que, junto a los restos, es posible comprobar la presencia de hombres que no eran Homo sapiens sino una población desconocida, con gran capacidad de adaptación y con desarrollo de técnicas propias de. Junto a lo anterior, también las excavaciones y hallazgos de Slimak, le permiten afirmar que neandertales y sapiens coexistieron durante varios milenios y desarrollaron intercambios no solo culturales, sino también genéticos, siendo diferentes, pero sin que ello significara estadios de mayor o menor evolución.

Cobran interés las observaciones y comentarios sobre las bases en las cuales podemos fundamentar la ‘naturaleza neandertal’, considerando que los animales también cuidan, protegen, expresan tristeza, solidarizan, no solo los domesticados, que podrían haber ‘aprendido’ por sus contactos cotidianos con humanos.

Toda escritura que cuestione la existencia de una interpretación diferente -en este caso, la evolución desde un neandertal (más ‘primitivo’) a un sapiens claramente más evolucionado, es interesante por sí misma. Definitivamente, aquí no está el concepto de evolución, sino el reconocimiento de la existencia real de dos humanidades diferentes, pero legítimamente humanas que, sin duda, convivieron. Y no es fácil entender lo que aquí se describe, ya que implica el derrumbe de concepciones/creencias arraigadas.

En la p. 198, se refiere a las muestras de hollín que atestiguan el encuentro físico y contemporáneo de ambas humanidades, que sucedió en Europa, en la cueva Mandrin. Desde ahí, el científico puede afirmar que las poblaciones aborígenes neandertales, que existían desde decenas de miles de años, fueron sustituidas, retirándose de manera abrupta (p.199). Y “En este caso, la sustitución de una población por otra no queda establecida con un margen de milenios ni de siglos, ni siquiera de lo que dura una vida humana, sino de un suspiro…”.

A través del libro vamos entendiendo con nitidez lo difícil que es (hasta hoy) reconocer a otros como humanos. La p. 188 nos muestra un ejemplo demoledor de miles posibles: el autor incluye dos fotos de una misma persona; se trata de un navajo de América del Norte, a quien se identifica como Tom Torlino (seguramente, su nuevo nombre impuesto), en las cuales se condensan y ejemplifican de manera magistral los procesos de transformación cultural impuestos a un ser humano (temporalmente muy cercano a nosotros), al que se ha exigido transformar su apariencia, de manera que corresponda a los ideales de la humanidad hasta hoy en muchos lugares del planeta: que todos se parezcan a los blancos y dejen de ser “otros”, uniformizando su apariencia de muy diversas maneras

La tarea pendiente es llegar a conocer de verdad las sociedades humanas que nos precedieron, sin aplicarles nuestros propios esquemas, creyendo que “uniformándolos” y aplicando categorías fundamentalmente del mundo occidental, sin aceptar las legítimas diferencias. Desde allí llega, cómo no, a concluir que “El racismo, el auténtico racismo, es rechazar la diferencia. Rechazar la diferencia, apartarla lejos de la humanidad. (p.229)

Ludovic Slimak: El neandertal desnudo. Comprender a la criatura humana
Ed. DEBATE, Barcelona, Penguin Random House Grupo Editorial, 2024, 235 pp.

El neandertal desnudo. Comprender a la criatura humana
El neandertal desnudo. Comprender a la criatura humana