La gran fiesta del microcuento I

Primera Entrega

Con mucho cariño y orgullo, Letras de Chile reproduce algunos textos de los/as invitados/as al II Encuentro de Minificción “Sea breve, por favor”, 2008, cuya inauguración será el día miércoles 5 de noviembre, a las 19 hrs., en el Centro Cultural de España, Avda. Providencia 927. La entrada es liberada. Agradecemos profundamente a quienes nos han ayudado en la producción de este evento: Centro Cultural de España, Lom Ediciones, Universidades Católica Silva Henríquez y Finis Terrae, Esteban Velázquez, Andrés Reveco, Gabriela Aguilera, Pía Barros, José Luis Fernández, Diego Muñoz V, Sonia Cienfuegos, Alejandra Basualto, Diego Muñoz González.

Gabriela Aguilera

Nació en Santiago. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías de Ergo Sum y en la antología de microcuentos eróticos de mujeres latinoamericanas “Microscopios Eróticos”, (España, Ediciones Atómicas).

En 2006 publicó Asuntos Privados (Chile, Editorial Asterión) y en 2007 Con Pulseras en los Tobillos,( Chile, col. La luna de Venegas, Editorial Asterión).

Su cuarto libro de cuentos negros está en etapa de diagramación y acaba de terminar Los Inconclusos, su primera novela.

Cosas de mujeres

Todavía duelen las marcas moradas en la piel y la herida del cuello, tapada con un parche. Pálpito de aguas lluvias sobre el pavimento sucio de Santiago, son dos y una sola y entran corriendo al motel Savoy, sin reírse porque no pueden, sin hablar porque ya se lo dijeron todo y saben que ahora sí es la última vez.

El esposo, la familia, significan separación irremediable porque su secreto es conocido y será ventilado, porque se descuidaron y sin darse cuenta rozaron sus manos sobre la mesa, se miraron y sonrieron a un tiempo dejando en evidencia que la amistad no era sólo eso sino más y entonces el esposo miró y supo, sintió y supo y lo inviolable quedó expuesto y abierto, dibujado en la boca del esposo que no dijo nada, pero que en la cama, más tarde, exigió la verdad y la obligó a abrir las piernas y la penetró con toda la rabia, con la humillación de saberse engañado, burlado en su misma cara, cuando creía que dos hablando bajo eran sólo dos hablando bajo de cosas de mujeres. “Cosas de mujeres” fue lo que el esposo le disparó al oído mientras se movía sobre ella, mordiéndole el cuello, arrancándole el pedazo de un tirón. “Para que aprendas” le gritó, mientras ella sollozaba con asco y dolor, con miedo y dolor y él salía de su cuerpo mojado. “De mí no se ríe nadie”, agregó antes de sacar el cinturón y empezar a golpearla. “Y menos un par de mariconas, haciendo cosas de mujeres”.

Detrás del poster de los caballos

Un hombre entra solo al motel. Trabaja en una notaría del centro. Va dos veces a la semana, a la misma hora. Por orden de la dueña, siempre se le asigna la pieza once, la del poster de los caballos. Las camareras le llaman Chespirito porque piensan que es igual al personaje de la televisión.

Una pareja hace el amor en la pieza diez. Son clientes habituales y amantes de fin de jornada laboral. Ella susurra las palabras que sabe que a él le gusta oír. Se deja caer sobre su pecho, sintiéndose algo incómoda, sin saber por qué.

En la pieza vecina, el poster de los caballos se endereza tapando el agujero de la pared y un ojo parpadea mientras Chespirito se sienta en la cama y eyacula en chorros pausados sobre sus manos abiertas.

La dignidad de un sostén

La noche está empequeñeciéndose mientras el día se agranda y se la traga de un bocado, sin masticarla. La desolación del amanecer hace en picada sobre la puta que en cuatro patas, rastrea el suelo del cuarto de un motel de Lord Cochrane. Los pacos esperan a su alrededor, interrogando al hombre que buscaban, registrando el lugar, insultando y acusando de complicidad a la mujer desnuda.

Unos minutos antes, cuando los policías entraron en la habitación y los sacaron de la cama a la fuerza, ella, llorosa de rimmel corrido boca con sabor a cerveza trasnochada, se soltó de las manos brutales para buscar algo, atisbando entre la cortina de pelos teñidos de rubio.

Y ahora se endereza, de pronto se levanta otra, se pone cara a cara con los hombres armados, mirándolos de frente, porque ya encontró, en el suelo, enredada entre las almohadas, la dignidad de un sostén que cubre la desnudez expuesta de sus tetas erizadas por el frio de junio en cuatro patas y con lágrimas.

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Gregorio Angelcos

Escritor y periodista que ha incursionado en los géneros de ensayo, narrativa y poesía. Fue Director de la Sociedad de Escritores de Chile. Obras publicadas: Dios necesita un psiquiatra, El abuelo que comía mariposas y 69 puñaladas a la realidad (cuentos); La vida es un pasadizo luminoso donde el hombre es una idea (novela); Versos para escribir sobre los muros de la ciudad, Arquitectura Sencilla, y Sueño que el tiempo (poesía); Chile, una democracia de oligarquías (ensayo). 

La consistente inconsistencia del dogma 

Ocurrió después del último holocausto nuclear, la explosión atómica destruyó a la especie humana. Solo sobrevivieron una monja y un sacerdote; después de algunos meses tuvieron su primer hijo. Dios se sintió complacido, ya habría tiempo para restablecer el dogma. 

Tortura

El torturador miró con desprecio al hombre que permanecía tendido y amarrado sobre un catre de huinchas metálicas. Antes de ejecutarlo lanzó sobre su cuerpo un balde de agua fría, y bajó la palanca que conduciría la electricidad, pero la maquina asesina no funcionó. Entonces desenfundó su arma y le disparó a la cabeza, pero las balas se trabaron en el cargador. Decidió quemarlo con un cigarrillo, pero hurgueteó entre sus ropas y no tenía fuego para encenderlo. Entonces quiso morderlo con agresividad pero se le desprendió la placa dental. Pensó que era su día de mala suerte, y decidió dejar la actividad para el día siguiente, así es que salió de la prisión, cruzó la calle, y un vehículo en movimiento lo acribilló a balazos, de las perforaciones no emanaba sangre, solo veneno, un inmundo y contaminado veneno.  

Crisis de la fe 
 

El sacerdote se bebió todo el vino de la sacristía, ebrio caminó por el pasillo de la iglesia con un jarro de cerámica vacío. Con una sonrisa irónica desafió con un grito: “Dios, lléname esta vasija de vino” y la vasija se llenó, bebió acelerado hasta volverla a vaciar, y nuevamente pidió: “Dios, lléname esta vasija de vino”, y la vasija se llenó, volvió a bebérsela completa y se quedó dormido sobre las baldosas de la iglesia.

Al día siguiente, lo sorprendió el obispo quien lo citó a su oficina en la trastienda, y con molestia le exigió una explicación. “Monseñor – argumentó el cura –, Dios hizo aparecer en reiteradas oportunidades el vino de mi jarra”. “¿Dios?, replicó el obispo; no mienta padre, Dios dejó de hacer milagros hace  siglos”. Entonces Dios decidió ser hombre y renunció a su condición de divinidad. 

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Pía Barros

Nació en la localidad de Melipilla, Santiago de Chile. Desde 1976, es Directora del Centro de talleres literarios ErgoSum y de ediciones Asterión. Entre otros, ha publicado: Miedos transitorios (cuentos), 1985; A horcajadas (cuentos) 1990; El tono menor del deseo (novela), 1990; Astrida (cuentos) ,1992; Signos bajo la piel (cuentos), 1994; Ropa usada (cuentos), 2000; Lo que ya nos encontró (Novela digital), 2000; Los que sobran (cuentos), 2002; Llamadas Perdidas (microcuentos), 2006; La Grandmother y otros (microcuentos), 2007. 

La desmemoria

Los muertos se le adhieren a los ojos durante los insomnios, en que la oscuridad intervenida por los neones oculta a una ciudad que duerme a saltos, insistiendo en olvidar.

De cuchillos

Los cuchillos confiesan sus crímenes. Llevan la cebolla picada, los pimientos, y la vergüenza de no haber entrado jamás en pecho humano.
Jamás amor, sólo el crimen, y tanta belleza.
Ser el cuchillo y la herida.

Sin tregua

Son mis huesos los que ya no soportan tu recuerdo y se destrozan, abatidos sobre la acera, once pisos más abajo.

Ruidos

Mi hermano se mató, según dijeron, porque amaba demasiado. Amar demasiado será siempre un ruido sordo de escopeta.

En Llamadas perdidas, Thule Eds, España, 2006.

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Alejandra Basualto

Nació en Rancagua, Chile. Licenciada en Literatura y egresada de  Doctorado en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Chile.Cultiva tanto la poesía, como la narrativa, especialmente en el género cuento.  Ha publicado, entre otros: Los ecos del sol (poesía) 1970; El agua que me cerca (poesía), 1984; La mujer de yeso (cuentos), 1988; Territorio exclusivo (cuentos), 1991; Las malamadas (poesía), 1993; Desacato al bolero (cuentos), 1994; Casa de citas (poesía) 2000. 

Advertencia

Clavaré tu nombre con un puñal en la puerta a modo de advertencia. 
 
Fatum

Emites todas las señales pero, cuando recojo el guante, de tu corazón se escurre un conejo. 
 
 
Príncipe azul 
 

No desmontes de tu brioso corcel, ni me tomes en tus brazos, ni roces mis labios con tu boca delicada porque, si te miro de frente con mis ojos de bruja verde, y te beso como se debe, y me sueño todo el cuento entre tus sábanas de holanda, mucho me temo que desaparezcas. 

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Marcelo Beltrand Opazo

Escritor – Gestor Cultural Estudios en Sociología U. ARCIS. Ha sido antologado en el libro “Asedios a una nueva categoría textual: El microrelato”, publicado por Andrés Cáceres Milnes y Eddie Morales Piña; “Antología de la Nueva Literatura Hispanoamericana”, Argentina;  “Puro Cuento”, de Marco Antonio de la Parra.

Produce y conduce el programa “Cuentos y otras Letras” en Radio Agricultura de Valparaíso, en el que se leen microcuentos. Dirige Talleres Literarios en Valparaíso y Viña del Mar.

Deporte aventura

Se deslizó por entre sus piernas como serpiente, enrollándose en su cintura hasta colgar de sus pechos. Se acomodó, y saltó al vacío.

La demanda

Lo único que le quedaba, era una demanda.  Cuando era una niña no se daba cuenta de las insinuaciones, ni de los toqueteos, pero ahora, ahora ya era una mujer y no iba a permitir que el Lobo se la comiera cada vez que visitaba a su abuelita.

Súper héroe

Después de una gripe fulminante, luego de haber frustrado un asalto en una noche lluviosa, Batman decide afiliarse a una ISAPRE.  Pero éste, al no poder demostrar sueldo como súper héroe, se inscribe en FONASA como indigente.

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Sonia Cienfuegos

Estudio filosofía, vivió algún tiempo en París, ha escrito de todo y publicado sus textos en un libro con otros cinco autores participantes del taller de Diego Muñoz Valenzuela. Es asesora del Directorio de la Corporación Letras de Chile.

Café Tavelli                                    

Una pareja se sienta en la vereda de calle Andrés de Fuenzalida, entre ligustros trasnochados transita la gente apresurada, un loco recita en tres idiomas, el garzón del  café aledaño otea la muchedumbre, beben té con galletas sin mirarse, las palabras no  fluyen, anochece el verbo en sus bocas, cada uno mira el horizonte; es decir, a una  hilera de cables y letreros.

Ferroláricos      

Jorge Teillier mira tristemente a Javiera; está sentado sobre un riel a la siniestra de la finitud de su lar.

La estación ferroviaria está vacía. No hay locomotora ni carros ni maquinista ni fogonero.

Sólo cuando los rieles se angosten será posible divisar la casita del guardavía.

– ¡Qué más da si los trenes se fueron! – se dice Javiera, agarrando en el aire, como a los seis años, el aro de mimbre maltrecho que el maquinista lanzará desde su máquina que traquetea sin detenerse.

Un torpedo de papel ajado ha caído sobre el andén de una estación del ramal que une la ciudad de Rancagua con el pueblo de Coltauco en el Valle del Cachapoal. Su padre le ha pedido recogerlo.

Javiera mira a Teillier; vuelve a leer a hurtadillas, como a sus seis años:

– A las 17 donde las González. No se olvide, Jefe –

Nota: A partir de una foto de Jorge Teillier, grandísimo poeta chileno (1935-1996) y en recuerdo de mi padre, empleado de Ferrocarriles del Estado.

El pueblo unido jamás será vencido

El Sol fue detenido, procesado, condenado a cuatrocientos setenta y un un días de prisión y encerrado en una cárcel de alta seguridad del Hemisferio Norte. Le fue suficientemente comprobada su condición súdica y acreditados sus reiterados intentos por iluminar el fin del Confín del Mundo.

Los habitantes de Santiago de Chile, agrupados en comités Por la libertad del Sol, entidades sin fines de lucro ni exclusión etaria, de género o peso, raza, nacionalidad, minusvalía, egolatría, comuna originaria , forma de bajarse del transporte público; opción sexual, religiosa, política, de servicio militar,  felicidad, fidelidad y sus contrarios, usando el legítimo derecho a la Rebelión de los Pueblos consagrado por la Carta Fundamental de la ONU en 1945 y arriesgándose a una posible invasioncita misionera que restablecería la paz perdida a raíz de los delitos cometidos por el Sol – otrora Astro Rey para los arribeños del Mapamundi – acordaron por millones levantarse muy temprano en lo que antes fue el amanecer, mirando fijamente hacia la Cordillera de Los Andes mientras oran en silencio cada cual a su manera, pidiendo para que el Norte pronto lo libere y se haga de día.

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 Enrique del Acebo Ibáñez

Licenciado en Sociología (Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Sociología y Ciencias Políticas (Universidad Complutense de Madrid). Profesor titular en varias universidades argentinas, y profesor invitado a distintas universidades de Europa y los EEUU. Autor y co-autor de quince libros y numerosos artículos científicos.

Dos de sus ensayos fueron premiados en la Argentina. Fue seleccionado en tres concursos internacionales de poesía y narrativa breve. En 2007 publicó el libro de microficciones Breves encuentros en ciento once relatos.

 Otoño

Era una hoja a la que siempre le había gustado jugar. Cuando retoño, el árbol supo que sería la última en florecer. Se deleitaba viendo a sus compañeras hacerlo.

Al contrario de las demás, gozaba cuando distintos insectos se posaban en ella, aún a riesgo de perder parte de su cuerpo. Esperaba ansiosa el amanecer, para hacerle guiños a la tierra con la complicidad del sol. En noches de luna llena, se imaginaba vestida de plata, mientras que en los días de lluvia soñaba con ser una estrella dramática.

Cuando llegó el impensado otoño, soñó que era pájaro, se amigó para siempre del viento, y se despidió en un lento adiós del ahora pelado árbol, hasta reposar en un lecho de hermanas hojas otoñales, cómplices felices de un amor adolescente.

Y soñó que era primavera.

Amor real

“Eres mi Príncipe azul”, le dijo ella.

“Reina mía, sabes cómo te amo”, le respondió él.

Ensimismados en su diálogo amoroso, no se dieron cuenta que un antimonárquico francés los estaba escuchando.

Denunciados y detenidos en plena Revolución Francesa, fueron finalmente guillotinados en la plaza pública.

Locos de amor, habían perdido la cabeza el uno por el otro.

Profesor de Matemáticas

“Ojo por ojo” y “diente por diente”, fue el ejercicio de multiplicación que el profesor de Matemáticas había incluido en el examen final.

Sus alumnos, enojados por no haber podido resolver este aparentemente fácil problema, decidieron vengarse de él con la misma moneda.

Desdentado y ciego, pasó sus restantes años pidiendo limosna.

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 Lilian Elphick L.

Es directora de talleres literarios, directora de la Corporación Letras de Chile y editora de  Letras de Chile .   Ha publicado: La última canción de Maggie Alcázar, (cuentos) 1990; El otro afuera, (cuentos) 2002;  Ojo Travieso, (microcuentos), 2007. Trabaja en la escritura del libro Bellas de sangre contraria, conjunto de microcuentos.

Afrodita

No crean. Estar equilibrada por siglos arriba de la valva es una pesadilla. Y qué decir de mis pies llenos de algas y ramificaciones coralinas por los azotes del mar espumoso. La  humedad  y el frío me han dotado de una voz grave. Cada vez que he pedido algo de ropa, todos han huido despavoridos. Nadie me da alimento. He tenido que comerme mis propios esputos sangrientos.

¡Hasta cuándo! ¡Bájenme de aquí! ¿Me escuchan?

Ahí viene una mujer de extraña vestimenta. Dice que yo soy su patrona. Prende una vela y me pide ayuda. Dice que Cafishio la ha abofeteado y que le quitó su salario. Aquí hay sal de sobra, respondo. Ella mira el paisaje con agrado. Es el momento justo para ofrecerle un intercambio.

Calipso

Toma. Aquí está el timón y el astrolabio. La cuerda es para que te ates al mástil; con la vela y el remo irás a velocidad crucero. Pan, agua dulce, cangrejo seco. En este frasco va la esencia de mi amor. Si lo botas al mar, quedarás anclado a mi nombre que nada oculta. Si lo abres, tendrás que vivir aferrado a mi muerte.

Tú eliges.

Sísifa

El hombre carga a Sísifa hasta la cima de la montaña. Cuando llegan, él se jacta de su fuerza y grita al mundo entero su triunfo, mientras Sísifa se lanza al vacío y vuela, libre ya de la roca y del mito.