<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Literatura y Memoria archivos - Letras de Chile</title>
	<atom:link href="https://letrasdechile.cl/category/literatura-y-memoria/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://letrasdechile.cl/category/literatura-y-memoria/</link>
	<description>Literatura  Chilena</description>
	<lastBuildDate>Fri, 31 Jul 2026 21:21:02 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.0.2</generator>

<image>
	<url>https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/01/cropped-logoconsombra-32x32.png</url>
	<title>Literatura y Memoria archivos - Letras de Chile</title>
	<link>https://letrasdechile.cl/category/literatura-y-memoria/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>INTRODUCCIÓN AL TEMA DE LOS DERECHOS HUMANOS</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/07/31/introduccion-al-tema-de-los-derechos-humanos/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2026/07/31/introduccion-al-tema-de-los-derechos-humanos/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Jul 2026 21:21:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=18692</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por José Miguel Neira CisternasSantiago, Chile, Julio de 2026 A las preguntas acerca de ¿qué puedo yo llegar a saber? y ¿qué debo yo hacer? Immanuel Kant respondió que la conclusión a que había llegado era que las fuentes de nuestro conocimiento son dos: el mundo sensible y la razón. Del mundo sensible obtenemos variadas [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/07/31/introduccion-al-tema-de-los-derechos-humanos/">INTRODUCCIÓN AL TEMA DE LOS DERECHOS HUMANOS</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por José Miguel Neira Cisternas<br>Santiago, Chile, Julio de 2026</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A las preguntas acerca de ¿qué puedo yo llegar a saber? y ¿qué debo yo hacer? Immanuel Kant respondió que la conclusión a que había llegado era que las fuentes de nuestro conocimiento son dos: el mundo sensible y la razón. Del mundo sensible obtenemos variadas percepciones mas no la realidad en su conjunto; es decir captamos las formas como la realidad impresiona nuestros sentidos, mientras la razón, en cambio, nos acerca al conocimiento primario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ambas fuentes: el mundo sensible y la razón, resultan de las acciones que el ser humano emprende impulsado por una voluntad que le permite observar, analizar y sentir, a partir de los estímulos diversos que aparecen en el decurso de aquel propósito. Así, el ser humano razona y actúa dando a sus actos intencionalidad; esto permite que –individual y socialmente- sus propósitos puedan ser calificados como buenos, apropiados, adversos o perversos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El calificativo que otorguemos a los actos propios o a los de otros, emana del hecho irrefutable de que todos los seres humanos somos racionales. Es cierto que razonamos, pero Hegel agrega que lo que necesitamos es que los seres humanos sean razonables, lo que constituye una aspiración a algo superior, en la que fatalmente anida la controversia, dado que los criterios para calificar algo o un hecho como aceptable o comprensible son variados, debido a que sobre cada cosa o asunto hay más de un punto de vista, a partir de que somos parte de una sociedad, vale decir, miembros de una asociación impuesta o indeseada, compuesta por seres desiguales. Como constatación de esta idea, un siglo después Ludwig Feuerbach afirmó que “no se piensa igual desde un palacio que desde una choza.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como un acto de libertad, la voluntad es rescatada por los iluministas para ser puesta al servicio de la razón en pro de un conocimiento primario. Así, la libertad, en términos kantianos, es una facultad humana indivisible e inalienable, coincidente con las proclamas del liberalismo político de Locke, facultad que irrumpe en la historia de las ideas con un hecho concreto: la gloriosa revolución inglesa de 1688, el antecedente político del movimiento ilustrado y fundamento del republicanismo y de las revoluciones burguesas de fines del siglo siguiente: la norteamericana de 1776 y la francesa de 1789.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué mencionar a Immanuel Kant? Lo hacemos porque en un mundo cada vez más pragmático, todo se vuelve objeto de cuestionamientos y esta colisión de argumentos incoherentes, confusos, incompletos o deformados por el oportunismo, habría de desembocar, inevitablemente, en la interrogante acerca de qué tipo de sociedad nos merecemos los seres humanos, dando origen a los derechos que deben acompañar esa aspiración y al cuestionar de conceptual de los derechos humanos como de su vigencia. A lo largo de este proceso iniciado tardíamente, podemos afirmar que los Derechos Humanos son un referente relevante, como orientación moral para la consumación de conductas razonables. Sin embargo, la constatación de su violación sistemática, habla de una muy relativa vigencia de la moralidad en diversas esferas del poder, tanto como sus violaciones seculares, demuestran que su instalación en el gran dispensario de ideas de la historia, es tan tardío y coetáneo como el concepto de clase social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ambos conceptos, surgen de un milenario conflicto de intereses entre grupos sociales antagónicos, pero que entran a sistematizarse a partir de la emergencia consciente de la burguesía, como una clase que disputa el poder a la nobleza haragana, y alcanzan claramente su objetivo en la Inglaterra de fines del siglo XVII desarrollándose hacia el resto del mundo en el siglo siguiente: el siglo de las luces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de una ilustración que, como ideología influirá sobre las mentes más sensibles durante al menos dos siglos, Kant emerge como el racionalista que habla de actos morales y Hegel, como el pensador que levanta el concepto antagónico de Sociedad Civil y que, aun siendo un gran racionalista, valora el rol de la pasión en los procesos históricos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un siglo antes y en sentido contrario, Hobbes, exponía casi como una fatalidad, es decir, como algo inevitable, la necesidad de un poder absoluto mientras “el hombre sea lobo del hombre”, y es una gran verdad, que buena parte de aquel juicio, expuesto en 1651 en su <em>Leviatán,</em> parece no haber perdido vigencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisemos, sin embargo, que el poseer la razón no es garantía alguna de triunfo, y que más que un lugar común es aquello de que la historia la escriben los vencedores, no porque tengan la razón o sean objeto de la predestinación de un supraterrenal poder dispensador de favores, sino por los empleos fríos y oportunos de la fuerza y del engaño. Macchiavelli, desterrado tras la derrota de la restauración republicana de Florencia, escribió en <em>El Príncipe</em> que “el triunfo siempre exime, la derrota jamás.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benedetto Croce, compatriota suyo, dirá cuatro siglos más tarde que “la historia es la hazaña de la libertad”. Nosotros, menos optimistas que el gran filósofo y esteta italiano, podríamos afirmar que la historia es la larga lucha por la libertad y que en esta lucha, como en cualquier guerra, la verdad es siempre la primera víctima. Ahora, si la libertad es algo inseparable del ser humano, algo que a los seres más conscientes de su valía no les podrán arrancar jamás, entonces tendríamos que sostener con Sartre, que estamos condenados a ser libres, porque esta cualidad es inseparable del ser humano, un ser con proyectos y con memoria. Un animal eminentemente social: el animal político de Aristóteles; un ser dotado de historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí que observemos con atención, el cuadro desolador y nada nuevo de la continua y sistemática violación de las libertades individuales, a la par de cómo se propician distractivos para la heteronomía o ausencia de autonomía, anestesiando o adormeciendo la libertad para no desestabilizar el orden imperante. Así, a sabiendas de que tiene el control suficiente, el sistema endulza la autonomía remanente, para asignarle un carácter periférico, casi inocuo y hasta estructural, con rótulos embriagadores como hobbies, pasatiempos o actividades de tiempo libre (Kotow Lang).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a Kant, este afirma que el ser humano es persona en tanto un agente racional y moral que se reconoce como tal entre otras personas, motivado por intereses y a la vez consciente de que los otros seres poseen también sus propios intereses, lo que delimita sus motivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es necesario empero, señalar que la persona llega a serlo siempre y cuando disponga de un entorno sociocultural acogedor porque, como un continuo, habrá individuos ansiosos pero impedidos de personalidad, por lo que los Estados -creativamente- deberían garantizarles las posibilidades para una mejor inserción cultural como seres de derecho; es la tarea que impone a los gobiernos un humanismo ético.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hemos empleado hasta aquí, en varios párrafos, la palabra <em>persona.</em> Siendo muy antiguo el origen etimológico de este sustantivo y largo el proceso de asignación de sus cualidades y contenidos, debemos entenderla como resultado de un metamórfico <em>constructio</em> de superposiciones y significados complementarios. <em>Phersu</em> es la palabra etrusca que designa a una máscara. Luego, la representación escénica designará con ese término parte principal del atuendo y también el rol de un actor que, al representar a otro, se convierte en el personaje del teatro griego. Casi veinte siglos después, durante la baja edad media (siglo XIII), persona distingue a un individuo que difiere de otros por rasgos propios que le son característicos, descripción que luego de otros siglos, dará paso a lo que entendemos como la <em>personalidad</em> de un ser; aquello que también se da en llamar el <em>carácter.</em> Así, a toda persona, por poseer características que la diferencian de otras, debemos entenderla como un individuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si los individuos realizan muchas tareas en común, se comprende como a partir de la necesaria estructuración de funciones, el buró de los tiempos más modernos dará origen al <em>personal,</em> concepto que designa a los grupos que realizan funciones subalternas dentro del Estado y luego de una empresa. Grupos con un rol suplementario: un término meramente instrumental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de lo expuesto, se comprende que <em>persona</em> es un agregado que distingue a un ser humano como individuo. Un ser con poca o mucha dignidad, según las cualidades que épocas más recientes van agregando y reconociendo, en la medida en que se las reclama como derechos inherentes, ante el peligro de no ser aceptadas o de serle arrebatadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De esto concluimos que no se es persona por nacer humano, sino por cualidades que se le reconocen y conquista, porque le resultan inviolables y le elevan social y culturalmente. Al respecto, recuerdo con no poca emoción, el afiche del Primer Simposium Internacional de Derechos Humanos, realizado en el Chile de 1978, y que la Vicaría de la Solidaridad instaló en la fachada de nuestro templo catedral frente a la Plaza de Armas de Santiago, con la imagen escultórica de uno de los cautivos de Michelangelo Buonarroti, esforzándose en levantar con sus poderosos brazos la piedra que aún cubre su cabeza, precedido de una tremenda invocación ¡Todo hombre tiene derecho a ser persona!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si los derechos humanos comienzan su dialéctico y difícil proceso de difusión, asimilación, enriquecimiento cualitativo y también de rechazos a partir del movimiento ilustrado y muchas declaraciones los expusieron desde entonces, la inmensa mayoría de ellas -desgraciadamente- no pasaron de las buenas intenciones o de ser simples recursos propagandísticos, destinados a obtener apoyos externos para causas que no tenían precisamente un carácter humanitario. Prueba de ello, los Estados Unidos, la primera república inspirada en los altos ideales liberales de la ilustración, mantuvo vigente la esclavitud para la población afro descendiente otro siglo, hasta finalizada la guerra de secesión en 1865, mientras las discriminaciones hacia esa misma población continuaron perpetrándose hasta un siglo después, en las luchas que los negros sostuvieron por los derechos civiles en la década de 1960 y que tantas víctimas costaron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Francia, la Asamblea de los Estados Generales contaba en 1789, con un importante elenco de diputados abolicionistas. Sin embargo, las discusiones acerca de la igualdad entre los hombres, que obtuvieron rápidos resultados en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y que tendrían luego influencia en nuestras repúblicas, no impidieron que durante etapas más radicales de la revolución, se trajera hasta Haití la guillotina, para cortar las cabezas de esos mismos esclavos que poco antes habían impedido que la <em>Perla de las Antillas</em> fuera tomada por los británicos. Lo anterior, no impidió que éstos, ya fogueados por las guerras anteriores, pudieran expulsar a las tropas coloniales y proclamar la primera república negra del mundo en 1804.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestro país, los manuales de Historia Nacional, han enseñado por largo tiempo, que Chile fue, después de Dinamarca, el primer país de América en declarar el fin de la esclavitud mediante la Ley de Libertad de Vientre de 1811. Sin embargo, en aquello que podríamos tomar como un acto chauvinista de la historia oficial, se omite que la mayoría de las juntas de gobierno surgidas a partir de 1810, aprobaron declaraciones semejantes como resultado de la presión que sobre ellas ejercía Inglaterra, interesada en el dominio económico del espacio americano luego de una posible independencia de la corona española, y también porque aquel imperio era considerado como un eventual aliado estratégico ante un necesario suministro de armas. Pertinente es también, señalar que lo descrito no habría sido posible sin la llamada Ley de libre comercio del mismo año, que no buscaba un espacio para Chile en el gran mercado internacional, sino legitimar el hasta entonces ilegal contrabando, que desde hacía un siglo realizaban ingleses y norteamericanos, para el logro del mismo propósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como podemos constatar, los titulares no siempre expresan el contenido real de los documentos sino que, las más de las veces, encubren propósitos aún inconfesables. Téngase presente entonces que la abolición de la esclavitud en Chile, solo fue posible en 1826, cuando la guerra de independencia finalizaba y, aun así, contó con una fuerte oposición de vecinos de la provincia de Coquimbo, entonces el norte minero del país, rubro en que no existía el trabajo estacional y donde la escasa mano de obra esclava constituida por prisioneros mapuches, resultaba muy rentable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las declaraciones de derechos no expresan claramente todos los alcances de sus propósitos. Suelen declararse de manera solemne y son potencialmente muy amplios, pero no comprometen institucionalmente. No establecen plazos deseables, no crean organismos que asuman su implementación, ni enuncian castigos a sus incumplimientos.<br>Desde la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 1948, las propias potencias vencedoras de la segunda guerra mundial y que dieron impulso a esta organización, han actuado muchas veces en sentido contrario a algunos de sus principales propósitos. Por ejemplo el principio de no intervención en los asuntos internos de otro Estado, ha sido violado de manera impune. Así, <em>la guerra fría</em> que ocurría en Europa, coexistía con la guerra caliente y sin cuartel que se libraba en una periferia de tres continentes, cuyas áreas de influencia y generadoras de recursos estratégicos eran disputadas por las mismas potencias que debían garantizar la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos ejemplos conocidos son, el de un Viet Nam que tras independizarse de Francia en 1953, resultó dividido por intervención de Estados Unidos, la misma potencia que a partir de 1953 iniciaba la guerra que divide a Corea. El fracaso de Estados Unidos por influir en Egipto, luego de que ese país rompiera con la presencia británica, llevó a la OTAN en su conjunto, a hacer fracasar la República Árabe Unida RAU, que incluía desde el país de los faraones hasta el territorio sirio, facilitando de este modo la actuación impune de Israel, su enclave neocolonial, sobre los territorios de Palestina y Jordania. Una década después, el golpe de Estado contra Sukarno, en 1966, castigó directamente al líder de la Indonesia libre e impulsor del grupo de los No Alineados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trasladándonos a nuestro escenario continental, la sucesión de golpes de Estado en nombre de la Doctrina de la Seguridad Nacional durante las décadas de 1960 y 70, perpetrados por ejércitos con armamento, adiestramiento e ideología imperialista norteamericana, además de las Guardias Nacionales instaladas en las repúblicas bananeras de América Central, son prueba evidente de que la libre determinación de los pueblos no es respetada si afecta los intereses imperiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Corte Internacional de Justicia, dependiente de Naciones Unidas, dictamina órdenes de captura para genocidas como Netanyahu, que éste viola impunemente cuando de manera recurrente viaja a Estados Unidos, país que es miembro permanente del Consejo de Seguridad y que debería hacer cumplir el dictamen. Los genocidas viajan mucho y sin problemas hasta la potencia protectora, porque todos los violadores de derechos humanos tienen un padrino que les protege y Estados Unidos, en su propio territorio, viola el derecho internacional humanitario en lo que respecta al derecho de asilo de centenares de miles de inmigrantes, mientras Rusia, al igual que cuando era la Unión Soviética, impide la presencia de veedores de Naciones Unidas en su territorio, actitud que por ese mismo período, replicaron los países del otrora socialismo real.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los derechos de primera generación de 1948, como los de segunda y tercera generación, pierden el carácter de referencias morales ante el hecho de que carecen de una autoridad encargada de asegurar su respeto. Así, más que nuevas declaraciones de derechos, lo urgente es una reformulación operativa de Naciones Unidas, que debería contener disposiciones que obligasen a los Estados a un esfuerzo planificado y una redistribución de recursos mundiales para garantizar condiciones materiales y culturales para la concreción de los derechos ya declarados, asegurando así su respeto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras esto no ocurra, son los propios pueblos los llamados a emprender una tarea mancomunada, consistente en dar una lucha sostenida por instalar derechos acordes a sus necesidades más urgentes, con un contenido cultural propio y que desaloje de las mentes, todo el oprobio de las discriminaciones que los han mantenido divididos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La función de los derechos humanos no es igualar a los seres humanos, sino la de igualar sus posibilidades de desarrollo”. Más que dar, los Estados verdaderamente democráticos y toda su institucionalidad, pública y privada, deben posibilitar el desenvolvimiento integral de la persona humana. Deben garantizar libertades cautelando su libre ejercicio.</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/07/31/introduccion-al-tema-de-los-derechos-humanos/">INTRODUCCIÓN AL TEMA DE LOS DERECHOS HUMANOS</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2026/07/31/introduccion-al-tema-de-los-derechos-humanos/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>AL RELEER UN LIBRO NO LEES EL MISMO LIBRO</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/07/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2026/07/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2026 14:19:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=18531</guid>

					<description><![CDATA[<p>“¿De qué se quejan Uds., hijos de la chingada, Uds. que tocaron el cielo con las manos?” escribe Luis Casado – 06 julio 2026 De niño oía hablar del Winnipeg… Siempre me pareció una historia lejana, como las que leía en las revistas Simbad y El Peneca, y algunos libros sobre piratas y corsarios. No [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/07/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro/">AL RELEER UN LIBRO NO LEES EL MISMO LIBRO</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>“¿De qué se quejan Uds., hijos de la chingada, Uds. que tocaron el cielo con las manos?”</strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>escribe Luis Casado – 06 julio 2026</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De niño oía hablar del Winnipeg… Siempre me pareció una historia lejana, como las que leía en las revistas Simbad y El Peneca, y algunos libros sobre piratas y corsarios. No sabía aún que mi esposa sería la hija de un español republicano que peleó la guerra civil, terminó en un campo de concentración en Francia, y fue uno de los privilegiados que salvó Pablo Neruda en condiciones que merecerían la admiración y el homenaje de Chile, si Chile fuese una democracia y hubiese justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más tarde sabría en carne propia lo que significa perderlo todo, hogar, familia, país, documentos de identidad, dignidad, la sencilla calidad de ser humano. Eso es ser un refugiado. Afortunadamente, las autoridades peruanas fueron tremendamente respetuosas, nos hicieron comprender que debían aún recibir miles de compatriotas, que no disponían de los recursos necesarios y por lo tanto nos rogaban ir a otro sitio. Entonces apareció Cuba, bajo la forma de su Cónsul en Lima. <em>“Quien quiera venir a Cuba, dijo, estamos listos para recibirle”</em>. Cuba no nos dio lo que le sobraba: nos dio todo. Por esa razón –entre muchas otras– no soporto a los renegados, ni al imperio, ni a sus ubicuas dictaduras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces el Winnipeg cobró para mí toda su gigantesca dimensión… Y Neruda dejó de ser el poeta conmovedor que me hablaba del amor y sus terribles tribulaciones para ser para siempre un monumento indestructible. Allende y Neruda son admirados y respetados en el mundo entero, y cuando más de una vez un guardián de alguna remota frontera puso cara de extrañeza ante el nombre de mi país de origen… me bastó con decir: <em>“Allende, Neruda”</em>, para escuchar <em>“¡Ah! Chile”</em>, pronunciado en <em>b&amp;ñHjlés</em>, idioma que no tengo la suerte de hablar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te hago el cuento porque hace unos días mi pana Joaquín Figueroa, acólito escatológico, antropólogo por formación y azaroso cantante nocturno de oficio tan precario como irrenunciable por elección, me propinó un directo al plexo celiaco que me tiró de espaldas. Usando esas comunicaciones satelitales que ni siquiera soñábamos en nuestros años mozos, refiriéndose a nuestra ya intrínseca calidad de <em>“expulsados, acosados, perseguidos, difamados, ridiculizados, abucheados, maldecidos y proscritos”</em>, pronunció media docena de <em>sconvolgenti parole</em> que tuvieron el resultado de sumirme en profundas reflexiones y alucinantes ‘alegrías tristes’ –como canta Maria Bethânia– y me obligaron a reconocer que el Joaco otras cosas sí, pero de weón no tiene ni un pelo púbico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<em>¿De qué se quejan Uds., hijos de la chingada, Uds. que tocaron el cielo con las manos?</em>”, me dijo, y agregó:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Mi generación no ha conocido nada de lo que Uds. vivieron y solo nos estamos cagando en vida”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que tuvo el mérito de poner en evidencia que jamás me desesperé por tener unas Nike, o por acceder a la (pen)última versión del cuernófono de Apple, o en su defecto por conseguir unas entradas para el partido Barça &#8211; Real, aunque de niño vi jugar a Puskas, Gento y Di Stéfano en el Nacional, contra el Colo, así como lo lees.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que me motivó de escuincle fue lo mismo que motivó en su día al convencional G, personaje de Victor Hugo en <em>Los Miserables</em>. Como él, hacia el final de mis días, reivindico siempre lo que los de mi generación intentamos hacer con Allende.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al releer el capítulo me dije <em>“este no es el mismo libro que leí de niño”</em>. O tal vez sí, y tus vivencias hacen resaltar cosas que antes pasabas por alto. O el jodido libro que había leído era una de las numerosas versiones amputadas por el editor, anda a saber…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo cierto es que, como cantaba Quelentaro, <em>“aquí me tienen de nuevo con mi cantar descontento…”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agradeciéndole a Victor Hugo su erudición, y su modo tan persuasivo de explicar lo que suele sacar ronchas entre los admiradores y adoradores de ese pasado en el que Los Miserables sólo podían callar y pedir perdón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El gran Hugo se explica solo, no hace falta agregar nada, y sólo queda admirarlo…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicho sea de paso, un convencional fue un miembro de la Convención elegida durante la Revolución Francesa, esa que adoptó una nueva Constitución y votó la ejecución de Louis XVI y Marie-Antoinette…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Los Miserables &#8211; Libro I</strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Capítulo X</strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>EL OBISPO ANTE UNA LUZ DESCONOCIDA</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En una época ligeramente posterior a la fecha de la carta citada en las páginas anteriores, hizo algo que, según toda la ciudad, era aún más arriesgado que su paseo por las montañas de los bandidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cerca de Digne, en el campo, vivía un hombre solitario. Este hombre, digámoslo sin rodeos, era un antiguo miembro de la Convención. Se llamaba G.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el pequeño mundo de Digne se hablaba del convencional G con una especie de horror. ¿Un convencional, se lo imaginan? Eso existía en la época en que nos tuteábamos y nos decíamos: «ciudadano». Ese hombre era casi un monstruo. No había votado la muerte del rey, pero casi. Era un cuasi-regicida. Había sido terrible. ¿Cómo es que, al regreso de los príncipes legítimos, no se había llevado a ese hombre ante un tribunal militar? No le habrían cortado la cabeza, si se quiere, hay que ser clemente, de acuerdo; pero sí un buen destierro de por vida. ¡Un ejemplo, por fin! Etcétera, etcétera. Por lo demás, era un ateo, como toda esa gente. —Chismes de las ocas sobre el buitre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿G era, por lo demás, un buitre? Sí, si se juzgaba por lo feroz que resultaba su soledad. Al no haber votado a favor de la muerte del rey, no había sido incluido en los decretos de exilio y había podido quedarse en Francia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivía a tres cuartos de hora de la ciudad, lejos de cualquier aldea, lejos de cualquier camino, en no se sabe qué recoveco perdido de un valle muy salvaje. Allí tenía, según se decía, una especie de campo, un agujero, una guarida. No tenía vecinos; ni siquiera transeúntes. Desde que se había instalado en aquel valle, el sendero que conducía hasta allí había desaparecido bajo la hierba. Se hablaba de aquel lugar como de la casa del verdugo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el obispo reflexionaba y, de vez en cuando, miraba hacia el horizonte, al lugar donde un grupo de árboles delataba el valle del viejo convencional, y decía: <em>«Allí hay un alma que está sola»</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en lo más profundo de su pensamiento añadía: <em>«Le debo una visita»</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, hay que reconocerlo, esa idea, que a primera vista parecía natural, le resultaba, tras un momento de reflexión, extraña e imposible, y casi repulsiva. Porque, en el fondo, compartía la impresión general, y el antiguo miembro de la Convención le inspiraba, sin que él se diera cuenta claramente de ello, ese sentimiento que es como la frontera del odio y que la palabra <em>«distancia»</em> expresa tan bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, ¿debe la sarna de la oveja hacer retroceder al pastor? No. ¡Pero qué oveja!</p>



<p class="wp-block-paragraph">El buen obispo estaba perplejo. A veces se inclinaba por un lado, y luego volvía sobre sus pasos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día, por fin, corrió la voz por la ciudad de que un joven que parecía un pastorcillo y que servía al convencional G en su choza había ido a buscar a un médico; que el viejo sinvergüenza se estaba muriendo, que la parálisis se apoderaba de él y que no pasaría de esa noche. —¡Gracias a Dios! —añadían algunos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo cogió su bastón, se puso el abrigo —debido a que su sotana estaba un poco demasiado gastada, como ya hemos dicho, y también por el viento de la tarde que no tardaría en soplar—y partió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sol se inclinaba y casi tocaba el horizonte cuando el obispo llegó al lugar excomulgado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reconoció, con cierto latido acelerado, que estaba cerca de la guarida. Saltó una zanja, atravesó un seto, levantó una valla, entró en un patio en ruinas, dio unos pasos con bastante audacia y, de repente, al fondo del terreno baldío, detrás de una espesa maleza, divisó la cueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era una cabaña muy baja, humilde, pequeña y limpia, con una enredadera clavada en la fachada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Delante de la puerta, sentado en una vieja silla con ruedas —una silla de labrador—, había un hombre de pelo blanco que sonreía al sol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Junto al anciano sentado estaba de pie un niño, el pequeño pastorcillo. Le tendía al anciano un cuenco de leche.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras el obispo observaba, el anciano alzó la voz: —Gracias —dijo—, ya no necesito nada más. Y su sonrisa se apartó del sol para posarse en el niño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo se acercó. Al oír el ruido de sus pasos, el anciano sentado giró la cabeza, y su rostro expresó toda la sorpresa que se puede sentir tras una larga vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Desde que estoy aquí —dijo—, es la primera vez que alguien entra en mi casa. ¿Quién es usted, señor?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo respondió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Me llamo Bienvenu Myriel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Bienvenu Myriel! He oído pronunciar ese nombre. ¿Es usted a quien el pueblo llama <em>«monseñor Bienvenido»</em>?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Soy yo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El anciano prosiguió con una media sonrisa:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—En ese caso, ¿es usted mi obispo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Más o menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Pase, señor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Convención le tendió la mano al obispo, pero este no se la estrechó. El obispo se limitó a decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Me alegra comprobar que me habían engañado. Desde luego, no parece usted enfermo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Señor —respondió el anciano—, me voy a curar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hizo una pausa y dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Moriré dentro de tres horas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego continuó:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Soy un poco médico; sé cómo llega la última hora. Ayer solo tenía los pies fríos; hoy, el frío me ha llegado a las rodillas; ahora lo siento subir hasta la cintura; cuando llegue al corazón, me detendré. El sol brilla, ¿verdad? Me han sacado en silla de ruedas para echar un último vistazo a todo. Podéis hablarme, no me cansa en absoluto. Hacéis bien en venir a ver a un hombre que va a morir. Es bueno que ese momento tenga testigos. Uno tiene sus manías; me hubiera gustado aguantar hasta el amanecer. Pero sé que apenas me quedan tres horas. Anochecerá. ¡Pero qué más da! Acabar es algo sencillo. No hace falta que amanezca para eso. Sea. Moriré bajo las estrellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El anciano se volvió hacia el pastor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Tú, vete a dormir. Estuviste despierto la otra noche, estás cansado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El niño entró en la cabaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El anciano lo siguió con la mirada y añadió, como si se hablara a sí mismo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Mientras él duerma, yo moriré. Ambos sueños pueden convivir en armonía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo no se mostró tan conmovido como cabría esperar. No creía percibir a Dios en esa forma de morir; digámoslo sin tapujos, pues las pequeñas contradicciones de los grandes corazones deben señalarse como el resto: él, que en ocasiones se reía tan gustosamente de Su Grandeza, se sentía algo ofendido por no ser llamado <em>«monseñor»</em>, y casi se sentía tentado de replicar: <em>«ciudadano»</em>. Le asaltó un atisbo de familiaridad brusca, bastante habitual entre médicos y sacerdotes, pero que no era propio de él. Aquel hombre, al fin y al cabo, aquel miembro de la Convención, aquel representante del pueblo, había sido un poderoso de la tierra; quizá por primera vez en su vida, el obispo se sintió de humor para mostrarse severo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Asamblea Nacional, sin embargo, lo trataba con una cordialidad modesta, en la que se podía adivinar la humildad propia de quien se encuentra tan cerca de convertirse en polvo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo, por su parte, aunque por lo general se guardaba de la curiosidad —que, según él, rayaba en la ofensa—, no podía evitar examinar al convencional con una atención que, al no tener su origen en la simpatía, probablemente le habría sido reprochada por su conciencia si se hubiera tratado de cualquier otro hombre. Un miembro de la Convención le daba un poco la impresión de ser un fuera de la ley, incluso fuera de la ley de la caridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">G, sereno, con el torso casi erguido y la voz vibrante, era uno de esos octogenarios imponentes que sorprenden al fisiólogo. La revolución contó con muchos hombres de esa talla en aquella época. En aquel anciano se percibía al hombre que había superado la prueba. A pesar de estar tan cerca de su fin, conservaba todos los gestos propios de la salud. Había en su mirada clara, en su acento firme, en su robusto movimiento de hombros, algo capaz de desconcertar a la muerte. Azrael, el ángel mahometano de la tumba, habría dado media vuelta y habría creído haberse equivocado de puerta. G parecía morir porque así lo deseaba. Había libertad en su agonía. Solo las piernas estaban inmóviles. Las tinieblas lo sujetaban por ahí. Los pies estaban muertos y fríos, y la cabeza vivía con todo el poder de la vida y parecía estar en plena luz. G, en ese grave momento, se parecía a aquel rey del cuento oriental, de carne por arriba y de mármol por abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí había una piedra. El obispo se sentó en ella. El exordio fue ex <em>abrupto</em> (repentino. N. del T).</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Le felicito —dijo en tono de reprimenda—. Todavía no ha votado la muerte del rey.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Convención no pareció darse cuenta del amargo matiz oculto en esa palabra: <em>«todavía»</em>. Respondió. Toda sonrisa había desaparecido de su rostro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No me felicite demasiado, señor; he votado por el fin del tirano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue el tono austero en presencia del tono severo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Qué quiere decir? —replicó el obispo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Quiero decir que el hombre tiene un tirano: la ignorancia. He votado por el fin de ese tirano. Ese tirano ha engendrado la monarquía, que es la autoridad basada en lo falso, mientras que la ciencia es la autoridad basada en lo verdadero. El hombre solo debe ser gobernado por la ciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Y la conciencia —añadió el obispo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Es lo mismo. La conciencia es la cantidad de conocimiento innato que tenemos en nuestro interior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Monseñor Bienvenu escuchaba, un poco sorprendido, ese lenguaje tan nuevo para él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El diputado continuó:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—En cuanto a Louis XVI, dije que no. No me creo con derecho a matar a un hombre; pero siento el deber de exterminar el mal. He votado por el fin del tirano. Es decir, el fin de la prostitución para la mujer, el fin de la esclavitud para el hombre, el fin de la oscuridad para el niño. Al votar por la república, he votado por eso. ¡He votado por la fraternidad, la concordia, el amanecer! He contribuido a la caída de los prejuicios y los errores. El derrumbe de los errores y los prejuicios trae la luz. Nosotros hemos derribado el viejo mundo, y el viejo mundo, vasija de miserias, al derrumbarse sobre la humanidad se ha convertido en una urna de alegría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Una alegría agridulce —dijo el obispo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Se podría decir que es una alegría turbada y, hoy, tras ese fatídico retorno del pasado que llamamos 1814, una alegría desaparecida. ¡Ay! La obra ha quedado incompleta, lo reconozco; hemos derribado el Antiguo Régimen en los hechos, pero no hemos podido erradicarlo por completo de las ideas. No basta con destruir los abusos; hay que cambiar las costumbres. El molino ya no está, pero el viento sigue soplando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Ustedes han derribado. Derribar puede ser útil; pero desconfío de una demolición enturbiada por la ira.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—El derecho tiene su ira, señor obispo, y la ira del derecho es un elemento del progreso. Da igual, y, se diga lo que se diga, la Revolución Francesa es el paso más poderoso de la humanidad desde la llegada de Cristo. Incompleta, sí, pero sublime. Ha puesto de manifiesto todas las incógnitas sociales; ha suavizado los ánimos; ha calmado, apaciguado, iluminado; ha derramado sobre la tierra torrentes de civilización. Ha sido buena. La Revolución Francesa es la consagración de la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo no pudo evitar murmurar:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Sí? ¡93!</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Convención se irguió en su silla con una solemnidad casi lúgubre y, en la medida en que un moribundo puede exclamar, exclamó:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Ah! ¡Ahí está! ¡93! Estaba esperando esa palabra. Se ha ido formando una nube durante mil quinientos años. Al cabo de quince siglos, ha estallado. Ustedes juzgan al trueno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo sintió, quizá sin admitírselo a sí mismo, que algo en su interior se había visto afectado. Sin embargo, mantuvo la compostura. Respondió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—El juez habla en nombre de la justicia; el sacerdote habla en nombre de la piedad, que no es otra cosa que una justicia más elevada. Un trueno no debe equivocarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y añadió, mirando fijamente al miembro de la Convención:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Louis XVII?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Convención extendió la mano y agarró al obispo por el brazo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Louis XVII! Vamos. ¿Por quién lloras? ¿Por el niño inocente? Entonces, de acuerdo. Lloro contigo. ¿Por el niño de la realeza? Me lo tengo que pensar. Para mí, el hermano de Cartouche, un niño inocente, colgado por las axilas en la Place de Grève hasta que murió, por el único delito de haber sido hermano de Cartouche (Louis-Dominique Bourguignon, ladrón carterista de París. N del T.), no es menos doloroso que el nieto de Louis XV, un niño inocente, martirizado en la Torre del Temple por el único delito de haber sido nieto de Louis XV.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Señor —dijo el obispo—, no me gustan esas comparaciones entre nombres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Cartouche? ¿Louis XV? ¿Por cuál de los dos aboga usted?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo un momento de silencio. El obispo casi se arrepentía de haber venido y, sin embargo, se sentía vaga y extrañamente conmovido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El diputado prosiguió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Ah, señor cura! A usted no le gustan las crudas verdades. A Cristo, en cambio, sí le gustaban. Cogía una vara y barría el templo. Su látigo lleno de relámpagos era un severo predicador de la verdad. Cuando exclamaba: <em>«Sinite parvulos…»</em> (pequeños niños…N. del T.), no hacía distinciones entre los niños pequeños. No habría tenido ningún reparo en comparar al delfín de Barrabás con el delfín de Herodes. Señor, la inocencia es su propia corona. A la inocencia no le importa ser alteza. Es tan augusta andrajosa como adornada con flores de lis (adorno de los reyes. N. del T.).</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Es cierto —dijo el obispo en voz baja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Insisto —continuó el convencional G—. Ud. ha mencionado a Louis XVII. Entendámonos bien. ¿Lloramos por todos los inocentes, por todos los mártires, por todos los niños, tanto por los de abajo como por los de arriba? Estoy de acuerdo. Pero entonces, como ya le he dicho, hay que remontarse más allá de 1793, y es antes de Louis XVII donde debemos comenzar nuestro llanto. Lloraré con usted por los hijos de los reyes, siempre y cuando llore conmigo por los hijos del pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Lloro por todos —dijo el obispo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Igualmente! —exclamó G—, y, si la balanza tiene que inclinarse, que sea hacia el pueblo. Lleva más tiempo sufriendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo otro silencio. Fue el miembro de la Convención quien lo rompió. Se incorporó apoyándose en un codo, se sujetó un poco de la mejilla entre el pulgar y el índice doblado, como se hace de forma instintiva cuando se interroga y se juzga, y se dirigió al obispo con una mirada llena de toda la energía de la agonía. Fue casi una explosión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí, señor, hace mucho tiempo que el pueblo sufre. Y, además, oiga, eso no es todo: ¿por qué viene a interrogarme y a hablarme de Louis XVII? Yo no le conozco. Desde que estoy en este país, he vivido en este recinto, solo, sin poner un pie fuera, sin ver a nadie más que a este niño que me ayuda. Es cierto que su nombre me ha llegado de forma confusa y, debo decir, no muy mal pronunciado; pero eso no significa nada; la gente astuta tiene tantas formas de engañar a este buen hombre del pueblo. Por cierto, no he oído el ruido de su carruaje; sin duda lo habrá dejado detrás del matorral, allá, en el cruce de la carretera. No le conozco, se lo repito. Me ha dicho que es usted el obispo, pero eso no me aclara nada sobre su persona. En definitiva, le repito mi pregunta. ¿Quién es usted? Es usted un obispo, es decir, un príncipe de la Iglesia, uno de esos hombres dorados, con escudo de armas, con rentas, que tienen grandes prebendas —el obispado de Digne, quince mil francos fijos, diez mil francos de ingresos ocasionales, en total, veinticinco mil francos—, que tienen cocinas, que tienen sirvientes con librea, que disfrutan de buena mesa, que comen gallinas de agua los viernes, que se pavonean, con lacayos delante y detrás, en carruajes de gala, y que tienen palacios, ¡y que van en carruaje en nombre de Jesucristo, que andaba descalzo! Usted es un prelado; rentas, palacios, caballos, lacayos, buena mesa, todos los placeres de la vida, los tenéis como los demás, y como los demás disfrutáis de ellos; está bien, pero eso dice demasiado o demasiado poco; eso no me aclara nada sobre vuestro valor intrínseco y esencial, a vos que venís con la probable pretensión de aportarme sabiduría. ¿A quién le estoy hablando? ¿Quién sois?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo bajó la cabeza y respondió: —<em>«Vermis sum»</em> (gusanos somos. N. del T.).</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Un gusano en un carruaje! —refunfuñó el convencional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era el turno del convencional de mostrarse altivo, y del obispo de mostrarse humilde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo respondió con dulzura:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Señor, de acuerdo. Pero explíqueme en qué mi carruaje, que está ahí a dos pasos detrás de los árboles, en qué mi buena mesa y las gallinas de agua que como los viernes, en qué mis veinticinco mil libras de renta, en qué mi palacio y mis lacayos demuestran que la piedad no es una virtud, que la clemencia no es un deber y que el 93 no fue inexorable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Convención se pasó la mano por la frente como para apartar una nube.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Antes de responderle —dijo—, le ruego que me perdone. Acabo de cometer un error, señor. Usted está en mi casa, es mi huésped. Le debo cortesía. Usted discute mis ideas, por lo que conviene que me limite a rebatir sus razonamientos. Sus riquezas y sus placeres son ventajas que tengo sobre usted en el debate, pero es de buen gusto no hacer uso de ellas. Le prometo no volver a hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">G prosiguió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Volvamos a la explicación que me pedía. ¿Por dónde íbamos? ¿Qué me estaba diciendo? ¿Que el 93 fue inexorable?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Inexorable, sí —dijo el obispo—. ¿Qué opina de Marat aplaudiendo ante la guillotina?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Qué opina usted de Bossuet cantando el Te Deum sobre las <em>«dragonnades»</em>? (Bossuet, obispo tutor del hijo del rey, defensor de la monarquía de derecho divino – dragonnades: sangrienta represión contra los protestantes. N. del T.)</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta fue dura, pero iba al grano con la rigidez de una punta de acero. El obispo se estremeció, no se le ocurrió ninguna réplica; pero le molestó esa forma de referirse a Bossuet. Las mentes más brillantes tienen sus ídolos y, a veces, se sienten vagamente ofendidas por las faltas de respeto de la lógica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Convención empezaba a jadear; el asma de la agonía, que se mezcla con los últimos suspiros, le entrecortaba la voz; sin embargo, aún conservaba una perfecta lucidez de espíritu en la mirada. Continuó:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Digamos unas cuantas palabras más aquí y allá, de acuerdo. Aparte de la revolución, que, tomada en su conjunto, es una inmensa afirmación humana, el 93, ¡ay!, no es más que una réplica. Usted lo encuentra inexorable, pero ¿y toda la monarquía, señor? Carrier es un bandido; pero ¿cómo llama usted a Montrevel? Fouquier-Tinville es un mendigo; pero ¿qué opina usted de Lamoignon-Bâville? Maillard es espantoso, pero ¿y Saulx-Tavannes, por favor? El padre Duchêne es feroz, pero ¿qué epíteto me concederá para el padre Letellier? Jourdan-Coupe-Tête es un monstruo, pero menor que el señor marqués de Louvois. Señor, señor, compadezco a María Antonieta archiduquesa y reina, pero también compadezco a esa pobre mujer hugonota (protestante, N. del T.) que, en 1685, bajo el reinado de Louis el Grande, señor, mientras amamantaba a su hijo, fue atada, desnuda hasta la cintura, a un poste, con el niño mantenido a distancia; el pecho se le hinchaba de leche y el corazón de angustia; el pequeño, hambriento y pálido, veía aquel pecho, agonizaba y gritaba; y el verdugo le decía a la mujer, madre y nodriza: «¡Abjura!», obligándola a elegir entre la muerte de su hijo y la muerte de su conciencia. ¿Qué opináis de este suplicio de Tántalo adaptado a una madre? Señor, recordad bien esto: la Revolución Francesa tuvo sus razones. Su ira será absuelta por el futuro. Su resultado es un mundo mejor. De sus golpes más terribles surge una caricia para el género humano. Me abrevio. Me detengo, tengo juego demasiado fácil. Además, me estoy muriendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, dejando de mirar al obispo, el diputado concluyó su reflexión con estas tranquilas palabras:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí, las brutalidades del progreso se llaman revoluciones. Cuando terminan, se reconoce lo siguiente: que la humanidad ha sido maltratada, pero que ha avanzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miembro de la Convención no sospechaba que acababa de derribar, una tras otra, todas las trincheras interiores del obispo. Sin embargo, quedaba una, y de esa trinchera, último recurso de la resistencia de monseñor Bienvenu, surgió esta frase en la que reapareció casi toda la dureza del principio:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—El progreso debe creer en Dios. El bien no puede tener un servidor impío. Quien es ateo es un mal guía para la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El anciano representante del pueblo no respondió. Le sacudió un temblor. Miró al cielo, y una lágrima brotó lentamente en su mirada. Cuando el párpado se llenó, la lágrima resbaló por su mejilla lívida, y dijo casi tartamudeando, en voz baja, como si se hablara a sí mismo, con la mirada perdida en las profundidades:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Oh, tú! ¡Oh, ideal! ¡Sólo tú existes!</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo sintió una especie de conmoción inexpresable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras un silencio, el anciano alzó un dedo hacia el cielo y dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—El infinito es. Está ahí. Si el infinito no tuviera un <em>«yo»</em>, el <em>«yo»</em> sería su límite, no sería infinito; en otras palabras, no existiría. Pero existe. Por lo tanto, tiene un <em>«yo»</em>. Ese <em>«yo»</em> del infinito es Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El moribundo había pronunciado esas últimas palabras en voz alta y con el estremecimiento del éxtasis, como si viera a alguien. Cuando terminó de hablar, cerró los ojos. El esfuerzo lo había agotado. Era evidente que acababa de vivir en un minuto las pocas horas que le quedaban. Lo que acababa de decir lo había acercado a aquel que está en la muerte. Se acercaba el momento supremo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo lo comprendió, el momento apremiaba; había acudido en calidad de sacerdote. De una frialdad extrema había pasado gradualmente a una emoción extrema; miró aquellos ojos cerrados, tomó aquella vieja mano arrugada y helada, y se inclinó hacia el moribundo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Esta hora es la de Dios. ¿No le parece que sería lamentable que nos hubiéramos encontrado en vano?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El convencional volvió a abrir los ojos. Una gravedad en la que se adivinaba una sombra se dibujó en su rostro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Señor obispo —dijo, con una lentitud que quizá se debía más a la dignidad de su alma que al debilitamiento de sus fuerzas—, he dedicado mi vida a la meditación, el estudio y la contemplación. Tenía sesenta años cuando mi país me llamó y me ordenó que me ocupara de sus asuntos. Obedecí. Había abusos, los combatí; había tiranías, las destruí; había derechos y principios, los proclamé y los defendí. El territorio estaba invadido, lo defendí; Francia estaba amenazada, ofrecí mi pecho. No era rico; soy pobre. Fui uno de los dirigentes del Estado; las bodegas del Tesoro estaban tan abarrotadas de monedas que nos veíamos obligados a apuntalar las paredes, a punto de resquebrajarse bajo el peso del oro y la plata; yo cenaba en la calle de l’Arbre-Sec a veintidós centavos por persona. He socorrido a los oprimidos, he aliviado a los que sufrían. He rasgado el mantel del altar, es cierto; pero fue para vendar las heridas de la patria. Siempre he apoyado el avance de la humanidad hacia la luz y, en ocasiones, me he opuesto al progreso despiadado. En alguna ocasión, he protegido a mis propios adversarios, a vosotros. Y en Peteghem, en Flandes, en el mismo lugar donde los reyes merovingios tenían su palacio de verano, hay un convento de urbanistas, la abadía de Santa-Clara-en-Beaulieu, que salvé en 1793. Cumplí con mi deber según mis fuerzas y lo mejor que pude. Tras lo cual fui expulsado, acosado, perseguido, difamado, ridiculizado, abucheado, maldecido y proscrito. Desde hace ya muchos años, con mi cabello canoso, siento que mucha gente se cree con derecho a despreciarme; para la pobre multitud ignorante tengo rostro de condenado, y acepto, sin odiar a nadie, el aislamiento que me impone el odio. Ahora tengo ochenta y seis años; voy a morir. ¿Qué venís a pedirme?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Su bendición —dijo el obispo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y se arrodilló.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el obispo levantó la cabeza, el rostro del miembro de la Convención había adquirido un aire augusto. Acababa de expirar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo regresó a su casa profundamente absorto en quién sabe qué pensamientos. Pasó toda la noche en oración. Al día siguiente, algunos valientes curiosos intentaron hablarle del miembro de la Convención G; él se limitó a señalar al cielo. A partir de ese momento, redobló su ternura y fraternidad hacia los pequeños y los que sufrían.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cualquier alusión a ese <em>«viejo sinvergüenza de G»</em> le sumía en una singular preocupación. Nadie podría negar que el paso de aquel espíritu ante el suyo y el reflejo de aquella gran conciencia en la suya no tuvieran algo que ver en su acercamiento a la perfección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta «visita pastoral» fue, como era de esperar, motivo de murmullos entre los pequeños círculos locales:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«—¿Acaso era el lugar adecuado para un obispo el lecho de un moribundo así? Evidentemente, no cabía esperar ninguna conversión. Todos esos revolucionarios son apóstatas. Entonces, ¿por qué ir allí? ¿Qué fue a ver allí? Debía de estar muy curioso por ver cómo el diablo se apoderaba de su alma»</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día, una viuda, de esas impertinentes que se creen ingeniosas, le lanzó esta pulla: —Monseñor, hay quien se pregunta cuándo llevará Su Excelencia el gorro rojo. —¡Oh, oh! Vaya color tan llamativo —respondió el obispo—. Menos mal que quienes lo desprecian en un gorro, lo veneran en un sombrero.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>ooo0ooo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nota: traducción y edición del X Capítulo de Los Miserables de Luis Casado.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="729" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro-729x1024.jpg" alt="" class="wp-image-18534" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro-729x1024.jpg 729w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro-214x300.jpg 214w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro-768x1079.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro.jpg 911w" sizes="(max-width: 729px) 100vw, 729px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/07/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro/">AL RELEER UN LIBRO NO LEES EL MISMO LIBRO</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2026/07/07/al-releer-un-libro-no-lees-el-mismo-libro/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>LA MEMORIA SIEMPRE, DE REINALDO MENDOZA</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/07/06/la-memoria-siempre-de-reinaldo-mendoza/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2026/07/06/la-memoria-siempre-de-reinaldo-mendoza/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jul 2026 13:33:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=18520</guid>

					<description><![CDATA[<p>Profesor Cristian Montes * Según Paul Ricoeur, en su libro Tiempo y narración, narrar lo vivido es una forma de convertir un cúmulo de experiencias en algo inteligible, integrando ese material amorfo y caótico en un relato. Narrar una historia es, por lo tanto, un gesto de consecuencia con la vida y, en casos como [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/07/06/la-memoria-siempre-de-reinaldo-mendoza/">LA MEMORIA SIEMPRE, DE REINALDO MENDOZA</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Profesor Cristian Montes <sup>*</sup></em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Paul Ricoeur, en su libro <em>Tiempo y narración</em>, narrar lo vivido es una forma de convertir un cúmulo de experiencias en algo inteligible, integrando ese material amorfo y caótico en un relato. Narrar una historia es, por lo tanto, un gesto de consecuencia con la vida y, en casos como el del libro que hoy presentamos, una señal de justicia para todos quienes han sufrido los embates más duros de la historia. Como señala el filósofo francés: «Contamos historias porque, al fin y al cabo, las vidas humanas necesitan y merecen ser contadas. Esta observación adquiere toda su fuerza cuando evocamos la necesidad de salvar la historia de los vencidos y los perdedores. Toda la historia del sufrimiento clama venganza y pide narración».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ejercicio de memoria realizado por Reinaldo Mendoza se enmarca en una dinámica temporal que evita la linealidad y se despliega al interior de una estructura eminentemente fragmentaria. Es una búsqueda que no solo se nutre del pasado del autor, sino que también interpela al proceso de escritura mismo. Al escribir, surge la posibilidad de evocar el ayer, un impulso que estimula, a la vez, el acto de narrar. Elocuente al respecto es el siguiente enunciado del libro: «No es hasta hoy que vino este hecho a mi memoria». Recordar no es una tarea fácil para el autor; implica un esfuerzo deliberado, puesto que hacer memoria es también un acto de indagación en las zonas más esquivas del pasado. Cuando se refiere a un amigo de hace muchos años, por ejemplo, se pregunta a sí mismo: «¿Cómo nos conocimos? He tratado de recordar (…) aunque me he esforzado, no puedo recordar cómo nos conocimos, creo que él tampoco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto el criterio compositivo del libro como el estilo literario utilizado permiten apreciar la fusión en la escritura de dos géneros literarios: el testimonio y la crónica. Es sabido que la literatura testimonial alcanzó una amplia repercusión en los países del Cono Sur que vivieron dictaduras militares, consolidándose como la vía privilegiada para abordar historias particulares y especialmente traumáticas. Así, vivencia y narración de la experiencia se relacionan así como una dupla inseparable. Como en toda obra de este tipo, el libro de Reinaldo Mendoza sobrepasa el ámbito de lo personal para transformarse en un testimonio colectivo; en este caso, el de una generación que sufrió los efectos devastadores de la dictadura militar chilena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, la crónica ha sido históricamente uno de los géneros más productivos en la transmisión de experiencias a través de las generaciones. Al aliarse con la literatura, y al constituir un territorio que es a la vez documento y discurso artístico, este género incorpora procedimientos constructivos de una clara intención estética. En este sentido, la información recopilada nunca está desligada de la mirada interpretativa del autor. Su subjetividad impregna de intimidad los hechos relatados, abriendo así la posibilidad de estetizar lo cotidiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El espesor narrativo-descriptivo que articula los capítulos del libro permite apreciar la existencia de dos ámbitos de pertenencia identitaria del narrador. El primero de ellos es el espacio familiar, que tiene como núcleo esencial el amor y el cobijo del entorno más inmediato. Por extensión, pertenecen también a esta constelación las amistades, los compañeros de militancia política y los colegas de profesión. En el relato se evidencia el valor que la familia le otorgó al estudio, a la lectura y al enriquecimiento cultural; todo ello ligado a la asimilación de una posición ética intachable ante los otros, ante sí mismo y ante la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El segundo ámbito es el Partido Comunista. En las páginas del libro se muestra cómo, desde niño, el espíritu de la política ya habitaba en él, aun antes de racionalizarlo, como una herencia natural de su propio hogar. Muy de a poco, el autor irá comprendiendo lo que verdaderamente significa ser comunista: un proceso de aprendizaje profundo y de constantes experiencias. Solo al llegar a la adultez entenderá la dimensión total de esa palabra, enlazando así, de manera definitiva, su propia vida con la historia del Partido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos de los valores que se desprenden de estos dos ámbitos identitarios son la amistad transgeneracional, la nobleza, la consecuencia, la lucha por la justicia y la conciencia social; todas ellas expresiones de un profundo humanismo. Dichos valores se incubaron ya en la infancia del autor, una etapa que él mismo define como un tiempo de felicidad. Hoy, desde su presente, Reinaldo formula el imposible y frustrado deseo de poder cambiar la realidad y transformar así la historia, para evitar que hubiese ocurrido el Golpe Militar y los efectos demoledores que produjo la dictadura. Unido a ello se desliza la esperanza de poder volver en algún momento a revitalizar el sentido de comunidad. Cabe recordar, como bien señala el historiador y antropólogo José Bengoa en su emblemático libro: <em>La comunidad perdida</em> que: “Durante la transición ha quedado al descubierto cómo la integración social y los canales de participación que la harían posible no han alcanzado un nivel concreto de coherencia. Lo que queda, en cambio, es una sociedad escindida, insegura y violenta”. Sin embargo y a pesar de ello, la añoranza de Reinaldo Mendoza no se solaza en la melancolía, sino en la idea de que todavía es posible recuperar, de alguna forma, es sentido de comunidad perdido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mayoría de los capítulos del libro se focalizan en personajes específicos, que fueron determinantes en el proceso formativo del autor. Al darles presencia y voz, accedemos también al itinerario personal, existencial y político de Reinaldo Mendoza. La caracterización de cada uno de ellos se construye desde una profunda cercanía, no solo afectiva, sino también visual: el autor los retrata de cerca, detallando tanto sus rasgos físicos como sus temperamentos. Todos devienen seres entrañables, movidos por una ética muy propia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son figuras dignas y heroicas a su manera: como el viejo comunista; Carlitos, el ciego que tocaba el acordeón; Alejo, aquel gigante con corazón de niño y soldador de la Jota; el Loncho y su asumida homosexualidad, en tiempos donde el entorno no perdonaba; o el Condorito o el Profeta, entre tantos otros personajes que permitían que la vida alcanzara su máxima expresión de humanidad: “Era hermoso; nos reconocíamos como cómplices de sueños. No había nada más que nuestras utopías. Éramos hermanos y hermanas de convicciones, capaces de dar la vida por esa compañera o compañero, lo que fue comprobado tan trágicamente años después”. Junto a estos personajes populares, prácticamente invisibles para el resto de la sociedad, el libro convoca a figuras relevantes de la Iglesia Católica, como el obispo Fernando Ariztía y, muy especialmente, el sacerdote Guido Peters, para quien el autor proclama con fuerza: <em>«¡Honor y gloria para este cura tremendo!»</em>. Asimismo, en la esfera política, destacan nombres trascendentales como Volodia Teitelboim y, de manera central, Salvador Allende. Su figura, según afirma el propio Reinaldo, marcó a fuego no solo su quehacer político contingente, sino su vida entera, logrando que en el libro ambas historias —la del líder admirado y la del militante— se entrecrucen de forma inseparable hasta el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como planteaba Miguel de Unamuno en su libro <em>En torno al casticismo</em>, la intrahistoria de los pueblos es la vida silenciosa y cotidiana de la gente común; esa capa profunda que funciona como el verdadero motor de la sociedad en contraste con la historia oficial. Es una corriente continua que sostiene la vida en paralelo a los grandes cambios políticos. En el caso de <em>La memoria siempre</em>, el despliegue de la intrahistoria nos permite acceder a la infancia del autor: una casa siempre abierta a la comunidad, el taller de calzado de su padre, la confección familiar de volantines y el pulso vivo del barrio. Reinaldo nos narra su inserción en el Partido Comunista y las diversas tareas que fue asumiendo, al tiempo que nos adentra en la memoria de La Legua, una población ligada profundamente a su historia familiar. Es un acierto que el autor no idealice este espacio; nos entrega un retrato profundamente realista, donde conviven las diferencias sociales, las lógicas de la ostentación y la delincuencia —desmitificando, eso sí, los prejuicios de quienes miran desde afuera—. Desde ese realismo, el libro nos sumerge en la épica de las tomas de terreno, la polarización de los años sesenta que se exacerbó durante el legítimo gobierno de Salvador Allende, y la juventud del autor volcada a las calles en jornadas de propaganda y rayados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, el texto nos conduce hacia el quiebre que sufrió el país, es decir: el Golpe de Estado con toda su carga de horror, su propia detención en el Estadio Nacional, los duros años de dictadura, la esperanza del triunfo del No y la transición democrática. Todo este viaje decanta en su presente, cerrando un círculo que culmina en su labor actual como guía en el Memorial del Estadio Nacional, donde sigue rescatando, día a día, esa historia que merece ser contada. Respecto a esta función, que constituye en sí misma un profundo ejercicio de memoria, el autor reflexiona en las últimas páginas sobre la inmensa dificultad que implica intentar relatar lo vivido desde la posición de un testigo y un sobreviviente. La violencia, la tortura y la deshumanización del cautiverio son zonas oscuras que parece faltar el lenguaje para narrar el horror. Al intentar hacerlo, se revela la insuficiencia de las palabras ante la magnitud del trauma. Como señala Patrick Dove en su texto <em>Narrativas de justicia y duelo: testimonio y literatura del terrorismo de Estado en el Cono Sur</em>: «La experiencia dictatorial pone en duda la capacidad de la literatura de responder a una crisis que afecta a toda la sociedad (…) Los extremos de violencia y crueldad hacen dudar de la posibilidad de nombrar, posibilidad que tradicionalmente ha sido la tarea fundamental de la literatura».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es precisamente en ese límite, en esa grieta del lenguaje, donde el libro de Reinaldo Mendoza cobra su mayor valor: porque aun cuando las palabras parezcan no bastar, su testimonio insiste, nombra y hace justicia. A modo de conclusión, podemos decir que todos estos núcleos de sentido —el valor de la memoria, la necesidad imperiosa de transmitir la experiencia, el peso del testimonio y la compleja condición de sobreviviente— se concentran y cobran sentido en la propia voz del autor, quien sintetiza en qué consiste su proyecto vital: «Uno de mis proyectos más queridos y sentidos es la defensa de la vida, y creo que, como sobreviviente, soy memoria viva y en esa categoría hablo por los que no están y fueron parte de mi vida y de lo que soy. Hablo por los compañeros torturados, por los que ya no están; hablo por aquellos que tienen miedo aún hoy día, y los entiendo porque yo también lo tengo, pero ya no por mí, porque ya he vivido suficiente, sino por los que vienen».</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8212;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>*</sup>Doctor en Literatura y profesor de la Universidad de Chile, en las cátedras de Literatura Chilena Contemporánea, Literatura Hispanoamericana Contemporánea y Teoría Literaria. Se desempeña en el Departamento de Literatura de la facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile. Miembro de Letras de Chile.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img decoding="async" width="575" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/la-memoria-siempre-575x1024.jpg" alt="La memoria siempre, de Reinaldo Mendoza" class="wp-image-18522" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/la-memoria-siempre-575x1024.jpg 575w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/la-memoria-siempre-168x300.jpg 168w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/07/la-memoria-siempre.jpg 670w" sizes="(max-width: 575px) 100vw, 575px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>La memoria siempre, de Reinaldo Mendoza</em></figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/07/06/la-memoria-siempre-de-reinaldo-mendoza/">LA MEMORIA SIEMPRE, DE REINALDO MENDOZA</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2026/07/06/la-memoria-siempre-de-reinaldo-mendoza/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>OBRA TEATRAL: ELOGIO DE LA TORTURA, de EDUARDO KIERNAN</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/06/11/obra-teatral-elogio-de-la-tortura-de-eduardo-kiernan/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2026/06/11/obra-teatral-elogio-de-la-tortura-de-eduardo-kiernan/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 23:07:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=18413</guid>

					<description><![CDATA[<p>INTRODUCCIÓN La Corporación Letras de Chile agradece la autorización de Luis Casado, director del Diario Electrónico POLITIKA, para publicar esta obra, parte de la memoria histórica de los periodos de dictadura en nuestro continente- y contribuir así a su conocimiento y difusión en nuestro sitio Web. Tanto Argentina como Chile sufrieron dictaduras tremendas, con innumerables [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/06/11/obra-teatral-elogio-de-la-tortura-de-eduardo-kiernan/">OBRA TEATRAL: ELOGIO DE LA TORTURA, de EDUARDO KIERNAN</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Corporación Letras de Chile agradece la autorización de Luis Casado, director del Diario Electrónico POLITIKA, para publicar esta obra, parte de la memoria histórica de los periodos de dictadura en nuestro continente- y contribuir así a su conocimiento y difusión en nuestro sitio Web. Tanto Argentina como Chile sufrieron dictaduras tremendas, con innumerables víctimas de tortura, asesinato, prisión, exilio y desaparición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Elogio de la tortura” fue escrito por Eduardo Kiernan, una de la tantas víctimas de la dictadura argentina, desde una perspectiva que no es la más frecuente en textos que se caracterizan por su fuerte impronta testimonial. Aquí, el narrador es el victimario, -el torturador- que vuelve siempre sobre el argumento de que su <em>trabajo</em> debe ser entendido y abordado como un trabajo profesional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eduardo Kiernen es docente y, junto con su esposa, fueron secuestrados en marzo de 1977 y detenidos ilegalmente en uno de los centros de detención, El Vesubio. Hechos como estos forman parte de nuestra memoria histórica y de la obligación ética, social y política de no olvidar ni los hechos ni las personas afectadas por ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie mejor que el propio Luis Casado para escribir unas palabras que dieran mayor contexto a este escrito. Los invitamos a leer su <em>Preámbulo</em> para la obra <em>Elogio de la tortura</em> y la obra misma.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">ELOGIO DE LA TORTURA, de EDUARDO KIERNAN</h2>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">PREÁMBULO</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Por Luis Casado, director de POLITIKA,<br>París, 08 de junio de 2026</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las dictaduras latinoamericanas tienen rasgos comunes que son, sin lugar a duda, el producto de la genética: su padre es siempre el mismo. En el caso de las dictaduras argentina (1976-1983), chilena (1973-1990) y algunas otras, la hermandad fue tal que fraternalmente crearon, en 1975, la abyecta Operación Cóndor, campaña de represión política y terrorismo de Estado que tuvo el respaldo del gobierno de EEUU. Ella incluyó el asesinato de opositores en el continente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los militares <em>sudakas</em> se forman en la Escuela de las Américas, operada por el Ejército de los EEUU, y fundada en 1946 con el objetivo de entrenar a soldados latinoamericanos en técnicas de guerra y contrainsurgencia. Por sus aulas han pasado más de 83.000 alumnos, muchos de los cuales fueron destacados violadores de los derechos humanos en sus propios países. Así lo han demostrado Chile, Guatemala, Argentina, Perú, Uruguay, Nicaragua, El Salvador, México y Honduras, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El texto de Eduardo Kiernan es el producto de esa práctica represiva, sufrida por el propio autor y su esposa en el centro de torturas llamado El Vesubio. Al escribir <em>Elogio de la tortura</em>, el autor cuidó de…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Evitar cuidadosamente los aspectos lacrimógenos. Para que esto ocurra los personajes no pueden ser torturados o gente que pasó por ese problema. Lo mejor es que hablen figuras neutras y ¿qué mejor que los propios torturadores? (Cuidé de) No poner escenas escatológicas o baños de sangre, etc. Podría haberlo hecho, porque lo que allí vi no se puede olvidar jamás. Te cuento una anécdota. Fui convocado a declarar a los tribunales de justicia acá en Buenos Aires. Yo me había presentado voluntariamente para hablar y condenar a mis captores. También lo hizo Ana y muchísima gente más, pero el día que declaré fui de los primeros en hacerlo. Fui el tercero después de Ana. El juez de la causa era el Dr. Bruglia, la sesión comienza con una pregunta del mismo que repito:</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Sr. Kiernan, ¿cuándo salió usted del centro de detención clandestino llamado El Vesubio?<br>Respondo: Mire, doctor, yo del Vesubio no salí nunca. Todo el tiempo estoy volviendo. Ese día declaré de forma interminable. No podía parar…</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Eduardo Kiernan ha explicado no sólo la forma sino también la génesis de su texto:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Esta es la semilla de lo que terminó siendo el monólogo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Sábado a la noche, tres de la madrugada. Duermo como otros en el piso, atado a un gancho y esposado a él. Siento que me tocan el brazo. Es uno de los guardias. Me pide que me siente. Trae un vaso de vino que en realidad es vino en cajita con mucha soda. Te despierto porque estoy desesperado, dice… Me sacan de aquí y me mandan a la patota y yo no quiero ir más ahí.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La patota es el grupo de personas que secuestran gente. Van a una dirección, entran, secuestran a la gente que habita el lugar y antes de partir se roban todo lo que tiene valor.<br>El tipo casi lloraba por tener que volver a hacer esa tarea. Le pregunté si podía dejar de hacerlo. Me dijo que no, que no podía y si no “colaboraba” podía pagarlo su familia. Fin.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Este guardia es culpable o no? Conocí muchos guardias y también torturadores que comenzaban a ver resquebrajarse su idea de combatir la subversión. Gente común, ni siquiera milicos. Un día los llamaron, les dijeron que iban hacer tal tarea y listo. Se encontraron al principio con un gran poder que es sentirse dueños de la vida de los otros. Al cabo de un tiempo se sentían mal y no podían volver atrás, era obligatorio continuar. Se daban cuenta que ellos también estaban secuestrados, pero en libertad. La mayoría se notaban encantados por su tarea, pero algunos…</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Recuperamos la libertad en un auto manejado por el jefe de torturas y su ayudante. Les reconocí la voz a ambos. Eran militares de carrera y se notaba su satisfacción por la tarea emprendida. Hablamos en el camino que eran quinientos kilómetros desde El Vesubio a Tres Arroyos. Hablaban muy amistosamente. Se los notaba padres de familia, buenos vecinos, etc., gente común. En lugar de ser empleados de banco o carteros, se metieron a estudiar en el ejército y años después ya salieron con un título y un cargo. No entendían a la guerrilla. Decían no comprender por qué para esa gente ellos eran enemigos… «Si nosotros lo que hacemos es defender la patria».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Nosotros tenemos miedo de salir a la calle con el uniforme. Si nos ven estos pibes nos matan ahí mismo. ¿Qué les hicimos nosotros, eh?”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>No decíamos nada con Ana, queríamos llegar a Tres Arroyos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Varios meses atrás el comandante del primer cuerpo de ejército salió de su casa en Lomas de Zamora rumbo a Carrefour (otra, pero no recuerdo cuál). Lo tenían estudiado y sabían que pasaba por ahí a hacer sus compras. De un auto bajaron dos o tres tipos y lo ametrallaron. Fue un comando Montonero. El general este se llamaba Sánchez. Al día siguiente, en un acto multitudinario tipo cien mil personas la gente coreaba «Sánchez, Berisso, el pueblo así lo quiso». Berisso fue también otro general asesinado semanas antes. Mis acompañantes no entendían por qué los mataron, si eran modestos padres de familia.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>No entendían que los mató la ideología que sostenía que el ejército es el brazo armado de la oligarquía. Años atrás me preguntaba cómo surgió todo esto. Ya no me interrogo más, ¡ahora escribo teatro para entender!</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y nosotros, lectores, leemos para saber, para comprender la lógica y la dinámica de la defensa de los intereses del imperio por parte de uniformados que sacrifican a sus compatriotas en ese empeño.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">OBRA TEATRAL: ELOGIO DE LA TORTURA, de EDUARDO KIERNAN</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pieza teatral en un acto</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Dr. L. Bruglia: Señor Kiernan, ¿y a qué atribuye usted su libertad? ¿Cuándo lo soltaron?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>E. Kiernan: Del Vesubio no se sale más, señor Juez. Uno sale físicamente, pero del Vesubio no se sale más. La libertad fue tan ilegal como el secuestro; fue una decisión arbitraria de ellos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Causa Vesubio I, Comodoro Py, 10 de mayo de 2010</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Personajes: Paciente y doctor</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La escena transcurre en un espacio despojado prácticamente de mobiliario, solo un escritorio y dos sillas, donde los personajes interactúan en lo que aparenta ser una consulta médica. La neutralidad del escenario busca generar una incomodidad productiva en el espectador, de modo tal que vaya (re)construyendo el marco en el que transcurre y deduzca el carácter de cada personaje, a medida que la obra se desenvuelve.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Paciente: &#8211; ¿Qué es la tortura? Un método mediante el cual un profesional lleva a la víctima al punto de aguante máximo de su dolor, generalmente… dolor físico. ¿Me entiende, doctor?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un torturador profesional es aquel que hace su trabajo conociendo bien el límite de su víctima. Si se pasa de este límite, la víctima ya no sirve. Si Ud., Dr., le da y le da, el tipo se le muere y ya no sirve… ¿me entiende? Hay que tener también cuidado con los desmayos, ¿un cuerpo desmayado para qué sirve? Por eso el oficio de torturador no es para cualquiera, se necesita una gran sensibilidad, un tacto especial, un oído muy fino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que saber entender que este trabajo tiene dos momentos bien diferenciados… claramente distintos. El primero es cuando el tipo está ahí, en la camilla, en la salita de tortura, el tipo está solo, completamente solo. A mí me gusta mucho este momento, es un momento único, único, para uno y para él. Hay compañeros del oficio que no bien entran a la salita, ya se ponen a gritar, a dar golpes, a aporrear al pobre tipo cuando todavía no dijo ni siquiera una palabra. No, yo no estoy de acuerdo, ese no es un buen trabajo. No predispones al tipo a colaborar… porque, ¿lo fundamental en esta tarea qué es?… ¡¡¡la colaboración!!! La colaboración es muy necesaria, ¿me entiende? Pero claro… colaborar, lo que se dice “colaborar”, no quiere casi nadie. Lo que hay que hacer es inducir al tipo, hablarle paternalmente primero, decirle que hablar es mejor que cerrar la boca, que es por su bien, que nadie sale más perjudicado que él si no colabora. Porque esta es una gran verdad, doctor, si el tipo no habla, no canta nada, la que le espera es tremenda, ¿sabe?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Usted tiene que decirle estas verdades y ver cómo reacciona. Porque el tema es así… Ud. piense doctor, el tipo que está ahí, quizás lo sacaron de la casa a las cinco de la mañana, estaba recontra dormido y la patota va, le tira la puerta abajo, se meten adentro de la casa, y se lo llevan a tortazo limpio, lo meten en el baúl de un Falcon, y de ahí ya me lo traen aquí, a la sala de trabajo. Yo calculo que debe ser muy fuerte eso de estar dormido y de pronto, en media hora, estar encapuchado, amarrado a una camilla o a una mesa de cemento con cuatro ganchos en las puntas, con las manos y los pies sujetados en cada vértice de la camilla de trabajo. Debe ser tremenda la impresión del tipo. A las cinco o seis de la mañana dormido, calentito, y media hora después, sujetado como Túpac Amaru, con las piernas y los brazos abiertos, desnudo y sin saber siquiera dónde está, ¿verdad, doctor?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desgraciadamente, muchas veces al llegar ya los muchachos hicieron su trabajo. Cuántas veces les tengo que decir que así no se trabaja, pero no hay nada que hacer… son brutos, Dr., ¡¡¡brutos!!! No quieren su trabajo… van al bulto. ¡Mire que yo grito, eh!, porque tengo más cargo que ellos, ¿vio? Pero no hay nada que hacer, se ensañan con el pobre tipo y lo hacen pelota. ¿Y para qué te sirve un cuerpo hecho pelota? No, no hay amor al trabajo, a la profesión. A mí me parece que estos muchachos vienen a trabajar con mucho odio, que se pelearon con la mujer, que la guita no alcanza, que perdió Boca o River. No son sensibles, Dr., y trabajan para la mierda. Y lo que es peor… se cagan de risa, se recontra cagan de risa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De qué me sirve un cuerpo si cuando llego a mi trabajo me encuentro con un tipo amarrado a una camilla, sin movimiento alguno, golpeado, ensangrentado, con tumefacciones varias, casi electrocutado, etc., etc. No te sirve de nada, esa es la pura verdad. Ya no puede cantar nada, está inconsciente, desmayado. Llevaron el cuerpo este a un punto que ya no te sirve para nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando yo estoy, Dr., todo es distinto. Primero. que no permito que nadie lo toque. Les digo a los muchachos de la patota… Ah, Dr. ¿Ud. sabe qué es la patota? Bueno… la patota son los muchachos que van a buscar a hombres y mujeres que hay que secuestrar, me entiende… la gente de inteligencia pasa la información y lo vamos a buscar. “Vamos” digo, pero los que hacen este trabajo son los de la patota. Nada que ver con nosotros, si quiere, luego le cuento. Nuestro trabajo es distinto, más artístico si se quiere. Uno debe medir bien al tipo o a la mujer que le traen, si es joven o viejo, si está bien alimentado o medio muerto de hambre, si son solteros o casados; si son casados, si tienen hijos o no, si viven o no con su mujer, etc. Mil preguntas que uno debe conocer. Porque para hacer un buen trabajo, Dr., es necesario conocer. A veces de arriba te mandan una hoja impresa con los datos de la persona, sea hombre o mujer. Ese es un buen trabajo de inteligencia. La patota va, revienta la casa se chupa al tipo y me lo trae con moño y todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le digo una cosa… llegan todos cagados, eh, traen un susto que ni le cuento. Ahí empieza mi tarea, nada de gritos ni de golpes. Hay que ir de menor a mayor. Quisiera ser más gráfico. A mí me gusta recibir al tipo, tal como llega. Llevarlo a la sala de operaciones, acostarlo sobre la mesa de tortura, atarle los brazos, las piernas, sujetarle bien las manos y allí sí, cuando lo tenés bien amarrado, comienza tu trabajo. Oiga bien… ni un solo golpe, ni un solo grito… nada, un trabajo bien limpio. Ud. le dice que él y Ud. saben por qué está ahí. Si el tipo le dice que sí… es un gol de media cancha. Ambos están de acuerdo y eso es bárbaro. ¡¡Pero le juro, Dr., que la mayoría de las veces el tipo está ahí y no tengo la menor idea de quién carajo es el flaco este!! Pero ojo, eh, él no tiene que enterarse que uno no sabe nada. Tiene que creer que Ud. sabe todo, todo de todo, ese es el acuerdo al que me refería. Y es aquí donde comienza el trabajo artístico, ¿me entiende?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tortura bien hecha es un arte, el arte de hacer hablar al otro sin siquiera tocarlo y llegar a la verdad. Mire, me acuerdo en la secundaria, en tercer año me hicieron leer a Sócrates. Un capo el Sócrates este, se iba a la plaza pública, ahí en Grecia, en Atenas, y al primero que pasaba empezaba preguntarle qué es esto o esto otro. Le preguntaba, por ejemplo, ¿qué es el amor? Y el tipo contestaba, daba una respuesta. Sócrates lo felicitaba, pero le indicaba que su respuesta no era del todo correcta por esto o esto otro. Entonces, el tipo tenía que corregirse, y daba otra respuesta, y Sócrates lo volvía a corregir, y así durante horas, hasta que el tipo daba la respuesta correcta. ¿Qué me dice, Dr.? El tipo largaba la verdad sin un solo golpe. ¡¡¡Esto es filosofía, Dr.!!!, y de la mejor, créame, ¡¡¡se lo aseguro!!! Es lo que nunca pude hacerle comprender a mis muchachos, Dr., que nosotros teníamos que hacer una tarea filosófica, ir de la mentira a la verdad, o si prefiere, de no saber nada del tipo que está amarrado a saberlo todo de él. No es tan difícil, ¿verdad? Quién sos, dónde vivís, dónde trabajás, ¿estás casado?, ¿tenés hijos? Pero mis muchachos se matan de risa, ellos van al bulto, palo y palo. Si yo estoy, eso no pasa, pero si no estoy, si todavía no llegué a mi trabajo… pobre tipo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En fin, no eran malos muchachos, pero eran más brutos que animales de carga. Fuera del horario de trabajo eran todos macanudos. Pero no eran profesionales, la verdad que no lo eran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El que sí era un súper profesional era Rubén. Un maestro. Serio, cumplidor, un trabajador infatigable, y muy buen compañero. Más serio que la miércoles, ¿eh? Él fue el primero que dijo que torturar era un arte. Y se cagaron de risa los boludos, y no contestó nada, como si lloviera. Pero a mí me quedó esa frase, me quedó de tal manera que no me la olvidé nunca más. ¿De dónde la habrá sacado, no? Seguro que de su propia cabeza, seguro. El tipo venía dos veces por semana, ¡solo dos veces! Nosotros, nunca menos de tres veces. El habló con los capos de arriba, me comprende, generales o mayores, y les dijo que más veces no podía, que le hacía mal, que era un trabajo muy duro, más duro que tener que levantar bolsas de cemento. Así contó cierta vez y nosotros le creímos. Se les paraba a tipos con una graduación altísima y explicaba sus razones. Y era tan bueno, tan profesional que terminaban por creerle. Dejaban que Rubén vaya dos veces por semana. Salvo cuando caía algún pesado de la organización, la opinión era unánime “llamen a Rubén”. Ahí caía él, lento como siempre, de traje, saco y corbata, una camisa de seda blanca, que decía que era italiana, con gemelos y todo, corbata amarilla o roja, haciendo juego con el traje azul o negro. Y unos zapatos de novela, decía que eran italianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un capo Rubén se lo aseguro. Nosotros íbamos así nomás, de zapatillas y vaquero. El tipo no… de punta en blanco. Alguna vez un coronel le preguntó por qué vestía de semejante forma. Recuerdo que le dijo que él era un profesional, y así como un médico viste con un traje o un saco sport, él sentía que debía hacer lo mismo. Que era su forma de respetar su trabajo. Pero ojo, no siempre venía así, aunque siempre, siempre de saco y pantalón, jamás en zapatillas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El día que lo llamaban en forma especial, a cualquier hora, si el que caía era un capo de la organización, se vestía en forma especial. Recuerdo que una noche, en un operativo muy complejo, agarraron a un jefe Montonero, un oficial de la conducción nacional. De esos que diseñaban un golpe comando a un banco y se afanaban toda la guita o copaban un hospital para rescatar a un compañero preso que estaba herido. Dicen que él personalmente iba al frente, un tipo con unas bolas bien grandes. El ejército lo agarró a medianoche, después de resistir unas diez horas meta bala y bala. Cuando al final ya nadie respondía, los muchachos entraron a la casa; había muertos por todos lados. Revisaron las piezas, el galpón del fondo, subieron al techo y ahí estaba el flaco este, cuerpo a tierra con el arma en la mano, tratando de pasar desapercibido. Ahí lo llamaron a Rubén, eran como las dos de la mañana. ¿Sabe qué le dijeron? Tenemos comida para vos. ¡Prepárate que esto es caviar, flaco! ¿Sabe cómo vino vestido? Con traje vino. Traje gris, ajustado al cuerpo, camisa gris de la marca francesa esa, Dior, si mal no recuerdo, una corbata a tono y unos zapatos de charol finos a más no poder. Un modelo de esos que salen en las revistas de modas. Con decirle que cuando llegó el secuestrado, se corrió la bolilla de que lo habían llamado a Rubén.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éramos seis o siete los que lo esperábamos, porque queríamos saber qué iba a hacer el loco. Con semejante personaje que habían capturado, quién mejor que él para el interrogatorio. Si hasta estaba un coronel que quería saber cómo trabajaba Rubén. La pinta de Rubén y la del coronel eran tan distintas, el flaco parecía un gerente de banco y el oficial superior, un lavacopas cualquiera. ¡Qué pinta el flaco, Dr., qué pinta! El coronel, dicho sea de paso, era flor de hijo de puta. Cuando él quería hacer la tarea, hacía pelota a los chicos. Y eso no sirve para nada, porque si querés que el tipo cante, tenés que ir de menor a mayor, y no reventar al tipo sin decir agua va, agua viene, ¿me entiende?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese tipo estaba lleno de odio, esa es la verdad. Un borracho como vi pocos. Cuando llegaba la noche, tipo doce o una, se encerraba en su cuarto con una botella de whisky completa y se la tomaba toda. De no creer. Una vez recuerdo que le pregunté, coronel, disculpe… ¿no toma Ud. demasiado? ¿Sabe qué me contestó? Que tomaba por penas, ¡por penas, me dijo!… Ahora, digo yo, ¿qué pena podía tener ese turro de mierda, con el cargo que tenía, la familia que tenía y la guita que ganaba? No sé… quizás este trabajo que tenía, Dr., era duro, muy duro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Rubén llegó nos preguntó ¿dónde está? Yo le contesté que estaba en el hospitalito, que era la pieza de tortura. Pidió un café, se lavó la cara, se ve que estaba mal dormido, se tomó de un trago el café, y partió para la pieza. Y todos detrás de él. El pibe estaba en la parrilla, bien sujeto de pies y manos. Era pequeño, no más de 1,65 de altura. Parece mentira, Dr., alguien tan chico, tan flaco, tan poca cosa, y al mismo tiempo tan bravo, tan fuerte, tan inteligente. En la organización le tenían un respeto enorme y eso que tenía en ese momento 28 años nada más. Rubén se acercó, dio una vuelta completa a la parrilla y se quedó mirándolo. El pibe tenía la cabeza tapada con una capucha negra. Rubén le preguntó después de un rato… ¿así que vos sos Enrique? Y dándose vuelta nos miró a todos y dijo que nos teníamos que ir, que quería trabajar solo. Agregó, Ud. también coronel, disculpe, pero tiene que irse. Y salimos todos, con el coronel incluido, sin decir una palabra. Qué personalidad que tenía el tipo, doc, qué autoridad. Salimos sin decir una palabra. ¡Dígame si no es digno de admiración! Apenas una frase… y todo el mundo afuera. Un capo el tipo, ¡un capo!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos metimos la oreja detrás de la puerta y no se oía nada. Es más… en ningún momento se oyó nada. Quiero decir… ningún grito, nada de golpes o cosa parecida, porque eso era lo común… gritos, gemidos, golpes… No, en este caso nada, solamente la voz de Rubén pero muy bajito y las respuestas del pibe también muy pero muy bajo. Si clavabas la oreja en la puerta, la sensación que tenías era que estaban en la mesa de un bar. ¿Vio que en las mesas de los bares la gente habla y habla, y Ud. no escucha nada? Bueno, así nomás. Pasaron dos horas, se abre la puerta y Rubén que dice necesito dos cafés. Yo me acerqué y pregunté si era cierto lo que decía. Me contestó que sí, que necesitaba dos cafés, y que además le desenganchara las dos manos al pibe. Para que me entienda bien lo que digo Dr. ¿Sabe bien lo que es una parrilla? Porque yo hablo de la parrilla, la parrilla… y Ud. por ahí ni sabe bien qué es. Le explico… la hacemos nosotros mismos, son cuatro paredes de un metro de altura, es un rectángulo ¿vio? Y arriba construimos una loza de unos dos metros de largo, y en cada vértice colocamos unas argollas. Son cuatro argollas en total, y cuando nos traen un detenido lo acostamos en la losa a lo largo, los amarramos en cada argolla, y le sujetamos las manos y los pies. En una palabra… los estaqueamos, ¿se entiende? El tipo no se puede ni mover salvo cuando le pasamos electricidad que ahí sí… se le arquea el cuerpo de lo lindo. Qué va a hacer, Dr., la electricidad es jodida, difícil de aguantar, ¿vio?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como le iba diciendo, Rubén sale de la salita y me dice que le desate las manos. Quedan bien sujetas las piernas, pero los brazos y manos quedan sueltos. Les llevo el café y me pide que salga. Y están dos horas más charlando. Esta táctica del amiguismo la inventó él… decía, el secuestrado es un tipo que llega muerto de miedo, sabe lo que le espera, sabe que le van a hacer saltar las tripas por el aire. Tan es así lo del miedo que tienen, que algunos vienen cantando cualquier cosa antes de que los toques. Pero son cuadros muy bajos de la organización, casi casi perejiles. Y qué le vas a sacar a un perejil… nada, no te sirven para nada. Para este servicio Rubén casi ni intervenía, trabajo de segunda decía. Pero este tal Enrique no era ningún perejil, era chiquito pero ningún perejil. Después salió y me dijo que lo enganchara nuevamente, que en dos horas volvía y que necesitaba dormir. Y se fue; así que entré, le coloqué la capucha y lo enganché de nuevo. Salí de la pieza y apagué la luz. Yo creo que debe ser jodido que te saquen de tu casa, a las seis de la mañana, te metan en un auto y te traigan hasta este lugar, y encima te lleven a una pieza, te aten como a un pollo a la parrilla, te apaguen la luz y se las tomen. Yo, Dr., estaría todo cagado de miedo. En el momento de apagar la luz, le eché un último vistazo y me dio lástima, qué quiere que le diga. Estaba el pobre atado de pies y manos, con la cabeza cubierta y los pies desnudos, y solo el pantalón y un cinturón, sin camisa ni nada. ¿Sabe qué me recordó? ¿Vio la foto del Che Guevara muerto? ¿Vio que estaba semi desnudo, nada más que con un pantalón puesto, sin camisa ni nada? Bueno, Dr., de esa foto me acordé, claro que el Che estaba con la cabeza destapada, con esa mirada tan profunda y dura, y los pelos enrulados que le caían al costado. ¿Vio que parecía un Cristo? Qué foto, Dr., un campeón ese fotógrafo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo nunca entendí a este tipo. ¿Qué carajo quería? Dicen que hacer la revolución. ¿Pero qué revolución? Si ya la había hecho, ¡bueno, es lo que dicen! Si él tenía todo… era médico, era ministro de gobierno en Cuba, flor de pinta que tenía y las minas que quisiera. Entonces si estás bomba en tu vida, ¿por qué te vas a hacer quilombo a otro país?, si vos tenés todo arreglado, cargos, plata, minas, prestigio… ¡Son cosas que no se entienden! Y este pibe que lo habíamos chupado, en el momento que apagué la luz, me hizo recordar la foto del Che. Yo no estoy comparando nada, no voy a comparar al Che con este pibe, quién carajo es este pibe… ¡nadie! Y el Che era el Che, ¿no?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen que estos pibes tienen las mismas ideas, que quieren hacer la revolución. ¿Sabe qué va a pasar, Dr.? Los vamos a hacer mierda a todos, a matar a todos. Porque ojo que son jóvenes, pero andan todos calzados, revólveres, ametralladoras, bombas… quieren copiar al Che, pero les va a pasar lo mismo que a él, los vamos a ir agarrando de a uno, y de a uno los vamos a ir liquidando. Y si no lo hacemos nosotros, los que nos van a matar son ellos, están loquísimos. ¿Pero Dr., cómo va Ud. a decir que la gente la pasa mal en nuestro país? Con la cantidad de carne que se consume acá, con la comida que se tira, con trabajo para el que quiera trabajar… ¡por favor, Dr.! El que no trabaja es porque no quiere trabajar, Dr. ¿Y Ud. va a salir a matar gente porque la riqueza está mal repartida como dicen?, ¿o porque no hay trabajo? Vea Dr., yo mucha instrucción no tengo, pero yo sé bien que en la historia de los países la riqueza nunca se repartió, los que la hacen se la guardan y lo bien que hacen, porque la hicieron ellos o sus padres y no se la robaron a nadie, ¿verdad? Y ahora me vienen con el cuento de los pobres, ¿por qué no me vienen con el cuento de los que no quieren trabajar? Lo que pasa, Dr., es que los negros no quieren trabajar, quieren pasarla de lo lindo meta chupi y música, ¡porque si algo hacen los negros es pasarla de lo lindo! Y esto es lo que dicen estos pibes… que quieren hacer una revolución para que todos tengamos trabajo y la riqueza esté mejor repartida. Pero si la riqueza está repartida como está por algo será, ¿no le parece? Y si hicieran la revolución y fueran a las villas y les dijeran… bueno, señores, ahora hay trabajo para todos; los negros los sacarían cagando, se lo digo yo, Dr., ¡se lo digo yo! Mire, Dr., mucha instrucción no tengo, pero si agarro los diarios y me pongo a buscar en el pasado y me fijo en los bancos, por ejemplo, no voy a encontrar un solo caso de gente que se hizo dueño de bancos robando a los demás… se hicieron dueños de los bancos laburando, Dr., laburando. De historia no sé mucho, pero ¿cómo se funda un banco? Se funda seguramente alquilando un local, tres o cuatro tipos con sus ahorros, empezaron a prestar y recibir dinero, un par de escritorios, unas máquinas de escribir, algún empleado y se rompieron el culo, Dr., se rompieron el culo y se convirtieron en lo que son hoy… señores banqueros, y empezaron con un localcito de mierda, Dr., estoy seguro. Y estos pibes que son unos locos, me dicen que hay que sacarles los bancos a los banqueros porque son chorros, que los banqueros son ladrones. Y otro tanto con los dueños de fábricas o gente que trabajan sus campos, que hay que sacarle los campos a los chacareros, porque tienen mucha tierra y hay que hacer una reforma agraria, que no es más que repartir la tierra. Pero si la tierra ya está repartida, ¿para qué vas a hacer semejante quilombo para volver a repartirla?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es de locos, Dr., yo sé lo que le digo. El tiempo que los tenemos chupados a veces hablo con ellos, muchas veces estoy aburrido y los saco para hablar y mientras tomo unos mates les pido que me cuenten y todos dicen más o menos lo mismo. Yo les digo… ¿a mí me va a tocar un pedazo de tierra o un campito? Ahora bien, pibe, ¿quién te dijo que yo quiero un campito? Yo no quiero un campo, ¡no quiero! Vos me vas a obligar a agarrarlo y qué carajo voy a hacer yo con un campo si lo que quiero es seguir trabajando en el ejército. Yo estoy cómodo trabajando para el ejército, incluso en este momento como torturador. Estoy cómodo, muy cómodo, y vos venís de prepo y me sacas este trabajo y me mandás al campo. Pero si yo estoy bien, ¿quién te dice que yo quiero cambiar de trabajo? Y yo entre mate y mate, les digo esto y no saben qué contestar, Dr., miran para abajo y no saben qué contestar. Porque ojo, Dr., yo también tengo mi método, eh, no será el de Rubén tan perfeccionista, vio… pero algunas cosas consigo, algún dato, alguna pavada que largan y yo después paso el dato, vio, paso el dato y algunas cosas se consiguen y esas son pequeñas medallas que uno va acumulando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y bueno, Dr., para no irme de tema, a las dos horas lo desperté a Rubén. Se levantó, me pidió otro café y se fue para la pieza donde estaba el tal Enrique. Ya la cosa no fue tan tranquila, las voces iban subiendo de volumen y llegó el momento que era un griterío infernal. Este Rubén que siempre hablaba tan bajito iba levantando el volumen de voz, y esta voz cuando se elevaba era terrible, Dr., terrible por el sonido que tenía, que no entiendo, Dr., de dónde le salía, pero metía miedo de solo oírla. Hasta que empezaron los quejidos del pibe, que fue gritando cada vez más fuerte, porque se ve que el dolor le estaría atravesando la garganta. No sé si esta vez no se fue de mambo Rubén, porque pasaron como dos horas de este griterío que le cuento, hasta que la voz del pibe se fue apagando y apagando. Lo único que se escuchaba al final era algo así como “por favor Sr.… por favor”. Y no se escuchó más nada. Yo me fije la hora y habían pasado dos horas y estaba aclarando ya. Pero el loco no salía, no salía. Y pasaron como dos horas más sin un ruido ni un sonido. Hasta que abrí la puerta y se me pararon los pelos de punta. No había más nadie para mirar lo que vi, Dr., los demás se habían ido a dormir. Había sangre por todos lados, Dr., y el pibe estaba muerto, lo mató el loco, ¡¡¡lo mato!!! Él… el que todos admirábamos, el perfeccionista, había matado a un tipo, un pibe después de todo, que tenía tanta información, seguramente, porque no por nada tenía el puesto que tenía en la organización, estaba ahí muerto, carajo, con los ojos abiertos también como el Che, y sangre por todos lados, una carnicería francamente. Y Rubén sentado en la silla, mirando para abajo. ¿Y sabe qué pasó, Dr.? Se llevó los pelos para atrás y comenzó a llorar, a llorar, Dr., de no poder parar. Yo nunca en este trabajo vi nada parecido. Pero… si seguramente el muerto era un hijo de puta, uno que si me encuentra a mí por la calle con el uniforme, me hace cagar con un de un par de tiros, sin preguntar siquiera si tengo hijos, familia o mi vieja conmigo… pum, pum, dos balazos y a otra cosa. Pendejos de mierda, vaya a saber quién les metió semejantes ideas. ¿Vio que dicen que Sarmiento dijo “las ideas no se matan”? Acá en El Vesubio lo primero que matamos son las ideas. Y a las personas también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me parece, Dr., que Rubén lloraba porque se le había ido la mano, no se pudo contener, el silencio del pibe lo llevó a tal extremo que se olvidó que uno tiene que ser como decía él… un profesional. Mire, Dr., es común que se nos queden tipos o mujeres también mientras torturamos. Uno se pregunta ¿qué pasó? Lo que ocurre… es que viene gente con problemas en el corazón, no avisan nada y ¡páfate!, les revienta la aorta según me dijeron, Dr. Nos ocurrió la vez pasada con una mujer. Pobre mina, jovencita, 24 años, no cantaba nada y hubo que darle máquina fuerte, muy fuerte y pum, Dr., se nos quedó en la mesa de tortura. Otro tanto ocurrió el mes pasado con un gordo Montonero, los muchachos lo cargaban. Gordo le decían, con esa panza te aceptaron en la orga… ¿y cuando tenés que rajar cómo hacés? Con esa panza de mierda. Se cagaban de risa los muchachos, y era tanta la máquina que le daban, pobre gordo, que reventó como un sapo. Qué hijos de puta, Dr., que somos… todos nos cagábamos de risa y el gordo se murió como hacen los gordos, resopló como una ballena y se murió, sí señor, se murió así nomás. Y no le cuento, Dr., todas las cosas que le hicimos nada más que porque pesaba como ciento cincuenta kilos. Yo no le voy a contar, Dr., todas las cosas que hacen los muchachos, porque es una porquería. Qué quiere que le diga, yo solo le cuento lo de la picana o los golpes, pero las cosas que se hacen allí adentro no son para contar porque Ud. es un profesional y terminaría vomitando, Dr.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa mañana, la mañana del gordo, era tanto el barullo que hacíamos que entró Rubén y nos cago bien a pedos… dijo que éramos una mierda, que no éramos profesionales ni nada, una basura… una basura nos dijo, Dr., a nosotros que éramos compañeros de él nada menos. Pero el tipo tenía tanta personalidad que nadie dijo nada, metimos violín en bolsa y salimos. A mí me dio vergüenza, Dr., esa es la pura verdad… vergüenza. Y a mí me queda una pregunta, ¿por qué uno se las toma contra los gordos? Después de todo son seres humanos como cualquiera, ¿verdad? Pobre gordo. Y como le decía, Rubén, que no aceptaba que nosotros tuviéramos una falla y que se nos quedaran secos los tipos que torturábamos, que éramos una mierda y todas esas cosas, a él nada menos se le queda el pibe este. Todos nos quedamos de una pieza, vio. No daba para joderlo, tomarle el pelo o algo así porque el tipo lloraba, Dr., lloraba de no poder parar, pero si no era nada de este pibe, no había una cuestión afectiva ni nada de eso. Era uno más, uno más. Por otra parte, a la gente que traíamos acá, cuando nos dábamos cuenta después de varios días de darle máquina y más máquina, ya no decían más nada interesante, los pasábamos a las cuchas, que eran unos espacios pequeños donde los dejábamos ahí. Ya no nos servían más, no nos interesaban. Quedaban prisioneros en esos espacios tan chicos. Y como a veces había superpoblación metíamos de a dos o tres en cada cucha. Así hasta que llegaba la orden de traslado, los juntábamos de a diez o veinte y se los llevaban a la muerte, Dr., a la muerte. Eso lo sabíamos bien, lo que no sabíamos era a dónde los llevaban para matar, ellos los milicos tenían sus lugares ¿vio? Ni siquiera nosotros lo sabíamos, se lo tenían bien guardado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez le pregunté a uno que decían que era capitán, y sería nomás capitán porque flor de hijo de puta era, a dónde los llevaban esa madrugada, siempre era de madrugada, y el tipo me contestó a vos qué mierda te importa. Era así nomás, nadie sabía dónde los mataban. Nosotros pensábamos que sería cerca de los cementerios, porque al ser de madrugada cuando llegaba el personal que trabajaba allí, los sepultureros no tenían más que levantarlos y enterrarlos, pero no lo sé bien, lo imagino ¿vio? Era siempre, como le dije, de madrugada, cuando faltaban algo así como dos o tres horas para terminar la guardia, tipo cinco o seis de la mañana llegaban los camiones del ejército, los sacaban de las cuchas y los ponían en fila y arriba, se los llevaban. Los pibes preguntaban siempre “a dónde nos llevan, a dónde”, y las respuestas eran siempre las mismas, “a Devoto los llevamos, a que cumplan una buena condena por subversivos que son”. Les decían esto para no armar alboroto, es como que se quedaban tranquilos. Para ellos ir a Devoto presos era como tener asegurada la vida. Y se iban sin gritar, pero se iban a la muerte, Dr. Yo siempre le pedí a la virgen no estar una madrugada de traslado, siempre. Porque, Dr., yo soy muy devoto de la virgen, a mí me ha ayudado mucho en mi trabajo. Por eso los domingos, si no trabajo, voy a misa religiosamente, pido por mi familia, por la salud de todos los míos, por mi trabajo, y aunque no lo crea, Dr., por los pibes que trasladan, por el alma de ellos y esas cosas. Y la virgen, Dr., me ha escuchado, mis propios hijos me crecieron sanos, estudiosos, nunca falta comida en casa y trabajo no me ha faltado. Como le digo, Dr., soy muy creyente. Sí, la virgen me escuchó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, Dr.… y es por esto que lo consulto, ¿está bien matar? ¿Matar a alguien que sabés que es tu enemigo, que si vos no lo matás, él te encuentra y te mata a vos? Porque nos matan, ¿eh? Nos matan sin ningún cargo de conciencia. Esto, Dr., es una guerra, una guerra de ellos contra nosotros, ¿qué otra cosa podemos hacer sino matarlos? Qué porquería, Dr., qué porquería, si yo no nací para matar, y ahora resulta que mato como cualquiera. Y estos pibes resulta que te matan… ¿ellos se preguntan como yo… si matar está bien o mal?, ¿se preguntan? Mire, Dr., me juego la cabeza que ellos no nacieron para matar, y nosotros tampoco… ¡¡¡nosotros tampoco!!! Entonces, qué es lo que está pasando, Dr., ¿qué es lo que pasa que nos matamos y el mundo sigue andando? ¡Yo era un pibe de barrio!, lo único que pensaba era jugar al fútbol, y con esa cabeza de no pensar en nada me metí en el ejército, porque me vino la colimba, al salir no tenía trabajo y me quedé ahí en el ejército, sin pensar en nada, ni en la patria, ni la bandera ni nada, un laburo más, en lugar de entrar a una fábrica entré al ejército. Y aquí me encuentro, Dr., con las manos chorreándome sangre. Pero si yo no tiré un solo balazo contra nadie, nada, ¡¡¡nada de nada!!! Lo mío siempre fue la tortura, Dr., nada más. Y esta sensación mía, Dr., de los gritos a la noche mientras duermo, que no me dejan dormir, carajo, y mi mujer que me dice que pare de dar vueltas en la cama, que es ella la que no puede dormir. Es por eso, Dr., que vengo a verlo, porque no puedo dormir. Ni con la cabeza tapada con la almohada paran de gritar adentro mío estos hijos de puta. Dos días después, Dr., de lo que le conté, Dr., nos dan la noticia más terrible que podíamos recibir, nos dicen que Rubén se había suicidado, se había metido la punta de la pistola en la boca y se había disparado una bala. Éramos siete en ese momento, Dr., quedamos como locos sin saber qué hacer, sin poder decir una palabra, y yo me senté, Dr., en una banqueta y me puse a llorar como un nene sin poder entender sin decir nada, solo llorar y llorar a moco tendido. La que avisó fue la dueña de la pensión donde vivía, porque no vivía en un departamento en Caballito como decía él que alquilaba y que le salía un huevo. No… vivía en una pensión mugrosa, en una pieza chiquita que alquilaba por dos mangos, Dr., dos mangos. La dueña de la pensión nos contó todo. Tenía una sobrina a la que él le pagaba los estudios. Y como los padres habían muerto en un atentado, él se hizo cargo de la chiquita. Nosotros de esto no sabíamos nada. Y nos enteramos de casualidad porque una noche que estábamos trabajando entró un mayor del ejército y le dijo así, a boca de jarro ¿es cierto, Rubén, que su hermano y su mujer murieron en un atentado? Dijo sí, secamente, estoy trabajando, y se metió en la pieza. Sabíamos que el hermano era milico y de graduación alta, aunque nunca habló de él, pero son cosas que se saben, ¿vio? Y mire lo que son estas cuestiones, pibes y no tan pibes lo hicieron volar por el aire. No sé si Rubén trabajaba en ese momento con nosotros porque, ya le digo, Dr. él no contaba nada. La que si nos contó algo más fue la mujer de la pensión. A la nena la mandó al extranjero a estudiar, quizás por miedo a una venganza contra ella, por eso la mandó afuera del país. A Suiza, Dr., la mandó a un colegio suizo que le tragaba el sueldo completo. A punto tal que había meses que le quedaba debiendo a la señora esta. Cómo le cagaron la vida al pobre Rubén. Y cómo me cagó la vida mía este trabajo. No doy más, Dr., no doy más ¡¡y quise cortar por lo sano y presenté mi renuncia al ejército!! ¿Y sabe qué pasó?… me llamaron de arriba y me dijeron de aquí no te vas más. Sabés demasiadas cosas y aquí dentro saber es perder. Y aquí estoy, Dr., perdido y sin saber qué hacer. Tengo demasiados muertos en el lomo y ya no puedo ni siquiera dormir ni comer, ni salir con mi mujer ni mis hijos. Esta es mi situación, Dr.… estoy preso, o mejor, secuestrado. Me oye, Dr., ¿me oye?… no se vaya, Dr., no se vaya, alguien tiene que oírme o me voy a volver loco, Dr., me voy a volver loco.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>(El médico se retira sin dirigirle la palabra, le da la espalda sin volver la cabeza ni una sola vez. En su actitud corporal podría leerse tanto un acto de censura como de cobardía.)</em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">FIN</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/06/11/obra-teatral-elogio-de-la-tortura-de-eduardo-kiernan/">OBRA TEATRAL: ELOGIO DE LA TORTURA, de EDUARDO KIERNAN</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2026/06/11/obra-teatral-elogio-de-la-tortura-de-eduardo-kiernan/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>“AFERRADA A MI BALSA”</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/12/27/aferrada-a-mi-balsa/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2025/12/27/aferrada-a-mi-balsa/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Dec 2025 17:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=17708</guid>

					<description><![CDATA[<p>TESTIMONIO DE UNA CRUELDAD IMPUNE Por Gabriel Canihuante A menudo los negacionistas de las consecuencias del golpe de Estado de 1973 reclaman, ya sea por una película chilena, un juicio a un ex uniformado que termina en condena o un libro que haga denuncias de lo vivido en las décadas de 70 y 80. “De [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2025/12/27/aferrada-a-mi-balsa/">“AFERRADA A MI BALSA”</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center">TESTIMONIO DE UNA CRUELDAD IMPUNE</h3>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Gabriel Canihuante</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A menudo los negacionistas de las consecuencias del golpe de Estado de 1973 reclaman, ya sea por una película chilena, un juicio a un ex uniformado que termina en condena o un libro que haga denuncias de lo vivido en las décadas de 70 y 80. “De nuevo los resentidos salen con discursos viejos y repetidos” es una frase que hemos leído más de una vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esas quejas suelen conocerse por las plataformas interactivas de internet y ya se puede desconfiar de los ejércitos de bots, alimentados y pagados por los mismos que promovieron el golpe y por quienes defienden hasta hoy a sus ejecutores, es decir, los negacionistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro “Aferrada a mi balsa” escrito por Gladys Díaz Armijo, periodista y ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), es un testimonio de una experiencia límite vivida, en 1975, por la autora en el centro de detención y torturas conocido como Villa Grimaldi, en el barrio de Peñalolén, en Santiago.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La publicación demoró 50 años porque no fue tarea fácil. Su autora requirió de un largo proceso vital que le permitiera recuperarse, física, mental y espiritualmente para llevar a cabo el trabajo de rescatar esa memoria y ponerla en un soporte que desembocara en un libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“…ha sido escrito muchos años más tarde, con reflexiones, crecimiento, experiencias, interpretaciones y sanaciones con las que entonces no contaba. Esta historia sigue estando impregnada en la piel y en cada centímetro del cuerpo”, nos cuenta Gladys en un prólogo que titula “Una explicación necesaria”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Aferrada a mi balsa” (Ceibo Ediciones, 2025) es un libro difícil de leer, es de aquellas lecturas que exigen tiempos de pausa, de suspensión del acto lector porque duele la tortura, duele la crueldad, da una rabia impensada recordar lo que ya sabíamos, pero que permanece latente, en suspenso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ex dirigente del MIR, directora del periódico clandestino <strong>El Rebelde</strong>, relata esencialmente su paso de tres meses por el centro clandestino conocido como Villa Grimaldi (o Cuartel Terranova), donde operó la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). En ese lugar el mandamás fue Marcelo Moren Brito (muerto en prisión) y el principal torturador fue Miguel Krassnoff, hoy preso en Punta Peuco, condenado a más de mil años de cárcel por delitos de lesa humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante esos 90 días fue víctima de atroces torturas y testigo de los abusos cometidos contra otros presos políticos, algunos de ellos asesinados en ese recinto y muchos otros muertos y desaparecidos hasta hoy. En esos meses estuvo recluida en una estrecha torre, en un espacio mínimo en el que no podía ni siquiera estirarse para dormir, sin luz, agua, servicio higiénico y con una alimentación esporádica. De allí la sacaban para nuevos interrogatorios y torturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los uniformados (del ejército y carabineros) que allí operaban, algunos de los cuales permanecen vivos, nunca han confesado sus crímenes y no han dicho la verdad sobre el destino de los cuerpos de esos detenidos desaparecidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos años estuvo presa esta militante mirista, primero en la villa Grimaldi y luego en los centros de detención de Cuatro Álamos y Tres Álamos. Durante más de tres meses se negó oficialmente su detención, lo cual la hacía vulnerable a ser asesinada en cualquier momento, pero una poderosa red de solidaridad nacional e internacional hizo posible que tuvieran que reconocer su detención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contribuyó también a su salvación, una capacidad inusitada de resistencia física y moral, una cuota de suerte y el “milagro” de un uniformado con algún nivel de conciencia que la saca en el momento oportuno de la fila de los que van a morir…</p>



<p class="wp-block-paragraph">En fin, el testimonio de Gladys es un grito que nos sacude, nos despierta; es una voz de alerta para que no dejemos que la apatía y la indiferencia nos contaminen. Ha pasado medio siglo, es verdad, pero los crímenes de lesa humanidad de muchos delincuentes (uniformados y civiles) de los años 70 y 80, siguen impunes. Los de Punta Peuco son apenas “una muestra” de un universo que ya no conocimos, pero sabemos que existe o existió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En uno de los prólogos, el senador Francisco Huenchumilla sostiene que “Lo que aquí se evidencia, muestra y relata no es solo un documento del horror: es un testimonio para que nunca más ocurra algo así y, por sobre todas las cosas, para que se mantenga viva la memoria, guiando esta a quienes aún dudan de nuestra historia reciente como país”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quedan en nuestras memorias los nombres de hombres y mujeres, la mayor parte de ellos jóvenes, que fueron víctimas fatales. Los de aquellos que Gladys conoció en ese recinto están presentes en el relato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros, que pasamos por distintos centros de detención y torturas, nos salvamos y una de nuestras obligaciones es contar lo que ocurrió, impedir que las nuevas generaciones digan que no sabían y llamar siempre a conocer la verdad, el principio básico para cualquier intento de reconciliación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Reseña biográfica de Gabriel Canihuante</strong><br>Periodista y escritor, nacido en Santiago, reside en La Serena desde 1993. Es autor de los cuentos “Años de papel” (2023) de la Municipalidad de La Serena y “La historia de don Crispín, doña Anita y el guaripola y otros cuentos”, Editorial de la Universidad de La Serena (2010), entre otros. En coautoría con Orieta Collao M. es autor de “Apuntes de tres siglos. Liceo de Niñas Gabriela Mistral de La Serena (Nueva Mirada Ediciones, 2025) También es autor de “Enrique Molina Garmendia. Biografía breve (2019); “Periodismo en la región de Coquimbo. 1828 – 1927” (2018) y “Jorge Peña Hen. Biografía breve” (2017). Otros libros publicados como coautor son “Entre duendes y churrascas” (2016 y 2018) Fondo Nacional de fomento del libro y la lectura; e “Historias (ni tan) secretas de Ovalle” (2021), edición digital.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="762" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/portada_aferrada-a-mi-balsa-762x1024.jpg" alt="Aferrada a mi balsa" class="wp-image-17709" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/portada_aferrada-a-mi-balsa-762x1024.jpg 762w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/portada_aferrada-a-mi-balsa-223x300.jpg 223w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/portada_aferrada-a-mi-balsa-768x1033.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/portada_aferrada-a-mi-balsa.jpg 952w" sizes="(max-width: 762px) 100vw, 762px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Aferrada a mi balsa</em></figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2025/12/27/aferrada-a-mi-balsa/">“AFERRADA A MI BALSA”</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2025/12/27/aferrada-a-mi-balsa/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Presentación de Memorias de un hombre feliz: Dauno Tótoro</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-de-memorias-de-un-hombre-feliz-dauno-totoro/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-de-memorias-de-un-hombre-feliz-dauno-totoro/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Oct 2025 13:39:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=17401</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Dauno Tótoro Taulis Es parte de nuestra naturaleza contar a los otros qué y cómo ha sido nuestra vida; lo que hemos alcanzado y lo que añoramos. Por supuesto que hay quienes se plantean desde la autocompasión y del desgarro, o desde la epopeya y del protagonismo. Hay otros, los menos, que narran con [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-de-memorias-de-un-hombre-feliz-dauno-totoro/">Presentación de Memorias de un hombre feliz: Dauno Tótoro</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Dauno Tótoro Taulis</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es parte de nuestra naturaleza contar a los otros qué y cómo ha sido nuestra vida; lo que hemos alcanzado y lo que añoramos. Por supuesto que hay quienes se plantean desde la autocompasión y del desgarro, o desde la epopeya y del protagonismo. Hay otros, los menos, que narran con la honestidad de personajes que se saben simplemente humanos y que, sin aspavientos y con modestia, saben que tienen algo que decir y que aquello que han sido y quieren contar son partes de un todo que fue su tiempo y las circunstancias colectivas que nos hacen un conjunto orgánico, vivo, contradictorio y complejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Imaginemos, por un momento, que nos encontramos ante un gran espejo. En él vemos una imagen homogénea, común para todos quienes se enfrenten al cristal. Es una imagen compartida, sin otra interpretación que la de su propio reflejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si por algún accidente este espejo es golpeado, fracturado, se despedazará en miles, millones de pequeños trozos que quedarán repartidos por el suelo, cada uno en un ángulo, en una posición distinta. Por razones de la física, de la óptica, cada uno de estos minúsculos espejos, de estos fragmentos, reflejarán o contendrán una imagen tan amplia como la del espejo del original, pero, también, cada imagen de cada fragmento, por su orientación espacial, por la luz que reciba, será propia, única.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La imagen reflejada en el gran espejo era la ilusión de una percepción colectiva sin matices. Los fragmentos son las experiencias personales de quien se aproxime a ver su reflejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si intentamos recomponer el cristal original y recogemos cada fragmento, los unimos y pegamos, jamás obtendremos lo que había antes del golpe que destrozó aquella homogeneidad, aquella fantasía de lo uniforme. Ahora, la gran superficie estará compuesta por fragmentos, con trizaduras, con distorsiones, con pequeños ángulos. Será la suma de las experiencias y de las miradas particulares; será la integración en mosaico de todas las vidas; una nueva imagen compuesta, más rica, más viva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resultan importantes los testimonios, los relatos escritos, las memorias compartidas. Pero, claro, cuando éstas son narradas, como dije antes, con la honestidad de quien se sabe simplemente humano y lo hace sin aspavientos y con modestia</p>



<p class="wp-block-paragraph">De qué habla Eduardo Contreras Mella en su libro, en su propio fragmento de espejo; cuál es su esencia. Hay innumerables capítulos y episodios que dan cuenta de los cargos políticos, profesionales y públicos que le tocó servir a lo largo de su vida como abogado y militante. Hay memorables pasajes de sus casi incontables encuentros con hombres y mujeres notables, cual si hubiese sido un Gurdjieff criollo y moderno… Por estas páginas se pasean Salvador Allende, Gladys Marín, Volodia Teitelboim, Fidel Castro, Shafick Handal, José Pepe Mujica, Theotonio Dos Santos, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Poli Délano, Graham Greene, Gabriel García Márquez, Jorge Amado, Silvio Rodríguez, José Balmes, Marcos Ana; los jueces Juan Guzmán Tapia y Baltasar Garzón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero me interesa lo que Eduardo Contreras eligió como subtítulo para su libro autobiográfico: <strong>«Memorias de un hombre feliz»</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabe hacerse la pregunta acerca de las razones que tuvo para considerarse, hacia el final de su vida, haber sido feliz.<br>También, preguntarse cuál es el significado de la felicidad a la que hace referencia.<br>Porque ser feliz (soy un hombre feliz) no es lo mismo que aquel estado transitorio de me siento feliz.<br>Si Eduardo Contreras se declaró un hombre feliz, debió estar refiriéndose a la felicidad como fin último de la vida y que resulta del desarrollo del potencial humano; esa felicidad que es descrita por Bertrand Russell como la relación virtuosa y equilibrada entre la satisfacción de nuestras necesidades básicas, el desarrollo de nuestras habilidades, la riqueza de las relaciones interpersonales, y haber encontrado un propósito personal en la vida. A lo que habría que agregar, creo yo, haber vivido de modo coherente con aquel propósito personal y haberlo sabido tejer indisolublemente con el propósito colectivo.<br>&nbsp;<br>Ahora bien, declararse ser un hombre feliz tiene sus riesgos, sobre todo en un mundo donde la hipocresía da cátedra filosófica y no pocos sostienen que “felices sólo pueden serlo quienes ignoran los problemas de su época”; “que la felicidad es sólo posible en la ignorancia”; que “la felicidad es otro nombre para la conformidad”. Estas son ideas viejas. De hecho, Gustave Flaubert señaló que “ser tonto, egoísta y tener buena salud son las tres condiciones para ser feliz”, aunque hay que decir que Flaubert era descrito por sus pares como arrogante, verborreico, maniático y depresivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para entender la confesión de Eduardo Contreras respecto de su felicidad, no hay que ir más allá que de sus propias memorias. Eduardo fue parte de una generación marcada por el golpe de Estado de 1973, por los crímenes atroces, por la pérdida de amigos y el largo exilio. Pero Eduardo dice que aquello no fue óbice para una especial forma de felicidad que viene aparejada con haber vivido intensamente, actuando siempre en consecuencia con sus convicciones y principios asumidos en la juventud; sabiendo que jamás ha traicionado a nadie y, sobre todo, nunca se ha traicionado a sí mismo; no haber dudado en denunciar a oportunistas, traidores y responsables de imponer modelos económicos y políticos que favorecen intereses particulares sobre los de las grandes mayorías. Esto en lo político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también sustenta su autodefinida felicidad en nunca haber despreciado «los placeres y encantos de la vida», como el amor, la amistad, la música, la lectura; haber sabido amar, y reír.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ser feliz como dice haberlo sido, debe haber mantenido hasta el final cierta confianza u optimismo respecto del futuro. Porque, ¿es posible la felicidad si existe la convicción de que estamos todos condenados? ¿En qué sustentaba su optimismo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que aquí hay que hacer una distinción entre optimismo y fe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es optimismo en medio del desastre: En sus palabras finales, las reales y no las editadas, Allende dice “Superarán otros hombres este momento gris y amargo… Mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor” …. Allende confía en que habrá otros hombres, hombres libres, que tarde o temprano <strong>abrirán las grandes alamedas</strong> y construirán una sociedad mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esta otra es la fe en fuerzas misteriosas que no dependen de la acción de los hombres libres: “Mucho más temprano que tarde, de nuevo, <strong>SE</strong> abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre” …</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allende no dijo que <strong>se</strong> abrirán las grandes alamedas, con un ábrete sésamo, por acto de magia. No habló con la fe depositada en fuerzas superiores, sobrehumanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué se ha incorporado ese sencillo “se” y cuál ha sido su efecto histórico? ¿Cuánto justifica ese sencillo <strong>se</strong> todo lo que vino después? Incluso la traición y la negociación con la dictadura para una <strong>traicisión a la demosgracias</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Optimismo versus fe. La convicción de Allende (equivocado o no) en que los hombres libres existirán y serán capaces de construir una sociedad mejor; versus la tergiversación histórica que dispensa a los hombres de la tarea de abrir las grandes alamedas, alamedas que no son sino el camino de lucha para la construcción de una sociedad mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eduardo tenía aquel optimismo, de ahí su felicidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claramente su felicidad no estaba sustentada en la fe, pues sino habría considerado justas las palabras de Tomás de Aquino que dijo que la verdadera felicidad proviene de la perfección del alma (el individualismo satisfecho) y la conformidad con la voluntad divina (la fe).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La de Eduardo era una felicidad muy distante de la denostada por Flaubert quien decía que aquella es para los tontos. Eduardo Contreras no era feliz porque ignorara los problemas de nuestra época. Su libro está plagado de pruebas:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contreras sabe que la salida de la dictadura no fue una derrota impuesta por el pueblo, sino una negociación que conservó el poder real de los sectores que impulsaron el golpe.<br>Que la transición se logró a través de una, como él mismo dice, «turbia salida» y una «traicionera conjura reaccionaria entre los dirigentes de la Concertación y los hombres de Pinochet».<br>Que se aceptaron las Condiciones del Régimen y de Washington, el verdadero dueño de la mesa de negociaciones, entre ellas: el mantenimiento del modelo, una cierta impunidad y la mantención de la Constitución pinochetista.<br>El autor señala que los gobiernos de la Concertación resultaron ser «fieles cumplidores de los compromisos contraídos con la dictadura». De hecho, la Concertación se acomodó al «aparente éxito del modelo económico impuesto por Pinochet».<br>Eduardo Contreras habla de la Ficción de la Derrota en la que califica de «ingenuidad o una falsedad» la idea de que la dictadura fue derrotada mediante el voto del «No”, y reivindica el camino de la lucha frontal, la Rebelión Popular de Masas, denostando a quienes, habiendo llamado al «supremo recurso de la rebelión» terminaron por aceptar el pacto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Apriétele a quien le apriete el zapato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y como estoy aquí para comentar el libro y no para santificarlo, hay instantes en que presiento que Eduardo abre la puerta a la fe, por ejemplo, cuando dice que el segundo gobierno de Bachelet, al que se sumó su partido, fue un momento real de inicio del cambio que ya sería imparable, y sostiene que en ese esfuerzo colectivo las fuerzas políticas en alianza, incluyendo a la Democracia Cristiana, dejaron establecidas sus coincidencias anticapitalistas. Y recapacita Contreras, para explicar por qué dichos cambios no cristalizaron y por qué al de Bachelet le sucediera, por voluntad popular, el gobierno de Piñera, que «dentro del propio gobierno había a quienes el modelo reaccionario les iba muy bien» lo que le indica que “la integración no logró romper completamente las ataduras impuestas por la dictadura”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eduardo Contreras, ya hacia el final de su vida, luego de manifestar en el libro su respaldo, apoyo y entusiasmo por la revuelta popular o estallido, asegura que el triunfo de lo que él llama el gobierno progresista de Gabriel Boric fue una consecuencia del alzamiento de las masas de fines del año 2019. Ve en ese movimiento multitudinario y horizontal un «despertar” que lleva al triunfo de Gabriel Boric, que conduce a un «horizonte de esperanza» y a la «apertura del proceso constituyente».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El alzamiento de las masas fue sofocado por la violencia de Estado y por lo que se llamó el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, firmado por los partidos con representación parlamentaria, con excepción del Partido Comunista y del Frente Amplio, aunque sí con la acción protagónica y personal, no orgánica ni mandatada por nadie, de Gabriel Boric.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eduardo Contreras no era pitoniso, ni pudo saber cuál sería el resultado de la apertura de dicho “horizonte de esperanza”, ni que hoy estemos de nuevo en el trance, en el <em>deja vu</em> Bachelet-Piñera uno; Bachelet-Piñera dos; Boric… ¿Mathei o Kast uno?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco pudo prever que el proceso constituyente se fuera a las pailas y que el gobierno actual y la candidatura de las llamadas fuerzas progresistas aseguren que un nuevo proceso constituyente no se encuentra en la agenda política del corto o mediano plazo; ni que quienes estuvieron en la plaza dignidad ese octubre hoy nieguen haber estado; ni que quienes llevaron con orgullo la camiseta del hermoso quiltro negro hoy se disculpen de haberlo hecho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el libro de Eduardo Contreras brilla con luz propia uno de los episodios de mayor dignidad de nuestra historia reciente, y del cual el propio autor fue, con todas sus letras, un feliz protagonista: la querella contra Augusto Pinochet en 1998 como un hito histórico fundamental que representa uno de los combates políticos y éticos más importantes de la historia del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue la primera querella criminal por crímenes de lesa humanidad que fue acogida a trámite por el Poder Judicial en Chile. Lo que «abrió paso a los centenares de querellas contra violadores de derechos humanos que se acumularon posteriormente. Contreras destaca con «legítimo orgullo» que al menos Pinochet «no murió en la impunidad total», sino que falleció «en calidad de procesado”. (Hay que recordar que esto le costó a Eduardo y a su compañera Rebeca sufrir un atentado gravísimo).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para terminar, quiero volver al espejo. Otra de las particularidades de éstos es que aquello que reflejen dependerá del punto en que se sitúe quien observe. Esto significa que hay interpretación del observador; hay interpretación de quien lea esa imagen reflejada. Si nos enfrentamos ante la imagen de uno de los pequeños fragmentos, la posición en que decidamos ubicarnos será como la del lector ante el texto. Y, así el lector, a final de cuentas, comparte la autoría de lo narrado. Y, cuando eso sucede, lo escrito ha cobrado sentido y razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dauno Tótoro Taulis</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="740" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-740x1024.jpg" alt="Habitante de dos siglos, Memorias de un hombre feliz" class="wp-image-11531" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-740x1024.jpg 740w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-217x300.jpg 217w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-768x1062.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos.jpg 1080w" sizes="(max-width: 740px) 100vw, 740px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Habitante de dos siglos, Memorias de un hombre feliz</em></figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-de-memorias-de-un-hombre-feliz-dauno-totoro/">Presentación de Memorias de un hombre feliz: Dauno Tótoro</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-de-memorias-de-un-hombre-feliz-dauno-totoro/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Presentación del libro Memorias de un hombre feliz, de Eduardo Contreras Mella</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-del-libro-memorias-de-un-hombre-feliz-de-eduardo-contreras-mella/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-del-libro-memorias-de-un-hombre-feliz-de-eduardo-contreras-mella/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Oct 2025 10:37:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=17395</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Eduardo Contreras Villablanca Hoy nos convoca un libro que no es solo un testimonio personal, sino una parte viva de la memoria de Chile. El libro de memorias de mi padre es, en el fondo, la historia de un hombre que decidió —como los salmones de su hermosa introducción— nadar siempre contra la corriente, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-del-libro-memorias-de-un-hombre-feliz-de-eduardo-contreras-mella/">Presentación del libro Memorias de un hombre feliz, de Eduardo Contreras Mella</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Eduardo Contreras Villablanca</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy nos convoca un libro que no es solo un testimonio personal, sino una parte viva de la memoria de Chile. El libro de memorias de mi padre es, en el fondo, la historia de un hombre que decidió —como los salmones de su hermosa introducción— nadar siempre contra la corriente, remontar los ríos del tiempo para reencontrarse con sus orígenes, con su país y con su pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi padre, abogado, político, militante comunista y protagonista de algunas de las páginas más intensas de nuestra historia reciente, nos entrega aquí no un relato egocéntrico, sino un ejercicio profundo de memoria colectiva, su obra se enfoca en buena medida a retratar personas destacadas con las que le tocó interactuar en su vida: Luis Corvalán, Max Berrú, el juez Baltasar Garzón, Luis Enrique Délano, Lola Falcón, Poli Délano, Volodia Teitelboim, su gran amigo italiano Giorgio Oldrini, el músico cubano Leo Brower, Silvio Rodríguez, el actual secretario del PCE español Enrique Santiago, su gran amigo escritor Mario Amorós (autor del prólogo), los pintores “Pepe” Balmes y Julio Escámez, el ex presidente uruguayo José “Pepe” Mujica, Gladys Marín, el juez Juan Guzmán Tapia, entre muchos otros que desfilan en estas páginas. En cada capítulo de este libro vibra el pulso de un país, y un continente, que ha vivido victorias y derrotas, exilios y regresos, sueños y heridas aún abiertas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro nos lleva desde la infancia en Chillán —esa ciudad marcada por el terremoto del 39 y por una niñez feliz entre empanadas, tangos y revistas como El Peneca— hasta los años de formación universitaria, cuando un joven Eduardo abrazó el derecho como instrumento de justicia y, poco después, la militancia como compromiso con su pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el relato de un tiempo en que la educación pública era orgullo nacional, en que las ideas se debatían con pasión en las plazas y en que la política no se medía por encuestas, sino por convicciones, y estas últimas no cambiaban en función de aquellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En sus memorias revivimos junto a él el caso del “Chacal de Nahueltoro”, donde el derecho se confronta con la ética y la humanidad; el encuentro con Salvador Allende, que marcaría su vida para siempre; y la presencia luminosa de Pablo Neruda, Julio Escámez, Nicolás Guillén, Graham Greene, Jorge Amado, Carlos Puebla, y tantos otros gigantes de la cultura que cruzaron su camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estas páginas también se asoma el horror. El golpe de Estado, el quiebre de un país, la persecución, el exilio. Mi padre narra esos años oscuros sin victimizarse, con la serenidad de quien sobrevivió para contar, e incluso para vivir la vida con alegría y desde ahí seguir luchando. Desde Cuba, México, la RDA o Panamá, su voz fue una más entre miles que mantuvieron viva la esperanza del retorno y la justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando ese retorno se hizo posible, fue también protagonista de una de las gestas más importantes de la historia judicial y moral de Chile: la querella de 1998 contra Augusto Pinochet. Esa acción, junto a Gladys Marín y tantos compañeros y compañeras, abrió la puerta a un proceso que por fin empezó a romper la impunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces, estuvo en primera línea en causas que estremecen nuestra conciencia: calle Conferencia, Operación Cóndor, Caravana de la muerte, la tortura en Venda Sexy, la muerte de Pablo Neruda, y otras causas que lo fueron acercando mucho al juez Juan Guzmán Tapia, y al fundador de la Brigada de DDHH de la PDI, mi hermano Sandro Gaete.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cito precisamente a Sandro, que en el primer lanzamiento de este libro señaló: “En una época en que vemos la llegada al poder del neofascismo, posibilitada por medios de comunicación que han naturalizado la mentira como herramienta política, y cuando nos preparamos a recordar los 50 años del golpe civil militar; con este ejercicio de rescate de la memoria, Eduardo nos demuestra que el derecho es un instrumento de transformación social y política y que, a través de su ejercicio, luchando con las armas que nos entrega la ley, podemos honrar la memoria de nuestras víctimas, obteniendo algo de la necesaria verdad y justicia, que urgentemente requiere nuestra sociedad, para finalmente, consolidar el nunca más”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este libro es, por tanto, mucho más que un recorrido biográfico. Es un testamento ético y político. Una travesía por más de ocho décadas de historia chilena contada desde la mirada de quien nunca renunció a su coherencia, ni a su ternura, ni a su fe en el pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mario Amorós, en su prólogo, lo resume con justicia al decir que estas son “indiscutiblemente las memorias de un hombre feliz”, ya que la tenacidad culmina por alumbrar frutos. Y lo son, porque pese a las pérdidas, los exilios y las traiciones, aquí habla alguien que no se rindió ante la derrota, alguien que además de seguir nadando contra la corriente, lo hizo sin dejar de cantar, sin dejar de tocar el piano, la guitarra y el acordeón, sin dejar de ser el alma de las muchas fiestas que engarzó en su vida, y alguien que finalmente, en el otoño de su existencia, encontró en la memoria un arma de futuro para así dejarnos este libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cada página late la convicción de que el derecho, la política y la cultura pueden ser instrumentos de emancipación; que la belleza y la justicia no son opuestas, sino hermanas. Como lo han señalado tantas voces durante nuestra historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, este libro de memorias no cierra nada: abre. Abre la posibilidad de mirar atrás y recurrir a la memoria para entender un poco más el complejo presente que vivimos, y más allá de eso: para energizarnos, y así lograr que la lucha por un Chile más justo no sea una nostalgia, sino una tarea vigente, y urgente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi padre, escribió las páginas que muchos quisiéramos haber podido escribir sobre nuestras propias vidas. Este libro es, en definitiva, un acto de amor. Amor por Chile, por su pueblo, y por la justicia. Amor por esa corriente que a muchos nos lleva, río arriba.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="740" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-740x1024.jpg" alt="Habitante de dos siglos, Memorias de un hombre feliz" class="wp-image-11531" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-740x1024.jpg 740w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-217x300.jpg 217w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos-768x1062.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2022/10/portada_habitante-de-dos-siglos.jpg 1080w" sizes="(max-width: 740px) 100vw, 740px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Habitante de dos siglos, Memorias de un hombre feliz</em></figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-del-libro-memorias-de-un-hombre-feliz-de-eduardo-contreras-mella/">Presentación del libro Memorias de un hombre feliz, de Eduardo Contreras Mella</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2025/10/30/presentacion-del-libro-memorias-de-un-hombre-feliz-de-eduardo-contreras-mella/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>PRESENTACIÓN LIBRO «EL TEJIDO DE LA MEMORIA. 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2024/11/14/presentacion-libro-el-tejido-de-la-memoria-50-anos-del-golpe-de-estado-en-chile/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2024/11/14/presentacion-libro-el-tejido-de-la-memoria-50-anos-del-golpe-de-estado-en-chile/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Nov 2024 15:40:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=15641</guid>

					<description><![CDATA[<p>HISTORIA DE UN LIBRO En 2023, el directorio de Letras de Chile expresó la necesidad de recordar los 50 años pasados desde el golpe civil militar del 11 de septiembre de 1973, que derrocó el gobierno de la Unidad Popular que había elegido democráticamente al presidente Salvador Allende Gossens. Se instaló una dictadura desde el [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2024/11/14/presentacion-libro-el-tejido-de-la-memoria-50-anos-del-golpe-de-estado-en-chile/">PRESENTACIÓN LIBRO «EL TEJIDO DE LA MEMORIA. 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">HISTORIA DE UN LIBRO</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En 2023, el directorio de Letras de Chile expresó la necesidad de recordar los 50 años pasados desde el golpe civil militar del 11 de septiembre de 1973, que derrocó el gobierno de la Unidad Popular que había elegido democráticamente al presidente Salvador Allende Gossens. Se instaló una dictadura desde el 11 de septiembre de 1973 hasta el 11 de marzo de 1990, con graves consecuencias de asesinatos, detenidos desaparecidos, presos, exonerados, exiliados, etc., que transformó la vida del país y afianzó el modelo neoliberal que se mantiene hasta hoy sin mayores cambios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este proyecto luego se coordinó e integró con una iniciativa similar que impulsaba el equipo de Estudios Transversales en Humanidades para las Ingenierías y las Ciencias, ETHICS, de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile y, finalmente, se concretó en una publicación que recoge testimonios y relatos literarios de 45 personas, las que enviaron uno o más textos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se conformó una comisión de tres personas, Eduardo Contreras Villablanca, María Torres y Josefina Muñoz Valenzuela en representación de Letras de Chile y ETHICS, quienes acordaron incorporar todos los textos recibidos, a excepción de aquellos que no fueran pertinentes con lo solicitado, situación que no se dio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado final está en el libro “EL TEJIDO DE LA MEMORIA. 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE”, del cual ha habido dos presentaciones. La primera en la Facultad de Ingeniería, en la cual participaron María Torres (ETHICS) y Josefina Muñoz (Letras de Chile), junto a Cristian Montes y Luz Ángela Martínez, doctorados en Literatura y académicos de la Universidad de Chile, quienes dialogaron en torno al libro y sus contenidos. La segunda se realizó en la Feria del Libro de Santiago (FILSA) el 12 de noviembre, con la participación de Eduardo Contreras como moderador y María Torres y Josefina Muñoz como representantes de ETHICS y Letras de Chile, respectivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Acceso digital al libro en:<br><a href="https://libros.uchile.cl/1420">libros.uchile.cl/1420</a><br><a href="https://letrasdechile.cl/2024/08/22/nuevo-libro-de-aporte-a-la-memoria-en-un-esfuerzo-conjunto-de-letras-de-chile-y-la-universidad-de-chile/" target="_blank" rel="noreferrer noopener nofollow">letrasdechile.cl/category/libros-on-line/</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="732" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/portada_el-tejido-de-la-memoria-732x1024.jpg" alt="" class="wp-image-15202" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/portada_el-tejido-de-la-memoria-732x1024.jpg 732w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/portada_el-tejido-de-la-memoria-214x300.jpg 214w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/portada_el-tejido-de-la-memoria-768x1074.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/portada_el-tejido-de-la-memoria.jpg 772w" sizes="(max-width: 732px) 100vw, 732px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">EL TEJIDO DE LA MEMORIA. 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Presentación en Feria del Libro de Santiago, 2024</strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>María Irene Torres Valenzuela<sup>1</sup></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos muy felices por el fruto de un trabajo conjunto, entre el área de Estudios Transversales en Humanidades para las Ingenierías (ETHICS) y Letras de Chile. Junto con Josefina y Eduardo<strong><sup>2</sup></strong> leímos los relatos recibidos, en principio suponiendo, en tanto editores, que debíamos escoger o seleccionar aquellos que se acercasen más al asunto del que iba el proyecto de libro; digo en principio, porque rápidamente aceptamos que todos aquellos relatos estaban dentro de la órbita de lo que buscábamos. Ya sea que se tratase de textos de ficción referidos directamente a la experiencia del golpe, de ficciones cuya diégesis se enmarca en la Unidad Popular o en el periodo previo al triunfo de Salvador Allende, de textos testimoniales que ante la pregunta “qué recuerda de ese 11 de septiembre de 1973” contextualizan una situación, una interrupción, como en los casos de los textos recibidos por nosotros en Beauchef, qué clase de escuela era esta, cómo era esa oficina y su radio todavía conservada, cómo era ese ambiente entre los estudiantes, cómo era esa casa en que nos alojábamos, cómo eran esos inicios de mi vida laboral.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="770" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-01-1024x770.jpg" alt="" class="wp-image-15647" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-01-1024x770.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-01-300x226.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-01-768x578.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-01-1080x813.jpg 1080w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-01.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Estaban dentro de la órbita de lo que buscábamos porque, independientemente de la estrategia que usaran para abrirle una brecha a la memoria, lo que surgió ante nosotros fue la historia del entusiasmo, de su caída y de la persecución y la larga planicie de la tiranía. Muchos y muchas de los y las protagonistas -ficcionales o no, o tal vez en el relato y a la distancia el testigo es igualmente ficción- son jóvenes, cargados de esperanzas, no necesariamente claro, por simpatizar con la UP, sino solo por el hecho de ser eso, jóvenes. Y esta juventud se fue volviendo muy presente, pues si bien en este trabajo de edición estábamos involucrándonos con una época conflictiva, que aún hoy desata pasiones, descubrimos que en todos los relatos estaba ese ojo sorprendido, arrastrado por la ola de la historia, de una historia individual engarzada de pronto, sorpresivamente, con el acontecimiento histórico nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Teníamos, entonces, un material precioso entre las manos para trabajar. Y esta condición del material es algo muy reconocible. Hace un par de semanas hicimos el lanzamiento del libro en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, en Beauchef, de donde proceden varios de los creadores de los relatos que se encontrarán en el texto, ya sea porque trabajan ahí, ya sea porque estudiaron en la facultad o, como en el caso de Guillermo Condemarín, porque su padre fue funcionario en ella. En esa presentación nos acompañaron Cristian Montes y Luz Ángela Martínez, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de nuestra universidad, ambos doctores en literatura y, por lo tanto, lectores muy entendidos que nos mostraron la notable trama que se teje con distintos hilos en este libro: escritores/as avezados/as reconocidos de la plaza se encuentran con personas que no han hecho de la escritura una profesión y que, pese a ello, se han atrevido a mostrar sus relatos precisamente al alero de la memoria. Tanto Montes como Martínez, destacaron, sin embargo, que la esperable asimetría de esta diferencia entre los hilos del entramado, por decirlo así, no es visible, no salta al ojo del lector: desde el punto de vista de la tarea de edición, podríamos apropiarnos de ese éxito, de que esa clara armonía de lo que muy discutiblemente se llama calidad la hemos producido nosotros, los editores. Ciertamente, no es una virtud nuestra. De hecho, el que luego de la primera lectura decidiéramos que no haríamos selección, que el material no solo era pertinente en términos temáticos, sino que además era interesante en términos estéticos o narrativos, habla, justamente, de una virtud del material mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por tanto, para nosotros, los editores, creo que es razonable afirmar que la tarea era liviana, aunque la honra de que se entregaran a nuestras manos estos textos también suponía una responsabilidad. Y esto en distintos en niveles: por supuesto, la edición misma, porque implica respetar (o no) decisiones autorales formales e involucrarse, por ello mismo, con cierta tensión, ¿lo dejamos así, lo cambiamos? Por otro lado, hay una tesitura del tiempo que va impregnando la composición de las palabras, de las cosas declaradas, de los recuerdos; por ejemplo, algunos de los relatos provienen de otros textos, sin duda, de otros momentos, por lo tanto, también de otros ánimos (y aquí hay igualmente una nueva capa). Es decir, hay que moverse con pies de plomo. Si esta carga del trabajo de edición es siempre así, ¿verdad?, creo que estaremos de acuerdo en que se vuelve un poco más onerosa cuando el relato está vinculado directamente con la memoria. Decidimos, entonces, realizar una intervención mínima, tal vez porque también entramos en sintonía con esa memoria, con esas memorias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este proyecto surgió en el contexto de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en Chile; en consecuencia, ya en cada uno de nosotros había cierto ánimo sensible a la memoria y a los problemas del olvido, al menos de ese olvido que boicotea las relaciones con lo traumático. Se trataba de recordar, de reconectarnos con unos sucesos tan determinantes para nuestra sociedad y para nuestras existencias individuales, determinaciones que no dejan de hacerse sentir porque las ignoremos, consciente o inconscientemente. Para nosotros, en la facultad, esto también es una preocupación importante, debido a rol formador que cumplimos. Un movilizador relevante de nuestra práctica docente es mostrar a los y las estudiantes por qué es necesario prestar atención a las historias individuales y cotidianas, cómo es que estas se imbrican en los procesos de transformación social, política y económica y por qué es necesario que las ingenierías piensen en ellas para no perder de vista que su labor consiste, en última instancia, en transformar el mundo para una vida mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He tratado de contarles lo que ha sido, lo que ha significado para nosotros, en Beauchef, el proyecto de este libro, cómo es que se conecta con un tiempo y, como he dicho, con un ánimo. Decimos siempre tantas cosas sobre los individuos que perdemos de vista los puntos que los conectan, los lugares de encuentro que, por cierto, pueden ser terribles, como ese momento que nos convocó el año pasado y del cual surgió este libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No puedo terminar sin destacar que las historias individuales no solo están dentro del libro, sino también fuera. La idea de tejido, de un entramado narrativo que era, tal vez sin buscarlo, el reflejo de ese entramado social fisurado que planea sobre nosotros hace 50 años, nos trajo al recuerdo esos hermosos trabajos por medio de los cuales cientos de mujeres dieron la batalla cotidiana por la subsistencia económica, pero también se convirtieron en el sostén afectivo de sus familias y hasta de su entorno social. Me refiero a las arpilleristas de Lo Hermida y, en particular, a la familia de Gloria Gallardo, su hija Rosario y su nieta Cindy; ellas nos permitieron usar uno de sus trabajos en la portada del libro. Durante décadas han coloreado el paisaje triste, el miedo, la desesperanza mostrándonos que aun en los contextos más adversos, es posible encontrarnos y construir comunidad. Su valentía, su fortaleza, su alegría, también son nuestra memoria y un bello ejemplo, cuando campea el olvido, para esas nuevas generaciones a quienes queremos interpelar, de que otras maneras de estar juntos son posibles.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">EL TEJIDO DE LA MEMORIA. 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Presentación en Feria del libro de Santiago, 2024<br>por Josefina Muñoz Valenzuela<br>Letras de Chile</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro que presentamos es, en lo fundamental, testimonial y literario, y contribuirá a enriquecer y conservar nuestra memoria histórica de un momento doloroso, de años terribles, independiente de que los viviéramos o nos fueran contados o, también, ocultados, como sabemos que sucedió en muchas familias. El derrocamiento de un gobierno elegido democráticamente afecta no solo a la generación que lo vivió sino también a las posteriores, y todo ello es parte de nuestra historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria histórica no es única porque en cada sociedad conviven grupos muy diferentes; por tanto, recuerdan cosas diferentes de acuerdo con los espacios y tiempos en que les ha tocado vivir. Todo eso implica un desarrollo de la vida marcado por muy diversas condiciones sociales, culturales, económicas, políticas, y también, sin duda, de mayor cercanía o lejanía con el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un total de 45 personas enviaron sus textos, en algunos casos más de uno, los que fueron leídos por la comisión integrada por María Torres, Eduardo Contreras y yo. El criterio acordado previamente fue la incorporación del total de textos recibidos, con la única excepción de aquellos que estuvieran muy alejados de lo solicitado, ya que no se trataba de un concurso para elegir los “mejores”, sino de un trabajo testimonial y de rescate de una memoria histórica de esos largos años de dictadura que generaron un profundo quiebre social y familiar; ciudadanas y ciudadanos de todas las edades y condiciones fueron detenidos, torturados, asesinados, desaparecidos…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus familias continúan buscando verdad y justicia, lo que se ha logrado en algunos de los casos. Junto a lo anterior, fue posible instalar sin restricciones el modelo neoliberal, de libre mercado, que genera mayores desigualdades de las que ya teníamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los textos incluidos provienen de un variado mundo de personas, más allá de ser experiencias vividas, recreadas o solo imaginación literaria. Tienen el poder de hacernos pensar y repensar no solo nuestras propias vidas, sino las de otros, en tiempos pasados y presentes. Pero también nos llevan a pensar el futuro, uno que, al menos, reconozca e intente disminuir los altos niveles de desigualdad que vive la mayoría, porque 50 años después, más allá de las apariencias y de esa fantasía incomprensible antes y hoy día de creerse jaguares, experimenta cada día profundas diferencias en el acceso a las áreas fundamentales para una buena vida: educación, trabajo, salud y vivienda, porque tenemos un Estado debilitado por este modelo que nos constriñe, entre otras razones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me parece importante y me impresiona que, en su mayoría, quienes escribieron y enviaron sus textos son adultos que oscilan entre cuarenta y tantos y 80 años. La ausencia de jóvenes es una pregunta inquietante que requiere reflexionar sobre ello; este año, hace pocos meses, en mi lugar de trabajo escuché a un veinteañero profesional preguntar si aquí había habido una dictadura. Esa es una de las razones de la importancia de conservar y compartir los recuerdos, porque las dictaduras, en el caso de cualquier país, no solo generan profundas grietas en la sociedad, sino que distorsionan cómo contamos, recordamos e interpretamos nuestra propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mayoría de quienes están hoy en estudiando en Chile en alguno de los niveles de educación, nacieron en este siglo y es probable que no sepan mucho del periodo de dictadura y sus efectos. También es posible que muchas familias hayan elegido ocultar o no compartir momentos dolorosos, así como no abrir temas que las han separado y continúan haciéndolo. Todo ello nos obliga a revisar cómo enseñamos nuestra historia, o qué significa ser ciudadanos, o si es importante la democracia o da lo mismo, en un contexto en que un sector de la sociedad mantiene vivas sus heridas -y seguirá haciéndolo- como es el caso de los familiares de personas detenidas desparecidas, en que los mayores han ido muriendo y las generaciones más jóvenes han hecho suya la lucha permanente por verdad y justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paralelamente, otros grupos continuarán justificando lo realizado porque ‘permitió salvarnos del comunismo’. Y agregado a lo anterior, una especie de consenso acerca de la importancia fundamental de lo individual por sobre lo colectivo y la negación de la importancia de la solidaridad para la supervivencia de todo ser vivo, una muestra más del peso del modelo en nuestra sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuevamente surgen las grandes preguntas de cómo convivimos con la memoria, el olvido (necesario también); la coexistencia de historia y memoria que estarán siempre en una relación dinámica; aspirar a tener una verdad única y saber que es imposible, porque los acontecimientos humanos serán siempre significados desde “alguien”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paradojalmente, la memoria solo es posible verla cuando la traemos desde el pasado al presente, proceso en el cual intervienen aspectos objetivos y subjetivos, haber vivido lo que se recuerda o solo conocerlo por otros; el trabajo de nuestro cerebro que siempre selecciona para contar una historia que, por lo mismo no será (no puede serlo) igual para todos. La Historia con mayúscula aspira a una universalidad inexistente, mientras que la memoria es básicamente personal aunque parte de ella pueda llegar a consolidarse como memoria colectiva de un grupo determinado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin duda, la memoria tiene una gran capacidad para procesar imágenes, conversaciones, sueños, hechos significativos, palabras propias y ajenas, que desaparecen y vuelven a surgir desde una especie de magma. Desde allí es posible mezclar visiones muy heterogéneas y luego, hacerlas parte de la propia. El tejido de la memoria al que se refiere el libro se construye cuando juntamos nuestra memoria personal con experiencias que sí podemos reconocer como similares o propias, porque nos resultan significativas y encajan como piezas de un rompecabezas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, hacemos memoria al andar no solo por los caminos que ya conocemos, sino aquellos que solo llegamos a conocer desde otras miradas, junto a otros. Atrevernos a caminar por esos nuevos caminos es lo que nos va convirtiendo en sujetos sociales y nos permite reconocer y valorar esas perspectivas diversas, porque allí está la riqueza que permite a los seres humanos convivir en un espacio y tiempo comunes, sin definirse, necesariamente, en términos de amigos o enemigos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-02-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-15648" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-02-1024x576.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-02-300x169.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-02-768x432.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-02-1080x608.jpg 1080w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/11/foto-filsa-02.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los invitamos a leer y releer cada uno de estos textos, a descubrir su profundidad, a darlos a conocer, a poner este libro en el espacio público, el único con capacidad de mostrar y mostrarnos mundos a veces muy diferentes a lo que creemos que debería ser, pero que, como lo hace la literatura, abre puertas que no deben permanecer cerradas. Es importante también abrir espacios de conversación, de comentario colectivo, de opinión, de discusión sobre estos textos. Una tarea siempre enriquecedora es explorar las relaciones del presente con el pasado, aquello que a pesar de no haber vivido de manera presencial, las palabras conjuntas, propias y de otros, entre ellas, las de quienes enviaron sus relatos y testimonios, la prosa y la poesía que atesora esta publicación que, sin duda, continuará tejiendo nuestra memoria.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1</strong> Profesora del área de Estudios Transversales en Humanidades para las Ingenierías (ETHICS), de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.<br><strong>2</strong> Josefina Muñoz Valenzuela y Eduardo Contreras Villablanca, coeditores del libro junto a María Torres Valenzuela.</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2024/11/14/presentacion-libro-el-tejido-de-la-memoria-50-anos-del-golpe-de-estado-en-chile/">PRESENTACIÓN LIBRO «EL TEJIDO DE LA MEMORIA. 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2024/11/14/presentacion-libro-el-tejido-de-la-memoria-50-anos-del-golpe-de-estado-en-chile/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>POESÍA ES MEMORIA</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2024/08/30/poesia-es-memoria/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2024/08/30/poesia-es-memoria/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 31 Aug 2024 01:21:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=15243</guid>

					<description><![CDATA[<p>Les invitamos a la jornada del Colectivo Poesía es Memoria que, junto a la Fundación Memorial Estadio Nacional, se llevará a cabo el 14 de septiembre, en la Escotilla N°8 del Estadio Nacional. Desde las 10:00 a las 13:30 horas. Nos acompañará en esta ocasión el reconocido charanguista Freddy Torrealba. Para finalizar, un vino navegado [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2024/08/30/poesia-es-memoria/">POESÍA ES MEMORIA</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Les invitamos a la jornada del Colectivo Poesía es Memoria que, junto a la Fundación Memorial Estadio Nacional, se llevará a cabo el 14 de septiembre, en la Escotilla N°8 del Estadio Nacional. Desde las 10:00 a las 13:30 horas. Nos acompañará en esta ocasión el reconocido charanguista Freddy Torrealba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para finalizar, un vino navegado y unas sopaipillas.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="1080" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/afiche-poesia-es-memoria.jpg" alt="" class="wp-image-15244" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/afiche-poesia-es-memoria.jpg 1080w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/afiche-poesia-es-memoria-300x300.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/afiche-poesia-es-memoria-1024x1024.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/afiche-poesia-es-memoria-150x150.jpg 150w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/afiche-poesia-es-memoria-768x768.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/afiche-poesia-es-memoria-440x440.jpg 440w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2024/08/30/poesia-es-memoria/">POESÍA ES MEMORIA</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2024/08/30/poesia-es-memoria/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Desde Grenoble, adaptación de la novela «Piedras blancas y los torturadores» de M. Isabel Mordojovich</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2023/11/03/desde-grenoble-adaptacion-de-la-novela-piedras-blancas-y-los-torturadores-de-m-isabel-mordojovich/</link>
					<comments>https://letrasdechile.cl/2023/11/03/desde-grenoble-adaptacion-de-la-novela-piedras-blancas-y-los-torturadores-de-m-isabel-mordojovich/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Nov 2023 15:50:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura y Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=13543</guid>

					<description><![CDATA[<p>PIEDRAS BLANCAS ou LES TORTIONNAIRES DU DICTATEUR A partir de la obra de la obra deMario Paul Ahues Blanchait y María Isabel Mordojovich El libro de María Isabel, publicado en 2018 y que yo reseñé para Espacios Latinos[1], me impactó profundamente; me dejó un recuerdo conmovedor. Cuando supe que la novela había sido adaptada al [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2023/11/03/desde-grenoble-adaptacion-de-la-novela-piedras-blancas-y-los-torturadores-de-m-isabel-mordojovich/">Desde Grenoble, adaptación de la novela «Piedras blancas y los torturadores» de M. Isabel Mordojovich</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">PIEDRAS BLANCAS ou LES TORTIONNAIRES DU DICTATEUR</h2>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">A partir de la obra de la obra de<br>Mario Paul Ahues Blanchait y María Isabel Mordojovich</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro de María Isabel, publicado en 2018 y que yo reseñé para Espacios Latinos<sup>[1]</sup>, me impactó profundamente; me dejó un recuerdo conmovedor. Cuando supe que la novela había sido adaptada al teatro, admito que fui a su representación en Saint-Étienne con una mezcla de curiosidad y perplejidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En efecto, ¿cómo representar en el escenario al mismo tiempo la violencia de los interrogatorios, que se convierten sistemáticamente en escenas de tortura salvaje, el sufrimiento de los detenidos y la indiferencia de los militares sin caer en el sensacionalismo y el <em>voyeurismo?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el obstáculo fue superado, con suficiente realismo como para recrear escenas de tortura extremadamente impactantes, que hacen estremecer al espectador. De igual manera, el testimonio de la joven Blanca, sola en el escenario, describiendo todos los abusos sufridos es suficiente para cautivar nuestra imaginación y hacernos estremecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros temas abordados incluyen el impacto en las víctimas supervivientes y sus familias, la capacidad de un juez para hacer doblegar a uno de los victimarios más duros treinta años después, la instauración de un sistema represivo muy organizado o incluso el cinismo del empresario que se beneficia de la dictadura, que sirve de prólogo y de epílogo, paréntesis siniestro: eran más fáciles de representar, me dirá el lector, sí, pero era necesario escenificarlos evitando los excesos, ¡es lo que se hizo!</p>



<p class="wp-block-paragraph">La originalidad también reside en mostrar (algo que pocas veces se hace) a los victimarios, el arte de sus líderes para entrenarlos, adoctrinarlos y mantenerlos atemorizados ante represalias. Se nos presenta a quienes se niegan a torturar y pagan por ello con su vida, a quienes obedecen pero terminan psicológicamente destruidos y a quienes permanecen inmunes al remordimiento, mientras sus líderes hacen gala de un cinismo y una crueldad que recuerdan a los peores criminales psicópatas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo se presenta en diez cuadros muy eficaces que reconstruyen el horror de aquellos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para terminar, aplaudamos la excelente actuación de los actores que interpretan escenas que ponen a prueba su sensibilidad; aplaudamos también la destreza de la puesta en escena y la fidelidad al texto original y a la oscura historia de la dictadura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta obra, hermoso ejercicio de memoria y humanismo, merecería una larga gira para que nadie olvide la tragedia chilena y, lamentablemente, su eterna reproducción en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por Louise Laurent<br>Traducido de la reseña publicada en Newsletter de Espaces Latinos (Lyon, Francia) del 27 de octubre 2023.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.espaces-latinos.org/archives/115581" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.espaces-latinos.org/archives/115581</a></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="606" height="454" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/image001.jpg" alt="" class="wp-image-13544" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/image001.jpg 606w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/image001-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 606px) 100vw, 606px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto al final de la representación del 24 de octubre en el salón de actos de la Universidad de Saint-Étienne, Francia.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="328" height="455" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/cuervos-de-piedras-blancas.jpg" alt="Los Cuervos de Piedras Blancas" class="wp-image-13545" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/cuervos-de-piedras-blancas.jpg 328w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/cuervos-de-piedras-blancas-216x300.jpg 216w" sizes="(max-width: 328px) 100vw, 328px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Los Cuervos de Piedras Blancas</em>, Ed. Simplemente editores, 2019, Chile.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="326" height="451" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/piedras-blancas.jpg" alt="Piedras Blancas ou les tortionnaires du dictateur" class="wp-image-13546" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/piedras-blancas.jpg 326w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2023/11/piedras-blancas-217x300.jpg 217w" sizes="(max-width: 326px) 100vw, 326px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Piedras Blancas ou les tortionnaires du dictateur</em>. Ed. Ovadia, 2019, Francia.</figcaption></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>[1] La traducción de esa reseña fue publicada en Letras de Chile <a href="https://letrasdechile.cl/2018/09/12/piedras-blancas-y-los-torturadores-la-nueva-novela-de-maria-isabel-mordojovich/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://letrasdechile.cl/2018/09/12/piedras-blancas-y-los-torturadores-la-nueva-novela-de-maria-isabel-mordojovich/</a></sup></p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2023/11/03/desde-grenoble-adaptacion-de-la-novela-piedras-blancas-y-los-torturadores-de-m-isabel-mordojovich/">Desde Grenoble, adaptación de la novela «Piedras blancas y los torturadores» de M. Isabel Mordojovich</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://letrasdechile.cl/2023/11/03/desde-grenoble-adaptacion-de-la-novela-piedras-blancas-y-los-torturadores-de-m-isabel-mordojovich/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
