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	<title>Crónicas archivos - Letras de Chile</title>
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	<description>Literatura  Chilena</description>
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	<title>Crónicas archivos - Letras de Chile</title>
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		<title>DIARIO DEL MINUTO: PÁGINAS LÍQUIDAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 May 2026 14:30:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Omar López Visitar una playa solitaria en la boca del invierno es como un libro tomado al azar para ser leído interiormente: incluso al abrir cualquiera de sus páginas, esa lectura tendrá un sesgo de provocación y también, algo de certeza bondadosa. Cada ola de rumor universal o milenario, puede ser en cualquier momento [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Omar López</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Visitar una playa solitaria en la boca del invierno es como un libro tomado al azar para ser leído interiormente: incluso al abrir cualquiera de sus páginas, esa lectura tendrá un sesgo de provocación y también, algo de certeza bondadosa. Cada ola de rumor universal o milenario, puede ser en cualquier momento la llave para internar nuestros pensamientos en los bosques del recuerdo infantil o en el brumoso laberinto de las pasiones consumadas y consumidas a fuerza de audacias o de una imperativa expulsión de los demonios. El frio del lugar y su lengua de viento contribuye al hundimiento en nuestro gastado yo: tal vez para conversar sin ánimo alguno de expresar culpas o arrepentimientos; tal vez simplemente para dialogar con elegante lentitud de nube intrusa y pasajera. Y además, pasear por la orilla brillante e impecable que nos seduce como espejo de un cielo oscuro pero comprensivo ante un ser tan mínimo y transitorio como es el ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La humedad de los huiros naufragados invade el espacio para abrir la puerta precisa: es decir, aquella vez primera que toqué el mar y los pies enrojecían de alegría y asombro. El vuelo de los cormoranes, gaviotas y “autitos” traducían otro instante de plenitud urgente y amorosa… los primeros besos, las intrépidas caricias, las complicidades de lunas compartidas al ritmo de una guitarra sonámbula y el susurro de promesas grabadas en la arena. Y ahora las rocas, la ausencia, la distancias nos invitan a repasar nuestra sombra y entender que seguirán ellas en su lugar mostrando sus venas, sus arrugas, sus noches de trueno y suicidas; sus tumbas de secretos sin dueños y su arquitectura de volcanes demolidos en longitud de tiempo y guerras desconocidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una soledad sana y escasa esta de caminar sin apuro ni razón utilitaria. Nada de fotos ni de ruidos, salvo la canción del mar. Nada de turistas o gritos de vendedores de pomada, sirenas policiales o radios. Definitivamente, el mar es un buen libro de bolsillo y cabecera y las interminables hojas están ahí, esperando lectores solitarios que lleguen hasta él para gozar la dicha de estar vivo o para llorar las anticipadas muertes.</p>



<p style="matgin-left:90px;"><em>Y luego…</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Luego el mar vino a empapar<br>mi sombra<br>que dejé abandonada por ahí<br>como abrigo viejo.</em></p>
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		<title>DIARIO DEL MINUTO:</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 May 2026 15:52:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Omar López El otoño ya está sentado en la silla de los bosques y suele desordenar las nubes para crear rompecabezas y… ¿quiénes pueden armar esos rompecabezas? Por supuesto, los enamorados y solo ellos porque se vuelven tocados por gracia del amor y sus encantos intransferibles, en perfectos descifradores de nubes que nunca son [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Omar López</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El otoño ya está sentado en la silla de los bosques y suele desordenar las nubes para crear rompecabezas y… ¿quiénes pueden armar esos rompecabezas? Por supuesto, los enamorados y solo ellos porque se vuelven tocados por gracia del amor y sus encantos intransferibles, en perfectos descifradores de nubes que nunca son las mismas y rara vez, conceden pistas o manuales de una rápida lectura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También los niños saben leer nubes desde el patio de su pureza y fantasías inesperadas y ellos sí, consiguen armar rompecabezas de colores en los atardeceres con alfombra de mar o desde el columpio pendular de un parque anónimo. Luego, aunque parezca increíble, están los gatos: los gatos ambulatorios de tejados, muros y ventanas tienen un particular estilo para desempeñar el oficio de verdaderos expertos en traducir el siempre fresco enigma de la niebla, que viene a ser algo así como nubes a nivel terrestre en versión desnuda. ¿Para qué? Para inducir a los amantes furtivos a romper todas las convenciones y las cobardías latentes; para extender los brazos de la seductora luna llena a la piel solitaria de una sombra vagabunda. Para humedecer la tristeza de una ancianidad enferma o refrescar con su lengua de agua la adolescencia intensa de una polución nocturna. No lo digo yo, me lo narran los felinos traductores de niebla, los observadores bigotudos y eficaces de nubes que por años, a través de su ronroneo monocorde siguen leyendo desde su “ardiente paciencia” en el libro del cielo: un rebaño de ovejas; un dragón sin fuego o algún río de aire que el viento empuja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, sabemos que las nubes en la noche es otro idioma; en consecuencia… otra lectura. Sobre todo, cuando quien ordena la orquesta y decide las melodías y los tiempos es otra vez, la milenaria señorita luna: ella otorga en estos casos luces y sombras a las nubes dormidas que se mueven con lentitud de caracol y abren sus ventanas para que no se nos olvide que las estrellas nos miran con cierta curiosidad compasiva o preocupada. Tal vez, comentan entre ellas la audacia de los humanos para explorar sus territorios o esa oscura ambición de invadir otros planetas cuando ni siquiera saben cuidar al suyo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leer nubes frente al mar; descubrir figuras tendido en la arena y seguir la trayectoria de sus pasos con levitación de pluma nos acerca a nuestra pequeñez terrestre y a nuestra estadía en el planeta, tan transitoria como sus rutas. Leer nubes desde la ventanilla de un tren o de un bus, también nos incita a escuchar al tiempo con atención distinta mientras el paisaje “viaja” en sentido contrario con la rapidez de una máquina, pareciera que en el fondo de nuestros ríos interiores, surge un caudal de recuerdos, emociones, expectativas y asombros que hasta ese minuto, parecían imposibles. Del cotidiano y normal paseo por una calle cualquiera, la mirada externa y la mirada interna se unen en gesto fugaz y hasta involuntario para mirar el cielo y si no existe ni una sola nube y la famosa bóveda celeste está intacta, significa que el viento, haciendo gala de sus caprichos y temperamento, ha decidido borrar todo mapa o toda huella blanca para desnudar al cielo y en medio de esa desnudez, colgar nuestros mejores sueños.</p>



<p style="margin-left: 90px;">Total, el optimismo… todavía es gratis.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Omar López<br>Puente Alto, martes 05 de mayo 2026.</strong></p>
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		<title>DIARIO DEL MINUTO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Apr 2026 20:32:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Omar López El martes 09 de diciembre de 2025, Eduardo Yáñez, Ignacio Reyes y Omar López se reunieron en la terraza del Museo de la Memoria y los DD. HH cerca de las 11 horas, con el fin de hacer entrega de dos números de una revista de poesía que, aparte de su origen [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Omar López</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El martes 09 de diciembre de 2025, Eduardo Yáñez, Ignacio Reyes y Omar López se reunieron en la terraza del Museo de la Memoria y los DD. HH cerca de las 11 horas, con el fin de hacer entrega de dos números de una revista de poesía que, aparte de su origen clandestino y de sus portadas elocuentes y algo ingenuas frente a la realidad de 1978, cumplirán este 2026, cuarenta y ocho años. Ambas publicaciones mantienen todavía su frescura artesanal: no han desteñido y envejecen con dignidad de árbol porque fueron creadas para construir puentes dentro de ese túnel del terror que implantó desde el primer día, la dictadura civil militar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabemos que por esos años, la represión y el control absoluto de cualquier medio de expresión escrito eran dos factores de riesgo y desafío. Y en nuestro caso, de resistencia anímica a la implacable acción de la CNI y su articulación de soplonaje vil y rastrero. Pero como poetas jóvenes, como cabros que solo poseían el arma de las letras y las sanas intenciones de embellecer al mundo en medio de la mierda, no teníamos miedo. Nuestros poemas reflejaban un candor a toda prueba, porque el amor, en primer lugar el amor y luego la crítica social envuelta en metáforas de dudosa condición lírica, nos instaba a ir más allá del cuaderno y el panfleto: El taller Andamio surgió en mayo de 1978, luego de un par de reuniones iniciáticas en la pequeña sala auditorio de la ya legendaria Radio Chilena (la voz de los que no tienen voz rezaba su eslogan).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Artífices, amables y audaces convocantes de dichas agrupaciones fueron el destacado hombre de radio y eterno gestor cultural Miguel Davagñino y Eduardo Yáñez, cantautor, poeta, fotógrafo y observador a tiempo completo de las cosas sencillas: algo así como un embajador del mundo invisible. Dos personajes de corazones enormes en generosidad y espíritu solidario con el arte y… “el derecho de vivir en paz”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por aquel oscuro tiempo, Talleres Andamio (porque eran cinco subtalleres repartidos por zonas de Santiago) participó con sus poetas en muchísimos actos culturales y eventos solidarios en poblaciones, federaciones sindicales, centros juveniles; huelgas de hambre y peñas del canto nuevo. Fueron jornadas, muchas veces, medio clandestinas o con las restricciones propias de un régimen que ya comenzaba a escuchar el rumor creciente de una rebelión popular. Tal vez los dos hitos más importantes de este “andamio para alcanzar las estrellas” fueron un mini programa radial de media hora los lunes de cada semana que, una vez más, nos cedió gentilmente “NUESTRO CANTO”, esta vez con la conducción de un gran y querido locutor chileno: John Smith, fallecido prematuramente en abril de 1990. El otro hecho destacable es haber realizado un acto aniversario en mayo de 1980 en el Teatro Cariola, con la participación del Grupo Ortiga; y en las lecturas de nuestros poemas la destacada actriz Inés Moreno y el actor Mario Lorca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue una época intensa y peligrosa, pero también creativa y unitaria, porque Andamio era uno más entre muchas organizaciones literarias que por los años ochenta cristalizó en el Colectivo de Escritores Jóvenes al alero de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Recordamos al Taller Tranvía; al grupo de poetas Tragaluz; a los compañeros del Taller Contramuro; a la Agrupación Cultural Universitaria (ACU); al Taller de Poesía dirigido por Jaime Quezada, también desarrollado en la Casa del Escritor; al grupo Tralca, derivado precisamente del taller de Jaime, y en fin, muchas otras actividades y agrupaciones que eran algo así como una ventana abierta a otros diálogos; otras instancias de encuentro y solidaridad con nuestro pueblo: un pueblo herido, acosado y mudo. Se publicaron muchas revistas, trípticos y libros de poesía y narrativa; y hubo muchas jornadas de trasnoche y cálidos abrazos; espontáneas complicidades y severos duelos por la gente asesinada en supuestos “enfrentamientos”. (A propósito: la cobardía implícita pinochetista tuvo siempre dos pobres argumentos para disfrazar sus crímenes: el ya mencionado y el “intento de fuga”).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bien, la decisión de donar ambas revistas nos enorgullece y estará en ese espacio de recuerdos y testimonios de los diecisiete años de lucha y resistencia. Los que todavía porfiadamente persistimos en el acto de escribir versos; de imaginar un mundo distinto; de insistir en la defensa de la vida y de la naturaleza, partimos desde esas hojas, desde esas líneas y esas intenciones. Crear y armar esas dos revistas fue un acto mágico y sus ecos aún pintan la memoria tanto como la preparación del programa radial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, más que nunca, debemos preservar los sitios de memoria y mantener vivo el recuerdo de tanta gente que fue víctima de una dictadura infame y artera. La historia tiene retrocesos, es cierto, y en los últimos años pareciera que el mapa político mundial y el de nuestro país pasa por un invierno de ultraderecha, pero dicha realidad nos debe estimular para ser más creativos, más audaces en ideas y argumentos que, de alguna manera, inquieten a los autómatas del celular y de las drogas, porque ambos collares sistémicos esclavizan las conductas y empobrecen el pensamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Ah! Y el “andamio para alcanzar las estrellas” que propone Víctor Jara… no se destruye con ningún misil, sigue en pie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santiago, viernes 03 de abril 2026.</p>
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		<title>MARIO LLANCAQUEO Y LA LIBRERÍA CRISIS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Mar 2026 12:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eddie Morales Piña En la foto está Mario Llancaqueo, un gran humanista y librero fundador de la Librería Crisis en Valparaíso, frente al edificio del Congreso Nacional, donde lo conocí. Fui un habitual visitante de la librería donde hice amistad con él y conversábamos de lo humano y lo divino. Le decía, ahora voy a mirar qué [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Eddie Morales Piña</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la foto está Mario Llancaqueo, un gran humanista y librero fundador de la <em>Librería Crisis</em> en Valparaíso, frente al edificio del Congreso Nacional, donde lo conocí. Fui un habitual visitante de la librería donde hice amistad con él y conversábamos de lo humano y lo divino. Le decía, ahora voy a mirar qué me llevo. Muchas veces él me tenía obras para mostrarme, especialmente relacionadas con asuntos o temáticas eclesiales, pues sabía que era un diácono. De lo literario no decía nada, porque estaba frente a un profesor universitario que enseñaba literatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entrar a la librería era una maravilla. Siempre me recordaba de la <em>Librería El Pensamiento</em> cuando era estudiante universitario en la Universidad de Chile en Valparaíso y fui conformando la biblioteca personal junto con las librerías del poeta Modesto Parera. Cuando iba a la Crisis, sólo había que tener buen ojo y encontrarse con obras en primeras ediciones. Estar en este espacio librero podía llevar más de una hora. Para mí siempre fue un misterio la bodega que estaba en el subsuelo. A veces llegaba y él aparecía como arte de magia desde aquel lugar. Mario, don Mario yo le decía, era una persona muy afable, sencilla y comprometido con las causas sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El día que me enteré de su partida de este mundo sentí gran dolor, pues se iba un librero ejemplar de Valparaíso que impuso una impronta especial a esta librería -él había tenido otras antes de que llegaran los años del estropicio-. Conmigo siempre fue afectuoso. A veces nos encontrábamos cuando yo salía del rodoviario de Valparaíso arribando desde Casablanca donde vivo, y él iba rumbo a la <em>Crisis</em> y yo a la Universidad de Playa Ancha donde era académico, la UPLA. Me arrepiento hasta hoy de no haberme sacado una foto con él en la <em>Librería Crisis,</em> porque tuve muchas oportunidades de hacerlo. Posteriormente, vino la pandemia, me retiré -jubilé- de la universidad y dejé de verlo, pues pocas veces he ido a la ciudad puerto. Su hija Marilen Llancaqueo Espinoza continuó con la <em>Crisis</em> de Pedro Montt hasta que se trasladó a la calle Blanco, y luego a Prat, a un lugar que se denominaba Espacio Prat.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siempre me hacía el propósito de ir a conocer las nuevas dependencias que en las fotos que se mostraban por las redes sociales, era un espacio maravilloso donde había una cantidad de libros impresionante, revistas, afiches y un archivo patrimonial incalculable. Pero nunca fui, porque salir de mi ínsula Barataria que es Casablanca, <em>una aldea tan vieja que es como un barco velero que una recia tormenta arrojó a la llanura</em> -parafraseando al poeta casablanquino Alejandro Galaz Jiménez que nació y murió en un mes de marzo como este en que se incendió la Crisis-, me resulta una odisea. Ahora, al ver las imágenes de cómo quedó la <em>Librería Crisis</em> después del incendio la anoche del 24 de marzo, me provocan un gran dolor y nostalgia, términos que se complementan, ya que este último nos remonta a la memoria de lo ido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como la Crisis forma parte de nuestras vivencias con Mario y su hija y con quienes le acompañaron, se ha organizado una convocatoria de una donación colectiva para la <em>Librería Crisis</em> de Valparaíso, cuyo lugar de acopio será el Café Lulú Jazz ubicado en Huito 325 en Valparaíso, de lunes a viernes entre las 09:00 y 15:00 h. Se invita a editoriales, instituciones, autores y autoras a participar para colaborar con el renacer de la <em>Crisis</em>. Se recomienda que los libros se entreguen en cajas o paquetes perfectamente sellados y rotulados a nombre de Marilen Llancaqueo, según lo informado por el poeta, editor y bibliotecólogo Ernesto Guajardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <em>Librería Crisis </em>debe ser como el Ave Fénix que se levanta desde las Cenizas para volver a emprender el vuelo. Y Mario Llancaqueo, QEPD, estará contento y sonriente desde la Eternidad para bien de todos quienes amamos y veneramos los libros como un patrimonio preciado de la Humanidad.</p>
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		<title>DIARIO DEL MINUTO</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/03/19/diario-del-minuto-84/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 17:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Omar López, Puente Alto, marzo de 2026 Los domingos, siempre abiertos a horarios distintos de sus hermanos semanales y por lo mismo, con un mapa más reposado de gestos, rutinas o conversaciones suele envolvernos a los fieles vagabundos de ferias libres y de la subzona de cachureos duros, en un ámbito de ocasionales sorpresas [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/03/19/diario-del-minuto-84/">DIARIO DEL MINUTO</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Omar López, Puente Alto, marzo de 2026</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los domingos, siempre abiertos a horarios distintos de sus hermanos semanales y por lo mismo, con un mapa más reposado de gestos, rutinas o conversaciones suele envolvernos a los fieles vagabundos de ferias libres y de la subzona de cachureos duros, en un ámbito de ocasionales sorpresas e intraducibles encantos. Debe ser porque en esos espacios, en esas calles o pasajes habita una comunidad tan expresiva como fugaz. Se escucha y se ve de todo en medio de canturreos, tallas, garabatos, imprecaciones o risas a corazón abierto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El domingo 8 de marzo recién pasado y luego de un par de horas en otra feria, iba caminando con mi bicicleta de tantos años y tantos kilómetros de vida por unos de estos corredores de ambulantes o “coleros” cuando en medio de una cincuentena o más de libros extendidos sobre los típicos paños que ellos ocupan para exponer su mercadería, veo mi libro (Malas costumbres); mi primer y modesto libro de poesía, autoeditado o perpetrado por mi cuenta y riesgo… para eventuales o incautos lectores. Fue publicado en octubre de 1990 con un tiraje de trescientos ejemplares y tiene toditos los defectos y los vicios de un completo principiante. Por eso, lo quiero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo asombroso ocurrió en el instante en que le digo a la jovencita vendedora (de no más de doce años) que yo soy el autor del librito: ella lo toma y va a mostrarlo unos metros más allá a un señor de contextura gruesa y yo diría, cincuentón. Este caballero me observa y dialoga con la niña. Luego ella se acerca diciéndome: &#8211; Mi papá me dice que nos dé un autógrafo!! Ahí, mi sonrisa ocultó mi emoción y mi emoción la expresé con una dedicatoria a esa familia que dentro de su modestia y de su realidad, me otorgaron sin pretenderlo, el Premio Nacional de la Poesía Secreta. Al despedirme de ellos, le consulté a la niña si le gustaba leer y me dijo que sí, mucho, y siempre estaba en eso porque los sacaba a escondidas de su hermano, dueño él, de este negocio. Como ese día yo portaba cuatro libros para regalar a otro viejito que no encontré ese día, se los obsequié a ella y su rostro se iluminó con esa pureza de ser nuevo y ansioso de crecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta anécdota me invita a reflexionar en torno no solo a lo que escribimos o publicamos: existe un más allá del hecho que pasa por las zonas del azar o del misterio. Sabemos que la poesía o los libros de este género literario no vende; se lee poco; no se entiende o navega en las aguas muchas veces turbias de improvisadas editoriales que más bien estimulan sus finanzas y el siempre listo ego del autobombo. Y de ahí, no pasa. Sin embargo, en nuestro país uno levanta una piedra y aparece un poeta… y qué bueno que sea así también. El libro personaje de este diario tiene casi 36 años de vida y lo vi ese domingo, casi impecable en su portada y en sus páginas. ¿Por dónde anduvo? ¿Quién lo hizo dormir en un estante o lo leyó buscando…qué? ¿Cómo fue a parar ahí? Preguntas que no tendrán respuestas y es mejor que sea así, porque es parte de su destino o sus enigmas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocurre algo parecido con los cientos de libros que he comprado en el mundo de los coleros de incontables ferias libres y cuando los recibo sucios, manchados o rotos los someto a una etapa de limpieza y recuperación. Es un gesto mínimo y acorde a la dignidad de sus autores y de sus contenidos porque todo objeto libresco es fruto de muchas manos y de muchos ojos antes de “ver la luz”. Por ejemplo, hace un par de años encontré un libro de Lenka Franulić (Editorial Ercilla; 1951) titulado CIEN AUTORES CONTEMPORÁNEOS; tapa dura, 995 páginas. Una joyita, un mundo biográfico de novelistas, poetas e intelectuales que esta dama señalada como la primera mujer periodista en nuestro Chile, describe con la frescura de su talento y la profundidad de sus comentarios. Ojo, el interesante volumen cumplirá este 2026, setenta y cinco años, misma edad que espero celebrar en el mes de abril. Por supuesto, lo tengo forrado con plástico transparente y yo creo estar forrado en optimismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un libro de poesía es un pájaro en tierra y debe aprender a volar entre manos y ojos desconocidos que vieron en él cierta palabra, cierto verso, un susurro, un abrazo verbal que los instó a abrir sus alas y sentir en ese vuelo, algo parecido a sus propios latidos. Un libro de poesía igual de anónimo y solitario a pesar de fijar el nombre de su autor debe saber defender su dignidad con recursos propios e intransferibles y estar dispuesto a quedar atrapado en un baúl, en una caja de zapatos o en un viejo ropero pero seguir volando con esas alas de papel y de simple humanidad, resistiendo las canas del polvo acumulado y la humedad del tiempo que sabe corroer esperanzas y sueños, pero no poemas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de todo, ahí reside su fortaleza.</p>
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		<title>DIARIO DEL MINUTO</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/02/10/diario-del-minuto-83/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Feb 2026 21:50:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Omar López Ah, síexisten cosas peores queestar solo,pero a menudo lleva décadasdarse cuentay la mayoría de las vecescuando lo haceses demasiado tardey no hay nada más terriblequedemasiado tarde. (Charles Bukowski) La soledad como opción de vida o como resultado de circunstancias pretéritas que la condenan a esta realidad es un tema que, a mi [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Omar López</em></strong></p>



<p style="margin-left: 120px;">Ah, sí<br>existen cosas peores que<br>estar solo,<br>pero a menudo lleva décadas<br>darse cuenta<br>y la mayoría de las veces<br>cuando lo haces<br>es demasiado tarde<br>y no hay nada más terrible<br>que<br>demasiado tarde.</p>



<p style="margin-left: 150px;">(Charles Bukowski)</p>



<p class="wp-block-paragraph">La soledad como opción de vida o como resultado de circunstancias pretéritas que la condenan a esta realidad es un tema que, a mi juicio, no le interesa a nadie. Ni siquiera, a sus protagonistas. Más bien, todo lo contrario: muchas personas declaran disfrutar en plena libertad de acción y de intenciones cada día y cada noche su ancha independencia existencial. Sobre todo, mujeres… ellas se adaptan mucho mejor y valoran este espacio con una cuota de merecido orgullo y resolución anímica que nosotros, hombres más bien torpes en el cronograma doméstico y varias veces dolientes en medio de la bruma sentimental, nos cuesta mucho resolver.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero en definitiva, la soledad pesa (igual que en el principio de Arquímedes) todo el volumen que desplaza. Pareciera que el mundo de los solitarios implica un permanente diálogo de ensimismamiento y complicidad con su entorno porque cada pregunta es resuelta o hace eco en el silencio de las cosas que habitan su cotidiano paisaje. Esa inmovilidad de la ausencia que lo recibe luego de una jornada de trabajo o de paseo o el acto simple de abrigarse al compás de una melodía favorita en instantes de somnolencia emocional va perfilando un espacio a imagen y semejanza de sus deseos. Es ahí donde el ánimo de ser dueño y esclavo de su mundo puede originar la sonrisa frente al espejo corroído de arrugas y otras cicatrices o soltar una lágrima de tristeza indefinida tan fugaz cómo íntima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Admiro profundamente a la gente que vive sola, porque el ser humano es un ser social y comunicativo y el convivir con otro ser implica un crecimiento continuo si ambos ejercen sus identidades con autonomía absoluta y solidaridad sentimental constante. Por eso, creo que la soledad tiene muros altos y fríos que encierran muchos enigmas. Sin embargo, el escritor chileno Alejandro Jodorowsky afirma que…”la soledad es una oportunidad para encontrarse con uno mismo”; afirmación que si bien, compartimos, nos parece que no es el único camino. Una cita mucho más provocativa y satisface nuestro apetito literario es la del filósofo francés Jean Paul Sartre: “SI TE SIENTES SOLO CUANDO ESTÁS SOLO, ESTÁS EN MALA COMPAÑÍA”. Notable, preciso para desnudar la esencia de ese estado reivindicando un acto de aislamiento como otro desafío existencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mismo sentido tiene el poema de nuestro viejo y lúdico poeta norteamericano Bukowski porque pondera bajo otras calamidades existenciales el estado de permanente o vagabunda soledad y le duele el paso de un tiempo quejumbroso que, en fin de cuentas, no era tan malo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La soledad es un tema que uno puede también amplificar a otros espacios y con otras connotaciones: por ejemplo, la enorme soledad de la población que vive en la calle; la soledad terrible de los drogadictos que han perdido dignidad y cerebro; la soledad de miles de ancianas y ancianos envueltos ya en la desidia de su familia, ya en la miseria disfrazada de silencio. Es cosa de dar un paseo por cualquier CESFAM poblacional y el paisaje de personajes en estado de semi o total abandono existencial golpea nuestra “normalidad” con feroz eficacia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De todas maneras, para mayores dimensiones de la soledad, miremos el universo y nuestro minúsculo planeta…hasta el momento y en los límites de nuestra galaxia parece que vecinos con domicilio conocido, no tenemos. Y, en consecuencia… estamos solos, solos como un caracol de jardín en el desierto de Atacama.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Viernes 06 de febrero de 2026.</strong></p>
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		<title>DIARIO DEL MINUTO</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/01/19/diario-del-minuto-82/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Jan 2026 14:40:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Omar López Hoy, al mirar por la ventana el paisaje luminoso y amable de un mar acariciado por el sol, recordé el cumpleaños de un amigo, un gran amigo o casi un hermano… Manuel Paredes Parod, poeta, artesano, militante de la generosidad y el compromiso con la cultura, el pensamiento crítico y la acción [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Omar López</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, al mirar por la ventana el paisaje luminoso y amable de un mar acariciado por el sol, recordé el cumpleaños de un amigo, un gran amigo o casi un hermano… Manuel Paredes Parod, poeta, artesano, militante de la generosidad y el compromiso con la cultura, el pensamiento crítico y la acción creativa. Si hubiera estado vivo, habría cumplido 71 años pero falleció un martes 30 de julio de 2019, luego de padecer la invasión de un implacable cáncer. Con Manolo compartimos instantes de muchas satisfacciones y desafíos desde más menos fines de marzo de 1978, a raíz de un llamado de radio Chilena para convocar jóvenes poetas que se interesaran en trabajar unidos y organizados en grupos o talleres literarios sectoriales en Santiago.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Saludo su recuerdo y en alguna medida abrazo su amistad ahora, desde otro taller, otra realidad y otros personajes: en un mundo o un país que en el transcurso de cincuenta y tantos años ha sufrido enormes y preocupantes transformaciones económicas, sociales y, sobre todo, culturales. El mundo del arte, los artistas, los creadores y todas sus propuestas suelen ir por la orilla del planeta cotidiano y si en general, pretenden “representar” el entorno humano o “interpretar” sus mecanismos de convivencia el mismo sistema tiende a pervertir o a comprar con infinitos estímulos el alcance de dichos mensajes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicho esto, retorno a un espacio mucho más íntimo e inmediato que las anteriores reflexiones: pertenezco a un taller de poesía que inició sus actividades en julio de 2019 bajo el auspicio de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Su nombre es BOTELLA AL MAR y durante estos casi siete años de existencia se ha convertido en un caja de gratas sorpresas y punto de partida o encuentro con personas de cálida y transparente humanidad que, más allá de compartir versos y materias literarias, se ha constituido en un espacio de libre expresión anímica, solidaria y gentil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este micromundo es una manera de resistir también la contaminación de cierta vulgaridad verbal y prosaico contenido, porque todo lenguaje es un medio de comunicación que en el mejor de los sentidos, debiera transmitir lo más genuino y representativo da cada uno; limpio de eufemismos oportunistas o de intenciones disfrazadas. Otra condición de particular interés, es la conversación entre personas de distintas edades que van en un rango desde los quince a poco más de los ochenta años. Es decir, un amplio abanico de visiones, experiencias, historias de vida y profesiones y, por supuesto, estilos diversos de escritura y formación literaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra botella navegante y vagabunda en el mar de las letras y la costa de los sueños persistentes, ya ha concretado algunas publicaciones, varias presentaciones en la SECH y otros ambientes y goza de muy buena salud creativa porque se alimenta de la vitamina de la amistad, la solidaridad y un convincente cariño entre sus integrantes: Melania Tello, Edith Contador, Aminta Rojas, Ariana Sotomayor, Javier Reyes, Joaquín Orellana, Daniel Órdenes, Nahuel Ramos y Omar López. Tal vez, es oportuno y sin desmerecer la obra de los mayores, destacar especialmente el trabajo y talento de los jóvenes Joaquín, Nahuel, Javier y Daniel porque su potencial, su pasión, su energía nos ha demostrado en cada caso, la frescura y compromiso de sus obras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, Aminta y Ariana, ambas mujeres que, más allá de sus profesiones (profesora de música y abogada, respectivamente) también están en pleno desarrollo de su discurso poético a partir de vidas intensas y autoexigencia eficaz y elocuente. Sus poemas reflejan asertividad y coraje frente a la realidad de la mujer en la sociedad actual y una constante de denuncia frente al atropello de la naturaleza y los vaivenes del amor de pareja. Y quienes, en gran medida llevan la voz de la experiencia y la sabiduría que se adquiere en años de ejercicio y talleres literarios, son Melania y Edith. Ambas poetas de oficio y voz madura en expresión y contenidos. Sus versos, sus ritmos, sus metáforas, sus libros y sus trayectorias nos hacen recoger enseñanzas y construcción de estilos. Tal vez, sea este el perfil de su generosidad de tiempo y compromiso con el género de poesía: dejar huellas, señalar caminos, indicar eventuales rutas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En fin, pocas ocasiones he dado espacio a un tema tan personal y que está inserto en la práctica, en la contingencia del “aquí y ahora”. Y es, en realidad, un homenaje a un compañero que ya no está físicamente pero que habita mi corazón de viejo escribidor y gato enamorado de cola a bigotes y dientes. La poesía es una ventana y una puerta siempre abierta a cualquier ser humano, y el mapa de su territorio está entre la sangre y la piedra; entre la piel y la distancia; entre la vida y la muerte. Por lo mismo, con-vivir y ser uno entre todos y entre todos extender puentes, es la tarea del presente.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">¡¡Viva entonces, la poesía!!</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>EL Tabo, viernes 16 de enero de 2026</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2026/01/19/diario-del-minuto-82/">DIARIO DEL MINUTO</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
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		<title>RAY BRADBURY: RELECTURA E INTERPRETACIÓN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Dec 2025 16:40:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Bartolomé Leal Ray Bradbury (1920-2012) explica varias cosas interesantes acerca de su arte de escribir en el prólogo de uno de sus primeros libros, el volumen de cuentos policiales titulado Memoria de crímenes (1959), que contiene sus textos más antiguos, algunos de los años 40. Dice: “El año en que dejé la escuela secundaria [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Bartolomé Leal</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ray Bradbury (1920-2012) explica varias cosas interesantes acerca de su arte de escribir en el prólogo de uno de sus primeros libros, el volumen de cuentos policiales titulado <em>Memoria de crímenes</em> (1959), que contiene sus textos más antiguos, algunos de los años 40. Dice: “El año en que dejé la escuela secundaria en Los Ángeles adopté para el resto de mi vida el régimen de escribir un cuento por semana. Yo sabía que sin cantidad no podía haber calidad”. Y agrega: “Mientras tanto, trataba de meterme por los ojos toda la experiencia literaria posible: buena, mala, indiferente o excelente para que, con un poco de suerte, saliera luego de mis dedos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasó muchas noches en las bibliotecas, como ha contado; y muchas cuartillas cayeron botadas a la basura. Ray Bradbury cumplió su objetivo y por unos tres cuartos de siglo escribió un cuento por semana o, alternativamente como aclara él, capítulos de novelas o tiradas de versos. Desde ya, un empeñoso Bradbury teenager saca su propia revista, <strong>Futuria Fantasía</strong>, cuyos cuatro únicos números se han convertido en tesoros de coleccionista. Pronto abandona el género policial o negro. Reconoce que no podía competir con estrellas resplandecientes del brillo de Hammett, Cain o Chandler, porque no se hallaba capaz: “La ficción policíaca, así como los géneros de fantasía, ciencia-ficción y horror eran mi fiesta. Pero mi talento se desarrolló más rápidamente en los últimos porque exigen intuición… Los cuentos de misterio, que exigían dura reflexión, dañaban mi capacidad de usar la intuición a fondo”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="532" height="710" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01-futuria-fantasia.jpg" alt="Futuria Fantasía" class="wp-image-17700" style="width:500px" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01-futuria-fantasia.jpg 532w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01-futuria-fantasia-225x300.jpg 225w" sizes="(max-width: 532px) 100vw, 532px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Futuria Fantasía</em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Nada más cierto. Los cuentos de <em>Memoria de crímenes</em> se leen con placer, pero no constituyen el punto más alto de la extensa obra de Bradbury. A menudo lo fantástico tiende a colarse y los cuentos derivan al garete en aguas poco profundas; una cierta obviedad que no se supera al final, les hace perder encanto. Rescatable en todo caso su detective, Douser Mulligan, un personajillo cínico, esmirriado, arriesgado hasta lo inverosímil, que imita a los sabuesos literarios como el Sam Spade del <em>Halcón Maltés</em> (aunque se parece más a Joel Cairo). Protagoniza algunos de los mejores cuentos de este volumen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego Ray Bradbury se mueve hacia el cuento de horror. Su concepto del horror se sustenta sobre todo en que los sucesos cotidianos se ven transformados en situaciones inusuales, extrañas, a menudo siniestras. No son los entornos misteriosos, aislados, tenebrosos, del relato gótico; ni los fantasmas enfermizos, mentales, de Edgar Allan Poe. Su inspiración confesada fue H.P. Lovecraft y su mentor August Deleth, discípulo de aquel, el cual orientó al joven Bradbury para publicar en las revistas <em>pulp</em> abocadas al género. De allí salió <em>Carnaval negro</em> (1947), su primer libro de recopilación de cuentos. Se vendió con gran éxito y desde entonces el escritor se paseó por la fama, solicitado por las mayores revistas y editoriales. Cabe mencionar que el libro <em>El país de octubre</em> (1955) contiene una buena parte de los relatos de horror de ese libro juvenil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ray Bradbury se prodigó pues, primero, en el relato policial y luego en el de horror antes de embarcarse en el género que le dio fama universal: la ciencia-ficción. En ciencia-ficción hay que decir que Bradbury se alzó en innovador del género. Introdujo una cierta exquisitez formal y una presencia de lo poético que sonaban raras, en un género más inclinado a la truculencia y el espectáculo que a la delicadeza. En tal marco, su obra aparece singularizada por el escepticismo frente a la tecnología y, sobre todo, por la crítica de la mentalidad mezquina y destructiva del hombre de la segunda mitad del siglo XX. Reforzada en lo que va del siglo XXI, aprovechemos de decir. Aunque a veces puede pecar de sentimentalismo y didactismo, su lectura busca honestamente remover las conciencias. Entre las críticas que se le hacen está que a veces resulta un tanto empalagoso con tanto derroche de lirismo; y que en su aproximación a la tecnología se revela anticuado, superado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, en <em>Crónicas marcianas</em> (1950) Bradbury narra, en forma de novela, pero en realidad se trata de un conjunto de cuentos entrelazados, la “historia” de la colonización humana de Marte. El escritor no se equivocó en algo: la devastación que los humanos provocan en el planeta rojo se queda corta al lado de lo que estamos viendo en la actualidad en nuestro propio planeta. Bradbury siempre se declaró sensible al tema ecológico y en esa época se vivía apenas el inicio. <em>El hombre ilustrado</em> (1951) continúa en esta vena, y en este caso el hilo conductor son los tatuajes vivientes que decoran a un personaje. Para los seguidores del maestro Bradbury recomiendo el cuento titulado “La mujer ilustrada”, que forma parte del volumen <em>Las maquinarias de la alegría</em> (1964), una ingeniosa autorreferencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este último libro, ya que estamos en él, trae cuentos que no pertenecen a ningún género, donde destaca la capacidad de Ray Bradbury para la percepción de hechos sociales. El racismo, los abusos de la religión y la censura, el despotismo, la pérdida de las tradiciones, la falta de solidaridad y la destrucción de la naturaleza, son temas recurrentes incluso en la narrativa más reciente de Bradbury, que se ha alejado de las temáticas de sus obras de ciencia-ficción más populares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Transformado en un clásico ya en vida, Bradbury prefirió un registro más amplio, que se concentra en su visión del naciente siglo, tocando variados temas de su interés; y donde predominan ciertos tópicos culturales y sociales que tienen que ver con él mismo y con sus raíces. Ya no es más un referente contemporáneo en materia del género ciencia-ficción, cabe señalar. Aunque no por nada escribió en una carta: “No me dan miedo los robots sino la gente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo mejor de la narrativa de Bradbury surge marcada por una época precisa, la que viene tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el pavor de la posible conflagración nuclear es encubierto de algún modo por la esperanza (ilusión) que da la carrera espacial. Los viajes a otros planetas, la fascinación de los cohetes, los intercambios con civilizaciones de otras galaxias, la búsqueda de recursos más allá de la tierra, en general esa clase de temas, alimentaron una obra que se insertó maravillosamente en el inconsciente colectivo. Las traducciones en nuestro medio mostraron lo mucho que esas problemáticas, aparentemente lejanas, también nos alcanzaban. Un entusiasta Borges prologó con brillantez la edición en castellano de las <em>Crónicas marcianas</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, a pesar de los anacronismos, su obra ha fascinado a tres generaciones de lectores, y otras se integrarán seguramente al culto. Sus libros se siguen leyendo con pasión, sus más de 600 cuentos siguen siendo buscados por los lectores, sus narraciones siguen siendo saqueadas por el cine. ¿Por qué? Esa capacidad suya para emocionar, inquietar, hacer soñar con lo misterioso de la humanidad del siglo XX (y no con fantasmas en castillos), lo hace un autor popular, que hechiza al lector. Hay algo de intemporal en su obra, una <em>saudade</em> del paraíso, de la perdida niñez, tal vez. No dudaría en ponerlo al lado de Hans Christian Andersen, de los hermanos Grimm, de Charles Perrault…</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hace mucho vi un documental sobre un encuentro de escritores de ciencia-ficción. Al medio, recibiendo honores, un ancianito Ray Bradbury sonreía con alegría y firmaba libros. A su lado, un joven autor premiado no podía contener las lágrimas. Es que saca demasiada emoción sentirse cercano a un inmortal, que tanta alegría nos ha dado a los aficionados al género.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando cumplió 80 años el 2000, Ray Bradbury comentó en una entrevista: “La gran diversión de mi vida ha sido levantarme cada mañana y correr hacia mi máquina de escribir porque alguna idea nueva se me ha ocurrido. El sentimiento que tengo cada día es más o menos el mismo que cuando tenía doce años. En cualquier caso, aquí estoy a mis ochenta, sumido en igual sentimiento”. Toda una vida en la literatura…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escritores, a no olvidar su fundamental lema: “Sin cantidad, no puede haber calidad”.</p>
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		<title>BALZAC, HUGO Y LOS OTROS</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/12/19/balzac-hugo-y-los-otros/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 14:35:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Corporación Letras de Chile agradece a Luis Casado la autorización para publicar el artículo “Balzac, Hugo y los otros”, de su Diario electrónico POLITIKA. BALZAC, HUGO Y LOS OTROS Por Luis Casado (Inducido, forzado, incitado, estimulado y excitado por Ars Grammatica de Jorge Lillo) Tomar la palabra en público es la exégesis inaudita de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Corporación Letras de Chile agradece a Luis Casado la autorización para publicar el artículo “Balzac, Hugo y los otros”, de su Diario electrónico POLITIKA.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">BALZAC, HUGO Y LOS OTROS</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Luis Casado</em></strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>(Inducido, forzado, incitado, estimulado y excitado por Ars Grammatica de Jorge Lillo)</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01_Balzac.jpg" alt="Balzac, en una recreación de Jorge Lillo mediante la tan mentada IA..." class="wp-image-17664" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01_Balzac.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01_Balzac-300x300.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01_Balzac-150x150.jpg 150w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01_Balzac-768x768.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/01_Balzac-440x440.jpg 440w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><strong>Balzac, en una recreación de Jorge Lillo mediante la tan mentada IA&#8230;</strong></figcaption></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>Tomar la palabra en público es la exégesis inaudita de una inesperada fuga hacia la ilusionada catarsis para la cual la alegoría onírica no refleja nada sino una estética confusa y deletérea… (Fabrice Luchini).</em></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">De seguro un pueblito llamado Lorrez-le-Bocage no te dice nada, y con razón. Está en el medio de la nada, cerca de la mía –mi nada, digo– en el campo, en la provincia de Seine-et-Marne por donde corren esos ríos, sin olvidar el Yonne, aún más caudaloso e imponente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasa que allí, en Lorrez-le-Bocage, hay un castillo. En fin, hay por lo menos un castillo, el castillo de la Motte…</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="461" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/02_Foto-del-autor-1024x461.jpg" alt="Foto del autor..." class="wp-image-17666" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/02_Foto-del-autor-1024x461.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/02_Foto-del-autor-300x135.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/02_Foto-del-autor-768x346.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/02_Foto-del-autor-1080x486.jpg 1080w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/02_Foto-del-autor.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto del autor&#8230;</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Construido a partir de fines del siglo XV, ahora le pertenece al conde Bernard de La Rochefoucauld.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allá por los años 1840 –después de las sacudidas de la Revolución Francesa, de la Restauración y del Primer Imperio– la rusa Sofia Fiodorovna Rostopchine, Condesa de Ségur y escritora célebre, se dejaba caer por ahí de cuando en vez, para visitar la familia de su esposo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace un par de años los jardines del castillo acogieron un <em>“vaciado de graneros”</em>, suerte de mercado de las pulgas en el que los vecinos vienen a vender libremente lo que ya no necesitan. Suelo acudir en busca de libros, esos libros que constituyen mi única riqueza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese día alguien me ofreció un paquete cuya envergadura me acojonó… Son las obras completas de Victor Hugo, dijo, agregando que en el lote venían además textos de Tolstoi, Dostoievski, Zola y Balzac.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi renuencia no decreció a pesar de que tales autores son un imán para cualquier lector aficionado como yo. Viéndome dudar, el vendedor dio la última estocada diciendo: <em>“Se los dejo en 30 euros…”</em>. Treinta lucas…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace unos días cogí uno de aquellos textos, cuyo título llamó mi atención: <em>“Contes drolatiques”</em>, de Honoré de Balzac, y fui de sorpresa en sorpresa. Se trata de una muy vieja edición, realizada por el editor A. Dutacq, con cientos de ilustraciones del pintor Gustave Doré, en folios suministrados por Gasnier, fabricante de papel, y tipografía de Rénard et Cie. (ancienne maison Lacrampe), impresores tipógrafos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="659" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/03_libro.jpg" alt="Libro" class="wp-image-17667" style="width:300px" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/03_libro.jpg 400w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/03_libro-182x300.jpg 182w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Todo en el libro evoca siglos pasados, incluyendo el massicot irregular, la encuadernación y los dibujos de Gustave Doré, ilustrador, caricaturista, pintor, litógrafo y escultor francés, cuya obra fue reconocida en el mundo entero como una de las más importantes del siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo mejor aún estaba por venir… Al comenzar la lectura del primer cuento, titulado <em>“La belle Impéria”</em>, texto en el que el autor se cachondea alegremente de las gentes de iglesia, quienes –de los diáconos a los curas, abades, obispos y arzobispos, frecuentan hetairas de una ligerísima moral y ofenden el 7º mandamiento con un empeño digno de mejor causa sustrayendo el dinero proveniente de las limosnas destinadas a los pobres…– me di cuenta que el texto es el original de Balzac, con locuciones, sintaxis y ortografía propias del francés antiguo, en un homenaje convicto y confeso a Rabelais.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, pude leer con fruición:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>L’Archevesque de Bourdeaux avoyt mis de sa suite, pour aller au Concile de Constance, ung tout ioly petit prebstre tourangeau dont les fassons et la parole estoyent curieusement mignonnes, d’autant qu’il passoyt pour fils de la Soldée et du gouverneur. L’archevesque de Tours l’avoyt voulentiers baillé à son confrère lors de son passaige en ceste ville, pour ce que les archevesques se font de ces cadeaux entre eulx, cognoissant combien sont cuisantes les desmangeaisons théologiques.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El lenguaje cotidiano se ha empobrecido en Francia, como se ha hecho miserable en Chile, y volver a la excelencia de los grandes escritores clásicos es un remanso de belleza y encanto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hugo, Zola y Balzac escribían en cuartillas, con pluma y tinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por menos de 700 páginas no se daban la molestia de enviarle nada a sus editores. Además de tachar y corregir mucho, sus textos originales surgían como de manantial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, del mismo modo que hizo García Márquez con el manuscrito de&nbsp;Cien años de soledad, enviaban un paquete de miles de hojas repletas de una abigarrada caligrafía a sus editores, utilizando los medios de la época: el transporte por burro, carreta, bote o golpes de calcetín.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Victor Hugo terminó <em>Les Misérables</em> –libro que cuenta la vida y la pasión de Jean Valjean, y del cual recuerdo con pavor la tétrica escena de robo y pillaje entre los cadáveres de los soldados muertos en Waterloo por parte de los siniestros Thénardier, marido y mujer–, hizo lo de costumbre: armar un paquete amarrado con cuerdas y enviarlo a su editor… acompañado de una carta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa carta, escrita de su puño y letra, tenía un solo y único carácter, que manifestaba claramente la angustia del célebre autor:</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="197" height="256" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/04_interrogacion.jpg" alt="Interrogación" class="wp-image-17668"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">A las pocas semanas Victor Hugo recibió la respuesta del editor. Una misiva que contenía su opinión en un único carácter que fue más explícito que un discurso:</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="108" height="251" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/12/05_exclamacion.jpg" alt="Exclamación" class="wp-image-17669"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Las sucesivas ediciones de&nbsp;Les Misérables&nbsp;llevan, a guisa de presentación, unas palabras de Victor Hugo que hay que conocer y no olvidar jamás:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Mientras exista, en razón de las leyes y las costumbres, una condena social que crea, en plena civilización, infiernos, complicando con una fatalidad humana el destino que es divino; mientras los tres problemas del siglo -la degradación del hombre por su proletarización, la humillación de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por la noche- no habrán sido resueltos; mientras, en ciertas regiones, la asfixia social será posible; en otras palabras, y desde un punto de vista aún más amplio, mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria, libros como este podrían no ser inútiles.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Victor Hugo &#8211; Hauteville House, 1862</em></strong></p>
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		<title>VIAJE A TRAVÉS DE LOS LIBROS, de José Del Pozo Artigas</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/11/25/viaje-a-traves-de-los-libros-de-jose-del-pozo-artigas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Nov 2025 13:05:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eddie Morales Piña Esta obra del historiador José del Pozo Artigas (Viña del Mar, 1943) es muy interesante por cuanto logra aunar en la discursividad la historia de una vida mediante la evocación de los libros que formaron o han formado parte en la intrahistoria del locutor de este ensayo. Efectivamente, estamos en presencia [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Eddie Morales Piña</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta obra del historiador José del Pozo Artigas (Viña del Mar, 1943) es muy interesante por cuanto logra aunar en la discursividad la historia de una vida mediante la evocación de los libros que formaron o han formado parte en la intrahistoria del locutor de este ensayo. Efectivamente, estamos en presencia de un formato escriturario específico donde la presencia del enunciante de la argumentación es el propio autor del enunciado. Con este término nos referimos al contenido de lo expuesto. La voz narrativa -por usar esta expresión proveniente de la discursividad imaginaria de la novela o el cuento, por ejemplo, es Del Pozo Artigas, quien estructura la temática sobre la relación entre él -su vida- y los libros a lo largo del tiempo. Por eso que el texto se denomina <em>Viaje a través de los libros</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La portada de una obra siempre ha sido significativa. Regularmente, un autor trabaja con el diseñador la imagen que acompañará el contenido. La portada es el continente. En este caso se nos muestra lo que pudieran ser los lomos de algunos libros mientras que un sujeto en el margen derecho -la figura de un hombre- pareciera ser un soporte de estos objetos tan preciados para quienes estamos familiarizados con ellos y forman parte de nuestra consistencia existencialista. El concepto de viaje nos ilustra acerca de un caminar -un peregrinaje, diría un autor medieval-, de un transitar. Es decir, un desplazamiento mediante el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio Machado, poeta, <em>caminante no hay camino, se hace camino al andar</em>-con una metáfora un tanto nihilista donde el sujeto de la historia es quien se hace este sendero. El complemento que utiliza el autor de esta obra nos revela que este viaje esta mediado por los libros en el transcurso de la <em>vitae</em>. La vida y los libros, por tanto, es el constructo sobre la que se estructura este ensayo, que se lee con agrado, más aún cuando el receptor coincide en las lecturas o en experiencias lectoras semejantes a las del autor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como lo manifestamos recién, el lector/a ideal como lo sostiene la estética de la recepción literaria -en otras palabras, donde se establece una relación entre el texto y el receptor en el proceso de lectura- del ensayo de Del Pozo Artigas será quien comparta, al menos, algunas de los textos mencionados en la obra o los momentos vivenciales de lecturas semejantes en el devenir de las existencias. De cierto modo, este ensayo es existencialista porque no sólo da cuenta de la <em>vitae</em> de un sujeto histórico -el autor-, sino porque también involucrará a quien lee y comparte la relación gozosa con los libros. En este sentido, la obra de José del Pozo Artigas es una muestra palpable y evidente de cómo los libros, las bibliotecas, las librerías y los editores, pueden marcar nuestras vidas y transformarse en el verdadero sendero, al que aludía Machado en su poema, y que más tarde reescribirá y musicalizará Joan Manuel Serrat transformándose en un ícono en el imaginario colectivo. Lo que acabamos de decir está en el margen izquierdo inferior de la portada del texto ensayístico. Tal vez la palabra ensayo resuene en los lectores como aquellas obras donde la tematización y la argumentación resultan ser para especialistas en el determinado asunto tratado. Este ensayo del autor es atrayente, en tanto que Del Pozo Artigas usa procedimientos narratológicos que atrapan al receptor. Probablemente, las lecturas de textos narrativos -ficcionales- de Del Pozo Artigas desde temprana edad hayan conformado un sustrato en su retórica que sustentan este libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, no le cabrá la menor duda al lector/a que se enfrente a esta obra de que está en presencia de un libro memorístico. En sentido estricto, el ensayo es, a su vez, memoria y testimonio del enunciante. Lo interesante del producto escriturario es que la motivación de la misma escritura -valga la redundancia- son las obras leídas por el autor. Estas son los hitos del transitar <em>-golpe a golpe-</em>, incluido el Golpe. En la medida en que Del Pozo Artigas tematiza la <em>vitae</em> mediante los libros está haciendo historia. En otras palabras, en la discursividad se va modelizando una perspectiva de los acontecimientos no sólo de la intrahistoria como diría Miguel de Unamuno, sino de todos los sucesos que van conformando los contextos en que fueron emergiendo los libros leídos por el autor y, en consecuencia, se nos revela la Historia -ahora con mayúsculas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito de escritura del autor queda expresamente señalado al principio, cuando manifiesta que <em>“en primer lugar, ir entregando mis reacciones espontáneas frente a lo que leía, a veces comparándolas con las que he sentido al llegar a la edad adulta. Tal vez los lectores podrán así reconocerse, identificar lo que ellos también sintieron al enfrentarse a los libros. Y, en segundo lugar, aprovechando mi profesión de historiador, daré algunas pinceladas sobre la vida de los autores, explicar el contexto en que escribieron, valiéndome a veces de la lectura de las memorias o testimonios de ciertos escritores, que constituyen una fuente de gran riqueza”</em>. Ciertamente que cuando se concluye la lectura de la obra, el lector/a podrá percatarse y afirmar que el autor ha cumplido con creces la propuesta escrituraria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, el texto de José del Pozo Artigas es una <em>historiae</em> <em>vitae</em> donde los libros ocupan el lugar central. La programación de la discursividad -que, sin duda, es histórica-, por tanto, parte de un foco inicial que está dado en la infancia y concluirá en la adultez. Los siete capítulos de que se compone el texto son la cartografía de la textualidad. El primer segmento escriturario es muy interesante por cuanto relata de cómo ingresará en la lectura y de cómo esta se transformará en un hábito compulsivo -como todo lector- donde están las lecturas primigenias y de qué manera estas han quedado en la memoria y marcado la existencia. Seguidamente, después de las imágenes de infancia lectoras, el autor nos lleva a las lecturas liceanas con el descubrimiento de los clásicos de la literatura española y de la literatura chilena, entre ellos Alberto Blest Gana, juntamente con otros autores europeos y algunos de Estados Unidos. El capítulo tercero nos lleva a transitar por el camino universitario del autor donde ya ha descubierto que el estudio de la Historia es su senda. Lo interesante de todo esto es que la literatura -la ficción- no está ausente y, por el contrario, se va convirtiendo en un verdadero constructo en el peregrinaje <em>vitae</em>. El siguiente capítulo nos centra en un momento determinante de la Historia de Chile. Lo denomina <em>Leer en tiempos revueltos</em>. <em>De la Revolución en Libertad a la Unidad Popular.</em> Es un segmento muy relevante porque tematiza el fenómeno del Boom de la literatura hispanoamericana y el de la editorial Quimantú. Posteriormente, el lector/a entra en un espacio otro. Nos enfrentamos al exilio del autor en Canadá, específicamente, en Quebec y Montreal y su experiencia lectora y universitaria por aquellos lares, lo que se refrenda en el capítulo siguiente donde vuelve a realizar reflexiones y referencias a la relación entre la ficción y la historia. Este diálogo entre la novela -la narrativa- y el discurso histórico es un <em>leit motiv</em> en la obra del autor. Por último, el capítulo postrero pareciera ser una suerte de testimonio final, por cuanto lo titula <em>Leer y escribir en el otoño de la vida</em> donde nos muestra el descubrimiento de otros autores de latitudes geográficas como África o la denominada historia popular en la que también incursiona como historiador. En el transcurso de este periplo de lecturas, al autor hace referencias también a sus propias obras escritas en el devenir académico. En conclusión, una obra muy interesante de leer, por cuanto nos revela cuán significativos y relevantes pueden ser los libros en nuestras vidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">(José Del Pozo Artigas. <em>Viaje a través de los libros. Siete décadas de autores, librerías, bibliotecas y editores</em>. Santiago: RiL editores. 2025. 278 pág.).</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="667" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/portada_viaje-a-traves-de-los-libros-667x1024.jpg" alt="Viaje a través de los libros" class="wp-image-17550" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/portada_viaje-a-traves-de-los-libros-667x1024.jpg 667w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/portada_viaje-a-traves-de-los-libros-195x300.jpg 195w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/portada_viaje-a-traves-de-los-libros-768x1179.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/portada_viaje-a-traves-de-los-libros.jpg 834w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Viaje a través de los libros</em></figcaption></figure>
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