Por Omar López
El martes 09 de diciembre de 2025, Eduardo Yáñez, Ignacio Reyes y Omar López se reunieron en la terraza del Museo de la Memoria y los DD. HH cerca de las 11 horas, con el fin de hacer entrega de dos números de una revista de poesía que, aparte de su origen clandestino y de sus portadas elocuentes y algo ingenuas frente a la realidad de 1978, cumplirán este 2026, cuarenta y ocho años. Ambas publicaciones mantienen todavía su frescura artesanal: no han desteñido y envejecen con dignidad de árbol porque fueron creadas para construir puentes dentro de ese túnel del terror que implantó desde el primer día, la dictadura civil militar.
Sabemos que por esos años, la represión y el control absoluto de cualquier medio de expresión escrito eran dos factores de riesgo y desafío. Y en nuestro caso, de resistencia anímica a la implacable acción de la CNI y su articulación de soplonaje vil y rastrero. Pero como poetas jóvenes, como cabros que solo poseían el arma de las letras y las sanas intenciones de embellecer al mundo en medio de la mierda, no teníamos miedo. Nuestros poemas reflejaban un candor a toda prueba, porque el amor, en primer lugar el amor y luego la crítica social envuelta en metáforas de dudosa condición lírica, nos instaba a ir más allá del cuaderno y el panfleto: El taller Andamio surgió en mayo de 1978, luego de un par de reuniones iniciáticas en la pequeña sala auditorio de la ya legendaria Radio Chilena (la voz de los que no tienen voz rezaba su eslogan).
Artífices, amables y audaces convocantes de dichas agrupaciones fueron el destacado hombre de radio y eterno gestor cultural Miguel Davagñino y Eduardo Yáñez, cantautor, poeta, fotógrafo y observador a tiempo completo de las cosas sencillas: algo así como un embajador del mundo invisible. Dos personajes de corazones enormes en generosidad y espíritu solidario con el arte y… “el derecho de vivir en paz”.
Por aquel oscuro tiempo, Talleres Andamio (porque eran cinco subtalleres repartidos por zonas de Santiago) participó con sus poetas en muchísimos actos culturales y eventos solidarios en poblaciones, federaciones sindicales, centros juveniles; huelgas de hambre y peñas del canto nuevo. Fueron jornadas, muchas veces, medio clandestinas o con las restricciones propias de un régimen que ya comenzaba a escuchar el rumor creciente de una rebelión popular. Tal vez los dos hitos más importantes de este “andamio para alcanzar las estrellas” fueron un mini programa radial de media hora los lunes de cada semana que, una vez más, nos cedió gentilmente “NUESTRO CANTO”, esta vez con la conducción de un gran y querido locutor chileno: John Smith, fallecido prematuramente en abril de 1990. El otro hecho destacable es haber realizado un acto aniversario en mayo de 1980 en el Teatro Cariola, con la participación del Grupo Ortiga; y en las lecturas de nuestros poemas la destacada actriz Inés Moreno y el actor Mario Lorca.
Fue una época intensa y peligrosa, pero también creativa y unitaria, porque Andamio era uno más entre muchas organizaciones literarias que por los años ochenta cristalizó en el Colectivo de Escritores Jóvenes al alero de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Recordamos al Taller Tranvía; al grupo de poetas Tragaluz; a los compañeros del Taller Contramuro; a la Agrupación Cultural Universitaria (ACU); al Taller de Poesía dirigido por Jaime Quezada, también desarrollado en la Casa del Escritor; al grupo Tralca, derivado precisamente del taller de Jaime, y en fin, muchas otras actividades y agrupaciones que eran algo así como una ventana abierta a otros diálogos; otras instancias de encuentro y solidaridad con nuestro pueblo: un pueblo herido, acosado y mudo. Se publicaron muchas revistas, trípticos y libros de poesía y narrativa; y hubo muchas jornadas de trasnoche y cálidos abrazos; espontáneas complicidades y severos duelos por la gente asesinada en supuestos “enfrentamientos”. (A propósito: la cobardía implícita pinochetista tuvo siempre dos pobres argumentos para disfrazar sus crímenes: el ya mencionado y el “intento de fuga”).
Bien, la decisión de donar ambas revistas nos enorgullece y estará en ese espacio de recuerdos y testimonios de los diecisiete años de lucha y resistencia. Los que todavía porfiadamente persistimos en el acto de escribir versos; de imaginar un mundo distinto; de insistir en la defensa de la vida y de la naturaleza, partimos desde esas hojas, desde esas líneas y esas intenciones. Crear y armar esas dos revistas fue un acto mágico y sus ecos aún pintan la memoria tanto como la preparación del programa radial.
Hoy, más que nunca, debemos preservar los sitios de memoria y mantener vivo el recuerdo de tanta gente que fue víctima de una dictadura infame y artera. La historia tiene retrocesos, es cierto, y en los últimos años pareciera que el mapa político mundial y el de nuestro país pasa por un invierno de ultraderecha, pero dicha realidad nos debe estimular para ser más creativos, más audaces en ideas y argumentos que, de alguna manera, inquieten a los autómatas del celular y de las drogas, porque ambos collares sistémicos esclavizan las conductas y empobrecen el pensamiento.
¡Ah! Y el “andamio para alcanzar las estrellas” que propone Víctor Jara… no se destruye con ningún misil, sigue en pie.
Santiago, viernes 03 de abril 2026.






Emotivo y crítico. Es un gran relato picaresco.