Por Eddie Morales Piña

En la foto está Mario Llancaqueo, un gran humanista y librero fundador de la Librería Crisis en Valparaíso, frente al edificio del Congreso Nacional, donde lo conocí. Fui un habitual visitante de la librería donde hice amistad con él y conversábamos de lo humano y lo divino. Le decía, ahora voy a mirar qué me llevo. Muchas veces él me tenía obras para mostrarme, especialmente relacionadas con asuntos o temáticas eclesiales, pues sabía que era un diácono. De lo literario no decía nada, porque estaba frente a un profesor universitario que enseñaba literatura.

Entrar a la librería era una maravilla. Siempre me recordaba de la Librería El Pensamiento cuando era estudiante universitario en la Universidad de Chile en Valparaíso y fui conformando la biblioteca personal junto con las librerías del poeta Modesto Parera. Cuando iba a la Crisis, sólo había que tener buen ojo y encontrarse con obras en primeras ediciones. Estar en este espacio librero podía llevar más de una hora. Para mí siempre fue un misterio la bodega que estaba en el subsuelo. A veces llegaba y él aparecía como arte de magia desde aquel lugar. Mario, don Mario yo le decía, era una persona muy afable, sencilla y comprometido con las causas sociales.

El día que me enteré de su partida de este mundo sentí gran dolor, pues se iba un librero ejemplar de Valparaíso que impuso una impronta especial a esta librería -él había tenido otras antes de que llegaran los años del estropicio-. Conmigo siempre fue afectuoso. A veces nos encontrábamos cuando yo salía del rodoviario de Valparaíso arribando desde Casablanca donde vivo, y él iba rumbo a la Crisis y yo a la Universidad de Playa Ancha donde era académico, la UPLA. Me arrepiento hasta hoy de no haberme sacado una foto con él en la Librería Crisis, porque tuve muchas oportunidades de hacerlo. Posteriormente, vino la pandemia, me retiré -jubilé- de la universidad y dejé de verlo, pues pocas veces he ido a la ciudad puerto. Su hija Marilen Llancaqueo Espinoza continuó con la Crisis de Pedro Montt hasta que se trasladó a la calle Blanco, y luego a Prat, a un lugar que se denominaba Espacio Prat.

Siempre me hacía el propósito de ir a conocer las nuevas dependencias que en las fotos que se mostraban por las redes sociales, era un espacio maravilloso donde había una cantidad de libros impresionante, revistas, afiches y un archivo patrimonial incalculable. Pero nunca fui, porque salir de mi ínsula Barataria que es Casablanca, una aldea tan vieja que es como un barco velero que una recia tormenta arrojó a la llanura -parafraseando al poeta casablanquino Alejandro Galaz Jiménez que nació y murió en un mes de marzo como este en que se incendió la Crisis-, me resulta una odisea. Ahora, al ver las imágenes de cómo quedó la Librería Crisis después del incendio la anoche del 24 de marzo, me provocan un gran dolor y nostalgia, términos que se complementan, ya que este último nos remonta a la memoria de lo ido.

Como la Crisis forma parte de nuestras vivencias con Mario y su hija y con quienes le acompañaron, se ha organizado una convocatoria de una donación colectiva para la Librería Crisis de Valparaíso, cuyo lugar de acopio será el Café Lulú Jazz ubicado en Huito 325 en Valparaíso, de lunes a viernes entre las 09:00 y 15:00 h. Se invita a editoriales, instituciones, autores y autoras a participar para colaborar con el renacer de la Crisis. Se recomienda que los libros se entreguen en cajas o paquetes perfectamente sellados y rotulados a nombre de Marilen Llancaqueo, según lo informado por el poeta, editor y bibliotecólogo Ernesto Guajardo.

La Librería Crisis debe ser como el Ave Fénix que se levanta desde las Cenizas para volver a emprender el vuelo. Y Mario Llancaqueo, QEPD, estará contento y sonriente desde la Eternidad para bien de todos quienes amamos y veneramos los libros como un patrimonio preciado de la Humanidad.