de Eduardo Contreras Villablanca

Por Andrea Calvo Cruz

La publicación de un libro de microficción es uno de aquellos eventos que se espera con ansias y, en este caso, resulta tener un gustillo especial. Eduardo Contreras Villablanca debuta con una obra cuya densidad y calidad literaria no hace más que confirmar su lugar en el corolario de aquella literatura narrada con lucidez; una voz que interpela a la memoria, al horror que sigue siendo tónica en la condición humana, a las criminalidades propias de seres que perfectamente pueden convivir con nosotros en momentos tan trascendentes como ordinarios —incluyéndonos, por supuesto— y al precio que debe pagarse frente a los llamados «saltos cuánticos» en materia de tecnología y el «progreso».

No hay soberbia en el hecho de declarar que Ediciones Sherezade —editorial especializada en microficción—suma hoy a su catálogo un título tan urgente como necesario: «Tiempos oscuros» surge en un momento donde creíamos que parte de los demonios seguían en el Averno pero no: están más presentes que nunca y con un hambre voraz.

En la obra dividida en seis apartados —Tiempos oscuros, Crímenes breves, Variaciones sobre Santiago, Rebelión y pandemia, Futuros distópicos y Cosas de animales—Contreras Villablanca construye para quien lee una complicidad que resulta dolorosa. En el primer apartado la memoria, que escalda y perdura como un monumento incólume, se alza de forma rabiosa, melancólica, con sólo un par de hojas como escudo y un bolígrafo como fusil; a veces con ternura y en otras como ese deseo de justicia retributiva que ansiamos se concrete, más aún, tomando en cuenta la época infame en la que vivimos actualmente; una de relatividades pueriles y negacionismos absurdos, tan propios de los neofascismos.

En Crímenes breves, el autor emprende un tutelaje en el terreno del género negro con la y el lector. Nos conduce por recovecos que gritan vendetta y razzia; una Némesis que carcajea al dictaminar el tratamiento adecuado a la afrenta o bien, al obstáculo que impide el equilibrio entre lo justo y lo legal. Sólo como anécdota: alguna vez, en un encuentro pandémico de microficción online, una colega española me comentó que para algunos letrados de su país la microficción negra no existía y la razón de ello es que era imposible construir un relato en tan «pocas palabras» sin que la historia fuese una «charada»… y es que al margen de que la ignorancia suele ser audaz, Contreras Villablanca a partir de este micro capítulo, nos toma del brazo para continuar la lectura con tres indicaciones precisas: la cobardía o la hidalguía es una elección de la cual no se escapa; jamás creerle al escorpión que por más que ruegue misericordia, ya sabemos cuál es su ineludible naturaleza y, por último, es en la empatía y complicidad con el sufrimiento del otro en donde existe salvación y punto final a situaciones que cuando violentan a uno, lo hacen con todos.

Variaciones sobre Santiago es el punto medio de esta excursión y me fue imposible no recordar a Lou Reed, cuando nos invitaba a caminar por el lado salvaje. Quizás nada que ver con Nueva York dirán algunos, pero lo que es cierto es que el autor nos devela una ciudad en constante asedio por personajes y situaciones aborrecibles; en otros relatos, devenires propios de una desesperada búsqueda de afecto para no enloquecer más de lo que ya se está y la fisura implacable que la nostalgia produce en el roce con lo cotidiano, por donde el sistema se mete dentro de la gente, enfermándola y convirtiéndola en depresivos funcionales o indiferentes patológicos; ejercicio narrativo que logra con un muy buen uso de lenguaje y que destila ironía, a la vez que crea atmósferas donde el sacrificio es tónica en un altar cada vez más deshumanizado y carente de dioses que escuchen plegarias.

Rebelión y pandemia, Futuros distópicos y Cosas de animales componen de forma magistral un mundo terriblemente posible dentro de la obra: criatura tricéfala, calzada con aquellos bototos militares que no sólo aplastan el follaje y las flores que ilustran la portada del libro: a cada pisada con tranco autócrata quema la tierra, la vuelve infértil, asegurando la extinción de todo lo considerado digno, permitido, normal, orgánico. Un panóptico de lo que fue y que jamás volverá a un estado conocido o seguro que como humanidad dejamos atrás al momento en que «cruzamos el Rubicón», tomándonos de una mano inerte y movilizada por microchips y 5G, con una candidez que debe tener al mismo Prometeo suplicándole al águila que se haga no sólo de su hígado, sino que de todo su compendio físico y con Zeus riendo a mandíbula batiente, gritándole «¡te lo dije, ahí está el resultado de tu generosidad y heroísmo, estúpido!».

«Tiempos oscuros» no es un libro más dentro de la obra de Eduardo Contreras Villablanca. Es un texto valiente, de una complejidad exquisita en cuanto a las temáticas que toca y en cómo se sostienen desde lo atemporal sus personajes, conflictos y atmósferas. Los distintos ritmos y cadencias que caracterizan los apartados y la condensación que logra en sus microrrelatos se establecen más allá de la escritura ocasional o a raíz de una antología: es una obra que demuestra trabajo en la técnica y una voz autoral que, si bien consagrada, se mueve con pericia y frescura dentro de las lides de las formas breves.

Tiempos Oscuros