Por Fernando Jerez
Manuscrito sobre la oscuridad es un libro que no da respiro. Lo digo con absoluta convicción por si a alguien lo persigue la sospecha de que en estas galas, el festejado suele elegir a un presentador incondicional que le asegure abundantes apologías.
Hace un tiempo, Max Valdés me preguntó si yo aceptaría presentar su novela que estaba a punto de entrar en circulación. Entonces yo no adivinaba que el libro me llegaría a última hora y que debido a las ocupaciones habituales que uno debe cumplir, no alcanzaría a leerlo en tan corto tiempo. Por consiguiente, le escribí un correo advirtiéndole que no podría acompañarlo en el acto de lanzamiento. Después y ya aliviado del compromisos, por curiosidad tomé el libro, y comencé a hojearlo. Confieso que me atrapó de tal manera que no pude abandonarlo. Por supuesto, me convenció que debía estar aquí y aunque confieso que no soy partidario a ultranza de los lanzamientos de libros, reconozco su importancia. Tal vez, esta ansiedad de los escritores por entrar en contacto con el público y los amigos tenga que ver con lo que Mario Benedetti dijera en alguna ocasión: “El impulso que lleva al escritor a revelar su secreto forma parte de su oficio, que es comunicar. Es común que el artista, tras el descubrimiento que ha efectuado a solas, quiera de inmediato comunicarlo, así sea oralmente. No importa a cuántos. A alguien. En ese instante no piensa que puedan quitarle un tema, copiarle un desarrollo. El arte es generoso, pródigo, dador, y la verdad es que el secreto del escritor sólo adquiere un sentido cuando se hace público”.
Manuscrito sobre la oscuridad es un libro que no da respiro. Lo digo con absoluta convicción por si a alguien lo persigue la sospecha de que en estas galas, el festejado suele elegir a un presentador incondicional que le asegure abundantes apologías. La calidad de esta novela nos brinda la oportunidad de recordar cuánto hace falta en este país que los medios de comunicación presten más atención a los libros y a los escritores chilenos. Una obra publicada, con suerte, con mucha suerte, recibe el comentario de un medio o dos, y pare de contar. No hay presupuesto para los honorarios de un crítico. Los diarios prefieren por poco dinero importar textos redactados y corregidos en los países de procedencia. Por supuesto, que en esta precariedad de difusión, no entran los pocos best sellers chilenos, la mayoría de ellos santificados primero en el exterior.
Estas divagaciones las digo a propósito de Manuscrito sobre la oscuridad, la novela envolvente que ha escrito Max. Valiéndose de un lenguaje sencillo, el escritor nos relata las vicisitudes de una familia chilena típicamente conservadora y pacata, en la que no faltan por supuesto, la oveja negra, la solterona hipócrita que busca compasión haciéndose la víctima en su silla de ruedas; el apestoso que no le ha trabajado un día a nadie; la esposa sometida y resignada; la nieta que crían los abuelos en ausencia de la madre, y el patriarca autoritario, un militar retirado, que intenta replicar en casa su pasado en el regimiento para imponer su fanática voluntad.
El escritor, en este caso Max, desde su condición masculina no cede su voz a un narrador hombre, sino a Sara. Cual actor consumado trabaja toda su novela con la visión de esta muchacha, y a través de ella conoceremos las peripecias de la familia Astorga García saturada de conductas anómalas que sorprenden desde niña a la mencionada Sara. Les confieso que no es fácil escribir en primera persona asumiendo con tanta fidelidad el alma femenina atormentada.
La madre de Sara ha fallecido prácticamente sin conocerla, ignora las circunstancias de su muerte y, además, quiere saber quién es su padre. Los abuelos que asumen su tutoría y el resto de la familia, guardan al respecto un silencio ominoso. En medio del ambiente sórdido que la rodea, Sara siente la pulsión obsesiva de conocer sus orígenes, su filiación y consanguinidad. Sara escarba en baúles y en viejas carpetas, entrevista a las antiguas amigas de su madre, seres esperpénticos y dementes, acosados por fantasmas y represiones.
Los personajes de esta novela no guardan fidelidad con los sentimientos, y la metodología conductual de su autor. Porque en estas vidas tan alejadas de la felicidad, hay sordidez, desconfianza, amargura. Y quizás debido a ello, Max ha incursionado en estos linajes colmados de taras y tan agresividades, para mostrarnos el rostro oculto y más cotidiano de lo que se cree, de nuestra sociedad.
Max es un escritor sensible. Lo he visto convivir con gentes de diversos ámbitos y jamás ha propiciado desencuentros, oposiciones, conducta que en el mundo que hoy vivimos ya no es una cualidad, sino que, por el contrario, ha devenido en un defecto que suele conducir a grandes decepciones.
Max logra una densidad novelística poco común en nuestros días. No hay relleno inútiles, ni vacíos sin sentido. La ruta de sus historias está bien pensada y las conduce manejando el suspenso con habilidad, reservando para cada capítulo pequeñas sorpresas que invitan al lector a seguir adelante.
Cuando se ha penetrado en estas vidas, oscuras —como el título del libro lo anuncia— obsesionadas por fantasmas y abatidas por el prejuicio, que han anidado en sus almas la infelicidad con resignación pusilánime, uno se interroga sobre el sentido de la vida, se pregunta cómo tantas personas que transitan en la realidad cotidiana se dejan corroer el alma sin la más mínima protesta, sin hacer un solo gesto de voluntad para cambiar el oscuro rumbo propio y el de los demás.
Como telón de fondo, esta novela reproduce el ambiente y ciertas conductas del período de autoritarismo extremo que vivió nuestro país, que cambió y suprimió tantas vidas y, también abarca la época posterior, la del rencor y el dolor para algunos, y para otros la nostalgia. Un paisaje que habrá de subsistir con mirada de futuro, como denuncia y alerta en las almas sensibles, en las canciones. en la pintura, en la danza, en los libros.
Ha sido pues, para mí sumamente grato presentar esta novela, escrita por un escritor esforzado, como lo son la mayoría de los escritores de nuestro país que no pueden dedicar tiempo completo a escribir. Acosados por múltiples quehaceres de sobrevivencia, producir buenos libros como este Manuscrito sobre la oscuridad, es casi un milagro. Pero el oficio, tiene también sus compensaciones y así lo dice Graham Green: “Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana.”
Muchas gracias.
***
Presentación de la novela Manuscrito sobre la oscuridad, de Max Valdés A., a cargo del escritor Fernando Jerez, en FILSA, noviembre del 2011.






Emotivo y crítico. Es un gran relato picaresco.