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	<title>Letras de Chile</title>
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	<description>Literatura  Chilena</description>
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	<title>Letras de Chile</title>
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		<title>POEMAS DEL DESARRAIGO DE JUAN ENRIQUE PIEDRABUENA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jun 2026 14:26:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eddie Morales Piña Han pasado trece años desde que se publicó este libro de Juan Enrique Piedrabuena (Santiago, 1951). Nunca supe de su existencia hasta que llegó a mí hace algunos días. He buscado googleando referencias sobre este texto, y sólo me he encontrado con un comentario crítico del poeta Rodrigo Verdugo, quien finaliza [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Eddie Morales Piña</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Han pasado trece años desde que se publicó este libro de Juan Enrique Piedrabuena (Santiago, 1951). Nunca supe de su existencia hasta que llegó a mí hace algunos días. He buscado googleando referencias sobre este texto, y sólo me he encontrado con un comentario crítico del poeta Rodrigo Verdugo, quien finaliza diciendo que ojalá el poemario de Piedrabuena tenga una buena acogida en el tiempo de su lectura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues bien, lo he recibido en 2026 y su lectura ha sido sumamente gratificante para quienes leemos poesía lírica. No todos los receptores asumen este tipo de poiesis. La poesía lírica es una forma de conexión especial entre el creador y quien lee. El texto poético adquiere unas resonancias especiales en su constitución lingüística, ya que no debemos olvidar que la poesía lírica es una forma peculiar del uso del sistema, norma y habla de la lengua. En este sentido, como lectores debemos dejarnos llevar por la retórica que el sujeto hablante nos propone. Cuando identificamos al enunciante sabemos que es la proposición lingüística de quien se revela a través de las palabras. Piedrabuena es el poeta lírico traspuesto en la enunciación, es decir, en los poemas que se leen como <em>Poemas del desarraigo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El título del poemario es de una simplicidad evidente, pero que tiene una connotación manifiesta de orden estético. El poeta Piedrabuena nos dice que son poemas, y agrega un complemento del nombre <em>del desarraigo.</em> La clave &#8211;<em>clavis</em>, llave- para entrar en la discursividad precisamente es el vocablo desarraigo. La portada de este libro, por otra parte, es significativa como paratexto, pues nos muestra una figura humana -un hombre- que va en actitud de caminante, mientras esta imagen está franqueada por dos sentencias. Una dice, <em>Soplan vientos en Barcelona</em>; la otra, <em>Cómo no haber aprendido la cueca, ahora lo lamento</em>. Las dos oraciones -versos- indican al receptor instancias existenciales o vivenciales que tienen que ver con la experiencia vital del hablante lírico que se revelará en la textualidad. Este sujeto escriturario es un desarraigado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La palabra desarraigo tienen resonancias que poseen una significación ominosa. Cuando leo este concepto, me acuerdo de <em>El Cid echado de tierra</em> -un ensayo entrañable de Joaquín Casalduero referido al Campeador en el famoso poema épico. Etimológicamente, desarraigo alude a sacar de raíz, en consecuencia, como actitud no sólo es dejar la tierra geográfica, sino una pérdida existencial. El desarraigo se conecta con el exilio, con la pérdida de lo más caro para quien sufre este extrañamiento, otra palabra que tiene una potencialidad evidente: perder lo esencial de la existencia como sujeto histórico. La pregunta es cuál es el desarraigo del hablante lírico de este texto que pone como núcleo tal vocablo. En la portada están dos palabras que se relacionan; una ciudad, Barcelona; otra, una que hace referencia al denominado baile nacional, la cueca. El receptor, por tanto, puede concluir que el sujeto hablante está exiliado en una ciudad europea y que, además, añora no haber sabido bailar la cueca. Efectivamente, ambas situaciones están en el interior del texto poético de Piedrabuena. Hay un desarraigo histórico del creador y, en consecuencia, evoca en el sustantivo cueca la pérdida de algo esencial referido a la identidad. Como lector, no sé cuándo emergieron a la superficie los poemas que componen en texto. El poeta Rodrigo Verdugo en el único comentario crítico que hallé, manifiesta que los escritos de la primera sección pudieron ser elaborados en una etapa temprana del autor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro del poeta Piedrabuena &#8211;<em>Petrus bonus</em>&#8211; está articulado, programado, estructurado sobre la base de dos pivotes. Son dos columnas vertebrales que sostienen y están entramados lingüísticamente en torno al motivo del desarraigo que tiene como componentes el tema del amor y el desamparo vivencial. En otras palabras, el desarraigo no sólo es espacio temporal, sino que se entronca con situaciones existenciales. En realidad, toda poesía lírica lo es. La poesía de Piedrabuena es existencialista con toques en la segunda sección, principalmente, donde el hablante adopta la perspectiva estética del sarcasmo y la ironía, como un poeta de la Baja Edad Media francesa, Francois Villon, o el poeta medieval hispánico Joan Ruiz, o incluso con una retórica <em>quevediana</em>. La primera parte se denomina <em>Poemas del hombre que camina</em> -y allí está la respuesta del paratexto-, mientras que la segunda lleva por título <em>Poemas del hombre sentado</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es en la segunda parte donde la retórica del hablante lírico nos lleva a una discursividad casi rabelesiana -Francois Rabelais- especialmente en el uso de una retórica de la oralidad que nos lleva a la cultura popular con elementos de sátira, humor, sarcasmo y comicidad para conectarnos con el desarraigo más allá de lo que la palabra nos pueda significar o connotar. Como escribió el poeta Rodrigo Verdugo, no copio poemas a modo de ejemplo porque no se puede captar la esencia de la poeticidad de Juan Enrique Piedrabuena, sino a través de la lectura íntegra de sus textos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, la experiencia lectora de <em>Poemas del desarraigo</em> ha sido un descubrimiento estético. Trece años después de su emergencia sigue manteniendo su lozanía escrituraria que invita a su lectura. Googleando encuentro que hay una segunda edición de 2024.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Juan Enrique Piedrabuena: <em>Poemas del desarraigo</em><br>Chile. Libros del Amanecer. 2013. 91 pág.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="755" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_poemas-del-desarraigo-755x1024.jpg" alt="Poemas del desarraigo" class="wp-image-18499" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_poemas-del-desarraigo-755x1024.jpg 755w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_poemas-del-desarraigo-221x300.jpg 221w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_poemas-del-desarraigo-768x1041.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_poemas-del-desarraigo.jpg 944w" sizes="(max-width: 755px) 100vw, 755px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Poemas del desarraigo</em></figcaption></figure>
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		<title>SOBRE RENDICIÓN DE CUENTAS, DE GALVARINO SANTIBÁÑEZ</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/06/25/sobre-rendicion-de-cuentas-de-galvarino-santibanez/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 19:27:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Sergio Infante Reñasco ¿A qué clase de balance puede referirse esta Rendición de cuentas, del poeta Galvarino Santibáñez (Mejillones,1959), radicado en Suecia desde hace más de cuatro décadas? Estamos ante un libro de poemas –cuidadosamente editado en la Colección Pleamar de Pampa Negra Ediciones, que además cuenta con un prólogo de Patricia Bennett Ramírez [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Sergio Infante Reñasco</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿A qué clase de balance puede referirse esta <em>Rendición de cuentas</em>, del poeta Galvarino Santibáñez (Mejillones,1959), radicado en Suecia desde hace más de cuatro décadas? Estamos ante un libro de poemas –cuidadosamente editado en la Colección Pleamar de Pampa Negra Ediciones, que además cuenta con un prólogo de Patricia Bennett Ramírez y un epílogo de Daniel Rojas Pachas– dividido en tres partes: “Hoja debida”, “Otredades” y “Plan de fuga”. Conviene advertir que no es fácil dilucidar si estas no son más que las secciones de un poemario o constituyen una trilogía publicada en un solo volumen, y que este pequeño enigma bien puede ser parte de la juguetona ambigüedad con la que, junto a otros recursos, este poeta exige magistralmente que su lector se mantenga atento y participante. En cualquier caso, a juzgar por las fechas de algunos textos, se trata de una obra de largo aliento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Veamos “Hoja debida”, donde <em>debida</em> puede leerse tanto refiriéndose a una deuda (de la que se da constancia agradecidamente) como a un deber (el escriturario, por supuesto). Y como si esto no fuese suficiente, al ser la poesía algo que se escucha, esta Hoja debida se transforma en Hoja de vida (hablo de lo que estoy viviendo). Lo normal sería esperar que el contexto inmediato –el que se infiere de las combinatorias en el texto– fuera el camino para desambiguar estas posibilidades, pero el poeta Santibáñez es lúdico por naturaleza y su lector ha de estar atento a los juegos de palabras, asociaciones libres, alusiones, ironías y hasta parodias que le saldrán al paso en esta parte y a lo largo de todo el libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En relación con “debida” veremos que las tres posibilidades se mantienen. Como deuda, al leer advertiremos que en la mayoría de los poemas hay referencias a la poesía de habla castellana, desde las jarchas a los poetas contemporáneos, podemos leer: “Tú escribes un poema, también yo. Es el mismo poema, el mismo texto:/ tú borras un verso a un millón de años de distancia del mío/ y ese versículo aparece como una serpiente en mi poema” (19). Galvarino Santibáñez vive en Suecia y necesita conservar su lengua materna. La citas y alusiones a la obra de estos poetas le son necesarias para reafirmar una raíz que le es fundamental y que lo habita y lo lleva a manifestar su deuda con ese mundo. Como buen poeta de la diáspora no olvida su origen. Siente el deber de saldar esa deuda mediante su propia escritura poética y la acción de esto y su resultado también constituyen su “Hoja de vida”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Otredades” está llena de alusiones al lugar donde el poeta reside y escribe sus versos pero también a su país natal, mirado ahora desde la lejanía y el recuerdo. La ironía tan peculiar en este poeta no deja cabida a ninguna clase de sentimentalismo. Hay, eso sí, una mirada crítica, como si siempre se estuviera subrayando una cierta inconformidad tanto con respecto al país de origen como el de acogida, de modo que esta circunstancia siempre queda al desnudo. No en vano “Otredades” comienza con un largo poema titulado “Cartas en el asunto” y en él puede leerse en su sección XI: “De qué transformación/ social o personal me habla usted. //Usted se deshilacha. / Usted se pudre. //Viviendo a los cuarenta/ una vejez por adelantado/ en una casa de reposo/ donde infancia, juventud y ancianidad/ se trenzan y confunden/ en el Abrazo Apocalíptico del Bienestar” (73). En este “Usted”, al que la voz se dirige y que, sin lugar a duda, es un testaferro de un “Yo”, se aprecia una falta total de amargura o resentimiento que quizá serían comprensibles debido al tema (el exilio por convención es doloroso y no está exento de rencores). Lo plañidero no tiene cabida porque estamos ante un poeta cuya actitud crítica y notablemente lúdica lo lleva por otros caminos, donde el distanciamiento garantiza nuevas y necesarias significaciones, en las que no faltan unas buenas dosis de autoironía. Así, en el poema “La pantalla es una herida”, leemos: “Soy un feto/ Saco la cabeza del televisor uterino/ Éxito:/ Me reencarno en un telespectador nórdico” (120). Y en la página siguiente: “Yo fui fusilado/ contra una pantalla. /Me tocó el paredón/ de la Carta de Ajuste” (121).</p>



<p class="wp-block-paragraph">También hace parte de “Otredades” el acercamiento a un buen número de poetas y escritores contemporáneos con los que dialoga. Entre otros, Enrique Lihn, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, César Vallejo, Borges, Pessoa, Celan. Esta parte obedece al título “Actos de presencia” y tiene un epígrafe muy sintomático: “Si estás en la Palabra, tienes Patria” Estos diálogos, plasmados en la lectura y en la propia escritura, son para el ánimo del poeta Santibáñez como una isla en medio de un mar de desarraigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tercera parte, “Plan de fuga”, donde aparecen unas cuantas páginas en prosa, marca una acentuación de la disconformidad, manifiesta ya en el epígrafe de Paul Celan que la precede: “Negro se abre el portón, yo canto:/ ¿Cómo pudimos vivir aquí?”. Los primeros poemas se titulan “Baladas”, en ellos la presencia de la autoironía es notable: “El espejo de la casa/tiene una raya/en el centro/La partidura del dueño/va por dentro” (131) que recuerdan un dolor semejante al que se expresa en la conocida frase “La procesión va por dentro”; es decir, hay una gran pena que no se exterioriza. Sintomática es la última estrofa de estas baladas: “Te ves más viejo que nunca/ en este espejo recién comprado” (133).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema de la muerte no es ajeno a este “Plan de fuga”, sobre todo en los poemas de “Rondó”, que comienza con un sintomático “[recado a Francisco de Quevedo] “A los cuarenta/ la muerte nos sorprende con el primer agarrón// A los cuarenta y siete/ nos empieza a correr mano (aunque no delante de todos)” (149). En “Plan de fuga” también se intercala la prosa. Así, en “Pasacalles” encontraremos una suerte de poética que subraya una búsqueda no exenta de humor:</p>



<p style="margin-left: 80px;">La literatura bien puede llegar a ser una venganza. La literatura bien puede ser la intérprete de la locura; la literatura bien puede ser todo un malestar orgánico organizado en signos afásicos, en dislalia compulsiva; puede ser las últimas llamas de un fuego sofocado por la sociedad establecida, en donde huele siempre a quemado, aunque no sea bueno preguntar de dónde provienen esas cortinas de humo (138-139).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La visión poética tan propia de Galvarino cerrará el libro con otro texto en prosa: “José Donoso traductor” (189-198), donde bajo el disfraz de una larga nota literaria, se produce una doble parodia: por un lado, se tocan los gustos estéticos y la obra del gran escritor chileno; por otro, al género y a la voz que se emplean al hacer este comentario. En este último aspecto, se puede concluir que Galvarino Santibáñez, una vez más en este libro, ha asumido, desde una risueña y sabia claridad, que el lenguaje es la casa del ser (Heidegger).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y deja ante nosotros, sus lectores, una obra que nos mantiene despiertos y pensantes con su placentera y aguda singularidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Galvarino Santibáñez: Rendición de cuentas<br>Pampa Negra Ediciones, Antofagasta, 2026</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img decoding="async" width="741" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/rendicion-de-cuentas-741x1024.jpg" alt="Rendición de cuentas" class="wp-image-18494" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/rendicion-de-cuentas-741x1024.jpg 741w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/rendicion-de-cuentas-217x300.jpg 217w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/rendicion-de-cuentas-768x1062.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/rendicion-de-cuentas.jpg 926w" sizes="(max-width: 741px) 100vw, 741px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Rendición de cuentas</em></figcaption></figure>
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		<title>LA VENDEDORA DE NARANJAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jun 2026 12:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Rubén González Lefno El barrio donde yo nací estaba conformado por ranchas, muchas de ellas con piso de tierra, ventanas tapadas con plástico y las calles… en realidad eran unos callejoncitos estrechos donde el barro abundaba en invierno tanto como el tierral en verano. Y nuestros juguetes eran un pedazo de tabla, algún tarro [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Rubén González Lefno</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El barrio donde yo nací estaba conformado por ranchas, muchas de ellas con piso de tierra, ventanas tapadas con plástico y las calles… en realidad eran unos callejoncitos estrechos donde el barro abundaba en invierno tanto como el tierral en verano. Y nuestros juguetes eran un pedazo de tabla, algún tarro y cualquier cosa que aparecía tirada sobre el suelo. Claro que para nosotros cada cosa nos parecía un juguete de verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una ocasión, cuando ya era adulta y todavía soltera, conversando con unas amigas surgió la inquietud de identificar el recuerdo más importante que cada una guardaba de su infancia. En mi caso recordaba diversas situaciones, algunas divertidas y también otras serias, experimentadas en el campamento, pero sin ninguna duda mi recuerdo más importante estaba relacionado con algo ocurrido en otro lugar, parece extraño pero es así.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era pequeña, pero dicho recuerdo es el que siempre he conservado y del que nunca he querido hablar con nadie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada mañana salía según lo demandaba el hábito heredado de la familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo suyo era coger el canasto y mirar fuera de la modesta mediagua del campamento. De las condiciones climáticas dependía que saliera únicamente con chaleco o llevar la parka, ya gastada de tanto trajín.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A sus diez años había aprendido el arte del comercio ambulante acompañando a su madre, también el conocimiento de calles y avenidas para evitar confusiones y un probable extravío, del que la madre no aceptaba explicaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Si te pierdes y te atrasas verás lo que te va a pasar- era la sentencia, asimilada y sobre todo temida desde que tuvo uso de razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hacía semanas que había llegado el periodo de vacaciones, llenando de alegría a los niños del campamento. Ella también lo celebraba, pues podría jugar con sus amigas y amigos, dormir hasta más tarde y vivir cada día sin aquellos deberes que la obligaban por largo rato ante un cuaderno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su chaleco esta vez bastaría para transitar a la intemperie. Calzó sus zapatillas, cuya suela se desgastaba más pronto de lo que hubiera querido y, canastillo en mano, salió a la calle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comenzó el recorrido por el sector de aquellas viviendas en las que habitualmente alguien le compraba alguna de sus naranjas. Luego avanzó más allá de la pequeña plaza, donde se detenía al regreso para descansar los pies, sin descuidar el canastillo dentro del cual solían quedar unas tres o cuatro de la docena de naranjas que tenía como misión vender. Claro, cuando lograba que le fueran compradas más de la mitad del total se sentía feliz, sabiendo que su madre estaría conforme con el resultado. En un par de oportunidades había regresado con el canastillo vacío y muchas monedas en el bolsillo de su chaleco. Eran las ocasiones en que todo parecía hermoso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los innumerables periplos por diversos sectores de la ciudad la habían dotado de suficiente destreza en reconocer los lugares de mejores expectativas, como el terminal de los minibuses, donde había varios señores que siempre esperaban sus naranjas, también aquel recinto donde se construía un gran edificio, en el que igualmente le compraban tres o cuatro unidades de su mercadería, mientras se extasiaba observando aquella enorme estructura de metal que parecía oscilar cerca del cielo trasladando cargas que desconocía.. Pero también debía caminar largas cuadras en que todo resultaba estéril. Y observaba dentro del canastillo, contaba las naranjas, revisaba sus monedas y suspiraba bajo el sol agotador del verano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, durante uno de sus recorridos, con la carga todavía completa, decidió virar hacia una calle por la cual transitaban muy pocas personas. Observaba las viviendas de colores hermosos, los jardines con sus flores llamativas, así como las veredas y los árboles imponentes, mientras avanzaba cambiando de mano el canastillo, haciendo un breve alto para recuperar energías y retomar el paso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue en una de esas andaduras que en un ventanal, diferente a todos los otros de la cuadra, algo le llamó la atención. Un niño sobre una silla observaba la escasa dinámica de la calle. Lo miró con curiosidad reparando que él la observaba con una sonrisa. En ese momento otro niño –varios años mayor y con lentes- salía de la vivienda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Cómprame una naranja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él sonrió. Luego de un momento sacó unas monedas del bolsillo y compró.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-¿Una sola?</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Una no más, es para mi hermanito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella observó nuevamente la ventana. El niño le sonreía agitando una de sus manos.<br>Desde ese día, cada uno de sus recorridos incluyó desplazarse frente a la casa del ventanal y su antejardín de césped y flores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunas ocasiones el hermano de lentes comparaba una o dos naranjas, mientras el niño sonreía desde su silla tras los vidrios. Así la relación poco a poco pasó a convertirse en cotidiana y amistosa. Y fue un par de semanas después de su primera incursión que, de pronto, al llegar frente a la casa encontró el ventanal vacío. Extrañada y sombría mantuvo la mirada sin explicarse qué había ocurrido, hasta que de pronto vio al niño de lentes aparecer por la puerta cargando al pequeño en los brazos. En silencio vio que lo acomodaba sobre el césped e ingresaba a la vivienda para regresar con una pequeña silla y una bolsa con juguetes. Al reconocerla el pequeño sonrió y ella se acercó tímidamente. Luego, sentada sobre el prado, miraba los juguetes junto a él: un caballito que parecía galopar sobre su base de metal, la figura de una locomotora que poco después quedaba en el suelo, así como un par de palitroques que agitaba en sus manos antes de pasárselos a ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De pronto reparó en el canastillo y extendió su mano diciendo naranja, naranja. Ella miró al hermano mayor que limpiaba sus lentes y entregó una fruta al niño. Calculaba que tendría unos cinco años, como su primito, que de vez en cuando llegaba junto a la tía a visitarlos al campamento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jugaron por cerca de una hora hasta que ella recordó que debía continuar con la venta cotidiana y se despidió. El niño dejó de sonreír con la naranja entre sus manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Mañana, mañana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Sí, mañana vendré -respondió ella alejándose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquella noche durmió a sobresaltos. La figura del pequeño con la naranja en las manos se le aparecía una y otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente salió con el canastillo más temprano que lo habitual. Y sin cumplir con el recorrido acostumbrado se apresuró hasta la casa del ventanal, el niño y el pasto verde. Apenas llegó reconoció la ancha sonrisa tras los vidrios y en pocos segundos el hermano lo trajo para posarlo sobre suelo con sus juguetes. Ambos compartieron alegría y gritos. De pronto al niño se le resaló la naranja que tenía en una de sus manos, la que rodó sobre el césped hasta detenerse junto a un arbusto. Ella corrió a traerla y, luego de un momento, el canastillo estaba vacío mientras las naranjas rodaban después de haber sido lanzadas por ambos. Las risas se convirtieron en carcajadas cuando ella -presurosa por traerlas de vuelta- resbaló cayendo de bruces sobre el pasto. El juego se repitió una y otra vez durante horas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuevamente debió despedirse para salir presurosa con el canastillo, después de haber llamado al hermano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Tengo que ir a vender las naranjas- afirmó girando la cabeza para ver al pequeño que ahora la miraba triste.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No había entendido mucho lo explicado por el hermano días antes. Pero tuvo claro que había nacido con algunas dificultades y que su condición era frágil, lo que explicaba el impedimento para ponerse de pie y dar algún paso. También escuchó que diariamente debían darle unos medicamentos para evitar dolencias de las cuales no entendió nada, excepto que su cuerpo era muy débil y enfermaba con facilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces cada día era dejar atrás las calles polvorientas del campamento, continuar por la avenida cercana hasta virar en la calle de la vivienda, reunirse en el prado, hacer rodar las naranjas, alinear los juguetes y disputar batallas interminables que los hacían retorcerse de risa hasta quedar tendidos, mientras ella lanzaba cada una de las frutas hasta sus pies. Así, el patio se convirtió en el escenario donde ambos convertían en realidad cuanto imaginaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una oportunidad trasladó a duras penas al niño hasta donde la superficie del césped declinaba, dejándolo apoyado cuidadosamente para, desde unos metros más arriba, enviar rodando cada una de las naranjas hasta los pies de su amiguito. En esa ocasión se convencían que era un incontrolable movimiento sísmico el que provocaba un desastre. Así, el patio un día fue también el océano sobre el que se desplazaba el canastillo cual embarcación gigante luchando sobre el oleaje, desafiando un ventarrón apabullante que en un momento volcaba la nave, desparramando sobre el oleaje verde juguetes y frutas. Fue la primera vez en que un osito de género apareció en los juegos y desde entonces para ella resultó irresistible abrazarlo y entregárselo simulando un recién nacido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Más, más- decía él. Y ella volvía a cargar la nave reiniciando la travesía hasta repetir el volcamiento y las risotadas interminables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de un par de horas –preocupada- corría por las calles tratando de vender la fruta, ahora machucada. Algunas veces conseguía lo justo para evitar la reprimenda de la madre y, durante el resto del día, rogaba que las horas transcurrieran prontas para dormir, levantarse y repetir la carrera rumbo al jardín de la felicidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Naranja- dijo apenas la vio llegar. Y ella desgajó una de las frutas compartiendo su cariño en cuclillas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de un rato se encontraban en medio de un acantilado que los obligaba a aferrarse mutuamente para avanzar hasta la cima de una montaña gigantesca, debiendo regresar lentamente hasta el valle, los juguetes y el canastillo. Y en cuanto conseguían llegar comenzaban una nueva aventura, previo a la cual le entregaba el osito que ella acunaba balanceándolo entre los brazos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Días después los palitroques luchaban en una cruenta batalla contra enemigos invisibles, atacándolos hasta sitiarlos después de lanzarles aquellos proyectiles redondos. Y se anotaban una victoria heroica dirigidos por el niño, mientras ella hacía avanzar la locomotora tripulada por palitroques, emitiendo su rugido y provocando pavor en el enemigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El patio también fue salón de fiesta, como en aquella ocasión en que el osito de género bailaba celebrando jubiloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Naranja, naranja- dijo él. Entonces extrajo varias desde el canastillo para incorporarlas al baile, provocando en el pequeño una alegría inigualable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y fue en una de tales situaciones que -para trasladarlo un poco más cerca de la casa- lo cogió con ambos brazos, alzándolo y poniéndolo de pie. Por alguna razón supo que lo siguiente quedaría grabado para siempre en la memoria de sus afectos. De pie y afirmado fuertemente de ella, el rostro del pequeño se convirtió en expresión inenarrable de felicidad mientras lo hacía dar uno, otro y otro pasito sobre el prado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otra jornada de aventuras levantó el canastillo asegurando que llegaba un avión cruzando la ciudad y que sobrevolaba el patio, aumentando el ruido mientras se acercaba a tierra. El niño levantaba la mirada mientras la nave aérea se suspendía cerca del suelo y –en cuanto quiso elevarse- desde su interior cayeron los bultos redondos de color inconfundible, uno de los cuales llegó a las manos del pequeño, que lo atrapó en medio de carcajadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Naranja, naranja- decía, mientras el avión reanudaba su vuelo hasta que, luego de dar un lento rodeo, bajaba para aterrizar a sus pies, cerca de la tapia de ligustrinas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un mediodía ella puso una de sus piernas dentro del canastillo, acercó a su amiguito hasta que igualmente pudo acomodarlo con uno de sus pies dentro de lo que ahora se convertía en barco para cruzar nuevamente el océano plácido, que los llevaba mientras se abrazaban imaginando una embarcación que se perdía en lontananza luciendo sus velas blancas. Avanzaban afirmados de la nave y no había ola alguna que amenazara volcarlos. Momentos después una agradable calma los bendecía sobre una playa de pétalos y, poniendo distancia de la orilla, descansaron de la travesía deteniéndose en medio de una alfombra de geranios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otra ocasión -después de esforzarse durante un largo rato- logró instalarlo dentro del canastillo con ambas manitos en el asa de mimbre. Fue entonces el piloto de un enorme camión que se desplazaba llevando una carga que lo obligaba a maniobrar, acelerando y frenando ayudado por ella que imitaba el ruido del vehículo, mientras ambos reían, porque la abrupta detención provocaba el desparramo de la carga sobre el prado y el volcamiento que los unía riéndose abrazados al osito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La visita al paraíso de los juegos se había convertido en su mayor alegría. Por ello cada día se apresuraba a llegar hasta allí para recrear las aventuras de él, de ella, de los juguetes, las naranjas y el osito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mañana, poco antes de mediodía, llegó una vez más hasta la vivienda. Extrañamente, el ventanal se encontraba vacío. Se acercó y esperó. Después de un rato se atrevió a tocar la puerta. No hubo respuesta. Insistió, pero el silencio se mantuvo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabizbaja y sin ser capaz de aventurar alguna explicación regresó al campamento. Al día siguiente concurrió de nuevo a la casa del jardín ahora vacío y nuevamente encontró el ventanal abandonado. Esta vez fue presa de una tristeza enorme y regresó sollozando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al tercer día encontró al hermano de lentes que salía de la casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Está hospitalizado -explicó-, ha estado en otras ocasiones y después de algunos días lo dan de alta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada uno de los días siguientes insistió y cada vez debió regresar después de golpear infructuosamente la puerta y mirar largo rato hacia los vidrios de la ausencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había transcurrido más de una semana cuando despertó presa de tercianas. La mamá se preocupó al verla empapada en transpiración. Debió permanecer en cama durante varios días, hasta que superada la fiebre pudo levantarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el primer impulso corrió hasta la casa de su amiguito. Apenas llegó, ansiosa y expectante, se encontró con el ventanal cubierto de cortinas. Esta vez no intentó golpear la puerta y permaneció inmóvil unos minutos. Se aprestaba a emprender el regreso cuando de pronto salió de la casa el hermano mayor que -con expresión sombría- traía algo en una de sus manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces ella se negó a aceptar que fuera verdad la explicación de frases entrecortadas que escuchaba como algo irreal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Antes de marcharse me mostró el osito y reiteró que te sea entregado. Repetía naranja, naranja -explicó con los lentes empañados- y ahora es tuyo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante largos años nos hemos divisado esporádicamente con el hermano, pero nunca volvimos a conversar, así como jamás regresé al jardín de los juegos de aquel verano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunas oportunidades mis hijos me han preguntado por qué les niego el antiguo canastillo y el juguete, los que por tanto tiempo me han acompañado en el local.</p>
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		<title>UN ARCOÍRIS EFÍMERO: LOS HOMBRES DE LA RUBIA DE KENNEDY</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2026 22:16:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>DISTOPÍA CRIMINAL DE IGNACIO FRITZ Por Bartolomé Leal Este nuevo libro de Ignacio Fritz es una nueva invitación a lanzarse al oscuro abismo donde la vida y la muerte, el mundo y el antimundo se confunden. Temáticas caras al autor, conocido por su compleja narrativa no siempre accesible a un lector medio. Bueno, como Burroughs, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">DISTOPÍA CRIMINAL DE IGNACIO FRITZ</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Bartolomé Leal</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este nuevo libro de Ignacio Fritz es una nueva invitación a lanzarse al oscuro abismo donde la vida y la muerte, el mundo y el antimundo se confunden. Temáticas caras al autor, conocido por su compleja narrativa no siempre accesible a un lector medio. Bueno, como Burroughs, Kerouac o Céline, guardando respetuosas distancias. Por ello, cuando la entrega significa un patente salto en la calidad literaria, uno puede reconocer que involucrarse en esta experiencia da réditos estéticos; en medio de la rutina creativa que nos acosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El género negro nacional, para más remate, se halla quizá sumido en un cierto conformismo; sus temáticas parecen haberse quedado en los manoseados horrores de la dictadura militar (sí, hubo una hace casi medio siglo) y que, en soterrada connivencia con la industria editorial, ni siquiera se anima a meterse con el “estallido social”, por ejemplo. Como que el popular concepto de la novela negra como el “realismo social” del siglo XXI estuviera haciendo estragos en nuestro género en la versión criolla. Como que se hace metástasis en la prolongación del autor que es el lector. Tal vez por eso nos ahogamos en la indiferencia de la calle, vaya. La democracia es un tapiz deslavado. Los votos suelen ser irrelevantes. Sobre todo cuando la derecha gana elecciones. Hay que volver a un pasado heroico mistificado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor de <em>Los hombres de la Rubia de Kennedy</em> no se interesa por tal enfoque. En la novela de Ignacio Fritz la distopía se da con otro signo. Allende no ha sido depuesto y la Dictadura del Proletariado gobierna. Bueno, no vamos a adelantar sobre eso, aspecto particularmente entretenido de la narración, y donde la ultraderecha es la que actúa de manera brutal contra la disidencia, esta vez encarnada en el propio gobierno. La propia policía del régimen no le va en zaga, en todo caso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ignacio Fritz ha escrito uno de sus mejores libros, esta distopía criminal como la subtitula, que travesea con un grandioso mito urbano santiaguino: “La rubia de la avenida Kennedy”. Dicha mujer habría muerto en un accidente automovilístico en la Kennedy con Gerónimo de Alderete, pero cundieron las sospechas de que murió en circunstancias misteriosas, con el supuesto asesino suicidado. Se dijo que penaba en esa esquina mortal y asediaba a los taxistas. Un arcoíris efímero, pone Fritz. El tema tuvo prensa, hasta Halloween tocó su parte, se hizo una película que pasó sin pena ni gloria, pocos escritores se atrevieron con el tema, tal vez porque no conocían el barrio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fritz no se mete con la arista forense, sino con el hecho de que la rubia asesinada vive a medio camino entre el mundo y el inframundo. Sigue buscando hombres de verdad. Un alma en pena. Por ahí el libro cita una investigación que afirma que el “peso del alma” es 21 gramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bella edición, ¿qué dice el editor? Pues invito a leer la muy buena contratapa:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se nota que Ignacio se lo investigó todo. ¿Por qué lo considero un libro destacable? Pues por su buen uso del lenguaje popular en varios medios sociales; por su sintaxis adecuada al tipo de relato y su estilo, nunca lineal aunque con la brújula bien conectada para lograr fluidez narrativa; por su visión original y nada farandulera del mito urbano santiaguino que se conecta con otros foráneos; por sus guiños a la ciencia ficción ciberpunk, sobre todo al brillante concepto acuñado por William Gibson de los “fantasmas semióticos”, ese popurrí de imágenes, ideas o mitos del pasado que quedan dando vueltas en el inconsciente colectivo; porque el autor, además, hermana la caca que tiene en la cabeza con aquel inconsciente colectivo, haciendo un continuo reciclaje de publicidades, canciones, películas, el porno, personajes deleznables y farsantes de todo tipo…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una novela que me permito poner al lado de un par, sin perjuicio de que haya otras igualmente notables en la línea de una renovación del noir chileno: El Caníbal de Laguna Verde: La historia del comeporteños» (2013) de Cinthia Matus; y El detective del absoluto (2024) de Pablo Rumel. Menciono al paso, en línea original, a autores como Juan Calamares y Aníbal Ricci.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bueno, aquí van como complemento algunas preguntas que hago al autor, a ver si nos aclara algunos conceptos acerca de su obra:</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="291" height="348" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/02a.png" alt="" class="wp-image-18487" style="width:291px;height:auto" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/02a.png 291w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/02a-251x300.png 251w" sizes="(max-width: 291px) 100vw, 291px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Se nota que Ignacio se lo investigó todo. ¿Por qué lo considero un libro destacable? Pues por su buen uso del lenguaje popular en varios medios sociales; por su sintaxis adecuada al tipo de relato y su estilo, nunca lineal aunque con la brújula bien conectada para lograr fluidez narrativa; por su visión original y nada farandulera del mito urbano santiaguino que se conecta con otros foráneos; por sus guiños a la ciencia ficción ciberpunk, sobre todo al brillante concepto acuñado por William Gibson de los “fantasmas semióticos”, ese popurrí de imágenes, ideas o mitos del pasado que quedan dando vueltas en el inconsciente colectivo; porque el autor, además, hermana la caca que tiene en la cabeza con aquel inconsciente colectivo, haciendo un continuo reciclaje de publicidades, canciones, películas, el porno, personajes deleznables y farsantes de todo tipo…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una novela que me permito poner al lado de un par, sin perjuicio de que haya otras igualmente notables en la línea de una renovación del noir chileno: <em>El Caníbal de Laguna Verde: La historia del comeporteños</em>» (2013) de Cinthia Matus; y <em>El detective del absoluto</em> (2024) de Pablo Rumel. Menciono al paso, en línea original, a autores como Juan Calamares y Aníbal Ricci.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bueno, aquí van como complemento algunas preguntas que hago al autor, a ver si nos aclara algunos conceptos acerca de su obra:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>P: Te gustan las duplas de detectives, canon recurrente en el género y un buen recurso para diálogos sabrosos. ¿Qué crees que hace diferentes a los tuyos?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>IF</strong>: No creo que haya mayor diferencia con otros autores del género <em>noir</em>. Sherlock Holmes tiene a Watson. Rex Stout a Nero Wolfe y Archie Goodwin. En fin. Hasta Batman tiene a Robin. Creo que es un recurso eficaz mientras otorgue impulso y que la acción corra a través del dúo. Los míos, claro, juegan con postulados que integro en ambos arquetipos, el veterano y el joven. Aparte, ambos son como el agua y el aceite, pero por tema trabajo, se bancan. Ambos desean encontrar la verdad, aunque en lo personal pienso que la “verdad” en las personas es solo una interpretación de la misma y no se llega nunca a la verdad inmutable que solo está en el mundo de las ideas. Como tú bien pusiste en el texto de más arriba, son temas que tal vez me son “caros” o queridos; y para qué decir “caros” para el lector medio (si es que existe), que no debe tener idea quién fue Platón pero sí Felipe Camiroaga o Naya Fácil.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>P: Ese tráfico entre lo real y lo imaginario nos mete en la distopía de la Unidad Popular en el poder y dentro de aquello, perturbador de por sí, hay otros niveles de inverosimilitud, ¿qué buscabas?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>IF</strong>: Divertirme, en primer lugar. Supongo que se le ha dado guaraca al tema dictadura. ¿Por qué no verlo desde el otro lado? Con respecto a la verosimilitud, para mí no cuenta. Sí cuenta la coherencia interna y en cómo planteo cada párrafo. Es triste observar cómo el martilleo de lo “correcto” o “incorrecto” permea la prosa de los escritores actuales. El <em>noir</em> ha derivado a <em>gray</em> y los árboles no dejan ver el bosque y parece que el tema de la dictadura quedó pegado como ese comercial de los ochenta de Poxilina. Se puede escribir hasta de lo inimaginable siempre y cuando se tenga el talento y la perseverancia para hacerlo. Para mí vivir lo que se debe escribir es un recurso válido para los escritores “normales”; el tema es que yo, como escritor, soy friqui y anormal. Lo de verosimilitud o no, eso es para los cultores del realismo social o la autoficción que tanto me apesta. Igual, qué bueno que pienses que es uno de mis mejores libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>P: ¿Crees que este libro supera las controversias de otros anteriores y que te hacen una figura no digamos revulsiva, aunque sí para evitar?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>IF</strong>: Nunca me he enterado de esas controversias, de partida. Estoy disponible para que me llamen o me las digan en la cara; si no, no vale. Como narrador enfrentado a otros, trato de ser lo más educado posible; de hecho, me sorprende que el cotilleo de pasillo impera más que lo que te comenté sobre qué es la verdad en lo real. O qué es mito de lo que no lo es, como lo de la Rubia de Kennedy. Parece que estas controversias en las que he estado involucrado no son descartadas con el buen juicio. Una persona juiciosa preguntaría a la fuente (en este caso, yo), no se quedaría con la chimuchina de los haters de siempre, que abundan aquí. Esa es mi verdad. Lo que sí me queda claro es que ser educado no da muchos réditos en colegas con su cantinela figurativa de siempre y aquí pienso lo mismo que Bolaño acerca de los escritores; que en la realidad (y me incluyo), “son unos gilipollas”. Hay algunos que te ven en el mercado persa y no te saludan… Finalizo citando otra vez a Bolaño: “Nada pidas, que nada se te dará. No te enfermes, que nadie te ayudará. No pidas entrar a ninguna antología, que tu nombre siempre se ocultará. No luches, porque siempre serás vencido…”. Esa es la verdadera caca de los escritores. Súmale “chilenos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ignacio Fritz: <em>Los hombres de la Rubia de Kennedy. Una distopía criminal</em></strong>, Emergencia Narrativa, Santiago de Chile, 2026</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="606" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/los-hombres-de-la-rubia-de-kennedy-606x1024.jpg" alt="Los hombres de la Rubia de Kennedy. Una distopía criminal" class="wp-image-18488" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/los-hombres-de-la-rubia-de-kennedy-606x1024.jpg 606w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/los-hombres-de-la-rubia-de-kennedy-178x300.jpg 178w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/los-hombres-de-la-rubia-de-kennedy.jpg 758w" sizes="(max-width: 606px) 100vw, 606px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Los hombres de la Rubia de Kennedy. Una distopía criminal</em></figcaption></figure>
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		<title>LUISA VALENZUELA, PROTAGONISTA DEL II ENCUENTRO MINIFICCIÓN LATINOAMERICANA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jun 2026 19:37:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[EIM26]]></category>
		<category><![CDATA[Microficción]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La premiada escritora argentina Luisa Valenzuela será una de las grandes invitadas del II Encuentro Latinoamericano de Minificción, que se realizará en la primera semana de septiembre en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. El evento es organizado por la Corporación Letras de Chile y es un proyecto financiado [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La premiada escritora argentina <strong>Luisa Valenzuela</strong> será una de las grandes invitadas del II Encuentro Latinoamericano de Minificción, que se realizará en la primera semana de septiembre en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. El evento es organizado por la Corporación Letras de Chile y es un proyecto financiado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Convocatoria 2026.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luisa Valenzuela es reconocida internacionalmente por su pluma aguda, entretenida e innovadora. Su obra es ampliamente leída, traducida y antologada y es una viajera impenitente, mágica y coleccionista de máscaras. Su obra literaria está impresa en más de 40 libros en las librerías del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una de las figuras más destacadas de la literatura latinoamericana. En sus múltiples entrevistas, la escritora y periodista reflexiona sobre la exploración del lenguaje, la relación entre literatura y política, el cuerpo, y el rol transgresor de la mujer en una sociedad atravesada por el poder. Valenzuela ha destacado en distintas conversaciones que no planea sus historias de forma rígida. Prefiere dejarse guiar por la sorpresa del lenguaje y explorar el deseo a través de las palabras, entendiendo la escritura como una aventura del pensamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En sus reflexiones y ensayos (como «Peligrosas palabras»), aborda la relación peculiar entre la mujer y el lenguaje, cuestionando cómo las estructuras de poder han intentado amordazar históricamente la voz femenina. La escritora argentina ha sido celebrada por la crítica latinoamericana y de todo el mundo. Tiene fanáticos en toda la región y fue elegida como referente para catálogos literarios de enorme importancia,</em> señala Daniel Divinsky, en una columna de opinión en Infoae, bajo el título <em>“Deslumbró a Cortázar y denunció la violencia de los 70 pero no fue profeta en su tierra: por qué leer a Luisa Valenzuela”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La prestigiosa escritora trasandina ha recibido múltiples reconocimientos en América Latina y en el mundo entero,como su nominación miembro honorario extranjero,compartiendo honores con Meryl Streep y Bob Dylan, tras ser elegida miembro de la Academia de Artes y Letras. Un reconocimiento que resalta su vasta trayectoria y su impacto en la literatura contemporánea a nivel internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las últimas distinciones de la última década, se destacan el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores; Premio León de Greiff al Mérito Literario; Premio internacional Carlos Fuentes a la creación literaria; Premio ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina) por el libro ABC de las Microfábulas; Premio Alfonso Reyes / Nuevo León; Premio a la Trayectoria por el Fondo Nacional de las Artes, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luisa Valenzuela será, sin duda, una de las protagonistas de este encuentro literario y participará directamente en lecturas y diálogos; y, especialmente, en una entrevista con el escritor chileno Diego Muñoz Valenzuela.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Puerta</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Abrí la puerta de calle y me enfrentaron tres desconocidos de aspecto facineroso. Uno dio un paso adelante y mis ingentes esfuerzos por cerrarle la puerta en las narices estaban resultando inútiles cuando desperté.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acá terminaría el cuento si de cancelar el miedo se tratara, pero siendo sueño y vigilia dos estados incompatibles, vaya una a saber cómo continúa aquello que creímos interrumpir abriendo los ojos. Y ahora me pregunto quién ha logrado colarse en esta casa mía que es mi mente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy me siento otra.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="600" height="484" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/premiocarlos-fuentes.jpg" alt="Premio Carlos Fuentes" class="wp-image-18478" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/premiocarlos-fuentes.jpg 600w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/premiocarlos-fuentes-300x242.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Premio Carlos Fuentes</em></figcaption></figure>
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		<title>BROTE DE COPIHUE DE VIRGINIA RAMOS POSECK</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 12:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eddie Morales Piña La lectura de este poemario de Virginia Ramos Poseck (Traiguén, Región de La Araucanía, 1949) de no más de cincuenta páginas, realmente es un acierto escriturario poético-lírico, por cuanto en el texto confluyen diversas constelaciones que le dan la urdimbre a lo tematizado. En otras palabras, quiero decir que el sujeto [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Eddie Morales Piña</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La lectura de este poemario de Virginia Ramos Poseck (Traiguén, Región de La Araucanía, 1949) de no más de cincuenta páginas, realmente es un acierto escriturario poético-lírico, por cuanto en el texto confluyen diversas constelaciones que le dan la urdimbre a lo tematizado. En otras palabras, quiero decir que el sujeto hablante -que en este caso es la trasmutación lingüística de Virginia- se desplaza a través de distintas motivaciones que dan curso a la escritura, a la <em>poiesis,</em> a la creación. En este sentido, el lector/a podrá descubrir una voz prístina y cadenciosa que con una retórica donde las imágenes poéticas resultan ser el trasunto de una sensibilidad estética frente al mundo que no dejan de sorprender al lector y entrar en sintonía con esta palabra o verbo poético. Como bien es sabido, la lírica es una forma particular de aprehender el mundo. El lenguaje -la materia prima de la <em>poiesis-</em> toma ribetes que escapan a la norma habitual. El lector/a que ingresa al poemario debe dejarse capturar por esta voz que se expresa y captar la sonoridad y la expresión retórica con que se muestra en el despliegue de la discursividad. En esto consiste leer poesía lírica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El poemario de Virginia Ramos Poseck tiene un título bien singular. La misma portada simbólicamente nos muestra la imagen del copihue. La flor nacional, como se dice. Una hermosa creación de la naturaleza que como una enredadera se muestra en los bosques, principalmente sureños. El color rojo del copihue tiene connotaciones que lo conectan con la sangre, la sangre de Arauco. Virginia enmarca el poemario como un <em>brote de copihue.</em> De esta manera, el poemario es un surgir a partir de una semilla que, en este caso, es la palabra, el verbo. La palabra es la expresión creadora como el Verbo del Génesis: <em>fiat lux,</em> y la luz se hizo. Virginia mediante su creación poética va dando vida a una semilla que se encauza a través del lenguaje y como el copihue que emerge y se entrelaza, así también ocurre con su verbo poético: un entrelazamiento, una urdimbre textual en los poemas que componen la experiencia discursiva que adquiere el color del copihue.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Brote de copihue</em> está configurado como textualidad por una variedad de poemas de distintas formas versales. Algunos son como aquellos poemas mínimos japoneses que se denominan <em>haiku</em> o también <em>haikú</em>, y cuya consistencia retórica está concentrada en la contemplación de la naturaleza o en el capturar un instante significativo de lo cotidiano: <em>“El gato de mi casa tiembla/ cuando ve a un gorrión/ o un ruiseñor/ No puede volar/ desafina la escala del sol/ Quiere comer alas/ y allí se queda/ pegado al suelo/ y mira/ y se agazapa/ y tiembla”</em>. Efectivamente, el texto de la poeta Virginia Ramos Poseck entra en una actitud dialogante con el espacio natural en varias ocasiones y con la expresión lingüística de las cosas simples de la vida. Estamos frente a una actitud <em>ecopoética.</em> El mismo título del poemario indica al lector esta senda donde el medio natural parece ser el constructo sobre la base donde se edifica la poiesis: <em>“Lago Tepuhueico/ en sus aguas inmóviles/ amanecen las nubes. / Una piedra se hunde/ en el cristal. / Sus ondas cuánticas/ se expanden al universo. / Lago/ espejo del tiempo”</em>. Sintomáticamente, el poemario se abre con un poema que lleva por título <em>Desierto de Atacama</em> que está en las antípodas del espacio del copihue: <em>“Busco nombres/ en el llano del tiempo/ donde la ventisca/ es la voz/ en los tallos de cobre/ de las flores/ colgadas en las cruces / del desierto/ susurro de cristales/ en las tumbas/ olvidadas/ en el zumbido/ de la tierra/ en el filo de su órbita/ por la galaxia/ bóveda de estrellas/ vagan chocan con los trumaos/ las cenizas de almas desoladas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al menos en este poema hay dos claves de lectura para lo que vendrá en la textualidad: las flores de los cementerios del Norte Grande son de papel y cuelgan de las tumbas, mientras el viento las hace mecer o vibrar. El hablante lírico busca nombres, es decir, aquellas almas desoladas como lo indica el último verso. De manera paradojal quien trae a aquellas es el trumao, un viento propio del Sur. De este modo, en este entrecruzamiento de espacios disímiles brotan las semillas en la creación poética donde la memoria y la evocación de tiempos pasados vuelven al presente. No sé por qué, pero este poema tiene una resonancia de <em>Pedro Páramo</em> o de <em>La Amortajada</em>. El último poema, por el contrario, tiene otro matiz o atmósfera poética donde el vitalismo es el núcleo central; aunque el título parece ser antónimo, es todo lo contrario, es la vida encarnada en una abeja:<br><em>“Una abeja moría/ sobre la flor bordada/ en mi almohada// La di una gota/ de agua y otra de miel/ bebió en calma// Comía la miel/ la dejé en una hoja/ abrió sus alas// El viento desde la cordillera/ movió las cortinas/ el sol llegó a mi cama/ abracé el calor de la mañana/ La miel de los hijos de la abeja resucitada/ alimentará a los nietos de mis nietos/ y habrá un panal en su casa sobre trigales/ dentro de los bosques y ríos/ de la tierra”.</em> El poema en su calidad expresiva es muy significativo para comprender el ejercicio poético de Virginia. Los tres primeros versos son perfectos en cuanto imagen poética. La abeja como un insecto casi extinto, se transforma en un verdadero elixir de vida -y lo es por la miel- y de este modo se convierte en una metáfora -verdadera- de la poesía de la autora, alimento de los nietos de sus nietos. El poemario -conjunto de poemas líricos- de Virginia Ramos Poseck, en consecuencia, al interior de las dos creaciones que abren y cierran la textualidad, son <em>“una lucha persistente contra el olvido y un rescate que se traduce en imágenes conmovedoras que revelan, entre otros aspectos, su propia niñez, sus lecturas, sus ancestros europeos, ya recordados desde una cultura mestiza que llama a los macizos andinos Ñuque Mahuida”,</em> como anota el escritor Sergio Infante Reñasco en el prólogo, además de la tematización de los tiempos pandémicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En síntesis, <em>Brote de copihue</em> de Virginia Ramos Poseck es un texto que nos revela a una poeta de una sensibilidad notable para expresar aquello que brota como una semilla en su interioridad y que se muestra mediante una discursividad de <em>alto vuelo poético</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Virginia Ramos Poseck: <em>Brote de copihue</em>.<br>Santiago. Autoedición. Colección de Poesía Luchito Ocelote. 2025. 49 pág.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="690" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/jm-e-morales-portada-brote-de-copihue-2_1280-690x1024.jpg" alt="Brote de copihue" class="wp-image-18460" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/jm-e-morales-portada-brote-de-copihue-2_1280-690x1024.jpg 690w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/jm-e-morales-portada-brote-de-copihue-2_1280-202x300.jpg 202w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/jm-e-morales-portada-brote-de-copihue-2_1280-768x1140.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/jm-e-morales-portada-brote-de-copihue-2_1280.jpg 862w" sizes="(max-width: 690px) 100vw, 690px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Brote de copihue</em></figcaption></figure>
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		<title>LA PERSONA QUE AMAMOS Y EXTRAÑAMOS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 15:29:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Josefina Muñoz Valenzuela/ Letras de Chile Siri Hustvedt (1955) comenzó a escribir Historias de fantasmas cuando Paul Auster (1947-2024), gran escritor también, su marido y compañero por más de cuarenta años, murió a causa de un cáncer pulmonar detectado dos años antes. Estas son las palabras iniciales: “Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Josefina Muñoz Valenzuela/ Letras de Chile</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Siri Hustvedt (1955) comenzó a escribir <em>Historias de fantasmas</em> cuando Paul Auster (1947-2024), gran escritor también, su marido y compañero por más de cuarenta años, murió a causa de un cáncer pulmonar detectado dos años antes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas son las palabras iniciales: “Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto. Murió el 30 de abril de 2024 a las 18.58, en la casa de Brooklyn donde ahora escribo estas palabras”. Las páginas siguientes nos cuentan esta vida especial en un libro que es de amor y de dolor, de permanentes conversaciones, de compartir una vida juntos, donde eran Siri y Paul y ahora esa mágica conjunción y que los unía, ya no está: “Más claro aún: sí, estoy en duelo por Paul, pero la mayor parte del tiempo estoy en duelo por Siri y Paul. Estoy en duelo por la y. Estoy en duelo por cómo esa y me hacía sentir en el mundo. Esa y donde él y yo nos superponíamos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La portada es una bellísima foto de ambos, jóvenes, seguramente a poco tiempo de empezar su relación. Podría ser también de cuando se casaron, porque ambos están vestidos más bien elegantes, de blanco, mirándose sonrientes en un momento que quiere ser eterno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paul Auster le había dicho que quería regresar como un fantasma y seguir junto a ella de otra manera. A lo largo del libro, la escritora contará cómo percibe el olor de los cigarros que fumaba Auster; incluso, en algún momento, su presencia como algo real e indescriptible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contar y escribir sobre un ser amado muerto es una manera de revivirlo, aunque no logre hacer realidad el anhelo de que aquello no hubiera sucedido. Por eso, cuando leemos al inicio “Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto”; y más adelante, la constatación de que “este será el primer libro que Paul no leerá”, nos sumergimos en aquella zona desconocida, temida, pero que de manera inevitable cada ser humano debe enfrentar en algún momento de su vida: la pérdida de un ser único al que no volveremos a ver, a tocar, a escuchar, en esa cotidianeidad que sigue existiendo a pesar de su ausencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí en adelante, esas palabras que cuentan y reviven, intensas, dolorosas, que no alcanzan para consolar la pérdida de esa vida signada por una y que unió por varias décadas ese nuevo ser constituido por partes de Siri y Paul; eso no será nunca más, a pesar de las palabras, a pesar de los recuerdos, a pesar de los deseos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Página tras página vamos observando ese proceso de ‘fusión’ que surge en algunas (y privilegiadas parejas) en que día a día van adoptando y adaptando nuevas formas de ser -propias del otro/a-, para llegar a conformar otro ser que, de manera voluntaria, ha incorporado al que era, ideas, pensamientos, modos de decir, puntos de vista, conductas, gustos, características de todo tipo, provenientes de esa persona que aman y con quien día a día conviven en la relación más estrecha y total que puede tener un ser humano. Y su pareja ha experimentado el mismo proceso de adopción y traspaso, por lo que ese y que los une los habrá signado para siempre -copiando palabras de Borges- como ‘el otro, el mismo’.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El relato de las mutuas lecturas en las que comentaban sus nuevas creaciones, los llevaba a reconocer la adopción de palabras, frases, incorporadas en sus respectivos escritos sin tener conciencia de ello, lo que hace aún más real ese y que no es una suma de dos, sino un ser nuevo. En la página 297 leemos una de las más bellas descripciones de ello: “A medida que nuestros libros iban desarrollándose y nos los leíamos mutuamente, era como asomarse a los sueños del otro”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Historias de fantasmas</em> es la narración de un amor y una amistad construidos día a día, en que hay una relación tan profunda de confianza en la pareja, que no cabe el temor a mostrarse, que solo cabe agradecer haberse conocido y compartir intensamente cada momento de los días y las noches juntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su nieto Miles nació el 1 de enero de 2024 y Paul Auster comenzó a escribirle una primera carta en marzo, sabiendo que no alcanzarían a conocerse y compartir la vida. Escogió la palabra ‘Papa’ para que su nieto lo nombrara y Siri eligió la palabra ‘Mormor’ (se pronuncia Momo), que significa ‘Madre Madre’ en noruego. Esa es la razón para que incluyera en este libro las cartas que Paul dejó para su nieto antes de morir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un libro que se lee como una monumental elegía, un relato de décadas de amor intenso, de compenetración con esa persona amada en la que ambos tienen como oficio vital la creación literaria. Y eso no los vuelve competidores, sino protagonistas de una intensa relación de amor, cariño, amistad, admiración, gracias a ese ser llamado Siri y Paul en que ese y que pareciera algo insignificante, les permitió edificar un mundo del que fueron protagonistas centrales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos tiempos de crisis mundial, de permanentes guerras locales, en que la desigualdad se ha profundizado como nunca antes, la literatura nos muestra que siempre habrá otros mundos posibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Baumgartner</em>, último libro de Auster, lo terminó poco antes de su muerte y habla también del amor y la pérdida, quizás como ejemplo de eso que llamamos coincidencias, y que rara vez lo son. A su vez, <em>Historias de fantasmas</em> es una reflexión sobre el amor, la pérdida, los recuerdos, es decir, los hitos centrales de la vida. Y ambos libros dan cuenta de la existencia eterna de <em>Siri y Paul.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Siri Hustvedt: Historias de fantasmas<br>Seix Barral, 382 pp., 2026</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="601" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_historias-de-fantasmas-601x1024.jpg" alt="Historias de fantasmas" class="wp-image-18465" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_historias-de-fantasmas-601x1024.jpg 601w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_historias-de-fantasmas-176x300.jpg 176w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/portada_historias-de-fantasmas.jpg 751w" sizes="(max-width: 601px) 100vw, 601px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Historias de fantasmas</em></figcaption></figure>
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		<title>JAVIER PERUCHO: LA VOZ MEXICANA DE LA MINIFICCIÓN VIENE A CHILE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 13:15:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[EIM26]]></category>
		<category><![CDATA[Microficción]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“La microficción nos obliga a pensar en las formas tradicionales de representación literaria. Implica una nueva puesta en escena de los géneros”, señala Javier Perucho, el prestigiado escritor, destacado protagonista de la literatura breve de México, quien será uno de los protagonistas principales del Segundo Encuentro Latinoamericano de Minificción, que se realizará en Chile El [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><em>“La microficción nos obliga a pensar en las formas tradicionales de representación literaria. Implica una nueva puesta en escena de los géneros”</em>, señala <strong>Javier Perucho</strong>, el prestigiado escritor, destacado protagonista de la literatura breve de México, quien será uno de los protagonistas principales del <strong>Segundo Encuentro Latinoamericano de Minificción</strong>, que se realizará en Chile</p>



<p class="wp-block-paragraph">El evento se realizará en la sede central en el Campus Beauchef de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, en la primera semana de septiembre próximo. El encuentro es organizado por la Corporación Letras de Chile y es un proyecto financiado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Convocatoria 2026.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Javier Perucho</strong> (Ciudad de México), según la Antología Virtual de la Minificción Mexicana, lo describe como un <em>editor, antólogo, ensayista e historiador literario de dos géneros menores, una causa perdida y los escritores extravagantes. Sobre los géneros menores, escribió&nbsp;Dinosaurios de papel. El cuento brevísimo en México, del que se desgajaron&nbsp;“Yo no canto, Ulises”, cuento, “La sirena en el microrrelato mexicano”,&nbsp;“El cuento jíbaro” y la “Antología del microrrelato mexicano”</em>, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es&nbsp;Doctor en Letras de la UNAM (egresado con mención honorífica en cada uno de sus grados académicos) y se gana la vida como profesor investigador en esta misma institución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<em>La microficción</em> – señala en <strong>El arte del microrrelato</strong> &#8211; <em>nos obliga a pensar en las formas tradicionales de representación literaria. Implica una nueva puesta en escena de los géneros.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Como ya es costumbre, los autores de microrrelatos han variado tanto los recursos que ya es imposible dar cuenta de ellos. Uno de esos procedimientos, como muestra de su ingenio, es el metacuento, el cuento de otro cuento, estrategia sherezadeana que no le ha sido ajena. Otro es la metaficción, que ha servido a los escritores para reflexionar sobre la literatura en sí misma”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los recursos narrativos del microrrelato –añade- van de la prosa poética, el narrador omnisciente, a la denuncia social, y los componedores de cuentos se valen de la zoología fantástica para recrear conflictos humanos, pero también de la viejísima treta del palimpsesto, el relato montado sobre otro camello narrativo para dar origen a uno más, impensado en el texto madre”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de las mesas redondas, actividades de lectura de obras del Encuentro, Perucho entrevistará al escritor argentino <strong>Raúl Brasca</strong> en una jornada especial que se realizará en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, el día viernes 4 de septiembre.</p>



<h5 class="wp-block-heading has-text-align-left"><strong>De sus obras</strong></h5>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En el marco de la Antología de Narrativa Mexicana Contemporánea&nbsp;</strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>LA TAREA</strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Para Federico Patán</em></p>



<p class="has-text-align-left wp-block-paragraph">Cómo se le ocurre al maestro dejarnos esa tarea. Escribir una narración en cuyo final injertemos otro cuento, que además sea congruente con nuestra historia, salida de su ronco pecho, así dijo en el salón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al terminar la clase, tomó su libro, el borrador y los plumones de su escritorio sin escuchar nuestras demandas, nuestras súplicas de que ejercicios de escritura ya no queríamos, que nos mandara al cine, al museo o planeara un trabajo en equipo, qué no sabe que para escribir ya está internet. Como él no tiene nada que hacer, cuando vas a su cubículo se la pasa escribiendo o pegado a sus libros, o lo encuentras en la cafetería con sus amigos, siempre discutiendo, acalorados por la charla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahora de dónde saco esa historia, a la que voy a pegar lo que anotó en el pizarrón, que copio tal y como la apunté en mi cuaderno: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.” Según él, un cuento extraordinario, el más breve jamás escrito, ¡Ups! Si ésos son sus gustos, qué leerá o de qué hablará con esos fachosos y greñudos que se sientan a su mesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando me devuelve las tareas, dice que ponga atención en las palabras, que Jesús lleva acento, que me faltaron tantas comas, ¡cuánto me fastidia señalando en rojo mis errores!</p>



<p class="has-text-align-left wp-block-paragraph">¿Y si le escribo cuando me asaltaron en el trolebús, o sobre el primer beso que me regaló la Margarita detrás del zaguán, o el día que conocí el mar?, ¿pero esos retazos de mi vida serán una narración? Si esos aconteceres fueron verdad, ¿podré vaciarlos en un cuento, en una historia?</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>A LA MAR SIRENA</strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Para Paula Ruggeri, a veces sirénida</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Salimos de casa tomados de la mano. En susurros, me dijo: Del mar profundo vengo; al ancho mar regreso. ¿Vienes conmigo? No sé nadar, grité aterrado. No importa, me consoló, basta con que te anude a mi cauda para remontarte. Desde entonces, conozco los secretos del viejo mar pirograbados en las dunas que forman las apacibles olas en el lecho marino.</p>
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		<title>SALVADOR ALLENDE Y VALPARAÍSO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2026 12:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>UNA CRÓNICA DE PROVINCIA DE JAIME ESPONDA FERNÁNDEZ Por Eddie Morales Piña No cabe la menor duda de que la figura del presidente Salvador Allende Gossens es un ícono histórico a estas alturas del tiempo desde aquel memorable momento en que enfrentó un decisivo instante en su intrahistoria y en el país que gobernaba en [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">UNA CRÓNICA DE PROVINCIA DE JAIME ESPONDA FERNÁNDEZ</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Eddie Morales Piña</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No cabe la menor duda de que la figura del presidente Salvador Allende Gossens es un ícono histórico a estas alturas del tiempo desde aquel memorable momento en que enfrentó un decisivo instante en su intrahistoria y en el país que gobernaba en septiembre de 1973. Sobre la personalidad suya se han escrito múltiples textos de diversas modulaciones discursivas, además de composiciones musicales -como aquella entrañable de Ángel Parra, Compañero presidente-, filmes e innumerables monumentos, calles, avenidas, plazas y otros espacios que llevan su nombre en distintos lugares y países. El texto del abogado y académico, Jaime Esponda Fernández (Valparaíso, 1948) se inscribe en esta constelación de discursividades que se focalizan en su memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El título de esta obra de carácter histórico es decidor para comprender el propósito escriturario de su autor. La ecuación perfecta del personaje con un cronotopo específico: Allende y Valparaíso. El tiempo y espacio <em>bajtiniano</em> se hacen presentes en la programación del relato de Esponda Fernández. En este punto reside lo novedoso de su interesante texto sobre el personaje histórico y un lugar -Valparaíso, además de la vecina ciudad de Viña del Mar- donde se fraguará una personalidad ineludible. La portada como paratexto -este concepto nos indica que los elementos paratextuales, es decir, todo aquello que está antes del desenvolvimiento de la narratividad, son indicativos de una significación connotativa para el receptor- nos muestra en un plano ampliado el rostro de Allende. No es la faz del Allende a que estamos acostumbrados a visualizar en las imágenes que circulan. En esta portada estamos frente a un Allende joven que ya llevaba lentes -o gafas como se diría por aquellos años de su presencia histórica y que con el tiempo se convirtieron en un sello de su humanidad-, y unos bigotes que mantuvo hasta el día final. El rostro de la portada es el de un joven Salvador Allende, precisamente donde se centra el relato histórico. Seguidamente, visualizamos a Valparaíso en una parte de su vestuario con el clásico ascensor porteño. Una portada plena de simbolismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jaime Esponda Fernández ha subtitulado la obra como una <em>crónica de provincia</em> -se refiere a Valparaíso y Aconcagua en la antigua división administrativa y geográfica de la zona por donde se desplazará el personaje en su mocedad y juventud-. El autor del texto la encapsula como una crónica, que en este caso es histórica. En este sentido, el referente inmediato son las discursividades de la escritura colonial. La crónica como un relato que da cuenta de sucesos reales en un orden cronológico, en este caso, la historia de Salvador Allende <em>ab initio</em> hasta el instante en que el cronista suspende la narración. El tiempo y el espacio están acotados en la historicidad desde que el locutor nos lleva a los ancestros del protagonista hasta el momento en que se inserta en la vida como un sujeto histórico y social. Dentro de este ámbito es significativo que Salvador acompañaba a su madre hasta un templo católico muy de mañana para que ella asistiera a la misa. En el sustrato existencial de Allende estaba este componente de la doctrina cristiana que afloraba en su oratoria -de vez en cuando- como en el famoso discurso pronunciado el 2 de diciembre de 1972 en la Universidad de Guadalajara donde se refirió expresamente al Verbo de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El relato histórico de Esponda Fernández está muy bien programado en cuanto a su estructuración discursiva. La obra consta de siete capítulos cada uno de los cuales lleva un título que engloba la temática a desarrollar, más una introducción y la bibliografía. Así, por ejemplo, el primero de ellos se denomina Ascendientes porteños de los Allende Gossens donde aparecen José Gregorio Allende Garcés y Ramón Allende Padín, el abuelo paterno de Salvador y médico como el futuro presidente. De la misma manera, en esta sección nos enteramos de la familia Allende Castro y su relación con la escuela Blas Cuevas, de la familia Allende Gossens y del nacimiento de Salvador. En este sentido, el texto del autor dilucida la ciudad de Santiago como el lugar donde vino al mundo el personaje: <em>“En todas sus campañas electorales y en su biografía presidencial se le presentó oficialmente como nacido en este puerto. Hoy se halla acreditado que nació en Santiago el 26 de junio de 1908, que el parto transcurrió en la casa aún situada en Avenida España número 615 y que el bautizo se realizó dos semanas después, en la cercana parroquia de San Lázaro”</em>. Se desprende del relato que su madre fue la que le puso el nombre con que se le conoció en el mundo. Un nombre de raíz cristiana por antonomasia. La relación histórica de Esponda Fernández nos despliega como lectores una narratividad atrayente que se va refrendando con abundantes citas a pie de página que le dan la validez historiográfica al escrito. Hemos utilizado tres conceptos relacionados con lo escriturario. La primera es crónica como calificó el autor a su producto investigativo; luego, relato. Este en cuanto tal responde a los parámetros de la literatura ficcional -en realidad, es la significación más exacta, pues ahora a todo se le denomina literatura-. En cuanto relato, la obra adopta una de las tres maneras con las que la <em>Poética</em> aristotélica distinguió el modo de encausar una historia. Como lo expresamos, Esponda Fernández, lo hace <em>ab initio -ab ovo-</em> desde el principio, por eso que el primer capítulo es decidor para entender al personaje y la personalidad de Salvador Allende Gossens, y presenciar cómo llegó a ser lo que fue: un servidor público con luces y sombras como todo ser humano. El tercer concepto que hemos mencionado es la relación histórica que nos remonta a la escritura colonial, al igual que el de crónica. La relación está, por ejemplo, en la <em>Histórica relación del Reyno de Chile</em> del padre Alonso de Ovalle. El libro sobre Salvador es una relación de carácter histórico que muestra el devenir de una persona en formación. De cierto modo, es una obra que se enmarca en la forma escrituraria de via vitae, el camino de la vida, que el autor suspende cuando el porteño adoptado, el <em>Chicho,</em> llega a ser Ministro de Salubridad, en el gobierno del presidente Pedro Aguirre Cerda, como un joven adulto de 31 años. En el discurso de Guadalajara, Allende, se autocalificó como un <em>viejo joven</em> ante el auditorio universitario que lo escuchó atentamente -pero esto viene más adelante en la historia de la vida, que, probablemente, el autor tematizará en una próxima obra dedicada al personaje. Por otra parte, como lector histórico -es decir, aquel que está en la emergencia de la obra- nos parece que el texto de Esponda Fernández es una especie de <em>Bildungsroman,</em> concepto que proviene directamente de un tipo de discursividad literaria; se trata de las llamadas novelas de aprendizaje, que tienen como protagonistas a jóvenes en proceso de formación. Usando libremente el concepto, la obra que reseñamos es una historia de un aprendizaje de un sujeto histórico que paulatinamente va tomando conocimiento del mundo a través de su propia experiencia y de aquellos con los que va a entrar en relación social como el famoso anarquista Juan Demarchi cuando Allende llega a Valparaíso con catorce años, así como su entrada al Liceo de Hombres de Valparaíso “Eduardo de la Barra”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conciencia social del adolescente y posterior joven adulto se fue acrisolando en una actividad donde el acontecer histórico no sólo de la ciudad puerto sino el del país y el del mundo, van configurando al personaje de un modo casi natural. Entre medicina y política se dará una simbiosis humana, social e ideológica que desemboca en la formación del Partido Socialista de Chile y en su ingreso a la masonería -está última estaba en la experiencia familiar-. De esta manera, por tanto, el lector de la obra de Jaime Esponda Fernández comprenderá cabalmente que Salvador Allende Gossens se forma como lo que fue desde la periferia, no desde lo metropolitano. Valparaíso está en el sustrato más profundo en la personalidad del futuro presidente y antes parlamentario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En síntesis, estamos en presencia de un texto muy interesante de Jaime Esponda Fernández, cuya modulación escrituraria es atrayente y capturadora para el receptor, con el fin de conocer a una personalidad central en la historia nacional que trasciende el tiempo que le cupo vivir: Salvador Allende Gossens.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Jaime Esponda Fernández: <em>Salvador Allende y Valparaíso. Una crónica de provincia.</em><br>Santiago: RiL editores. 2026. 278 pág.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="670" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/salvador-allende-y-valparaiso-670x1024.jpg" alt="Salvador Allende y Valparaíso. Una crónica de provincia" class="wp-image-18440" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/salvador-allende-y-valparaiso-670x1024.jpg 670w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/salvador-allende-y-valparaiso-196x300.jpg 196w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/salvador-allende-y-valparaiso-768x1174.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/salvador-allende-y-valparaiso.jpg 837w" sizes="(max-width: 670px) 100vw, 670px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Salvador Allende y Valparaíso. Una crónica de provincia</em></figcaption></figure>
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		<title>Entrevista sobre «Tiempos oscuros»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Jun 2026 17:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La revista digital Descentrados, con la que la Corporación Letras de Chile colabora, acaba de crear una serie de podcast denominada Registro Crítico. En el capítulo dos, Cecilia Aravena Zúñiga, entrevista a Eduardo Contreras Villablanca, sobre su último libro de micro cuentos: “Tiempos oscuros”, publicado en el año 2025. El podcast se puede ver aquí:</p>
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<p class="wp-block-paragraph">La revista digital Descentrados, con la que la Corporación Letras de Chile colabora, acaba de crear una serie de podcast denominada Registro Crítico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el capítulo dos, Cecilia Aravena Zúñiga, entrevista a Eduardo Contreras Villablanca, sobre su último libro de micro cuentos: “Tiempos oscuros”, publicado en el año 2025.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El podcast se puede ver aquí:</p>



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