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	<title>Género fantástico archivos - Letras de Chile</title>
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	<title>Género fantástico archivos - Letras de Chile</title>
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		<title>LA VALIDACIÓN DE LA POESÍA FANTÁSTICA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 20:02:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
		<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>REFLEXIONES A PARTIR DE UNA COLUMNA DE OSCAR HAHN Por Luka Runkstein En una breve columna del 2012 titulada “Bienvenidos a la poesía fantástica”, Oscar Hahn reivindicaba el término de “poesía fantástica” ante las muchas más admisibles y, aparentemente, ricas tradiciones del cuento y novela fantásticas sumado a la inadmisión que hizo de este subgénero [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">REFLEXIONES A PARTIR DE UNA COLUMNA DE OSCAR HAHN</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Luka Runkstein</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En una breve columna del 2012 titulada “Bienvenidos a la poesía fantástica”, Oscar Hahn reivindicaba el término de “poesía fantástica” ante las muchas más admisibles y, aparentemente, ricas tradiciones del cuento y novela fantásticas sumado a la inadmisión que hizo de este subgénero la crítica estructuralista de los años setenta. La empresa de defender una “poesía fantástica” resulta interesante de abordar si revisamos su historia como nos la plantea el mismo Hahn. Al igual que el surgimiento de la novela gótica o las <em>ghosts stories</em> victorianas, la cuna romántica anglosajona también dio la poesía sobrenatural de William Blake o Samuel Taylor Coleridge. Los lazos y obsesiones con la religión y poesía del primero le llevaron a una <em>mitopoeia</em> que engendró deidades variopintas como <em>Urizen o Los</em>, mientras que la mar de leyendas europeas y orientales (en el caso de su “Kublah Kahn”) llevó al segundo a escribir sus célebres poemas narrativos llenos de encuentros con lo sobrenatural. Incluso, el origen de la ficción de vampiros del escocés Sheridan Le Fanu o William Polidori, secretario de Lord Byron, provendría de un poema de Goethe llamado “Die Braut von Korinth” (“La novia de Corinto”). Tras el frenesí romántico en Europa, este género tuvo fugaces pero productivas incursiones con los prerrafaelitas (sobre todo con Christina Rosetti) y sería nuevamente sublimado por los modernistas en Hispanoamérica. Hahn da cuenta de ello y pone entre sus múltiples ejemplos a José Asunción Silva, quien sería de los que mejor generó una síntesis entre el estilo decadentista con la melancolía gótica de Edgar Allan Poe, una de las referencias claras en la poesía fantástica estadounidense. La primera mitad del siglo XX, sin embargo, parece una tierra yerma y Hahn no ofrece mayores ejemplos que un poema de Walter de la Mare, pero esto no podría estar más lejos de la realidad. Las revistas de ficción <em>Pulp,</em> publicaciones baratas que bajo la apariencia de sus contemporáneos no tenía real incidencia o vigencia en el mundo literario, continuaron humildemente esta tradición en la que usualmente se embarcaban sus más famosos prosistas. Clark Ashton Smith fue quien se dedicó más a cultivar una obra poética y cuentística en lo fantástico, a veces entremezclándolas, como ocurre con el ciclo de cuentos de la tierra mágica de Zothique nacida de un poema homónimo y expandida con más de una docena de historias breves. Pero, fue su mucho más famoso coetáneo y mentor H.P. Lovecraft quien hizo el trabajo lírico más reconocible con su serie de sonetos <em>Fungi from Yuggoth.</em> La conexión entre narrativa y lírica fantástica pareciera, en fin, fructífera, pero, su denominación ha sido teóricamente polémica, llegando Tzvetan Todorov a considerarla inviable en su ya mítico trabajo <em>Introducción a la literatura fantástica</em>. Para las combinaciones rígidas del estructuralismo francés, la denotación de lo sobrenatural de lo fantástico no tenía relación con el lenguaje connotativo de la lírica. Por otra parte, si el relato fantástico poseía cierto estigma, a la poesía fantástica, especialmente la de la época <em>Pulp,</em> le queda un estatus juego romántico caduco y manido. El propio Hahn entiende que las problemáticas de consolidar la fantasía en verso como un género genuino son los reparos teóricos que debemos hacer a este con relación al relato, sobre todo por las consideraciones hechas por Todorov.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finjamos que la proposición estructuralista es legítima, y afirmemos que un relato de fantasmas sería incomparable a las poesías de fantasmas de Oscar Hahn, tan abundantes en la última sección de su <em>Mal de amor.</em> En el primero, el espectro atiza el miedo del lector por su indiscutible literalidad; en caso de la poesía, su existencia metafórica reduce todo encantamiento. Además, a la narrativa fantástica no le basta solo con representar un esperpento, sino que debe introducirlo bien en la composición de su relato. M.R. James, el escritor más importante de las <em>ghost stories</em> inglesas, ya había escrito lo enclenque que sería mostrar de primeras a la criatura que acosa al protagonista, lo mismo que explicarla o razonarla. Así, la ficción fantástica desde sus albores consta en postular un caso conscientemente irresoluto, lo cual se aprovecha fuertemente de nuestros vacíos epistemológicos (ampliamente determinados diría Freud en su ensayo de lo <em>unheimlich</em>) derivando, las más de las veces, en el terror. Mas, la poesía en su ausencia de “fabula”, no puede adjudicarse el rasgo de fantástica a no ser que exponga sin resquemores los elementos sobrenaturales en un primer plano, lo cual abre tanto el número de obras admisibles, que hasta los hechizos de las brujas enamoradas en los idilios de Teócrito cabrían (más sobre esto luego). Podríamos, sin embargo, encontrarnos con el sentimiento misterioso del género en el “Nocturno” (o “Una noche”) de Asunción Silva, donde una revelación mortífera aparece como el <em>coup de grace</em> en sus últimas estrofas. Los sonetos de Lovecraft juegan similarmente con sus <em>couplets</em> finales, introduciendo un giro o cambiando la perspectiva de los versos anteriores, imitando perfectamente el momento de inflexión en las historias clásicas de fantasmas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por analogía, ciertos aspectos formales en la poesía pueden remitir a los mismos efectos tétricos de lo fantástico. Recordemos como Dámaso Alonso, en uno de sus <em>Ensayos gongorinos,</em> afirmó que ciertas palabras de vocales tónicas velares u obstruidas por diptongos suelen cargar con una semántica tenebrosa: lúgubre, mortuorio, obscuro, monstruo, etc. Pero, ante el escepticismo que pueda causar esta proposición, tomemos otro ejemplo. “The Raven” de Poe, candidato paradigmático de la poesía fantástica, no sería el mismo sin su ampliamente laudado esquema rítmico. Su magistral esteticismo da cuenta que la tétrica atmosfera no sería lograda sin el repetitivo y cautivante ritmo que enfatiza aquel punzante “nevermore” en su apabullante final. La incertidumbre entre los efectos de la psique y un pájaro parlante no serían iguales sin esta atmosfera ampliamente musical. Tan notable es su composición que el hispanista John E. Englekirk cuenta una sorprendente anécdota en su libro <em>Poe in Hispanic Literature</em> del poeta venezolano J.A. Pérez Bonalde, quien hizo una traducción tan similar fonéticamente que Washington Irving, viajero en la misma embarcación a Europa, reconoció el equivalente inglés de cada verso mientras recitaba su traducción (37). Similar efecto es el que busca el ya aludido “Nocturno” de Asunción Silva, siguiendo su mismo esquema versal, hasta que la segunda sección del poema acorta cada verso como si el hablante perdiera aire y acelerara sus latidos ante la figura muerta de la amada, tropo que ya había ocupado José de Espronceda al final de su <em>Estudiante de Salamanca</em> cuando el Don Juan es llevado a los infiernos por el espectro de Doña Elvira.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El miedo o lo tenebroso, sin embargo, no son los únicos condicionantes de la literatura fantástica sin importar que Roger Caillois, Jaime Alazraki o el propio Lovecraft lo hayan puesto en el centro de sus estudios de esta literatura. Ya en el siglo XIX, tenemos relatos que hasta ironizan sus elementos fantásticos y suprimen todo pavor como “La nariz” de Gogol o “El difunto” de Azorín, mientras que varios poemas de T.S. Eliot y demás modernistas exhiben imágenes tétricas y ominosas sin ser fantásticos como tal. Las características de los párrafos anteriores jamás han sido un <em>sine qua non</em> para el género, aun así, ayudan a delimitarlo con respecto a otras ficciones. Susana Reisz ya asumió ese trabajo en su <em>Teoría literaria: una propuesta,</em> donde parte del capítulo VII se dedica a cotejar lo “imposible” de lo fantástico con respecto a lo “factico” de los órdenes sobrenaturales en el mito o el cuento de hadas (175). En estas últimas, las criaturas sobrenaturales actúan como una verdad lógica que puede afianzar, por ejemplo, una semblanza de forma mucho más sólida, mientras que lo fantástico nace precisamente de un criterio de imposibilidad. No nos sería inoportuno, pues, tomar esta concepción para el problema de lo fantástico en la poesía con relación a lo figurado, elevando la discusión del estructuralismo hacia la epistemología. El jerarquizar tipos de imposible en la lectura separa un símil mítico o una alegoría de un hecho puramente sobrenatural. Lo fantástico sale del mero decoro, porque no hay vuelta atrás de lo imposible. Siempre podemos reconstruir lo que hay detrás de un tropo, como el fantasma de Hahn y el vampiro de Baudelaire, pero solo genera resquemor aquella palabra que permita un abismo interminable de significados. Roger Caillois tenía una observación similar e incluso veía esto como la definición de lenguaje poético a partir de lo “irracional” de cada referente: “la poesía comienza en el momento en que se considera a la palabra en el infinito teórico de sus representaciones” (15).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es curioso que, contrario al caso expuesto, poesía y ciencia ficción tuvieran una conciliación fructífera precisamente por la aparente falta de este problema epistémico. En 1978, Suzette Haden Elgin funda la <em>Science Fiction Poetry Association</em> y la revista <em>Star*line</em>, dedicada a la difusión del trabajo de sus miembros, y activa hasta el día de hoy. Lo cierto es que la mención de lo hipotético o futuro postula un conflicto retórico mucho menor que lo fantástico. Unos versos de Hahn como «Ahora soy la sábana ambulante/ el fantasma recién nacido” polemizan como fantásticos, pero, estos clásicos de Tellier, “Cuando todos se vayan a otros planetas/ yo quedaré en la ciudad abandonada”, pueden ser ciencia ficción. Los enunciados que refieren a una imposibilidad que, aún así, “podría ocurrir tarde o temprano” admiten mucho más la literalidad que aquellos negados epistemológicamente. Ahora bien, la división no es completamente precisa: la ciencia ficción puede ser alegoría como admiten los propios versos de Tellier. Y es que la alegoría está en el corazón de la ciencia ficción: los robots de Karel Capek en su novedoso drama <em>R.U.R.</em> son esclavos humanos con pieles artificiales y el futuro que ve H.G. Wells en <em>La máquina del tiempo</em> no es sino su visión de la lucha de clases llevada a sus últimas consecuencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciencia ficción en verso que ejercitan estos poetas nos da una alternativa segura para solventar el problema epistémico de la fantasía en verso: categorizar el género poético desde sus tópicos. Esto es lo que hizo Adolfo Bioy Casares en el prólogo a la <em>Antología de literatura fantástica,</em> realizada junto a Jorge Luis Borges y Silvina Ocampo, enumerando unos “tipos de fantástico” que iban de las metamorfosis a los viajes en el tiempo (algo parecido hizo también Marcel Brion en su libro <em>Art Fantastique</em>). A partir de un número limitado de elementos es que podemos hacer categorizaciones factibles de la literatura fantástica, cosa que funciona similar en la ciencia ficción. Los poemas publicados en <em>Star*line</em>, por ejemplo, suelen cumplir su cuota especulativa al hacer a su hablante ficticio un propio ser del futuro o mundo avanzado. La práctica es un tópico cuanto menos interesante, porque se apoya la ciencia ficción sin la necesidad de incluir un elemento de dicho género en el propio poema. Lo fantástico también ha ocupado este recurso en narrativa, y que mejor táctica que el otorgarle la palabra al minotauro en “La casa de Asterión” de Borges. El “yo” lírico es un recurso potente para aferrarse al encanto de tradiciones ya perdidas u olvidadas por el mundo, cosa en la inquiere el propio Borges en su <em>Libro de arena</em>. Su poema “El golem” busca esto por medio de la proliferación de la cábala y la unión mágica entre nombre y objeto. Ocho años después, en su poemario <em>Wintering Out,</em> Seamus Heaney practicará la misma unión con los ríos de Irlanda del norte: “The tawny gutural water/ spells itself: Moyola/ is its own score and consort” (“Gifts of the rain”). De modo parecido, John Ashberry hizo cantar al río dieciséis años antes, en un poemario debut lleno de nostalgia y reminiscencias del pasado: “Better to forget it/ the sleeping river spoke to the awake land” (“<em>Chaos</em>”). Estos versos relacionan con lo fantástico la cobija afable del espacio infantil. El mismo golem no es sino la criatura creada para la protección del templo. Esta “seguridad” se afianza por la “magia simpática” que, según la define Frazer, tiene su explicación en la relación de ideas u objetos no necesariamente ligados por un principio de razón, cuestión que para Arnold Hauser no era únicamente el nacimiento de la metáfora sino del arte desde las cuevas de Lascaux y Altamira. Lo fantástico, pues, devela el nacimiento y «propósito” de la misma poesía, y como resultado está la hechicería como primicia en ciertas poesías desde la época clásica. Ya esbozamos a la bruja en el segundo idilio de Teócrito, quien evoluciona a la bruja Canidia en el quinto epodo de Horacio. Si algo enseñan estos dos poemas, es que la proliferación de elementos sombríos y grotescos que conforman los hechizos de estas brujas sirven para una ornamentada <em>enumeratio</em> (afianzando las relaciones formales de lo fantástico que habíamos visto más arriba). Así, Horacio nos dice que Canidia</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ordena que higueras y cipreses<br>arrancadas de las tumbas,<br>el huevo de una rana teñido en sangre,<br>la pluma de un búho nocturno,<br>las hierbas de Yolco e Ibéria,<br>de venenos prodigiosa,<br>los huesos arrancados de una perra hambrienta<br>se quemen en los fuegos de Colcos (Trad. mía).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que la perspectiva en el poema de Horacio sea de un hechizado quien se escuda en los dioses e injuria a la bruja y no desde la misma hechicera como en el caso de Teocrito, le da a lo fantástico aquel sentimiento de lo tenebroso e inabarcable. Esta modalidad de lo fantástico abandona la casa y el golem por el bosque, el mar y las tinieblas espectrales. El misterio de lo maravilloso dentro de lo natural tiene tal fuerza en la lírica que hasta el más iluminado de los poetas tuvo que preguntarle “What inmortal hand or eye, could frame thy fearful symmetry” al tigre. En la magia animalesca, le seguirán los gatos de Baudelaire, repositorios de la sabiduría arcaica y los cisnes de Darío, tanto los de Rubén como Herrera, quien, en uno de sus cuentos, “La nueva Leda”, muestra la dolorosa transformación de una muchacha en el bello animal. De las criaturas marinas se ha encargado Alfred Tennyson, quien puebla al Kraken en las profundidades, uniendo mitología vikinga con cristiana. Todo esto lleva inevitablemente al Bestiario de Apollinaire cuyos grabados revelan su intuición simbólica (más bien lejos de Fontaine del cual acusa como influencia). Las vanguardias son el mayor cauce europeo de los tópicos de la literatura fantástica; Breton retoma a Nerval y Gautier, suponiendo aparte que el primero habría acuñado el término “superrealismo”. En el resto de Europa, sin embargo, las creencias mágicas exhiben su degeneración desde su recuperación modernista hasta su caída vigesimonónica. Ya lo preconiza un ensayo de 1910 escrito por la literata Lucie Faure Goyau titulado <em>La vie et la mort des fées (La vida y la muerte de las hadas)</em>. Esta muerte no significa algo malo para Faure, sino más bien un traspaso de la jerarquía europea del cuento de hadas, cuyo último resquicio sería el Parzifal de <em>Wagner,</em> al afecto de un católico como Chesterton o los primeros dramas de corte japonés de William Butler Yeats. La muerte refiere que aquello que era aparentemente exclusivo de trovadores, magos y pobladores ha migrado o es reliquia. Lo lúgubre de lo fantástico se vuelve una expresión clara de esta nostalgia. Lord Dunsany, antecesor de Tolkien y amigo de Wells, plasmó esto perfectamente en su poema “Songs from an Evil Wood”:</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay ira en las estrellas,<br>no se enfurecen en el cielo;<br>miro desde el bosque malvado<br>y me pregunto por qué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué no gritan<br>y forcejean estrella contra estrella,<br>buscando sangre en el bosque,<br>como todas las cosas alrededor mío?</p>



<p class="wp-block-paragraph">No brillan como el cielo<br>o resplandecen como los claros del bosque;<br>pero sí relucen suavemente<br>en su sagrada soledad (Trad mía).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Responden al mismo sentimiento los cuentos que Yeats recogió en su <em>Celtic Twilight</em>, donde habitantes de la Sligo profunda o inmediaciones rurales irlandesas recuerdan el apaciguado fin del contacto con las <em>faeries</em> (o <em>sídhe</em>, como les llamaba con su escaso conocimiento de gaélico), los tesoros escondidos por antepasados, etc. Tomando en consideración esta poesía con respecto a la prosa en la historia de lo fantástico, vemos que la primera ha mantenido sus orígenes sobrenaturales de mejor manera. Recordemos que a finales del siglo XIX el cuento fantástico da un vuelco hacia un cientificismo que busca claudicar el misterio, parcialmente influenciado por los primeros pasos de la psicología de William James o las estrafalarias doctrinas del mesmerismo que Allan Poe, Sheridan Le Fanu, William Buwler Lytton y compañía abrazaron. Como vimos, la poesía se salta precisamente este periodo (que igual de nutricio, desencadenaría en la ciencia ficción de principios del siglo XX) y se concentra en lo que ya hemos expuesto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para finalizar este recorrido de tópicos de lo que es una poesía fantástica, debemos hablar de la poesía china de la dinastía Tang y su constante aproximación a lo fantástico, lo cual lo vuelve un caso, a mi opinión, paradigmático. Tanto Li He como Li Po enfatizan que la inspiración poética nace de un estado alterado de conciencia o a partir de una situación borde con la magia y los reinos superiores. Lu Xun, sin más, presenta para ejemplificar la prosa Tang en su <em>Breve historia de la ficción china</em> un relato sobrenatural de Niu Sengru, tan prolífico como infame en su época, donde un hombre llamado Yuan Wugru se refugia tras un largo peregrinar en un pueblo asolado por la guerra y se topa con otras cuatro personas vistiendo ropajes antiguos que ignoran su presencia. Uno de ellos dice “hoy se siente el otoño en el viento con la luz de la luna y sus finas brizas. Debemos escribir poemas para expresar nuestros sentimientos”. Y los cuatro proceden a recitar unos dípticos, de los cuales Yuan se pone celoso puesto que superan sus propios poemas. A la mañana siguiente, Yuan observa el patio donde los hombres estaban y descubre que no eran más que un carro de lavado, el poste de una lámpara, una cubeta de madera y un jarro roto. “Se dio cuenta que eran los cuatro hombres” (107-8). Aquí volvemos a nuestro tópico del hablante sobrenatural haciendo poesía aparentemente normal, y, además de esto, aparece para juzgar sobre el método de hacer poesía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Li Po emprende la creación poética con un suave estimulo que pueda venir del sonido de una flauta, escalones de mármol hacia un palacio y, mucho más prominente, el vino. Cualquiera de dichos estimulantes deja al poeta más cerca de la abstracción pura que la realidad; así es el caso de la “Canción de adiós a la reina de los cielos, en un viaje hecho en un sueño” (según la traducción de Arthur Cooper) o “Sueño de la montaña Tien Mu” (según la de Waley), donde el poeta viaja por un lago donde refleja la luna a las islas de las hadas acompañado de dragones, osos y el mismo gallo del cielo cacareándole. No debemos entender su viaje como alegoría religiosa, puesto que las montañas y lagos que menciona no son sino los reversos sagrados de las locaciones reales, transfiguradas por el paso del poeta y el estímulo del sueño. Tampoco quedan de lado los devaneos filosóficos y en uno de sus “Viejos poemas” (Cooper) dedica la primera estrofa a resucitar la conocida historia de Pao Yu al final del tercer capítulo del <em>Libro de Chuang Tzu</em>, que tanto fascinó a Borges y tan buen ejemplo es de la metamorfosis animalesca:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Soñó Chuang Cho<br>ser una mariposa<br>o soñó la mariposa<br>con ser Chuang Cho? (Traducción mía de la traducción de Cooper, conservando la transliteración Wade-Giles).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, sin duda, el poeta de la era Tang más se cierne en materias fantásticas es Li He. Gran parte de su obra está rodeada de demonios, espectros, sueños que le llevan hacia otros mundos y demás tópicos fantásticos. Es destacable, por sobre todos sus poemas, “Sellando las plegarias verdes; un sacrificio hecho de noche por el maestro taoísta Wu” (según la traducción de J.D. Frodsham), donde podemos sintetizar todo lo que hemos dicho hasta ahora. El poema relata un ritual taoísta cuyos usos van desde la comunicación con los muertos hasta la exorcización de demonios (pero lo primero es más acorde con lo que se nos cuenta). Primero, las puertas del cielo se abren a los rugidos del perro de jade que custodia sus puertas con un león azul. Más animales sobrenaturales aparecen con la magnificencia del Padre soberano del cielo quien es acompañado de miles de carruajes acompañados de miles de caballos desbocados. Después, el silencio: Li He recuerda a su amigo y poeta Yang Xiang, olvidado por muchos, e intenta comunicarse con su fantasma con una alabarda que le pertenecía. Contrario a los relatos de espiritismo que proliferarían en el mundo francés y estadounidense, el traspaso del velo de la vida y la muerte se nos presenta como un espacio de nostalgia donde lo fantástico precisa recordar al muerto y alabar a los cielos. No es anacrónico, pues, ver como estos tópicos resurgieron de una forma u otra en la mejor poesía china.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2017, la agrupación empezada por Haden Elgin votó a favor de cambiarse al nombre a “Science Fiction and Fantasy Poetry Association”. En su página web podrán encontrarse variedad de poesías que podemos subscribir a esta tradición lírica ensombrecida por multitud de razones. Notemos que el tipo de individuos que escribe esta fantasía es uno muy distinto a los irlandeses en pleno fervor patriótico. Son, en su mayoría, aficionados que, por nostalgia y adoración a edades mágicas y heroicas, entrecruzan el mundo contemporáneo con esta feliz miscelánea fantástica. Obviamente, el punto de referencia, y claro antecedente sería el Borges más aficionado de sus últimos años, sin embargo, creo encontrar a un mejor representante en el español Luis Alberto de Cuenca. El poeta y académico tiene tanto espacio a las obras de Robert Howard como a las leyendas artúricas que le inspiraron, superando las añoranzas que empalagaron este subgénero a principios del siglo pasado. De su segundo poemario, <em>Scholia</em> (1972), destaco “Rumbo a Londres, el conde Drácula resucita un pasado sentimental”, donde aparece este “fantástico familiar” al delegar el rol de hablante al vampiro, y constituyendo uno de los primeros tópicos que hemos demarcado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es que la “poesía fantástica” no es cuestión del estructuralismo sino más bien de la biblioteca privada; la selección (hasta cierto punto) arbitraria de lugares comunes. Oscar Hahn, por lo demás, no ha descubierto nada con su proposición de la poesía fantástica, sino que ha dado luz a un objeto que se veía tan limitado y obtuso sin las palabras correctas, pero de las cual él ha hecho un notable puntapié inicial. Tras esta proposición, habría que seguir trastocando estos mismos límites del género: ¿Existe el ensayo fantástico? Permítaseme poner como un primer candidato “La esfera de Pascal” del Borges ¿Y qué tal del teatro fantástico? Alejandro Casona, la segunda parte del Fausto de Goethe, el propio Lord Dunsany, y Bottom, pasmado tras pensar que soñó su viaje a la tierra de las hadas, podrían concordar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>Nota: Luka Runkstein es egresado de Literatura y Lingüística hispánicas en la Universidad de Chile. Es librero en la librería independiente Libros Winnipeg y ha colaborado como prologuista y antologador en la antología de poesía chilena joven “Révélations: Nueva poesía nuevamente chilena en antología nueva”. Tiene entre sus intereses la literatura fantástica, literatura comparada y folclor comparado.</sup></p>
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		<title>LA BÚSQUEDA DE LO NUEVO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Aug 2024 21:03:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
		<category><![CDATA[Género Negro]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Negra y Fantástica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Diego Muñoz Valenzuela Desde los años 80 en adelante, en la última década de la eterna dictadura, aparecieron novedades en la narrativa chilena, siguiendo la tendencia de desarrollo, continuidad y ruptura que puede observarse en el siglo XX y que prosigue este nuevo milenio. Muchas tendencias emergieron dentro del campo de la narrativa, entre [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Diego Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde los años 80 en adelante, en la última década de la eterna dictadura, aparecieron novedades en la narrativa chilena, siguiendo la tendencia de desarrollo, continuidad y ruptura que puede observarse en el siglo XX y que prosigue este nuevo milenio. Muchas tendencias emergieron dentro del campo de la narrativa, entre ellas la presencia importante de las autoras y el feminismo, la irrupción del microcuento y otras brevedades, la aparición de la novela negra así como de cuentos y más adelante de novelas fantásticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La corporación Letras de Chile, surgida con el nuevo milenio para fomentar el libro, la lectura y la difusión de la literatura, ha acompañado con energía desde sus mismos inicios estos fenómenos de innovación, incorporación y enriquecimiento de la creación literaria. Se han realizado numerosos encuentros literarios donde se reflejan estas nuevas tendencias. Sin ir más lejos, en 2022 se realizó -en versión remota y virtual- el Primer Encuentro Internacional de Literatura Negra y Fantástica, antecedente de este Segundo Encuentro a realizarse entre el 4 y 7 de septiembre en Santiago (Campus Beauchef) y Viña del Mar (Museo Quinta Vergara). Para ello contamos con el financiamiento del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Convocatoria 2024 y la colaboración de varias instituciones: ETHICS de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, la Radio Universidad de Chile, Le Monde Diplomatique y la Fundación Cultural Buenaventura Cádiz Patiño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta nueva versión, donde habrá presencialidad y virtualidad combinadas para potenciar el impacto, participarán cuatro escritoras y escritores argentinos y una escritora china, además de una amplia cantidad de autores, editores, académicos donde hemos buscado la presencia equilibrada de género entre los participantes. El objetivo es compartir en mesas de debate visiones del estado de ambos géneros -fantástico y novela negra- en los países partícipes y conocer de primera mano creaciones recientes en mesas de lectura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El género fantástico es un universo muy amplio, donde caben tipos de textos muy diversos por temática y forma, dirigidos a públicos heterogéneos. Incluso podemos llegar a no distinguir fronteras, siempre artificiales, ya que la literatura es una sola entidad, y si adherimos en esto a Jorge Luis Borges, es un solo libro, donde cada autor escribe una palabra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin desconocer los antecedentes históricos más remotos del género fantástico en Chile, es necesario establecer que las referencias más relevantes se encuentran en un periodo reciente, que va desde la mitad del siglo XX y se proyecta al momento presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La literatura fantástica y de ciencia ficción integra a muchos nuevos lectores, especialmente entre la juventud, y debido a este potencial debe tenerse en cuenta su difusión y desarrollo. Lo mismo ocurre con la novela negra y policial, que ha alcanzado un importante desarrollo en Chile y el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos ver cómo han ido surgiendo pequeñas editoriales especializadas en los géneros y editoriales de mayor tamaño que tienen colecciones específicas. Es un proceso que está en curso, en paralelo con la generación de nuevos lectores que se suman al contingente de seguidores ya existentes. Hay un amplio espacio de conocimiento, estudio, difusión en estos nuevos campos que tanto pueden aportar a nuestra capacidad creativa, educacional y lectora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En septiembre próximo, entre el 4 y el 7, tendremos una oportunidad inédita de conocer y reflexionar acerca del status del mundo literario de lo negro y lo fantástico, con figuras de primer nivel de Argentina, China y Chile. En la página web <a href="https://letrasdechile.cl/" rel="nofollow">www.letrasdechile.cl</a> hay una sección especial (<a href="https://letrasdechile.cl/linfa2024/" rel="nofollow">https://letrasdechile.cl/linfa2024/</a>) donde pueden descargarse el programa del Segundo Encuentro Internacional de Literatura Negra y Fantástica LINFA 2024, así como también el afiche y un post para difusión abierta.</p>



<figure class="wp-block-image size-full img-hidden"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1080" height="1080" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/linfa-2024-1080_ia.jpg" alt="" class="wp-image-15033" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/linfa-2024-1080_ia.jpg 1080w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/linfa-2024-1080_ia-300x300.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/linfa-2024-1080_ia-1024x1024.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/linfa-2024-1080_ia-150x150.jpg 150w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/linfa-2024-1080_ia-768x768.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/08/linfa-2024-1080_ia-440x440.jpg 440w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></figure>
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		<title>El Destino de Askri</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Letras de Chile]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2020 18:24:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Víctor Morales, escritor y cineasta nacido en Santiago, ha enviado a Letras de Chile las páginas iniciales de su novela El destino de Askri, la primera de una trilogía que ha titulado Trilogía Galeran, nombre del continente ficticio en que se desarrolla la historia. &#160; El Destino de Askri Su producción literaria pertenece al género [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Víctor Morales</strong>, escritor y cineasta nacido en Santiago, ha enviado a Letras de Chile las páginas iniciales de su novela <strong>El destino de Askri</strong>, la primera de una trilogía que ha titulado Trilogía Galeran, nombre del continente ficticio en que se desarrolla la historia.</p>
<p><span id="more-5467"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Destino de Askri</strong></p>
<p>Su producción literaria pertenece al género de fantasía épica. La sinopsis de la novela es la siguiente: El primer bizek, un hombre llamado Zirko, trató de gobernar a todo un continente. Mil años después de su muerte, sus oscuros poderes aún residían en una pequeña piedra mágica. Cuando la reina Mara Nias de Askri, la ciudad en el océano, sintió que los bizek habían regresado, envió a un pequeño grupo de valientes, liderados por el antiguo capitán de la guardia real, el viejo Godfrey Ralus. Su objetivo era apoderarse de la mítica reliquia para así evitar una tragedia, la cual se encontraba custodiada por los guardianes de Badu-Mar, una legendaria ciudad en medio de la selva de Caruders. Pero en la búsqueda también estaba Varek, un determinado joven bizek que aspiraba a terminar lo que Zirko no logró. Si el precioso objeto caía en sus manos, las consecuencias serían devastadoras para todo el continente Galeran.</p>
<p>Seguramente, estas páginas iniciales despertarán el deseo de seguir leyendo la novela.</p>
<p>Las aguas del océano Epis se agitaban con furia en la oscuridad de la noche. La lluvia caía con fuerza en el mar. Mara Nias observaba desde la torre del castillo de Askri, con su belleza legendaria. Muchos cuentos y canciones se habían escrito acerca de la «reina noble», como la llamaban, debido al amor que mostraba por su gente. Poseía una figura llamativa, tenía la piel blanca y el cabello largo y rubio. Sus ojos color violeta eran únicos. La responsabilidad de ser reina de Askri recayó en ella a los ocho años de edad, luego que sus padres fueran asesinados en tierras lejanas.<br />A pesar de aquella tragedia, la reina Mara ponía su deber primero que nada. Su gente adoraba su sonrisa y la bondad de sus ojos, pero esa noche reflejaban algo sombrío, una especie de terror e incertidumbre. Se encontraba parada con su brazo derecho apoyado contra un grueso pilar de fina piedra blanca. El delgado camisón de dormir que llevaba puesto le cubría hasta poco más abajo de las rodillas y ondeaba debido al intenso viento. Al parecer, iba a ser una noche de tormenta. Nada nuevo en Askri, considerando que la ciudad estaba en medio del océano, alejada del continente Galeran. La reina no se sentía bien, pues en su interior una angustia se acumulaba desde hacía tiempo. Una lágrima comenzó a descender desde su ojo izquierdo, pasando por su mejilla hasta caer y desaparecer en el mar. Ella observó cómo el violento avance de las olas paraba de golpe cuando se encontraban con los pilares de piedra que sostenían la superficie de la ciudad.</p>
<p>Hans Tar se encontraba parado frente a la estatua de Lea en la Plaza de los Dioses. Como capitán de la guardia real, su deber conllevaba la protección y seguridad de la reina. Era un hombre alto y fornido. Su rostro podía considerarse atractivo, pero sus rasgos duros le daban una apariencia intimidante. Su cabello negro y grueso estaba empapado por la lluvia, mientras sus ojos azules resplandecían bajo sus pobladas cejas. Se encontraba en las afueras del castillo, en medio del rectángulo que daba forma a la plaza. <br />A pesar de su evocador nombre, la Plaza de los Dioses era bastante modesta: el suelo de piedra, gris y poco llamativa; dos filas de arbustos formaban una línea a la derecha e izquierda del rectángulo.<br />Sin duda, el atractivo del lugar, y la razón por la que era venerado por los askrianos, se debía a la estatua de Lea, que se erigía sobre una base en medio de la plaza. El monumento representaba a la diosa sosteniendo un bebé en su brazo izquierdo, mientras que en su mano derecha empuñaba una espada, demostrando así su posición como defensora de los askrianos, representados en la forma del bebé. Su mirada fiera y desafiante contrastaba con su largo vestido que estaba moldeado de tal forma, que parecía bailar con el viento. Hans la visitaba con frecuencia: cuando tenía algún momento para sí o necesitaba meditar, se dirigía a la Plaza de los Dioses y se preguntaba si realmente existía una diosa observando y protegiendo a los askrianos. Él quería creer que sí.<br />La lluvia se acrecentó, aunque Hans parecía no preocuparse por ello. Su pesada armadura rojiza lo mantenía con una elevada temperatura corporal. La coraza tenía en el pecho tres estrellas doradas separadas entre sí, la del medio estaba posicionada más arriba que las otras dos, las tres formaban el símbolo de Askri. En el costado izquierdo de su cintura, llevaba su espada enfundada en una vaina de cuero, cuya empuñadura dorada resplandecía debido al agua que le escurría.</p>
<p>El joven guardia real, Tobin Farom, corría bajando los amplios escalones dorados del castillo. Los mechones de su larga cabellera rubia ondeaban de un lado a otro. Le costaba gran esfuerzo bajar producto de<br />su pesada armadura, bastante similar a la del capitán Tar, salvo que la suya era azul oscuro, pero también tenía las estrellas doradas en el pecho.<br />Todos los guardias reales usaban armaduras de ese color, a excepción del capitán. El muchacho había querido pertenecer a la guardia desde que era un niño. Admiraba a su padre, Voren, quien llegó a ser capitán, pero no duró mucho en el cargo, pues había muerto al poco tiempo de ascender.<br />Tobin deseaba, más que nada, que estuviera orgulloso de él, algo nada de fácil. El entrenamiento comenzaba a temprana edad, alrededor de los diez años; él fue perseverante y hacía poco lo habían asignado<br />al castillo. En ese momento, como en otras ocasiones, debía localizar al capitán Tar. Descendió el último escalón y en ese instante perdió el control de sus pies, lo que hizo que se deslizara por el suelo de piedra de la plaza, el cual estaba mojado. Terminó cayendo boca abajo, pero antepuso su brazo derecho para evitar golpearse el rostro. Al levantar la cabeza, vio al capitán Tar parado frente a él. Se puso de pie y adoptó una postura militar, con su espalda erguida y la vista en alto.<br />—Señor —dijo el joven con un tono serio.<br />—¿Qué sucede, Tobin?<br />—La reina ha solicitado su presencia.<br />—¿Dónde está?<br />—En la torre, señor.<br />«¿En la torre?», Hans se preguntó qué hacía la reina ahí durante una noche de tormenta.<br />—De acuerdo. —El capitán observó al joven por un momento—.<br />Toma un descanso.<br />—¿Señor?<br />Tobin abrió los ojos de par en par, sorprendido.<br />—Ya me oíste. Para que lo sepas, no siempre tienes que correr para llevar a cabo tus órdenes, a no ser que sea de vida o muerte. No creo que esto lo sea, ¿verdad?<br />—No, señor.<br />Hans dio unos pasos hacia los escalones del castillo, pero de pronto se detuvo y miró hacia atrás, sobre su hombro, para decirle algo más.<br />—Ve a algún lugar con techo. Esta lluvia no te hará bien.<br />—Sí, señor.<br />Hans continuó caminando a los escalones.<br />Tobin se quedó parado por unos segundos pensando a dónde ir.<br />De pronto, lo supo: iría al bar de Sek.<br />Hans subió los escalones con precaución, teniendo cuidado de no resbalarse. Al llegar arriba, estaba ante la majestuosa puerta doble de entrada al castillo. Tenía unos siete metros de altura, la madera había sido pintada de color dorado. Él la empujó desde el medio abriendo ambos lados, entró y se encontró en un amplio salón. Había dos largos pasillos: uno a la derecha y otro a la izquierda. Frente a él, a unos veinte metros, estaba la escalera que llevaba a los pisos superiores, la cual era ancha y construida en fina piedra blanca. Hans miró alrededor y le pareció extraño no ver a nadie, normalmente estarían las sirvientas corriendo de un lado a otro, gritándose indicaciones, incluso en una noche como esa. A pesar que la escalera parecía ser el rumbo más tentador, él debía llegar a la torre, y para eso caminó hasta el fondo del pasillo que estaba a su derecha y luego giró a la izquierda. Allí había otra escalera, aunque mucho menos llamativa, era en espiral y bordeaba un grueso pilar, esta se extendía por más de cien metros hasta llegar a lo alto de la torre. A pesar de lo larga que era, el capitán no la sentía como tal, pues la había subido y descendido innumerables veces, pero debía admitir que no le era tan fácil como en su juventud; después de todo, era un hombre de mediana edad y la pesada armadura tampoco ayudaba. La escalera se encontraba iluminada por velas que estaban colocadas en candelabros de pared, debían ser por lo menos 100 en total. Hans se compadecía del sirviente que, cada noche, tenía como tarea encargarse de reemplazar las cerillas cuando era necesario, para así mantener la estructura siempre iluminada.<br />Después de todo, llevaba a la torre del castillo, cuya importancia era considerable, aunque no era la única en la ciudad, pues otras mucho menos altas tenían guardias apostados en todo momento. Sin embargo, sí era el punto más alto de Askri y entregaba una vista perfecta del marque los rodeaba. En caso de un ataque enemigo, eso les daría suficiente tiempo a las defensas askrianas para prepararse. Manteniendo el paso firme, el capitán ni siquiera se dio cuenta que solo le quedaban un par de peldaños por subir.</p>
<p>La reina tenía sus pies en la orilla, entre el suelo de la torre y el vacío.<br />Abajo estaban las inquietas aguas del mar. Ella no parecía asustada por ello, pero su expresión demostraba que algo le preocupaba.<br />—Su Majestad —dijo Hans.<br />La reina se dio la vuelta al escuchar la preocupada voz del capitán, quien se encontraba parado al borde del espacio donde estaba la escalera.<br />—Oh, hola, Hans —dijo ella.<br />Él se sorprendió de verla en tan peligrosa instancia. Si se llegaba a resbalar, no existiría manera de impedir su caída.<br />El suelo de piedra de la torre tenía una forma circular. Había una abertura rectangular a través de la cual se podía subir por la escalera; esa era la única forma de ascender y descender. Ocho largos pilares de piedra blanca estaban erigidos alrededor del círculo, también sosteniendo el techo de piedra que de igual manera poseía una forma circular.<br />—Por favor, tenga cuidado, está muy cerca de la orilla —dijo Hans.<br />—Lo sé.<br />El tono de la reina era sereno.<br />—¿Qué hace aquí?<br />—Soy la reina, puedo ir donde quiera.<br />Hans temió haberla incomodado.<br />—Tiene razón. Por favor, su majestad, le pido disculpas.<br />Una sonrisa apareció en el rostro de Mara. Hans siempre lograba<br />hacerla sentirse mejor.<br />—No tienes que disculparte. Por favor, me conoces desde hace<br />mucho, solo bromeaba.<br />—Ah, claro.<br />Él no supo qué más decir.<br />—¿Me acompañarías abajo? —le preguntó ella.<br />—Por supuesto.<br />La reina caminó a la escalera. Hans Tar le cedió el paso. Parecía sorprendido que ella estuviera vestida solo con un camisón en una noche de tormenta, y en especial allí arriba, donde el viento era mucho más<br />fuerte. En un momento, se detuvo, sintiendo su mirada.<br />—Te preguntas por qué estoy vestida de forma tan ligera.<br />—No, bueno&#8230;<br />—Estaba dormida, pero algo me despertó.<br />—¿Una pesadilla?<br />—No, fue más bien una sensación&#8230; por eso subí aquí por impulso, sin pensar en ponerme más ropa. Me encontré con el joven Tobin y le dije que te buscara.<br />—Y lo hizo.<br />Ella comenzó a bajar. Él la siguió de inmediato.<br />Descendieron en silencio un largo rato. Mara no podía alejar de su mente los pensamientos que la inquietaban. De pronto, algo llamó su atención: una de las velas de la pared estaba apagada. Se detuvo para<br />mostrarle al capitán.<br />—Mira —dijo ella.<br />—En cuanto lleguemos abajo, haré que vengan a encenderla, su majestad.<br />—No importa, es solo una cerilla. —Ella alzó su cabeza, observando el trayecto de la escalera que habían descendido—. ¿Cuántas crees que iluminan esta escalera?<br />—Unas 100, yo creo.<br />—Probablemente.<br />Mara bajó la vista y entonces continuaron descendiendo.<br />—Realmente no sería problema enviar a alguien a encender esa vela.<br />Ella no pudo evitar soltar una risilla ante la insistencia del soldado en buscar la perfección hasta en los pequeños detalles.<br />—Ya, déjalo. Sam está durmiendo.<br />—¿Sam está encargado de las velas?<br />—Sí, Catherine no podía seguir haciéndolo a su edad.<br />La expresión de Hans se tornó reflexiva.<br />—Supongo que la edad nos pesa a todos en algún momento —dijo él.<br />—Ya lo creo.<br />—Pero no importa, yo le serviré por siempre, su majestad.<br />—Lo sé, Hans.<br />Eso fue lo último que se dijeron hasta que llegaron abajo.<br />—Bueno, aquí estamos —dijo él, aliviado de haber regresado al primer piso.<br />—No aún.<br />Una mueca apareció en el hermoso rostro de Mara. Hans estaba bastante confundido.<br />—¿No va a su habitación? —le preguntó él.<br />—Debo descender a la cripta, no tienes que venir conmigo.<br />—Por supuesto que sí.<br />—De acuerdo.<br />Giraron alrededor del pilar hacia otra abertura rectangular a través de la cual continuaba la escalera. La cripta se encontraba en el nivel subterráneo del castillo, allí eran enterrados los reyes, reinas, príncipes y princesas de Askri. Mara no sentía cariño por ese lugar, a pesar de que ahí descansaban los restos de sus padres. Ella lo consideraba un sitio tétrico y no digno de albergar los restos de la realeza ni los de nadie.<br />Terminaron de descender la escalera y se encontraron con un largo y oscuro pasillo de piedra frente a ellos. La reina se adelantó y caminó pasando por las rejas que resguardaban las tumbas de distintas generaciones de líderes askrianos. Se detuvo frente a la que le importaba. Hans llegó tras ella.<br />—Espera aquí —le ordenó Mara.<br />—Sí, su majestad.<br />El soldado se puso de espaldas a la reja, vigilando el pasillo. Por su parte, ella la abrió y entró.<br />—Hola, madre y padre —dijo en voz baja.<br />En el suelo, ante ella, había dos bloques de piedra rectangulares, uno al lado del otro. Leyó las inscripciones en cada tumba:</p>
<p>«REY DARBUS. REINA MILENA».</p>
<p>Eso era todo lo que decía. Por solicitud de Mara, no aparecía ninguna fecha de nacimiento ni de muerte. Ella sentía que así sus padres no quedaban relegados a un periodo fijo de la historia y pasaban a ser seres atemporales. Se arrodilló en medio de ambos sepulcros, con su mano izquierda tocó la tumba de su madre y cerró los ojos.<br />Cuando los abrió, no se encontraba en el castillo ni en Askri en absoluto. Miró a su alrededor, pero lo único que vio fue un resplandor blanco que cubría todo. No estaba sorprendida, pues no era la primera<br />vez que visitaba ese extraño lugar. Era transportada allí cuando acudía a hablar con su madre. Una oscura silueta comenzó a aproximarse, la que entonces fue cubierta por una brillante luz blanca; de pronto, apareció una hermosa mujer de cabello castaño, cuyo rostro era casi idéntico al de Mara, incluso en los ojos color violeta. Llevaba puesto un fino vestido blanco. Ella era, por supuesto, la reina Milena.<br />Al verla, Mara inclinó su cabeza en reverencia.<br />—¿Qué estás haciendo? Tú eres la reina.<br />La voz de Milena era firme, pero llena de amor por su hija. Mara levantó la cabeza y la miró.<br />—Para mí tú siempre serás la reina. ¿Cómo está papá?<br />—Está bien, tú sabes que él te ama, al igual que yo.<br />—Yo también los amo.<br />Mara bajó la vista y respiró profundo.<br />—¿Cuál es el problema, hija?<br />—He sentido algo, es muy poderoso, pero no sé lo que es. Tengo miedo, no por mí, sino por mi pueblo&#8230; nuestro pueblo. Una fuerza oscura se está gestando en alguna parte.<br />Mara levantó la cabeza con lágrimas en sus ojos. Milena se acercó a ella y con ternura se las secó con las manos.<br />—Tranquila, hija.<br />—Te extraño, mamá.<br />—Lo sé, yo también.<br />Se abrazaron, expresando su mutuo amor. Mara cerró los ojos; su cabeza estaba apoyada sobre el hombro derecho de Milena. Por un instante, se sintió nuevamente como una niña, siendo consolada y protegida por su madre, como tantas veces durante los primeros años de su vida.<br />Esa sensación se acabó en el instante en que abrió los ojos y se encontró arrodillada en medio de las dos tumbas.</p>
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		<title>Pioneros de la ciencia ficción chilena y una singularidad fantástica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Letras de Chile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Jun 2019 15:00:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ponencia presentada en el II Encuentro de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción, organizado por Letras de Chile, Universidad Católica y Universidad de Chile, realizado entre el 4 y 8 de junio de 2019 en Santiago y Punta Arenas. Pioneros de la ciencia ficción chilena y una singularidad fantástica Diego Muñoz Valenzuela La literatura fantástica en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ponencia presentada en el II Encuentro de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción, organizado por Letras de Chile, Universidad Católica y Universidad de Chile, realizado entre el 4 y 8 de junio de 2019 en Santiago y Punta Arenas.</p>
<p><span id="more-4806"></span></p>
<h4><strong>Pioneros de la ciencia ficción chilena y una singularidad fantástica</strong></h4>
<p style="text-align: right;"><strong>Diego Muñoz Valenzuela</strong></p>
<p><em><strong>La literatura fantástica en Chile</strong></em></p>
<p>Si bien hay antecedentes previos, la literatura fantástica chilena inició su época más fructífera a partir de la década de 1950 y de la mano de la publicación de Los altísimos (1959) de Hugo Correa, quien ha sido incluido en numerosas antologías extranjeras y traducido a diversos idiomas, a quien se suman autores como Elena Aldunate y Antoine Montagne, seudónimo de Antonio Montero. A esta trilogía de autores, cuyo aporte es notable, los podemos denominar clásicos del género en Chile. A su periodo de actividad se le suele denominar la época de oro de la ciencia ficción nacional.</p>
<p>A esta lista corta de autores, menos leídos y menos destacados de lo que debieran, en una era donde la literatura tiende a nutrirse solo de lo actual y reciente, considero imprescindible agregar el nombre de Héctor Pinochet, un colosal autor prácticamente relegado al olvido.</p>
<h4><strong>Hugo Correa</strong></h4>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4801" style="display: block; margin: 20px auto;" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hugo-correa.jpg" alt="ponencias hugo correa" width="1200" height="345" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hugo-correa.jpg 1200w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hugo-correa-300x86.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hugo-correa-1024x294.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hugo-correa-768x221.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></p>
<p><strong>Hugo Correa Márquez (1926-2008)</strong>, nacido en Curepto, periodista. Es el autor más importante del género, reconocido sobre todo por la novela <strong>Los altísimos</strong>, publicada en 1951 y reeditada en 1959 (corregida y aumentada). Reconocido por el propio Ray Bradbury, sus cuentos fueron publicados y traducidos a varios idiomas, y participó en el Programa de Escritores de la Universidad de Iowa a fines de los 60. Obras del género publicadas: <strong>Alguien mora en el viento</strong> (cuentos, 1959), con la que obtuvo el <strong>Premio Alerce de la SECH, El que merodea en la lluvia</strong> (novela, 1962), <strong>Los títeres</strong> (cuentos, 1969), <strong>Cuando Pilato se opuso</strong> (cuentos, 1971), <strong>Los Ojos del diablo</strong> (compilación, 1972), <strong>El nido de las Furias</strong> (novela, 1981), <strong>Donde acecha la serpiente</strong> (novela, 1988). Esta nómina no incluye una novela realista y varias obras de teatro.</p>
<p><strong>Los Altísimos</strong> es su libro más reconocido por la crítica, en especial la extranjera, traducido y publicado fuera de Chile, donde nunca se le entregó un reconocimiento mayor, aparte de algún buen comentario ocasional.</p>
<p>Por esta razón, prefiero referirme a otra de sus novelas, menos divulgada, <strong>El que merodea en la lluvia</strong>, teniendo en cuenta sus especiales características. La trama sintetizada refiera la caída de una sonda espacial enviada a recoger material lunar por los soviéticos. El dispositivo cae en la tierra en una zona que es posible asimilar a su Curepto natal por las descripciones contenidas en la novela. En la sonda llega un ocupante inesperado: un organismo extraterrestre de elevada inteligencia y grandes poderes extrasensoriales. Agentes rusos y norteamericanos infestan la región para recuperar la sonda y el preciado material, bajo el signo de la guerra fría. Submarinos merodean por las costas, en una intriga que se desarrolla al modo de una novela policial, narrada por un involuntario e ingenuo investigador.</p>
<p>La historia va combinando una notable galería de personajes: un oligarca local, un poderoso millonario de la capital, mujeres jóvenes sensuales y arriesgadas que otorgan un recurrente rasgo erótico a la novela, trabajadores del campo chileno, agentes extranjeros y el curioso alienígena: Merodeador, Acechante, que le provee el título a la novela. El ser extraterrestre es asimilado por los maulinos al demonio, nunca a un ser extraterrestre. Su comportamiento obedece a la carencia o abundancia del agua, elemento que exalta sus poderes extrasensoriales, único modo de conseguir su propósito.</p>
<p>En esta entretenida novela -innovadora mezcla de ciencia ficción y novela policial- se combinan elementos que podrían entenderse como excluyentes: el escenario y los personajes propios de un texto criollista, la trama de alta tensión y misterio, los recursos tecnológicos avanzados, la tensión entre dos potencias mundiales, el enigma del alienígena, el terror que desata la presencia del Maligno, las pasiones sexuales desatadas, incluso la utilización de ciertos recursos propios del drama en algunos capítulos. Todos estos curiosos ingredientes conviven de manera armoniosa y contribuyen a la construcción de este relato singular y único, demostrando así la versatilidad y talento del autor.</p>
<h4><strong>Elena Aldunate</strong></h4>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4802" style="display: block; margin: 20px auto;" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-elena-aldunate.jpg" alt="ponencias elena aldunate" width="1200" height="298" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-elena-aldunate.jpg 1200w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-elena-aldunate-300x75.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-elena-aldunate-1024x254.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-elena-aldunate-768x191.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><strong>Elena Aldunate Bezanilla (1925-2005)</strong>, santiaguina, escritora feminista que incursionó en la ciencia ficción, en la literatura para niños y otros géneros. Entre sus libros del género se encuentran: <strong>Juana y la cibernética</strong> (cuentos, 1963), <strong>El señor de las mariposas</strong> (cuentos, 1967), <strong>Angélica y el delfín</strong> (cuentos, 1976), <strong>Del cosmos las prefieren vírgenes</strong> (novela, 1977), <strong>Cuentos de Elena Aldunate</strong> (2011) y la serie de novelas infantiles <strong>Ur</strong> (1987-2001).</p>
<p>Una de sus particularidades es haber escrito, tempranamente, desde una óptica femenina -expresada en sus primeros libros de corte realista- y luego en la sensibilidad especial con la que se acercó a la ciencia ficción, destacando por el estilo: belleza de lenguaje, temática centrada en la mujer, un marcado tinte de erotismo, sin dejar fuera del núcleo de la narración las emociones que recorren un amplio espectro. Ciertamente es una voz personal y única, claramente diferenciable e insustituible, un señero aporte al género. Muchos de sus cuentos son notables en temática y estilo, recorriendo un rango variado que demuestra su gran versatilidad como narradora.</p>
<p>Respecto de su relato <strong>Juana y la cibernética</strong> hay mucho que decir, entre otras cosas, que se trata de una composición imaginativa, potente y estremecedora -con enorme energía femenina y justo resplandor rebelde ante cualquier sometimiento como mujer y como obrera- que debió implicar su inclusión en cualquier antología del género, más allá de su adscripción al territorio de lo fantástico. Juana es una obrera que por descuido se queda encerrada en la fábrica donde trabaja un largo fin de semana que antecede a las fiestas de fin de año. No hay escapatoria: debe resignarse a permanecer; afuera nadie la espera, sino la soledad. Juana está sola en el mundo y nadie puede ayudarla: una metáfora dolorosa de su existencia, una más entre miríadas de mujeres postergadas por el orden impuesto. Las máquinas son su única compañía, los únicos entes a los cuales puede recurrir, máquinas que admirar por su perfección, tan opuestas a los seres humanos que pululan a su alrededor. Con ellas busca compañía, consuelo, redención y amor, alcanzando un vívido dramatismo que involucra al lector en sus redes dolorosas.</p>
<p><strong>Angélica y el delfín</strong>, cuento donde Elena Aldunate muestra una combinación de imaginación fantástica y descripción poética que acompaña muy bien los tiernos ribetes eróticos que representa. Una nadadora arriesgada que sufre desventuras amorosas se interna mar adentro y tiene un encuentro con un delfín cuya inteligencia es admirable: estamos ante un ser racional y afectivo incluso superior a los humanos. En este fortuito encuentro se cifra una esperanza: es posible dar un salto hacia una vida de superior calidad y conciencia. Hay un tránsito muy especial en la historia, algo que equivale al tendido de un puente misterioso entre realidad y fantasía. Cuesta precisar dónde nos ubica la lectura de su cuento: ¿en un ámbito de locura?, ¿somos presas de una fantasía onírica?, ¿una ficción plausible, aunque cercana al límite de lo razonable?</p>
<p>Por último, <strong>La bella durmiente</strong> es un cuento que se basa en el cuento de hadas clásico, pero recreándolo, reconvirtiéndolo en una historia futurista, invirtiendo su sentido, pues al final no es la mujer la salvada, sino ella la que se erige en salvadora. En un lejano futuro, unos médicos robotizados, que ya poco de humano conservan, realizan un hallazgo sorprendente: encuentran a una mujer posiblemente criogenizada, que procede de un tiempo tan lejano, que viene a ser un fósil viviente en una era contrautópica, donde las emociones, el deseo, han sido relegados al olvido en una sociedad perfecta y mecánica, donde no hay cabida para lo humano.</p>
<p>Tres muestras significantes del talento notabilísimo de Elena Aldunate y que la ubican en un sitio de honor en la ciencia ficción y en la gran literatura nacional, y como una visionaria rebelde respecto del rol de la mujer en nuestra -lo sabemos- imperfecta sociedad.</p>
<h4><strong>Antonio Montero</strong></h4>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4803" style="display: block; margin: 20px auto;" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-antonio-montero.jpg" alt="ponencias antonio montero" width="1200" height="411" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-antonio-montero.jpg 1200w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-antonio-montero-300x103.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-antonio-montero-1024x351.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-antonio-montero-768x263.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></p>
<p><strong>Antonio Montero Abt (1921-2013)</strong>, nacido en Valdivia, Ingeniero Civil de la Universidad Católica, publicó tres novelas de corte realista entre 1979 y 1985, y tres volúmenes de cuentos con los cuales obtuvo el Premio Municipal de Santiago en 1979 y 1982. Cultivó la ciencia ficción en las novelas <em><strong>Los superhomos (1963)</strong></em>, <em><strong>Acá del tiempo (1969)</strong></em>, y el volumen de cuentos <strong>No morir (1972)</strong>, todos ellos publicados bajo el seudónimo <strong>Antoine Montaigne</strong>; aunque estos libros tuvieron bastante éxito, Montero prefirió utilizar un seudónimo para proteger su trayectoria de los menoscabos resultantes de la ignorancia y el prejuicio. Hay que agregar a la lista la novela fantástica <strong>El cáliz, Thule y los dioses</strong>, su última obra, publicada en 2012 con su nombre verdadero, de escasa repercusión en los medios.</p>
<p>Sin lugar a dudas Montero fue un escritor hecho y derecho, con significativos reconocimientos. Abordó la ciencia ficción en una época donde predominaba (no afirmo que haya desaparecido) el desprecio a la literatura de género, un resultado prejuicioso de la ignorancia que ha afectado a la novela negra, la literatura fantástica y el microcuento, entre otras expresiones literarias más que válidas.</p>
<p>Citando a Hugo Correa, debemos reafirmar que lo único importante es que la literatura sea <strong>Literatura</strong>, dejando aparte temas y géneros. Así como la mera adscripción de una obra narrativa a un determinado género no otorga categoría literaria por simple decreto; tampoco la niega. Esta condición la ha cumplido muy de lejos la narrativa de Montero, una obra valiosa y perdurable en todos sus aspectos.</p>
<p>Justamente en la intención de revertir este olvido resultante de los perjuicios, la falta de conocimiento y estudio, y la tendencia a creer que la literatura empezó recién y que el pasado es intrascendente, es que dedico unas líneas a su última novela.</p>
<p><strong>El cáliz, Thule y los dioses</strong> confirma la destacada trayectoria literaria de nuestro autor. Con ágil y experimentada pluma, el autor nos sumerge en una intriga internacional –tendríamos que decir universal debido la intervención de seres superiores- que nos pasea por el mundo y por la historia remota. Nos remontamos a los orígenes de la Biblia, del judaísmo y de otras religiones anteriores, perdidas en el confín de los tiempos, que señalan la existencia de divinidades tan poderosas como olvidadas La trama de la novela resulta de la acción de esto seres superiores conformando una creciente espiral de tensión.</p>
<p>Cuando la espesa realidad pragmática del neoliberalismo trata de simplificar la vida social, y reducirla al simple manejo de las transacciones comerciales, esta novela nos propone un sistema diferente y oculto: la acción de dioses primigenios, terribles en el ejercicio de su venganza ante las manifestaciones de irreverencia, ambición y codicia de los mortales.</p>
<p>Los protagonistas de esta historia son profundamente humanos, sacudidos por pasiones terrenales, sufrimientos y pérdidas dolorosas, que los van llevando por un destino enigmático y sorprendente. En la novela mucho se mencionan las “librerías de viejo”, donde aguardan escondidos tesoros que conservan las claves de la Atlántida, el Santo Grial, y aquellas necesarias para salvar la humanidad. <strong>El cáliz, Thule y los dioses</strong> forma parte de estos secretos para descubrir y no será difícil encontrar un ejemplar dada su publicación relativamente reciente por la editorial <strong>Puerto de Escape</strong>.</p>
<h4><strong>Héctor Pinochet, la singularidad fantástica</strong></h4>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4804" style="display: block; margin: 20px auto;" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hector-pinochet.jpg" alt="ponencias hector pinochet" width="1100" height="473" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hector-pinochet.jpg 1100w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hector-pinochet-300x129.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hector-pinochet-1024x440.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-hector-pinochet-768x330.jpg 768w" sizes="(max-width: 1100px) 100vw, 1100px" /></p>
<p><strong>Héctor Pinochet Ciudad (1938-1998)</strong>, escritor santiaguino que comenzó escribiendo poesía y abrazó el género fantástico en los 80, con la publicación de <strong>El hipódromo de Alicante y otros cuentos</strong> (1986, Madrid). De regreso a Chile desde su exilio en Italia, reeditó <strong>El hipódromo…</strong> en 1992 y luego en 2009. Publicó también <strong>La casa de Abadatti</strong> (cuentos, 1989).</p>
<p>La obra de <strong>Pinochet Ciudad</strong> es única en nuestra literatura fantástica, singularísima. Al leer sus cuentos, usualmente de una extensión superior a la normal, entramos a un mundo de sombras y terrores nocturnos, donde las pesadillas acechan tras una realidad precaria. Acá el misterio excede las capacidades de la racionalidad humana y apenas puede intuirse alguna explicación. El escenario se concentra en bares e hipódromos, lugares oscuros y neblinosos, donde los seres de esperanza perdida juegan a los caballos, beben en exceso y sueñan con glorias imposibles a cambio de las cuales pueden vender sus propias almas. Allí se despliega la narrativa del autor, construyendo una historia que va progresivamente generando una imposible verosimilitud, erizando los pelos e involucrando al lector en una espiral de horror.</p>
<p>La soberbia narración que da nombre al volumen nos introduce en forma gradual a un mundo de apariencia normal, donde lo extraño comienza a insinuarse y cautivar al lector con los numerosos enigmas, el poderoso atractivo de lo incomprensible. Todo esto con un lenguaje y una estrategia narrativa de primera línea que contribuyen a crear un ambiente demoniaco, envolvente y pesadillesco. No en vano el escritor argentino César Aira comentó: <em>“Mis amigos chilenos son generosos y me tienen bien diagnosticado: en cada viaje alguien me tiene preparada alguna golosina explosiva, por ejemplo, El Hipódromo de Alicante de Héctor Pinochet”.</em></p>
<p><strong>La casa de Abadatti</strong>, otro relato donde el autor hace gala de su maestría con la fantasía y el terror, con un toque borgeano. Un maestro en la construcción de jaulas para pájaros -entre otros portentos artesanales. Deslumbra al protagonista que hará lo posible por conseguir que haga una especial para él; así de maravillosa es la obra y el hechizo que le ha provocado. Así se inicia una persecución que deriva en una trama intrincada, de creciente intensidad, camino de un destino terrible e irreparable.</p>
<p>El aporte de <strong>Pinochet Ciudad</strong> a la literatura nacional, no sólo al género fantástico, es de gran macicez, tanto por la calidad de sus argumentos, capaz de cautivar al lector poco aficionado a este tipo de lecturas, como gracias a su lenguaje pleno de expresividad. Ciertamente su muerte prematura nos privó de conocer otras obras de tanta calidad y tan particulares.</p>
<p>He querido compartir con ustedes estas lecturas para confirmar que no todo lo importante ocurre hoy. Hay notables maestros que han hecho un camino antes, facilitando el tránsito hacia nuevos espacios narrativos, no superiores, solo diferentes, para seguir conformando la infinita galaxia de la buena literatura.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4805" style="display: block; margin: 10px auto 0px; border: 0!important;" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-pioneros-de-la-ciencia-ficcion.jpg" alt="ponencias pioneros de la ciencia ficcion" width="1200" height="798" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-pioneros-de-la-ciencia-ficcion.jpg 1200w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-pioneros-de-la-ciencia-ficcion-300x200.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-pioneros-de-la-ciencia-ficcion-1024x681.jpg 1024w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2019/06/images_img_ponencias-pioneros-de-la-ciencia-ficcion-768x511.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /> <em>En la presentación de EL HIPODROMO DE ALICANTE (Simplemente Editores, 2009) de Héctor Pinochet Ciudad, de izquierda a derecha, los escritores: Virginia Vidal, José Miguel Varas y Max Valdés.</em></p>
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		<title>Ex Inferis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Letras de Chile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Apr 2007 04:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Sergio Alejandro Amira El hombre de 1888 corría por las calles asépticas y vacías de aquella ciudad más de mil años en el futuro, gritando insistentemente la misma frase que nadie oía. Gritó buscando alguien a quien apuñalar, alguien a quien degollar, alguien a quien destripar y cortar en pedacitos. Pero Jack no encontró [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4449" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2007/04/images_img_sergio-a-amira.jpg" alt="Ex Inferis" class="caption" title="Ex Inferis" width="160" height="160" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2007/04/images_img_sergio-a-amira.jpg 160w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2007/04/images_img_sergio-a-amira-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 160px) 100vw, 160px" /></p>
<p><strong><em>Por Sergio Alejandro Amira</em></strong></p>
<p>El hombre de 1888 corría por las calles asépticas y vacías de aquella ciudad más de mil años en el futuro, gritando insistentemente la misma frase que nadie oía.</p>
<p><span id="more-4450"></span></p>
<p>Gritó buscando alguien a quien apuñalar, alguien a quien degollar, alguien a quien destripar y cortar en pedacitos. Pero Jack no encontró a nadie.</p>
<p>Agotado, se refugió en las penumbras de un estrecho callejón similar al del número 13 de Miller’s Court, acurrucándose en el suelo lo mejor que pudo. Despertó en la habitación de los mil espejos. La habitación de Juliette. Estaba desnudo, en la misma cama donde había matado a aquella sibarita de la perversión, esa alma perdida que sin embargo, yacía junto a él.</p>
<p>&nbsp;“¡No es posible!”, pensó Jack. “A esta puta la preparé igual que a la Eddowes. Tendría que estar muerta.”</p>
<p>&nbsp;El hombre de 1888 extendió su mano y tocó el hombro de la joven que dormía. Era real.</p>
<p>Juliette se volteó repentinamente y Jack retiró su mano. La bella mujer emitió un ligero bufido y continuó durmiendo.</p>
<p>&nbsp;Sus generosos y firmes senos de turgentes pezones apuntaban hacia arriba reflejándose en el techo de paneles empotrados. No había señal alguna del surco que Jack abriera con el extraño cuchillo que encontró bajo la almohada, aquella sanguinolenta hendidura de la cual extrajo los intestinos, el hígado y el riñón izquierdo.</p>
<p>El hombre de 1888 abandonó el lecho, contempló su imagen multiplicada cientos de veces en los espejos y buscó su preciado maletín y su anticuada vestimenta victoriana. Ambos estaban sobre una silla, en un extremo de la habitación.</p>
<p>Lo primero que hizo Jack fue abrir su maletín comprobando que todo estuviese en su lugar: sus escalpelos, el ovillo de catgut, los frascos y el feto. Respiró aliviado, se vistió con premura y buscó la forma de abandonar la habitación de espejos y a esa puta que cual Lázaro había regresado de entre los muertos. Instintivamente avanzó hacia uno de los paneles reflectantes y pasó su mano en frente. El cristal se deslizó revelando un blanco pasillo.</p>
<p>&nbsp;Jack caminó durante largo rato en línea recta para finalmente llegar a lo que podría ser descrito solamente como una cocina. En medio del recinto, sentado a la mesa bebiendo café se hallaba una figura familiar.</p>
<p>&nbsp;–¡Hernon! –dijo el hombre de 1888.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>–Jack Que bueno tenerte de vuelta. Veo que esta vez si me has reconocido.</p>
<p>–¿Esta vez?</p>
<p>–Sí, ¿Olvidaste acaso que me tomaste por Dios cuando te traje de regreso a casa? ¡Pensabas que era Dios!, ¿lo puedes creer?</p>
<p>Un gesto de asombro se dibujó en el semblante de Jack.</p>
<p>–El Viajero, las prostitutas, Whitechappel –murmuró el hombre de 1888.</p>
<p>&nbsp;–Aún estás algo aturdido por los efectos del viaje en el tiempo y la expurgación mental –manifestó el anciano–. Toma asiento mientras te preparo un café. No debí extraerte de forma tan abrupta pero Van Cleef y los otros estaban presionándome. Querían que les pagara los tres formz adeudados…</p>
<p>–Y me mandaste de regreso a 1888 con esos malditos hedonistas en mi cabeza.</p>
<p>–No me dejaron otra opción, Jack. Iba a ser cosa de una sola noche pero te resististe formidablemente.</p>
<p>–Recuerdo a esa pandilla de vampiros, se retiraron de mi mente apenas los sentí…</p>
<p>–No, Jack. Tú los expulsaste. No te creían capaz de tal proeza y a decir verdad yo tampoco, de lo contrario hace tiempo que hubiese planeado deshacerme de ellos. Pero sea como sea ya está hecho. Al romper el vínculo les dejaste en estado de coma y los eliminé mientras tú te divertías con los pobres ilusos que trajimos del pasado para repoblar la ciudad.&nbsp;</p>
<p>–¿Mataste a Van Cleef y los otros? ¡Pero eso es contra las leyes!</p>
<p>–<em>Silent enim leges inter arma</em>, Jack. Estábamos en guerra ellos y yo.</p>
<p>–¿Y los pobres diablos de la ciudad? ¿Les maté a todos?</p>
<p>–Sí, a todos. Pero ya traeremos más gente en el Viajero. Ahora nosotros mandamos aquí, hijo.</p>
<p>–La mujer que degollé, en cuyo lecho amanecí. Cuando nos encontramos la primera vez me dijiste que era tu nieta…</p>
<p>–Sí, Jack. Juliette es tu hija.</p>
<p>–Juliette –repitió el hombre de 1888–. Ese no es el nombre con el cual la bautizamos su madre y yo.</p>
<p>–No, ese es el nombre que yo le di. Después de todo fui yo quien la crié.</p>
<p>–Malcriaste más bien.</p>
<p>–Para eso estamos los abuelos, Jack. Para malcriar a los nietos.</p>
<p>–¿Cuánto tiempo estuve en el pasado?</p>
<p>–Diecisiete años. Cuando te marchaste, Juliette aún no cumplía el año de vida.</p>
<p>–Pero la maté, ¿no es así?</p>
<p>–Sí, por supuesto. ¡Vaya lío que hiciste con sus entrañas! Una vez te marchaste le cloné un cuerpo nuevo. <em>Sentimus experimurque nos aeternos esse</em>.</p>
<p>–Maldito viejo sádico y morboso. Me trajiste deliberadamente del pasado con la memoria aún alterada y me metiste en el dormitorio de mi hija para ver como reaccionábamos.</p>
<p>–Conoces el viejo dicho, Jack. De tal palo tal astilla. Juliette mató a su primer “juguete” a los once años y resultó ser una asesina tan implacable como tú, aunque algo propensa al aburrimiento. He debido proporcionarle todo tipo de maquinarias de tortura para mantenerla distraída mientras regresabas.</p>
<p>–También la distraías acostándote con ella, viejo asqueroso y degenerado.</p>
<p>–¡Por favor, Jack! Deja de lado esa moral decimonónica que traes a cuesta. Sabes muy bien como son las cosas aquí. No hay tabúes absurdos como el incesto. Por lo demás tú mismo fornicaste con ella toda la noche y parte de la madrugada, como dos bestias salvajes. Lo he contemplado todo detrás de los espejos. Somos una familia que se ama mucho, Jack. Una familia de artistas. Es por eso que Lorna debía morir.</p>
<p>–¡Por supuesto, no murió en el parto! ¡Tú la mataste!</p>
<p>–¡Era la hija de Van Cleef, Jack! Tarde o temprano nos hubiese vuelto la espalda.</p>
<p>–Yo le habría clavado mi cuchillo de haberlo hecho. Pero no le diste la oportunidad.</p>
<p>–<em>Justum et tenacem propositi virum</em>, así eres tú, mi querido Jack. Pero como dijo el poeta, mejor matar a un bebé en su cuna antes que albergar deseos malsanos.</p>
<p>–¡Y pensar que escapé al siglo XIX, huyendo de la pena y culpando a mi hija por la muerte de la mujer que amaba!</p>
<p>–¡Vamos, Jack! No te lo pasaste mal en la Inglaterra Victoriana. Inscribiste tu nombre en la historia. Vaya carta esa que escribiste con tinta roja. “Había guardado algo de sangre en una botella de cerveza después del último trabajo para escribir con ella, pero se volvió espesa como pegamento y no pude usarla”. Y esa notable posdata: “Sinceramente suyo, Jack el Destripador. No se refrenen a utilizar mi nombre artístico”. Eres un artista como no existió otro desde Da Vinci, Jack, de eso no cabe duda alguna. Como dijo Hipócrates, <em>Ars longa, vita brevis</em>.</p>
<p>&nbsp;En ese momento entró Juliette en la cocina vestida con una breve y vaporosa blusa transparente. Jack la observó de pies a cabeza y sintió que un cuchillo le apuñalaba la ingle mientras los recuerdos de la lujuriosa velada junto a su hija se agolpaban en su mente. “Se parece tanto a su madre, pero es igual que todas esas mujerzuelas de Whitechappel. No, es un ángel, un ángel agreste de inocencia pura. ¿Ángel?, más bien es un demonio, un súcubo que debe ser exorcizado como todas las otras. Es una puta, una zorra maligna y putrefacta.”</p>
<p>–Buenos días, papá, buenos días, abuelo –dijo Juliette con toda la naturalidad del mundo cogiendo una roja manzana del frutero y propinándole un sonoro mordisco.</p>
<p>–Buenos días, tesoro –respondió Hernon–. ¿Has dormido bien?</p>
<p>–Estupendamente, con papá como amante no podría ser de otra forma.</p>
<p>&nbsp;Jack, rojo de furia, extrajo el cuchillo Van de Graaf de su maletín. Ralentizó el tiempo en un radio de cinco metros y degolló a Hernon y Juliette para luego abrirlos en canal y extraer sus entrañas y órganos que procedió a esparcir por toda la cocina. Luego les cortó las cabezas y las intercambió logrando un cómico efecto.</p>
<p>&nbsp;Finalizado su trabajo, Jack guardó el cuchillo en su maletín junto al ovillo de catgut y el frasco de formaldehído con el feto. Limpió la hoja doble de su daga y abandonó la cocina en dirección al Viajero. Él ya no pertenecía al 3077, era el hombre de 1888, era Jack el Destripador y regresaba a donde pertenecía, al Infierno.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Sergio Alejandro Amira</strong> (Concepción, julio 1973, Chile) Casado con Aurora, un hijo: Bastián. Estudios: Arte y Diseño, Inglés (Inglaterra), Licenciatura en Artes, Pedagogía en Artes y Magíster en Artes Visuales (Chile). Premios: Segundo lugar <strong>Fixion 2000</strong>, tercer lugar <strong>Pulsares 2002</strong>. Publicaciones en papel: <strong>Fixion 2000</strong>,<strong> Pulsares I</strong>, <strong>Tierras de Acero</strong>, <strong>Visiones 2005</strong>, <strong>Diez máscaras y un capitán, Años Luz</strong>. Publicaciones en la red: <a href="http://www.quintadimension.com/" target="_blank" rel="noopener">Quintadimension</a>, <a href="http://www.aurorabitzine.com/" target="_blank" rel="noopener">Aurora Bitzine</a>, <a href="http://www.dreamers.com/alfaeridiani/" target="_blank" rel="noopener">Alfa Eridiani</a>, <a href="http://www.dreamers.com/alfaeridiani/" target="_blank" rel="noopener">Eridiano</a>, <a href="http://www.revistacomiqueando.com.ar/main.htm" target="_blank" rel="noopener">Comiqueando</a>, <a href="http://fobos.iespana.es/" target="_blank" rel="noopener">Fobos</a>, <a href="http://www.tauzero.org/" target="_blank" rel="noopener">TauZero</a>, <a href="http://www.ccapitalia.net/ngc" target="_blank" rel="noopener">NGC 3660</a>, Calabozo del Androide. Última exposición relevante: <strong>Cuello &amp; Corbata</strong>, metro Cal &amp; Canto, Santiago, 2003. Ex-Editor, director de arte y diagramador de <a href="http://www.tauzero.org/" target="_blank" rel="noopener">TauZero</a>. Editor del e-zine de cómics <a href="http://www.calabozodelandroide.cl" target="_blank" rel="noopener">Calabozo del Androide</a>.</p>
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		<title>«Sonrisas estelares», de Teobaldo Mercado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Letras de Chile]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Dec 2007 12:08:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Sergio Alejandro Amira Recientemente leí Stranger Than Fiction: True Stories (2004) de Chuck Palahniuk traducido al español bajo el titulo Error humano. Este libro es una recopilación de reportajes, entrevistas y ensayos breves algo irregular que sin embargo contiene algunas valiosas reflexiones, sobre todo en lo que a los procesos de creación literaria se [&#8230;]</p>
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<p><strong><em>Por Sergio Alejandro Amira</em></strong></p>
<p>Recientemente leí <em>Stranger Than Fiction: True Stories </em>(2004) de Chuck Palahniuk traducido al español bajo el titulo<em> Error humano</em>. Este libro es una recopilación de reportajes, entrevistas y ensayos breves algo irregular que sin embargo contiene algunas valiosas reflexiones, sobre todo en lo que a los procesos de creación literaria se refiere.</p>
<p><span id="more-4162"></span></p>
<p>En el último ensayo titulado <em>Consolation Prizes</em>, Palahniuk habla de cómo sus amigos, las acciones emprendidas por sus amigos y por él mismo junto a ellos, se convirtieron en la base de su famoso libro <em>Figth Club</em>. Tenía esto en mente ayer durante el lanzamiento de <em>Sonrisas estelares</em>, el cuarto libro de Teobaldo Mercado, y lo tuve aún más una vez finalizada, la lectura de <em>Otro día</em>, la novela corta con la que remata esta singular colección.</p>
<p>Y es que durante el lanzamiento varios de los asistentes, si bien reconocieron haber disfrutado y reído mucho con el libro, también preguntaron al autor si acaso creía que su narrativa tendría un efecto igual de hilarante en la gente «no iniciada», en aquellos de «fuera del fándom» que no lograsen reconocer cabalmente a los personajes y circunstancias retratadas desde varios flancos por la pluma mordaz de Mercado que, por cierto, no escatima en el uso de un amplio abanico de herramientas para provocar la risa del lector. Herramientas tales como el sarcasmo, la ironía, el absurdo, la cita bastardizada y los chistes de grueso calibre o derechamente groseros abundan y están diseminados con la factura que sólo un escritor en total dominio de sus capacidades narrativas podría lograr. En ese sentido, y descartando que el género paródico-humorístico sea el empleado en <em>Sonrisas estelares</em>, me atrevería a decir que este es uno de los más logrados libros de Teobaldo como conjunto. No una colección irregular sino como muy bien dijo uno de los asistentes, una obra que va<em> in crescendo </em>para terminar en un «gran orgasmo cuántico de risa». </p>
<p>Sobre la risa, otro de los asistentes recordó las palabras que alguna vez le dijo el autor César Aira, quien desdeñó el humor en la literatura por considerarlo «facilista». Enfrentado por su interlocutor ante al ejemplo de <em>El Quijote</em>, a Aira no le quedó más que encogerse de hombros al comprobar que su argumento era insostenible. Y en este punto me gustaría citar a Carmen María Imbert: «Existen dos formas de ver la vida que se contradicen o se complementan, según el modo en que se aborde la cuestión. Uno diría: el humor es la reacción del superficial, del que no sabe tomarse la vida en serio, del que no es capaz de llegar a los profundos fundamentos que la conforman, del que se evade cobardemente de ella. El otro diría: el humor es la atmósfera indispensable para que se den las virtudes, el signo inequívoco de madurez, la forma más realista de enfrentarse a la vida. Ambos tienen razón.»</p>
<p>El humor es por lo tanto, ambivalente, lo que le da risa a algunos no le da risa a otros, pero existe una actitud que subyace y permanece: el sentido del humor. La profesora Mary Ángeles Martínez del Pozo en su investigación sobre <em>El sentido del humor en la pedagogía de Tomás Morales </em>nos dice que el buen humor o sentido del humor se define como la facultad de captar y manifestar lo cómico y lo discretamente ridículo siendo el sano humorismo «&#8230;el género de ironía en el que predomina el buen humor». Se desvanece de esta forma el concepto superficial del humor, reconociendo que se trata de una capacidad de captación, de una sensibilidad ante la realidad de forma objetiva.</p>
<p>En una entrevista realizada con motivo del lanzamiento en DVD de <em>Figth Club</em>, se le pregunta a Palahniuk sobre qué sintió al ver su obra llevada a la pantalla grande. Chuck contesta que fue una experiencia aterradora ya que la película era una interpretación de las cosas que él y sus amigos hacían durante la época que escribió el libro. «Ver la película es como ver una adaptación a la pantalla de mi vida y contemplar, si bien no a mí mismo, sí a mis amigos diciendo las mismas cosas que dijeron tiempo atrás. El párrafo &#8216;We are the all singing, all dancing, crap of the world&#8217;, fue algo que dijo mi amigo Carston que estaba recién aprendiendo a hablar en inglés así que todo el tiempo usaba frases clichés como &#8216;all singing and all dancing&#8217;. Tras esta revelación le preguntan a Palahniuk cuanto de lo que está en la película está basado en hechos reales. El escritor contesta: «todo menos los clubes de la pelea», que por cierto comenzaron a expandirse como un foco infeccioso tras la película.</p>
<p>¿Por qué hago este paralelo entre Teobaldo y un autor que él probablemente jamás ha leído ni le interese? Pues porque veo que operan en un mismo nivel. <em>El Club de la Pelea </em>es una obra muy divertida, muy humorística y por cierto, muy develadora de los grandes defectos de la sociedad de consumo, la domesticación del ser humano, la violencia, etc., de la misma forma que lo es <em>Sonrisas estelares</em> y en especial <em>Otro día</em>. El mismo Teobaldo por lo demás confesó haber tomado «prestadas» (al igual que Palahniuk) frases, nombres, conceptos y diálogos enteros de sus amigos para varios de los cuentos de su cuarto libro. Pero yo me pregunto ¿qué escritor no lo hace? La nada solo puede engendrar nada. Al principio no fue la nada, fue el caos. La nada no existe y todos quienes escribimos aunque sea la ciencia ficción más delirante o el surrealismo más incomprensible, siempre estamos anclados en la realidad. </p>
<p>Pero regresemos al punto de la «decodificación» por parte del lector de <em>Otro día</em>. ¿Es posible para alguien que no conozca a la gente que Teobaldo tomó como modelos para sus personajes disfrutar de la lectura de esta obra? Formulemos la misma pregunta aplicada a <em>Figth Club</em>, usted que fue al cine a ver a Brad Pitt y Edward Norton, o que leyó la novela, ¿necesitó conocer a gente como Carston, el amigo de Palahniuk que hablaba en clichés para disfrutar de la obra en el nivel que sea? Le respuesta es no. No lo necesita y estoy seguro que cualquier persona que no sea un completo imbécil se reirá tanto como yo con este libro y, especialmente, con <em>Otro día</em> sin tener que estar al tanto que yo soy el <em>template</em> del capitán de la Orgasmo Cuántico.</p>
<p>En ese sentido todos los cameos y guiños que articula Teobaldo no son más que un <em>plus</em>, que ciertamente divertirán más a quienes sepan descifrarlos, pero que no le restan ni una pizca de interés a la aventura misma que es el relato dónde se reúnen todos los tópicos de la cf en una breve cantidad de páginas: las sociedades utópicas, los minerales inexistentes como la caborita, las federaciones de razas alienígenas, las naves generacionales, los agujeros de gusano como pórticos, el viaje en el tiempo y a otras realidades, las grandes y épicas batallas tanto en el espacio como en tierra, la ingeniería genética, la avanzada tecnología de una misteriosa raza&#8230; y no olvidemos la La tortura psico-pornoplástica y la invención del Cyberchantanismo.</p>
<p>Es increíble la cantidad de temas que Teobaldo ha logrado combinar sin nunca perder el ritmo trepidante y la distancia requerida para no engolosinarse con la parodia y ser coherente con la trama misma que además pose suficientes vueltas de tuerca como para no decaer en ningún momento sin ser tramposa. </p>
<p> Los autores que inspiraron a los personajes de <em>Otro día</em> operan como arquetipos, todas los seres humanos hasta cierto nivel reduccionista lo somos. Karl von Amira es un capitán eficiente pero algo malas pulgas que si bien está deslumbrado con los pechos de la bella Duhlzura, pareciera sufrir cierta tensión sexual con la extraña alienígena telépata de abordo. Aquí Teobaldo nos propone dos modelos femeninos, Duhlzura por un lado que es literalmente un caramelo cuya única finalidad es ser apeteciblemente sexy; y Sohl Heddad, la inescrutable alienígena de pelaje gris y rostro serio ante cuya mirada von Amira se siente empequeñecer debido a la intensidad de sus vigilantes ojos&#8230;</p>
<p>El lector no necesita saber quien inspiró a quién en <em>Otro día </em>más que como mera curiosidad o faranduleo. Todo lo que tiene que hacer, es dejarse llevar por el poli semántico humor de <em>Sonrisas estelares</em>, un viaje que no lamentará.</p>
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		<title>Nueva antología de ciencia ficción</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Dec 2007 12:12:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Veinte relatos de autores como Jorge Baradit, Alejandra Costamagna, Sergio Gómez, Alvaro Bisama y Francisco Ortega, entre otros, irrumpen en el panorama narrativo nacional con una arriesgada propuesta. El auge del género fantástico y la ciencia ficción en nuestro país tendrá un nuevo hito este jueves 13 de diciembre. En la Biblioteca Nacional lanzará la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4153" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2007/12/images_img_alucinaciones_portada.jpg" alt="Nueva antología de ciencia ficción" class="caption" title="Nueva antología de ciencia ficción" width="300" height="472" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2007/12/images_img_alucinaciones_portada.jpg 300w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2007/12/images_img_alucinaciones_portada-191x300.jpg 191w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Veinte relatos de autores como Jorge Baradit, Alejandra Costamagna, Sergio Gómez, Alvaro Bisama y Francisco Ortega, entre otros, irrumpen en el panorama narrativo nacional con una arriesgada propuesta.</p>
<p><span id="more-4154"></span></p>
<p>El auge del género fantástico y la ciencia ficción en nuestro país tendrá un nuevo hito este jueves 13 de diciembre. En la Biblioteca Nacional lanzará la antología <em>Alucinaciones.txt: literatura fantástica chilena para el siglo XXI</em>, y se anunciará el lanzamiento de un libro basado en el blog colectivo Ucronía Chile, con la Historia Alternativa de nuestro territorio.</p>
<p>La antología <em>Alucinaciones.txt</em>, bajo el sello de Editorial Puerto de Escape, reúne 20 relatos inéditos de diversos autores en torno al género fantástico. Están los mainstream y muy premiados Alejandra Costamagna (En voz baja, Dile que no estoy ), Tito Matamala (Manual del buen bebedor) y Sergio Gómez (Vidas ejemplares), cultores chilenos de la ciencia ficción como Jorge Baradit (Ygdrasil, hoy editada en España) y Pablo Castro (invitado chileno al festival Utopiales en Francia), el crítico y novelista Álvaro Bisama (Caja negra) y autores de best sellers locales como Francisco Ortega (El número Kaifman) y la joven promesa Francisca Solar (La Séptima M).</p>
<p>«Alucinaciones.txt es una puerta abierta a cuchillo al sótano de nuestro imaginario escondido», dice Jorge Baradit, premiado recientemente con el Premio UPC 2006, el más prestigioso de la literatura de ciencia ficción en español. Baradit, junto al editor Luis Saavedra (responsable del histórico fanzine Fobos), Pablo Castro, Rodrigo Mundaca (editor de TauZero, revista chilena especializada en el género) concuerdan que «Este libro es el canon de la literatura fantástica chilena del siglo XXI. Aquí comienza el territorio imaginario de Chile.» También, Marcelo Novoa (antologador de «Años Luz: Mapa Estelar de la Ciencia Ficción Chilena» y director de Puerto de Escape, la única editorial dedicada exclusivamente al género) opina que » a partir de hoy, la literatura chilena se ha vuelto fantástica…»</p>
<p>Según el prólogo de la destacada investigadora de literatura fantástica latinoamericana y académica de la Hamline University, Andrea Bell ( Cosmos Hispano, Science Fiction from Latin america and Spain (a critical anthology) y Latin American Science Fiction, a sourcebook), «Los temas eternos sobre la vida, la muerte y la (no) condición humana están representados en las flotantes calles de la post-apocalíptica isla de Santiago y en los recovecos de una alternativa Guerra del Pacífico. Estos son nuestros pasados sin descubrir. Son también nuestros presentes espeluznantes, y por cierto, nuestros cataclismos futuros».</p>
<p>Otros autores presentes en el libro son el poeta magallánico Óscar Barrientos (Égloga de los cántaros sucios), los novelistas: Sergio Amira (Identidad Suspendida), Sergio Meier (La segunda enciclopedia de Tlön), Alberto Rojas ( La Lanza Rota), el cuentista Luis Saavedra (finalista del concurso Domingo Santos 2005, en España) junto a destacadas voces nuevas de este género como Toncy Dunlop, Carlos Gaona, Ángela González, Marcelo López, Armando Rosselot, Gabriel Mérida y Soledad Véliz.</p>
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		<title>“La nunca desmentida vocación profética de la Ciencia-Ficción”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Letras de Chile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2018 20:33:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(Sobre la obra de Edward Grove)A propósito de la reedición 2018 de sus novelas El sobreviviente y Ellos esperan Bartolomé Leal La Ciencia-Ficción (CF) como género literario es un producto propio del siglo XX, y cualquier intento por verle un comienzo previo en los mitos, las religiones o los relatos fantásticos, es un absurdo. No [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" alignright size-full wp-image-4088" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2018/12/images_img_Tapa-libro-Edward-Grove.jpg" alt="“La nunca desmentida vocación profética de la Ciencia-Ficción”" align="right" width="1000" height="1551" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2018/12/images_img_Tapa-libro-Edward-Grove.jpg 1000w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2018/12/images_img_Tapa-libro-Edward-Grove-193x300.jpg 193w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2018/12/images_img_Tapa-libro-Edward-Grove-660x1024.jpg 660w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2018/12/images_img_Tapa-libro-Edward-Grove-768x1191.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2018/12/images_img_Tapa-libro-Edward-Grove-990x1536.jpg 990w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></p>
<p><strong>(Sobre la obra de Edward Grove)</strong><br />A propósito de la reedición 2018 de sus novelas <em>El sobreviviente</em> y <em>Ellos esperan</em></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Bartolomé Leal</strong></p>
<p>La Ciencia-Ficción (CF) como género literario es un producto propio del siglo XX, y cualquier intento por verle un comienzo previo en los mitos, las religiones o los relatos fantásticos, es un absurdo. No podría haber nacido algo así sin que hubiera aparecido antes la ciencia, tal como la concebimos ahora. Una disciplina rigurosa que busca entender la realidad con bases objetivas y no subjetivas, con hechos y no alucinaciones; y menos aún con pases de magia o visiones de supuestos adivinos.</p>
<p><span id="more-4089"></span></p>
<p>Fue con Julio Verne que se dieron, a fines del siglo XIX, las primeras aproximaciones al género de la CF, aunque el gran maestro francés quiso antes que nada crear una narrativa de aventuras diferente, unas “historias extraordinarias” como les llamó. Incorporó para ello algunos elementos de la revolución tecnológica que se aproximaba, aportando su olfato premonitorio.</p>
<p>Los libros que realmente se ocuparon de temas científicos, para reflexionar acerca de problemas contemporáneos de la especie humana y su evolución en el plano político, económico o social, fueron los de H.G. Wells en los albores del siglo XX. Sus títulos lo dicen todo: <em>Los primeros hombres en la luna, La máquina del tiempo o La isla de las almas perdidas</em>, como se conocieron en idioma castellano.</p>
<p>Así pues, los avances del conocimiento debidos a la actividad científica y el desarrollo tecnológico consecuente, fueron proyectados por Wells y sus seguidores en un afán demostrativo, cuando no en clave de advertencia, acerca de lo que podría ocurrir frente a los cambios culturales, en los comportamientos y actitudes, en las opciones políticas que se podrían dar.</p>
<p>Robert Heinlein, un gran autor del género ha dicho, medio en serio medio en broma, que la capacidad de anticipación de la CF era un tema probabilístico, ya que se comenzó a escribir tanto sobre el tema de la ciencia y sus consecuencias, en novelas, cuentos y películas, que era bastante posible apuntarle a lo que sería el futuro. Anotemos, para compensar, que muchos autores se preocuparon de ampliar su formación científica y aprovecharon de manera inteligente esa inquietud. Es el caso de Edward Grove, el autor que presentamos.</p>
<p>Cabe señalar que la obra de H.G. Wells significó una bifurcación en al menos dos corrientes de la CF. Una que siguió la senda abierta por Verne y dio origen a los aportes de Edgar Rice Burroughs (el creador de Tarzán, el hombre-mono), que creó toda una serie de aventuras interplanetarias o invasiones extraterrestres. Dicha corriente arrastró a los cultores de la llamada “ópera espacial”. Wells también aportó en esta línea, como los más recientes Robert Heinlein, Isaac Asimov o Fredric Brown. Entre muchos otros.</p>
<p>Otra corriente es la que se ha llamado la “CF especulativa”, a partir de Wells y también de Aldous Huxley, Karel Capek y George Orwell, autores considerados serios que incursionaron en la proyección de futuros. La preocupación se trasladó entonces a los estragos que la ciencia ha ido creando en el desarrollo humano, a pesar suyo, sobre todo conforme a su uso y abuso por el poder. Hablamos de la destrucción de las civilizaciones por las guerras, los desastres ecológicos, las mutaciones provocadas por virus o bacterias, la evolución no prevista de plantas y animales, los excesos de la publicidad o las comunicaciones. Por solo nombrar algunos tópicos recurrentes.</p>
<p>Esta corriente ha dado tal vez los mejores autores del género de la CF, tanto por su calidad literaria como por la profundidad de sus conceptos. Muchos de ellos han sido proféticos quizá sin proponérselo. Por solo nombrar unos pocos, están J.G. Ballard, Ray Bradbury, Theodore Sturgeon, Zena Henderson, Philip Dick, Frank Herbert y tantos otros que no hay espacio para mencionar. Los aficionados saben lo que les gusta y tienen sus preferencias.</p>
<p>En nuestro idioma ha habido pocos autores del género de la CF. Destaca un puñado de chilenos: Hugo Correa, Antoine Montagne, Elena Aldunate y Diego Muñoz Valenzuela. A ellos se agrega Edward Grove, autor de varias novelas en los años 90 que se han transformado en objeto de culto, y que se reeditan en este volumen para delicia de los fans.</p>
<p><em>El sobreviviente</em> es una novela de la subcorriente de la CF bautizada del “último hombre en la tierra”. Es un tema que ha sido tratado brillantemente en varios clásicos del género, como <em>La tierra permanece</em> de George Stewart, <em>El día de los trífidos</em> de John Wyndham, y <em>Soy leyenda</em> de Richard Matheson, libros amados sin límites por los aficionados. Así presenta Grove las angustias de su protagonista:</p>
<p>“Las pesadillas que atormentaban sus noches ganaron un escenario real. Las muertes, los asesinatos, la violencia, el miedo, se unían y no en sueños. Era el final del camino. Ninguna de sus víctimas apuntaría su dedo denunciando los crímenes. Lucharía una vez más. Se negaba a dejar la tierra a esos bastardos; a esos vegetarianos de sangre fría”.</p>
<p>Se trata de un virus que ha atrapado a la humanidad, que los dota primero de un desenfrenado apetito sexual y luego de un impulso por matar que no se detiene en la propia autodestrucción, en el marco además de una imposibilidad de alimentarse. Solo ansían beber y beber más. Grove mete el dedo en la llaga en asuntos oscuros que nos representan.</p>
<p>Lo suyo no es pues la esperanza en la tecnología o el desarrollo (en especial el consumo) para el futuro de la humanidad, digamos la utopía, sino al revés, el escepticismo ante el camino por recorrer y lo inevitable del desastre, la distopía. Cabe señalar que Edward Grove maneja con acierto los fundamentos científicos de su trama narrativa, combinados con una capacidad de crear suspenso que le viene de ser también cultor del género policial.</p>
<p><em>Ellos esperan</em>, por su parte, como novela es ambiciosa y polifacética, inscribiéndose en otra subcorriente de la CF especulativa: la novela de los “mundos ocultos o secretos”, donde se desarrolla una civilización paralela que, en el propio planeta, bajo nuestro pies, va corroyendo la civilización de la superficie. Busca destruirla en un holocausto de proporciones inimaginables.</p>
<p>Nuevamente vale la pena señalar algunas obras clásicas que he considerado pertinentes. Esta vez más próximas geográficamente a nosotros. Una es <em>Bajo los Andes</em>, obra juvenil del autor policial Rex Stout y que relata la aventura en unas cavernas en el Perú donde viven los descendientes de los incas, que han mutado en una raza semibestial. Otra es la bien conocida novela <em>El país de los ciegos</em> de H.G. Wells, que narra el encuentro con una raza degenerada que ha perdido la vista y vive en algún lugar oculto de la cordillera de los Andes en Ecuador.</p>
<p>Los seres que habitan en unas cavernas subterráneas en la costa de la Patagonia chilena, en la novela de Edward Grove, han degenerado de su propia manera, sobre todo por verse inhabilitados para darle continuidad a su raza. Esto a pesar de haber desarrollado capacidades mentales superiores. Una imposibilidad de amar los vuelve fríos y crueles, y con un afán de dominación que los impulsa a elucubrar planes para apoderarse de la superficie y reinstalarse allí para desplazar a la raza humana y sobrevivir.</p>
<p>Bien vale señalar que Grove, un autor del siglo XXI, posee un bagaje ideológico y cultural mucho más abierto que el que emplearon muchos clásicos de la CF, constreñidos por censuras y autocensuras. Es por eso que destaca la desfachatez que Edward Grove emplea para describir y de alguna manera disectar las costumbres sexuales de sus personajes, en la vida cotidiana y en sociedad, dándole a sus obras un toque picante que las pone a tono con la forma de escribir contemporánea, que ya no acepta tanto las ingenuidades de algunos viejos tercios del género.</p>
<p>Edward Grove se adelanta también a algunas modas recientes de temas tradicionales en los géneros de horror y CF, como la de los muertos vivientes. Aporta una visión asaz original con un interesante marco científico, reforzado por una soterrada crítica a la ideología consumista que nos domina, que sumada a una obsesión por el entretenimiento y el placer, traspasa incluso los límites del instinto de sobrevivencia.</p>
<p>Espero que los lectores y lectoras puedan disfrutar de estas dos novelas como las he disfrutado yo.</p>
<p><strong>Edward Grove</strong> es seudónimo del escritor chileno <strong>Eduardo Soto Díaz</strong>, autor de <em>En la Oscuridad del Miedo</em> (2004), <em>Tras las nubes habitan los ángeles</em> (2006) y <em>El Orden de los Brujos</em> (2012), obras que se adscriben al género negro.</p>
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		<title>Teobaldo Mercado Pomar: Artesano de la ciencia ficción</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Letras de Chile]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Mar 2008 12:17:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Omar E. Vega Teobaldo Mercado es un hombre alto, que nos hace parecer al resto como pertenecientes a una raza de pigmeos. Serio y de gafas, da la impresión de ser una persona rutinaria y conformista, quizás un empleado fiscal. Sin embargo, quienes le conocemos en este pequeño mundillo de la CF chilena, sabemos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Por Omar E. Vega</em></strong></p>
<p>Teobaldo Mercado es un hombre alto, que nos hace parecer al resto como pertenecientes a una raza de pigmeos. Serio y de gafas, da la impresión de ser una persona rutinaria y conformista, quizás un empleado fiscal. Sin embargo, quienes le conocemos en este pequeño mundillo de la CF chilena, sabemos que es un luchador incansable en el duro oficio de escribir ciencia ficción en nuestro país.</p>
<p><span id="more-4054"></span></p>
<p>Por si fuera poco, no sólo escribe algunas de las mejores historias del género, sino que, además, edita sus propios libros, trabajando como editor, corrector de pruebas, impresor, encuadernador y distribuidor de sus propios libros.  Con cuatro libros publicados y varios en camino, Teobaldo Mercado es sin duda el escritor de Ciencia Ficción más prolífico con que contamos en el medio local. Sin embargo, el hecho de ser su propio editor le ha traído la marginación por parte de algunos de sus pares. Existe en el medio local el prejuicio de que sólo las casas editoriales mayores publican buena literatura y que la autoedición es repugnante. Quienes así lo piensan olvidan que muchos famosos autores del pasado se auto-editaron, que las editoriales grandes prefieren al autor populachero y de moda que al de calidad, y que se puede encontrar los errores más horrendos en libros publicados por las así llamadas “buenas editoriales”</p>
<p>Teobaldo aprendió el oficio como discípulo de Carlos Raúl Sepúlveda, escritor señero de la ciencia ficción chilena, muy conocido por los especialistas pero injustamente olvidado por el público en general. Fallecido recientemente, Carlos Raúl Sepúlveda escribió en los tiempos del apagón cultural chileno de la dictadura. Este escritor talentoso logró no sólo mantener vivo el género en sus años más difíciles sino que forjó a muchos escritores nuevos en la mística de escribir contra todo obstáculo. Teobaldo recuerda a su maestro con mucho cariño y agradecimiento, adjudicándole el origen de su conocimiento técnico y de su actitud luchadora ante las letras.</p>
<p>Con estos prejuicios en mente, comencé a leer la serie de cuentos de ciencia ficción de Teobaldo y quedé maravillado. Lo que sigue es mi crítica a una obra poco conocida fuera de nuestro mundillo, y espero que sirva para abrir la mente a quien no le conoce, todavía.</p>
<p>Teobaldo es un escritor de cuentos de ciencia ficción de estilo tradicional. De técnica perfecta, tiene la habilidad de transportarnos a mundos remotos y situaciones extremas con naturalidad, claridad y perfección. No encontraremos en Teobaldo el abuso de la violencia y de la repugnancia, tan comunes en otros autores que gozan de más popularidad. Lo que hallamos en él son cuentos escritos con perfección clásica, que combinan el futurismo con el terror y la fantasía.</p>
<p>Su primera colección de cuentos se llama “Bajo un sol negro” y fue publicada en el 2005, contiene historias de ciencia ficción, terror y fantasía. En estos, se nos muestra como un escritor imaginativo que tiene un excelente manejo de la tensión. Una de las imágenes imborrables que me dejó esta serie fue el cuento “Lamentos”, donde aparece una nave extraterrestre de silueta ovoide enterrada en medio de la Alameda. También recuerdo la tensión que me produjo su cuento “el pueblo que no debía existir” y las meditaciones filosóficas de un vampiro en “El vampiro y el tiempo”.</p>
<p>Luego de este libro, Teobaldo publicó dos series más, llamadas “Hijos de las estrellas” (2006) y “Fragmentos de infinito” (2007), de los cuales mencionaré algunas historias que me impactaron, sin perjuicio del resto. En “Hijo de las estrellas” aparece el cuento “Ficción Científica”, que es una ucronía muy descabellada sobre un mundo alternativo, donde Chile se nos presenta como superior a Estados Unidos. En ella aparece un mundo retro, de mediados del siglo XX, donde Chile tiene a su haber el liderazgo mundial. Al leerlo, no pude menos que compararlo con la famosa serie de ciencia ficción chilena “Julio Tellez”, de Alberto Edwards, publicada a principios del siglo XX, y que nos muestra  a Chile como una superpotencia. En “Fragmentos del infinito” aparece uno de sus cuentos que prefiero. Se trata de “Por el rabillo del ojo”. Una historia de enervante suspenso que nos advierte sobre los peligros de la clonación. En ella Teobaldo nos muestra su talento y garra de escritor en plenitud, por lo que no es extraño que esta historia fuera seleccionada para la antología de “Lo mejor de la ciencia ficción chilena” (2008), publicada por el e-zine Alfa Eridiani, en España.</p>
<p>El último libro publicado por nuestro autor es “Sonrisas estelares” (2008), una delirante parodia sobre el mundillo de la ciencia ficción nacional. Teobaldo describe en ella a varios conocidos autores nacionales, haciéndolos aparecer como personajes de libros de historieta. Ver a estos ilustres escritores retratados y maltratados en la trama no deja de ser divertido. Al menos me hizo reír muchísimo, a pesar de que el autor también hizo una caricatura grotesca de mi persona, que también me arrancó una sonrisa estelar. En cuanto a los cuentos en si, encontré particularmente geniales “Momento mágico” y “La chica que quería tener cola”. Esta última es quizás la mejor historia que le he leído a Teobaldo Mercado hasta ahora, por su idea, su crítica social al vacío existencial contemporáneo, y su excelente manejo de la trama.</p>
<p>Teobaldo Mercado sigue escribiendo incansable, produciendo nuevas historias de gran calidad técnica y profundidad filosófica. Sin dudas seguiré leyéndolo por muchos años, y tengo la certeza de que sus admiradores seguirán creciendo en el tiempo, premiando finalmente a este esforzado artesano de la ciencia ficción que nos enorgullece.</p>
<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2008/03/08/teobaldo-mercado-pomar-artesano-de-la-ciencia-ficcion-2/">Teobaldo Mercado Pomar: Artesano de la ciencia ficción</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
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		<title>Hugo Correa inicia viaje por el infinito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Letras de Chile]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Mar 2008 12:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Género fantástico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marcelo Novoa Hoy ha fallecido Hugo Correa, el principal escritor de Ciencia Ficción de Chile. ¿Pero, los lectores del presente auscultaron alguna vez esta verdadera esfinge del futuro? A manera de saludo póstumo, les informamos sobre su trayectoria siempre solitaria y sus poco difundidas obras, que ciertamente, abrieron el camino para que existan sitios, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" size-full wp-image-4039" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2008/03/images_img_hugocorrea.jpg" alt="Hugo Correa inicia viaje por el infinito" class="caption" title="Hugo Correa inicia viaje por el infinito" width="266" height="190" /></p>
<p><strong><em>Por Marcelo Novoa</em></strong></p>
<p>Hoy ha fallecido Hugo Correa, el principal escritor de Ciencia Ficción de Chile. ¿Pero, los lectores del presente auscultaron alguna vez esta verdadera esfinge del futuro? A manera de saludo póstumo, les informamos sobre su trayectoria siempre solitaria y sus poco difundidas obras, que ciertamente, abrieron el camino para que existan sitios, blogs y autores aún desperdigados por las escasas editoriales interesadas en el género fantástico.</p>
<p><span id="more-4041"></span></p>
<p>En la misma colección de Editorial del Pacífico, donde asoma un joven Lafourcade con «La fiesta del Rey Acab», Hugo Correa publicó Los Altísimos (1959), una rareza por donde se le mire, pues esa colección no vuelve a incluir otros autores de ciencia ficción, además de adelantarse a clásicos como Larry Niven (Mundo Anillo, 1970) y Arthur C. Clarke (Encuentro con Rama,1973) al describir estética y exhaustivamente un mundo artificial en conflicto, sin soluciones facilistas ni ramplonas descripciones. Es claramente uno de los clásicos modernos de CF Latinoamericana, junto a Bioy Casares, Gorodischer y Arango. Pues, es el único escritor chileno del género que tiene publicaciones en España, bendecido por un sacrosanto Ray Bradbury, además de contar con traducciones al alemán, inglés, francés, portugués y sueco. Por cierto, su notoriedad será mínima, en relación a la «corriente principal» -realista a ultranza- que guió todo el siglo XX de las letras chilenas.</p>
<p> Luego vendría El que merodea en la lluvia (1962), donde enrarece un ambiente rural con la presencia del monstruo extraterrestre de rigor, en una lograda fusión de terror campesino e intriga existencial; Los títeres (1969) reúne cuatro relatos acerca de robots y sus amos humanos, quienes ya no quieren tener tratos ni contactos reales y para ello se sirven de estos verdaderos «alter egos».</p>
<p> Para llegar a Alguien mora en el viento, (nouvelle publicada en 1966) y luego incluido al final de la colección de narraciones: Cuando Pilato se opuso (1971). Es una bella y terrible historia de astronautas varados en una isla vegetal que flota en las apremiantes corrientes aéreas de Venus. Aquí brillan las virtudes literarias de la prosa de Correa, tanto para crear atmósferas opresivas, como para sugerir a través de diálogos breves todo el dramatismo de unos personajes enfrentados a conflictos universales, como la inmortalidad y el deseo por sobre al amor.</p>
<p>En Los ojos del diablo (1972) vuelve a incursionar en una variedad del realismo mágico terrorífico ambientado en el campo chileno. Sólo las reediciones de Los Altísimos (73 – 83) asaltan solitarios el paisaje desolado y apolítico de esa década de censuras, torturas y desapariciones.</p>
<p>Más tarde, publicará El Nido de las Furias (1981) que es su aporte a las distopías autoritarias tan queridas por el género a partir de los 70, con la creación notable de un dictador apremiado por poderes ocultos que no alcanza a manejar a su antojo. Luego, volvería sobre sus preocupaciones metafísicas, con su novela Donde acecha la serpiente (1991) que pone al mismo Lucifer como uno de los protagonistas de esta historia.</p>
<p> Y le toca el turno a su última novela: La corriente sumergida (1993) que contradictoriamente, cierra su ciclo novelesco con un retorno a la infancia y adolescencia, a través de una narrativa realista sobre cierta picaresca de bares y pensiones, que solía existir en los años cincuenta en Santiago de Chile.</p>
<p> Retirado de la escritura por mano propia, se le pudo ver y leer -por última vez- en la Antología de la Ciencia Ficción chilena de todos los tiempos: Años Luz (Puerto de Escape, 2006). Hoy cualquier homenaje será tardío, pero algunos podemos estar tranquilos de haber aplaudido y celebrado a este pequeño gigante de las letras de anticipación, cuando correspondía, en vida, rodeado de libros en la sala Ercilla de la Biblioteca Nacional.</p>
<p>Podemos concluir que la obra medular de Hugo Correa representa la maduración estilística de temas y recursos que, tímida pero sostenidamente, habían generado un espacio a la vera del realismo patrio. Y permite incluso, vislumbrar su influencia positiva en los autores de relevo, que sólo florecerán hacia el final de la década de los 80tas. Un adelantado de sí mismo.</p>
<p>Aunque este autor ya no recibió reconocimiento mayor (aunque el fándom local le conoce y admira), es entre los jóvenes lectores (des)informados donde sigue siendo una incógnita por resolver. Lo que nos invita a reflexionar sobre la diversidad de caminos que la imaginación suele tomar a la hora de emprender vuelo poético. Y la cada vez más necesaria generosidad de los lectores de una época, para reconocer a sus verdaderos talentos.</p>
<p>Hugo Correa viaja plácidamente por el infinito, y sólo nos queda alzar la vista y leerle en medio de las estrellas, nuestro hábitat final.</p>
<p> ***</p>
<p> Lea la última entrevista a Hugo Correa en:</p>
<p><a href="http://www.puerto-de-escape.cl/01/01/index.htm">www.puerto-de-escape.cl</a></p>
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