DSCN0487Por Josefina Muñoz Valenzuela

En esta ocasión, el tema estuvo centrado en la narrativa posdictadura. Participaron Antonia Viu, doctora en Literatura Chilena e Hispanoamericana, U. de Chile y académica de la U. Adolfo Ibáñez; Antonio Gil, destacado escritor y periodista, y Fernando Moreno, doctor de Estado en Estudios Latinoamericanos por la U. de Poitiers y director del Centro de Investigaciones Latinoamericanas de la misma universidad.

Antonia Viu señala la necesidad de establecer temas que demarquen ámbitos de discusión de la narrativa histórica posdictadura. Destacó algunos nombres significativos en relación al tema, como Jorge Guzmán, Eduardo Labarca, Guillermo Blanco y, desde luego, Antonio Gil. La narrativa histórica del período posdictadura se relaciona con esa historiografía que ha construido una historia oficial única e inamovible, de una manera que necesariamente implica tensiones y cuestionamientos: desde la literatura, los llamados “hechos históricos” se articulan e interpretan desde otros ángulos en que, justamente, se pone en duda la historia oficial. Señaló también la relación entre la narrativa histórica de los años 90 y la vinculación con el modelo neoliberal, así como el mestizaje, que puede entenderse como el lugar en que se integran las diferencias hasta que dejan de notarse o también como un espacio de tensión (como es el caso de la novela de Jorge Guzmán “Ay Mamá Inés”), en que las diferencias no se mezclan armónicamente.

Por otra parte, destacó la importancia de una mirada a los archivos, que se han entendido preferentemente como acumulación de datos, pero que también pueden ser mirados desde su propia vitalidad como restos de algo mayor.

DSCN0502Antonio Gil es uno de los escritores chilenos que ha puesto el acento en la memoria y la historia, pero donde el pasado es revisitado para iluminar el presente a través de profundas relecturas y reinterpretaciones. Entre sus novelas están Hijo de mí (1992), Cosa mentale (1996), Mezquina memoria (1997), Circo de pulgas (2003), Las playas del otro mundo (2004), Cielo de serpientes (2008), Carne y jacintos (2010), Retrato del diablo (2013), Apache (2014).

inició su intervención citando al filósofo y escritor argentino José Pablo Feinmann: la verdad se construye y la realidad no existe; así, caben miles de interpretaciones, tantas como sujetos que lo intenten. Con humor y agudeza señaló que la historiografía se encuentra entre la literatura fantástica y la narrativa de terror. Declaró su fervor por la metafísica y la ciencia ficción, territorio donde chocan lo posible y lo imposible, así como el tiempo, el único misterio que vale la pena resolver.

Se preguntó también qué pasa, cómo pueden definirse, a qué estatus pueden adjudicarse aquellas novelas en que “ni una sílaba es imaginación”, como es el caso de su novela “Apache”. Queda pendiente una respuesta, si la hay, aunque reconoce que lo que define el ser de una escritura es cómo se ha gestionado el texto.

Destacó también la existencia de dos padres literarios señeros en su interés por la revisión de la historia desde nuevas perspectivas: Alejo Carpentier (El arpa y la sombra, novela sobre Colón) y M. A. Asturias (Maladrón, situada en 1600, ya terminada la conquista de Guatemala).

DSCN0510Fernando Moreno entregó un panorama lúcido y sintético sobre la novela histórica actual. Caracterizó el período posdictadura por su profusión de obras narrativas, al extremo de que “los árboles no dejan ver el bosque”, lo que dificulta su categorización. La novela chilena contemporánea está marcada por el golpe y la dictadura, así como sucede con el discurso testimonial. Desde los 90, con la transición, la narrativa sigue indagando la historia y las secuelas en el presente. En las letras continentales de países que pasaron por períodos de dictadura, se observan procesos de ficcionalización en que constantemente se rescata el pasado y se buscan claves para entender el presente, cuestionando las verdades absolutas.

Se ficcionaliza de muchas y diferentes maneras: personajes que se construyen como representativos y emblemáticos, alta complejización de la escritura, mujeres que tuvieron roles importantes en algunos períodos históricos, la ciencia ficción y muchos otros. La extrema variedad de la novela chilena pareciera ser la característica central de los años de posdictadura, convirtiéndose en “una escritura de la memoria y una memoria de la escritura”. Así, es un espacio abisal que hay que seguir analizando y estudiando para entender y entendernos mejor.

En el espacio de comentarios surgió la pregunta sobre cómo sitúan la investigación periodística; para A. Gil, los periodistas trabajan con sucesos y personas de tiempos más recientes, mientras los escritores suelen saltar muchos siglos atrás. F. Moreno señala que en la escritura periodística hay mayor preocupación por el contenido que por la escritura propiamente tal, al contrario de la literatura en que ambos aspectos son fundamentales.

Se comenta con asombro la gran cantidad de escritores y la baja cantidad de lectores. Una posible explicación es que nos encontramos en un momento de disputa por el sentido de la realidad, con la necesidad de explicarnos lo que ha pasado en Chile desde los años 70 hasta el presente. F. Moreno reafirma que aún estamos en período de posdictadura, por tanto, de muchas preguntas aún sin respuesta. A. Gil se pregunta hasta dónde llega el pasado, cuál es el límite, y recalca que aún hay una deuda pendiente con dos grandes figuras de nuestra historia: los presidentes Balmaceda y Allende.

Los invitamos a seguir participando en estos encuentros y a leer las obras literarias y ensayísticas que han abordado estos trágicos períodos de dictaduras latinoamericanas.