Por Claudio Ramírez de Arellano

Enrique Cogollos, en edad adolescente, inició sus estudios en el Seminario de Logroño, donde sus padres que eran fervientes creyentes de la fe católica lo enviaron para que se educara en la disciplina del catolicismo. Fueron ocho e intensos años de estudio que Enrique con mucho esfuerzo logró terminar para cumplir con su deseo de emigrar a Barcelona a continuar su formación sacerdotal. Le atraía la idea de estudiar con los catalanes, porque se caracterizaron por su rebeldía contra el régimen dictatorial de Franco.

La influencia catalana en la Iglesia Católica era muy significativa. Eso le entusiasmaba a Enrique, especialmente por la defensa y promoción del idioma catalán en la liturgia y la vida eclesiástica. Durante el siglo XX, los catalanes tuvieron una clara posición de rechazo a la represión que ejercía el franquismo.

Cuando estaba por ser ordenado sacerdote, era noticia internacional que en un lejano país de América Latina se había establecido democráticamente un régimen socialista. Algo inédito que a Enrique le interesó conocer. La instauración de un régimen socialista se lograba por la fuerza revolucionaria de los pueblos contrarios al capitalismo, esa era la creencia dominante.

Pasó varios días recopilando antecedentes de lo ocurrido en esa nación. Fue aumentando su conocimiento sobre ese país llamado Chile ubicado en el extremo sur aledaño a las costas de América con el Océano Pacífico. Se enteró de la historia del caudillo de este hallazgo. Un médico que había luchado muchos años por su idea socialista. Interesante personaje que amaba profundamente a su gente. Un pueblo extorsionado por las desigualdades sociales.

Pasó varios días y noches madurando una idea que se le hacía difícil, pero no imposible de lograr. Finalmente, con valentía decidió pedir una entrevista con su superior y manifestarle su deseo de ser destinado a alguna iglesia de ese remoto país. Cuestión que no fue fácil, pero, felizmente, el superior de la Congregación aceptó plantear al obispo la idea del cura Enrique

Varios días Enrique meditó y rogaba que su idea pudiese ser aprobada. Hasta que lo llamaron que se presentara ante el Obispo, el cual le comunicó la aceptación de su solicitud de ser trasladado a la República de Chile. a la Diócesis de San Felipe de Aconcagua, aunque sin la ordenación de sacerdote.

Comenzó su preparación para viajar a Chile. El traslado requería tiempo pasajes y dinero.

Un día de agosto de 1971 llegó a San Felipe y se presentó ante el obispo a quien le manifestó su idea que era una inquietud poco común. Un joven sacerdote que deseaba ser partidario de la gran tarea que tenía la agrupación política de izquierda denominada Unidad Popular para implantar un programa de gobierno.

Excepcionalmente, después de reflexionar un tanto, el prelado aceptó su idea sin dejar de advertirle que correría varios riesgos, sobre todo por ser extranjero y representar a la iglesia católica que tradicionalmente en Chile no se comprometía con políticas revolucionarias y de actuar en favor del gobierno de Salvador Allende.

-Cuenta con mi aprobación y bendición -le dijo.
Sus primeros contactos fueron con los agricultores de la comuna de San Esteban que estaban en la formación de un asentamiento campesino. En ese ambiente campestre fue encontrando personas muy comprometidas con la idea de instaurar definitivamente un régimen marxista en el país. Conoció el grupo Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de extrema izquierda que planeaban expropiar los bienes acumulados por los poderes económicos del país para distribuirlos entre los pobres.

Fue haciéndose conocido por su característica religiosa y revolucionaria. De diferentes instituciones lo llamaban para contar con su apoyo ideológico sin dejar de lado lo espiritual.

Yo lo conocí cuando llegó a trabajar a la industria de automóviles que se había instalado en la ciudad de Los Andes. Rápidamente pasó a integrar las comisiones de defensa del régimen de la Unidad Popular que se formaban para enfrentar a grupos de extrema derecha que se habían instalado sembrando el terror. A Enrique, esta situación, le recordaba lo ocurrido en España con los grupos franquistas. Ya se conocía la mano del imperialismo yanqui que estaba financiando las campañas de sedición para hacer fracasar el proyecto político de la Unidad Popular.

Se había creado el caos mediante huelgas de los principales gremios como los médicos, los agricultores terratenientes, los comerciantes y el más relevante, el de los transportistas que mantenían los abastecimientos. Como consecuencia de ello, había una falta extrema de productos de primera necesidad; ellos los mantenían acaparados en ocultos galpones.

Enrique se encontraba muy involucrado con el MIR. Muchas veces llegaba a trabajar a la fábrica alentando a sus compañeros de faenas en defender al gobierno del pueblo. Mantenía un compromiso a toda prueba de lealtad con los principios políticos que lo motivaban a mantenerse firme ante la embestida del poder de los opositores a Salvador Allende.

La situación había llegado a límites incalculables. Se presumía una catástrofe.

El día once de septiembre de 1973, el presidente Allende iba a llamar a un plebiscito para que fuera el pueblo quien decidiera la continuidad del gobierno de la Unidad Popular.

No fue así…

Se conoce mundialmente cómo transcurrieron las fatídicas horas de ese once de septiembre.

El lunes diez de septiembre en la fábrica donde trabajaba Enrique, no se presentaron varios otros conocidos integrantes del MIR.

Después se supo que el obispo de San Felipe, utilizando todas sus influencias, rescató al cura Enrique, que estaba prácticamente secuestrado, y lo había embarcado de vuelta a España.

De sus compañeros del MIR nunca más se supo…

Claudio Ramírez de Arellano
Septiembre 2025

Claudio Ramírez de Arellano
Claudio Ramírez de Arellano

Claudio Ramírez de Arellano, Constitución, 1946, Técnico Industrial Mecánico de la Universidad Técnica del Estado, especialista en gestión de calidad. Ha participado en varios talleres de cuentos con Diego Muñoz Valenzuela y buscar registrar las vivencias y memoria de los tiempos que le ha correspondido vivir.