(POR SI ALGÚN RUFIÁN LA LEYERA Y SE DIERA POR ALUDIDO, ¡JA!).

Por Jorge Lillo

Continuamos, pues, Doctor,
carentes de su palabra,
en esta danza macabra
de fraudes y corrupción.
El pueblo, sin dirección,
desperdicia su energía
observando día a día
aflorar la podredumbre.
Sólo resta, en mansedumbre,
confiar en Contraloría.

El domingo habrá primarias;
quién sabe quién ganará;
va la izquierda y va Tohá
en contienda estrafalaria.
Su palabra extraordinaria
se perdió en la confusión.
Accionar sin conducción
es ir derecho al abismo
y fortalece al fascismo
gobernar por omisión.

Así es la cosa, Doctor…
¿Su partido, aquel señero?
…ya no quedan “compañeros” …
hoy se tratan de “señor”.
Su palabra, Salvador,
no se cita ni en su casa,
pero en las calles y plazas
sigue latente su sueño.
Los de antes tienen dueños
y en su partido se tasan.

Aquí estamos, pues, Doctor,
dependiendo de la suerte;
hace falta algún Lafferte,
un Grove, o un Salvador.
En medio de este fragor
en que la abulia nos barre,
hace falta un Recabarren
también un Clotario Blest.
El que más falta es usted
pa’ que estas riendas agarre.

Hace falta, Presidente,
su dirección combativa,
seria, certera y altiva
que iba siempre de frente.
Cada día es más patente,
su grandeza, Compañero,
pues el poder del dinero
hoy cambió los ideales.
Los que usted creyó “leales”
tienen precio o se vendieron.

Sólo el pueblo no lo olvida.
Debatiendo sus ideas
en medio de una asamblea
en La Legua o en Lo Hermida,
–de cara frente a la vida–,
escuchaba al estudiante
y exigía al militante:
“¡consecuencia, compañero”!
Pasa el tiempo y sigue entero
su ejemplo, como un gigante.

Jorge Lillo / Versión actualizada / 26 de junio de 2025