Por JORGE LILLO / 4 DE ENERO DE 2026

Donde, revisando viejas fotos, hago recuerdos del pasado,
añorando hermosos tiempos lejanos de azarosa juventud.

Me dicen que en esta foto
se nota mi sobrepeso,
que tengo poco pescuezo
y luzco facha de roto.
¿Para qué tanto alboroto
por una fotografía?
Hace tiempo no iba
a veraniar a Llolleo
y por culpa de un choreo,
me fichó la policía.

Aquí salgo con mi vieja
en la ciudad de Parral,
cuando caí al hospital
por un balazo en la oreja.
Detrás, está la pareja
de pacos de compañía;
la que siempre se comía
mis queques y mis pasteles,
pues no ofrecen los cuarteles
servicio’e pastelería.

¡Ah, qué recuerdos tan gratos!
Aquí estamos en Mulchén,
cuando pasiábamo’en tren,
vendiendo hasta los zapatos.
Trepábamos como gatos
con tortas de Curicó,
sarta’e piures de Angelmó,
y sustancias de Chillán,
mas me agarró Sanidad
cuando uno se intoxicó.

Me gustaba esta camisa:
mangas cruzás por delante,
que me daba buen semblante
cuando la usaba en la misa.
Me la chantaban sin prisa
con gran prudencia y esmero;
yo les llamaba ‘escuderos’
causándoles mucha gracia
y al lado de la farmacia
me entregaban al loquero.

Acá estamos con mi novia
de visita en Alto Hospicio,
mientras hacía el Servicio,
bajo un sol que nos agobia.
Después surgieron mis fobias:
con esos celos punzantes
eliminé dos galantes
que rondaban a la chica.
Luego, a la sombra en Arica,
añoraba el tiempo de antes.

En este daguerrotipo
aparezco con mi abuelo,
que se murió de desvelo
por un ataque de hipo.
Cuentan que no era un mal tipo,
que se hizo mal cartel;
que soy parecido a él
en mi afición de ratero;
que siempre usaba el sombrero
ladeao, como Gardel.

Cierro el álbum del recuerdo
lagrimeando de nostalgia;
hoy me queja la lumbalgia,
sobre todo al lado izquierdo.
Yo nunca he sido muy lerdo:
ni aniñado ni muy roto;
no se me arranca la moto
aun estando en el chucho,
y pungueando hasta los puchos,
quedo listo pa la foto.