Por Miguel Vera Superbi
Comentar la nueva obra de un creador prolífico, que cuenta a la fecha con dieciséis libros de cuentos y microcuentos, nueve novelas y presencia en numerosas antologías, -todo esto en Chile y en unos diez países-, es un ejercicio complejo, si no se quiere caer en lugares comunes.
Cuando la mayor parte de las escritoras y escritores buscan encontrar su propio estilo literario, su forma natural de expresión textual, Diego parece ir contra la corriente. Habiendo escrito tanto y en los diversos formatos mencionados, en la última etapa -dos o tres libros hacia atrás, tal como “Universos imposibles, ciencia y minificción” y “Un fin para un principio”-, se advierte una creatividad sin un molde, sin ‘sello de autor’.
En esta su última publicación, juega con un narrador fantasma que observa y comenta los acontecimientos de un “Parque”, un mundo habitado por perros, gatos y pájaros, que poco a poco (con ayuda de Inteligencias Artificiales), van logrando convivir de una forma fluida y cooperativa, alejada de la cadena trófica normal. Los humanos apenas figuran, pero están presentes como añoranza de un pasado diferente, cuando el mundo era más complejo y para los animales de ciudad representaban un asidero ante la falta del hábitat propio de su naturaleza.
Este narrador es un aporte muy interesante, porque se aleja de la presencia omnisciente, que lo sabe todo. Aquí, el fantasma mira y opina, pero no puede intervenir ni tampoco, ir más allá como observador puntual.
Bueno, como ahondar en lo esencial en esta obra es una tarea difícil (¿es novela, novela corta, cuento largo, micro cuento largo, es género fantástico o ciencia ficción?), mejor es entrevistar al autor acerca de este trabajo y algunos aspectos de su creación, en general:
1 ¿Por qué perros, gatos y pájaros y no solo ‘humanos’?, es decir, ¿qué gana tu narración, tu historia con esta fabulación?
La historia partió así en mi imaginación, con humanos y animales y pájaros. Quizás porque viví varios años en un lugar parecido al Parque donde transcurre la novela. Allí habitábamos juntos todos esos seres, compartiendo espacios de manera cercana y armoniosa. He ido percibiendo cambios en el tiempo en la relación entre humanos y mascotas, que han ido siendo humanizados más allá de su voluntad. Y en algunos casos advierto que han adquirido nuestros vicios y virtudes. También han generado beneficios para los humanos, no solo compañía, sino voluntad para seguir viviendo, energía vital, una forma de cariño. Observé que muchos vecinos no contaban más que con la compañía de sus mascotas y que ellas los sacaban a pasear, no al revés. Durante el encierro de la pandemia comencé a elucubrar historias extrañas pensando en lo que podía depararnos el futuro y la tecnología que se desarrolla sin freno. Ahí juegan su rol las lecturas de libros como “Ciudad” de Clifford Simak o “Sirio” y “El hacedor de estrellas” (de Olaf Stapledon), inspiraciones soberbias y contundentes. Imaginé que las mascotas podrían evolucionar hacia la inteligencia manteniendo sus cualidades y características. Lo mismo para las aves y animales con los que convivimos en la ciudad. Entonces surge una sociedad diferente, donde todos ellos participan. De hecho, al comienzo los humanos son residuales y desaparecen, aunque los perros los añoran e idolatran, fieles a su esencia canina. Luego regresarán y volverán a desaparecer. Es una especie de utopía distópica, compuesta de varias eras, donde existe la colaboración entre especies (y después con seres alienígenas e inteligencias artificiales).
2 ¿De cuántas formas se puede leer este nuevo libro tuyo? De otra manera, ¿qué categoría de lectores podrán encontrarlo un libro interesante?
Yo creo firmemente que cualquier libro puede ser leído de infinitas maneras, una para cada lector. Cada vez que alguien lee el libro, este es “recreado” por el lector, interpretado desde sus experiencias y conocimientos, filtrado estéticamente, completado en sus silencios y elipsis. No creo en que haya una interpretación única o correcta. Este es un punto con el cual he predicado incansable con los profesores de lenguaje, sugiriendo o que lean textos en clases, conversen con los estudiantes, alienten y escuchen sus opiniones, libres de pautas y reglas de control. Nada supera la maravilla de leer en completa libertad, ajenos a los propósitos y las obligaciones, y en especial a las mediciones de cualquier clase.
En cuanto a especular sobre quién pudiera encontrarlo interesante, me pones en una encrucijada. Voy por una enumeración desordenada, caótica más bien, encabezada por las palabras “aquellos que:”. Sufren con las noticias sobre el estado del mundo (guerras, hambre, competencia, desigualdad, abuso…). Sueñan con un mundo muy diferente y distante en cuanto al tipo de relaciones que establecemos con los “otros” (congéneres, animales, aves, extraterrestres, máquinas). Gozan con imaginar otras formas de vivir en sociedad y establecer relaciones de colaboración. Discurren formas en que la tecnología podría afectar nuestro hábitat y forma de existencia. Disfrutan pensando en cómo podrían ser las cosas en otros tiempos y lugares sin restringirse a los modelos conocidos. Niños, quizás, adultos-niños, locos, soñadores.
3 ¿Qué papel juega la brevedad en esta obra? Al leerla, se aprecia que podría continuar con el desarrollo mismo o bien, agregando elementos y tener más páginas, pero no lo haces.
Yo partí en la literatura con el asombro y el respeto por la brevedad, lo que me inculcaron Cortázar, Borges, Kafka y otras lecturas extraordinarias que en su momento me estremecieron de forma definitiva, moldeándome sin vuelta. Aunque lo que más me interesa es la concisión, no la brevedad entendida como la menor o mínima cantidad de palabras; es decir, la densidad de significado, la intensidad expresiva, la concentración del universo narrativo en un punto ínfimo (“el Aleph” quizás). Estos principios de la brevedad y la concisión me llevaron a explorar muy tempranamente, a mediados de los 70, los formatos del microcuento o minificción, muy apropiados para la época de dictadura, donde había que ser maestro en la sugerencia más que en el decir directo. De hecho, en mis novelas procuro respetar estos principios de brevedad y concisión, así como escoger las palabras precisas y preocuparse de la belleza del lenguaje y la estética integral de la obra escrita.
Dicho lo anterior, creo que esta novela puede ser vista como un gran microcuento, denso en significado, sugerente y elíptico, inaprensible como su propio narrador fantasma. De alguna forma puede concebirse como una serie de microrrelatos unidos por una amalgama existencial y filosófica que se asienta en las complejidades de la vida en sociedad, en la posibilidad de una convivencia armoniosa entre seres fundamentalmente diferentes. ¿Qué gracia tiene la armonía entre iguales o equivalentes?
De otra parte, creo que en nuestra sociedad actual ya no existe el tiempo para leer una obra demasiado extensa. Siguiendo a Italo Calvino en sus “Seis Propuestas para el Nuevo Milenio”, la minificción contiene lo esencial de la narrativa del siglo XXI: rapidez, agilidad, fluidez y elipsis. Esta característica de rapidez no implica que la lectura o el consumo sea acelerada; al revés, es lenta. Lo ágil exige una pausa reflexiva, un examen atento, una elaboración propia asimilable a la contemplación.
El lector de “Un fin para un principio”, uno atento, activo y juguetón, deberá ir llenando los múltiples espacios vacíos que habitan el texto, para llenarlos de significados atingentes a sus necesidades y visiones.
4 ¿Hay alguna influencia especial en esta obra? Autores, noticias, eventos, algo personal, etc.
Hay muchas influencias; yo diría que es el resultado de cientos o miles de influencias, algunas pocas conscientes, otras inconscientes, la mayoría. Es lo que somos, una especie de collage de ideas. Antes mencioné a Olaf Stapledon y Clifford Simak. Bradbury está en el ambiente, en la atmósfera poética; Kafka en los momentos opresivos y angustiosos. Heinlein y Asimov en la combinación de lo político, lo social y lo filosófico. Úrsula Le Guin en la exploración de las relaciones con razas alienígenas. Calvino con sus desafíos acerca de la brevedad en este siglo.
5 Esta novela Un fin para un principio, ¿qué desafíos narrativos te planteó? Pensando en lo diferente que es con relación a (todos) los libros anteriores.
Al ser una historia tan distinta a otras anteriores, requería -en primer lugar- un narrador especial y diferente: que permitiera cercanía y presencia, pero también inmaterialidad y distancia. Fue el primer desafío: crear este espectro inobservable, enigmático al punto de que el mismo no sabe quién fue antes o quién es en el presente móvil. Está al borde de la inexistencia, es invisible, pero puede deambular y ver aquello que le interesa y hacer ese extraño rol de cronista desvinculado de la contingencia, del tiempo y de las emociones. De alguna manera eso lo torna objetivo y creíble.
Otro desafío fue contener las ansias de narrar y contarlo todo. Era preciso dar líneas globales, bosquejos, tendencias para que el lector complete lo que falta y rellene los silencios. Lo que manda es la sugerencia o la elipsis; el lector debe intuir, proyectar y completar. En ese sentido es diametralmente lejano a la narrativa decimonónica y sus derivaciones, aún dominantes en nuestro mundo.
Los personajes debieron ser muy bien definidos (mucho más de lo que la obra muestra), de modo que pudieran actuar y decidir por su cuenta. Eso por sobre una trama totalmente estructurada y concebida desde el inicio; no podía ser algo rígido, sino plástico y moldeable. Actué por intuición con la ayuda de todos los personajes; al arte es eso, combinación de lo lógico con lo emocional. El imperio de la lógica impide que se exprese nuestro inconsciente que suele ser bastante más sabio y perceptivo que nosotros (el yo consciente). Y de otra parte, creo que atravesamos un momento crítico de la historia humana; creo que la novela trata de eso y de nuestras posibilidades de lograr cruzar al otro lado. Es decir, cambiar profundamente para seguir existiendo. Si no hay transformación, no habrá sobrevivencia.
6 ¿Cómo juegas con la utopía o distopía en tus trabajos en general y este en particular; hay una postura específica de optimismo, pesimismo o neutralidad tal como el fantasma que relata, o quizás exagerar la tesis y llegar a una hiperrealidad?
En la novela está todo: neutralidad, positivismo, desesperanza; vamos de un polo al otro. Es utopía, contrautopía, distopía al mismo tiempo. No tengo un plan preconcebido, una idea que quiera transmitir, una conclusión invisible. Lo que trato de transmitir es el dilema que enfrentamos. Si logramos comprenderlo, nos salvaremos y cruzaremos al otro lado, como nos muestra esa maravilla de novela que es “El hacedor de estrellas” de Stapledon, donde confluyen ciencia, religión, filosofía, cosmofísica, biología, marxismo, todo. Más allá de las contradicciones que a veces no son tales; nuestra estrechez mental las hipertrofia.
7 ¿Qué buscas provocarle al lector en este libro?, es decir, ¿qué esperas que sienta al terminar de leerlo?
Inquietud enorme, preguntas sin respuesta, búsqueda, sueño, acción. Más lecturas, conversaciones, quizás escritura. Es decir, lograr un estremecimiento potente, un sacudón.
8 ¿Sientes que tienes un estilo narrativo propio luego de publicar una buena cantidad de libros de novela, zagas y cuentos a la fecha? o ¿estás buscándolo?, o ¿no te interesa para nada el concepto?
Creo que voy variando mi estilo, mis temas, mi forma de escribir. La escritura es una búsqueda permanente, sin fin posible.
9 ¿Cómo circunscribes tu obra en el contexto de la narrativa actual? ¿Hay un nexo intencional con otras literaturas del mundo, o escribes sin mirar por la ventana?
Siempre estoy preocupado por leer y conocer la literatura de otros países y la de otros tiempos, es un acto de curiosidad infinito que jamás podrá ser satisfecho. Sin embargo, mi búsqueda personal es propia, interna, autónoma.
10 ¿Crees que la ciencia ficción puede ser una forma de alivio, una manera de procesar lo simbólico en tiempos tecnológicos?
La ciencia ficción siempre ha sido la forma de contestar una pregunta misteriosa sobre el futuro, pero también sobre el presente y el pasado. Igual que toda la literatura, que trata sobre el ser humano y sus preguntas de siempre. No soluciona ni contesta nada, solo genera inquietudes y nuevas preguntas. De eso se trata la mejor literatura.
Diego Muñoz Valenzuela. Un fin para un principio.
Santiago: Zuramérica Ediciones & Publicaciones S.A. 2025. 145 pág.







Emotivo y crítico. Es un gran relato picaresco.