Tu nuevo anticristo:

refugio del deseo fracturado y cautivo:
y pasaje hacia su regeneración, puesta en libertad, y despliegue indómito

Por Julián Mesa Latorre

Juan Mihovilovich, 2021
Tu nuevo anticristo,
Simplemente Editores SpA,
Santiago de Chile,
97 págs.
Novela

Uno)

Como en todo, lo que figura manifestadamente remite a lo que figura inmanifestadamente.
Tu nuevo anticristo, entonces, es, simultáneamente, Tu nuevo cristo.

Dos)

El dinamismo medular : i) que sostiene, mueve, orienta, y atrae, a todo lo existente, en sus dimensiones materiales e inmateriales, en el contexto de un multiforme y creciente itinerario de expresión y liberación; ii) que subyace a todo clamor: intrasubjetivo, intersubjetivo, en todas las naturalezas; espiritual, psíquico, artístico, cultural, humanístico, científico social y matemático; iii) a que tiende, a tientas, desbocada y constantemente, sin saberlo, el deseo; y iv) que vincula, intercomunica, de manera íntima, la espacio temporalidad con la infinitud eternidad, configurando un contínuum; es cristo.

Todo evidencia ese cristo.

Tan solo por la videncia fracturada la evidencia no es, habitualmente, percibida. 1

Tres)

Es la fractura la que posibilita el dinamismo anticristo.

El dinamismo anticristo: i) sostiene, mueve, orienta, y atrae, a todo lo existente, en sus dimensiones materiales e inmateriales, en el contexto de un multiforme itinerario de inexpresividad y subyugación; ii) subyace a todo sufrimiento: intrasubjetivo, intersubjetivo, en todas las naturalezas; espiritual, psíquico, artístico, cultural, humanístico, científico social y matemático; iii) tiende, a tientas, desbocada y constantemente, sin saberlo, a la clausura y estancamiento del sujeto en sí mismo; y iv) desvincula e incomunica, de raíz, la espacio temporalidad con la infinitud eternidad, configurando un desgajamiento.

Por doquier ese anticristo.

Es por la experiencia de fractura que ese dinamismo es, habitualmente, padecido. 2

Cuatro)

El anticristo es defecto de existencia.
Es factura truncada. 3

Cinco)

El anticristo no es figura final de itinerarios.

Es figura habitualmente inicial, central, y conclusiva, de cada forma existente.

A menudo, es figura marcadora de trayectos. 4

Seis)

El anticristo, exacerbado, intensifica y extrema el sufrimiento a grados de terror y espanto, situando la homeostasis en la proximidad del despeñadero, o despeñándola. 5

Con efectos de exterminio, roturas gravísimas de equilibrios, devastaciones.

Siete)

Los acontecimientos y contextos apocalípticos no están en el futuro.

Están presentes en el tiempo presente.

Cada trayecto presente – de cualquier época y/o geografía – , en su faceta de fractura, exhibe específicas exacerbaciones de ese dinamismo anticrístico, con consecuencias de sufrimientos exorbitantes y desconfiguradores. 6

Ocho)

La construcción literaria que es Tu nuevo anticristo es ejercicio de deconstrucción del lenguaje en su estado de fractura y anticristicidad.

Y para deconstruir es necesario previamente exhibir lo concurrente.

Exhibir al lenguaje en su pulsión enajenante. 7

Y permanecer observando los mundos surgentes a partir de tal pulsión. 8

Es posible navegar por largas jornadas en esos mundos.
Al punto que el mundo conocido consista sólo en esos mundos.

Lo literario puede derivar y terminar en eso.
Ejercicio crítico incluído.

Es posible quedar varados ahí.

Nueve)

Pero no ineludiblemente.

Comenzamos a percibir el lenguaje en su mecanismo distractivo respecto del meta/metalenguaje. 9

Con frecuencia el lenguaje nos cautiva: i) es generador de encantamiento, que invita a egresar de la morada y a recorrer; y, en su gracia, nos deja suspendidos en alguna parte, embobados, entretenidos en sus laberintos; ii) es ocasión de prisión, advenida sorpresiva e inadvertidamente, como el insecto que en su trayecto aéreo de pronto queda prendido en la tela de las arañas; con la inmovilidad consiguiente, y la angustia de muerte; iii) es motivo de amor: de un amor que absorbe y sojuzga, aunque en su tenor esté declarando precisamente lo contrario. 10

En ese cautiverio habitualmente residimos. Distraídamente.
Y no lo sabemos.

De espaldas, entonces, frecuentemente, estamos respecto del meta/metalenguaje. 11

Diez)

Para lenguajear necesariamente hemos de contraernos: contracción de la mente, que se enfoca; contracción del cuerpo en su musculatura y en sus órganos; contracción del tiempo que se hunde y unifica en una porción de espacio: nido germinador de la forma que identifica, expresa, y comunica. 12

Once)

¿Y si nos descontraemos? 13

Doce)

El lenguaje deja de surgir – se esfuma – en la descontracción. 14

El lenguaje ya no surge – ya no existe. 15

En la descontracción solo abunda el meta/metalenguaje: morada de silencio: de apertura: de sorpresa: de vislumbramientos: de admiración: de percepciones acrecentadas. 16

Morada de abundancia, indeterminada, de todas las posibilidades germinativas y creadoras, en medida sin medida.

Entramos a esa morada, dejando, en el umbral, el lenguaje, para descubrir esa abundancia, y recrearnos en ella.

Que de contracción en contracción, en necesidad y menesterosos, comúnmente andamos: y es esa abundancia la que nos convida libertad y nutrición, y nos libera.

Pues es el paso de ese umbral el que nos deshabitúa: y hace posible tomar distancia de lo acostumbrado: desnudamiento y cese de inercias.

Es residiendo en esa morada que constatamos que esa abundancia somos.

Trece)

Tu nuevo anticristo es una valla que detiene nuestra navegación.

Podemos intentar saltarla, haciendo gala de nuestros aprendizajes y habilidades.
O, tal vez, avanzando en disuadirla, aviesamente, recurriendo a contorsiones, como las de la imagen de portada ilustrada por Sanna Linnea Jaaskelainen.

Pero Tu nuevo anticristo se mueve rápido y está por aquí, por allá, y por acullá: por los cuatro costados, por arriba y por abajo, por dentro y por fuera.

Y se erige en espejo de nuestra condición: biografía individual, biografías colectivas, enrostradas, confrontadas, puestas en la balanza. 17

Tu nuevo anticristo es un estruendoso clamor que muestra el penoso clamor de todas/os: y nos deja situados, clamantes, a plena luz de día. 18

Catorce)

Por eso el argumento pandémico en Tu nuevo anticristo. 19

Un poderoso aliado en su objetivo.

Pues las pandemias son siempre trasuntos ingentes del deseo fracturado y cautivo: i) lo magnifican, extremando su estado hasta la quemazón del mismo y/o el colapso del de/los sujetos/s deseante/s; ii) naturaleza, enloquecida, en estado de rebelión y de pillaje; iii) sujeto/s conducido/s al redil de alambradas, reducido/s, vigilado/s, controlado/s, uniformado/s, sometido/s; iv) declaración de guerra contra sí y contra las otredades; v) en clave contemporánea, estrategia política-económica-social-militar delirante. 20

Quince)

Las pandemias no se solucionan solucionando tan solo el síntoma que aqueja; aunque eso ayuda a preservar el fenómeno viviente. 21

La fractura y cautiverio no remiten sino yendo a los cimientos de sí y de las tramas relacionales, de las perspectivas de mundo, de las instituciones, de los presupuestos epistémicos, espirituales, científicos, culturales, conductuales, a partir de los cuales se alzan los espacios tiempos que habitamos. 22

Dieciséis)

Tu nuevo anticristo: desvarío que nombra e interpela nuestro propio desvarío.

Diecisiete)

Tu nuevo anticristo: refugio del deseo fracturado y cautivo: pasaje hacia su regeneración, puesta en libertad, y despliegue indómito, en medida sin medida. 23

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1 (…) es una soberana estupidez, no se puede esperar a quien está en todo lo que existe [pág. 60].

¿Entenderemos que nadie es inmortal en esta tierra y, sin embargo, acá reside nuestra mayor eternidad? [pág. 73].

Que entendiéramos en un santiamén que el amor existe y que aúlla como un lobo solitario en nuestro interior, temiendo ser descubierto [pág. 17].

Estas serenas lágrimas nocturnas confirman la alegría de saber que ustedes no han muerto. Sólo me esperan, aunque parte de mi frágil humanidad se resista a sentir lo invisible como verdadero [pág. 33].

2 Y ví a ese engendro humano enfrente de mí: era el espejo de cuerpo entero a la entrada del dormitorio. Ese era yo: un enajenado, un ser desprovisto de conciencia estimulado por una obcecación enfermiza y violenta [pág. 54].

3 (…) no soy un esclavo como ese personaje manejado con una cuerda por su amo circunstancial [pág. 61].

4 ¿Y mirarás hacia abajo, hacia este planeta afligido, donde yace un ser descolorido y melancólico atrapado en el encierro que lo habita? [pág. 72].

5 Ese mundo consumido en deglutir, defecar, dormir, esclavizado a la inconciencia de existir [pág. 37].

6 Convertidos en ridículas estatuas de plástico (…) Nos hacen recostarnos en el suelo (…) Sin poder evitarlo nos vamos quedando dormidos (…) [págs. 74-75].

7 Es que nadie está preparado para hablar de golpe con un supuesto enajenado [pág. 15].

8 Nuestra piedad no era cierta. Queríamos escondernos en nuestras miserias sin compararlas con la tuya. Solo que la tuya era real, la de nosotros, una mascarada [págs. 12-13].

9 La falsedad habita este mentado espacio de lucidez [pág. 64].

10 No podíamos verte. No queríamos verte. Teníamos un temor terrible de que nos dejaras también desnudos contemplando el cielo con gestos de idiotas (…) [pág. 13].

11 Caminamos a tientas aferrándonos a un ramaje denso que obstruye una senda inestable en medio de un terreno pantanoso (…) [pág. 70].

12 Esta noche el sueño y la realidad se entremezclan de tal modo que imagino ser un espantapájaros sacudido por una ventolera (…) [pág. 65].

13 Por eso el locutor te definía como un “adelantado”, uno de esos raros individuos que nacen para evidenciar la estupidez de los demás [pág. 16].

Es extraño y doloroso al mismo tiempo (…) por alguna misteriosa razón se extraviaron unos capítulos de esta novela (…) Eran parte de un sueño intenso que recuerdo a medias. ¿Será algo semejante extraviarse en una noche perpetua buscando el camino de retorno hacia la luz? (…) ¿Lo dicho, pensado o escrito se tornará una sensación única, en un presente que ya no se manifiesta? [pág. 59].

(…) ¿sabremos que la ilusión se esfumó cegados por un resplandor que es cierto? [pág. 72].

14 ¿Qué necesidad tenemos de decir unas palabras? ¿Acaso aprenderemos algo nuevo? [pág. 60].

15 Las palabras no son necesarias [pág. 79].

16 (…) alzaremos los ojos y veremos de una vez el firmamento [pág. 73].

17 Me refregué los párpados con el borde de un sudario (…) [pág. 66].

18 Mi voz es un eco insostenible, angustioso, moribundo [pág. 66].

19 (…) no te das cuenta que la mejor manera de destruir esta civilización agónica es dándole el golpe de gracia: un virus invisible, un enemigo disperso por la superficie planetaria que fuera imposible de detectar [pág. 18].

20 Los tramposos se esfuerzan por enclaustrarnos en nuestros cuartos estrechos que huelen a miedo (…) [pág. 76].

21 Nuestras frágiles anatomías oscilan al borde de un abismo alucinante (…) [pág. 77].

22 Lo terrible es que estoy lúcido, consciente de haber traspasado ese muro natural que divide los espacios en una sucesión infinita [pág. 65].

23 Ya sabemos de la inexistencia del tiempo y del espacio [pág. 88].

Pero me quedo, porque vivir es la eternidad (…) [pág. 10].

Sus células deterioradas se disolvían. Comenzaba el proceso de una recomposición inmaterial (…) Me pareció que un sutil rayo verde cruzaba el horizonte en una perfecta sincronía con sus ojos, que destellaban otra luz [pág. 35].

(…) Desde allí alzo la vista para verte de pie junto a tu sepulcro (…) Sin embargo, diviso en la costanera una larga y cansada procesión de rostros circunspectos tras un carro fúnebre. Debiera decirles que no continúen, advertirles que el supuesto difunto no va en el féretro (…) Aunque tu nuevo Anticristo siga merodeando (…) Y yo siga preguntándome por qué te fuiste el día de la transfiguración [pág. 97].