Texto leído por María Virginia Vidal Vidal en Conmemoración 8 de marzo de 2016, acto del Servicio de Bienestar del Ministerio del Interior, Santiago de Chile.
******
Nací en Santiago de Chile en 1932.
Hija de Miguel Onofre Vidal Droguett (Santiago de Chile, 30. 09. 1906 – 10. 07. 1940) y de Virginia Vidal Cantillana (Santiago de Chile, 21. 05. 1906 – 01. 04. 1965).
Estudiar en el Liceo Nº 6 de Niñas, cuya fundadora y primera directora fue Gabriela Mistral, me imprimió una profunda huella. Soy novelista y periodista. Trabajé tres años enseñando castellano en la Universidad de Comercio y Relaciones Exteriores de Pekín y tres en la Universidad de Jan Comenio, Bratislava (1960-1966).
Al retornar me dediqué al periodismo, y día tras día escribía empapándome de Chile: tomas de terrenos por los sin casa, allegados, cesantes. Hasta compartí sus vigilias en Herminda de la Victoria, en la Violeta Parra. En una callampa de La Feria, alrededor del gigantesco pozo donde se extraían áridos, vivía una joven madre que trabajaba de noche y al llegar, se dormía con su guagua al pecho, pese a que ésta mamaba mucho, la veía cada día más flaca… una de esas noches despertó y con horror descubrió que una culebra le mamaba mientras tenía la cola metida en la boca de la criaturita… También creé la primera sección cultural cotidiana del periodismo chileno; “No solo de pan…” Tuve la alegría de entrevistar a notables personajes de nuestro tiempo, como la astronauta Valentina Tereshkova.
Fui encargada de prensa del Instituto de Arte Latinoamericano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile y colaboré en la organización del Museo de la Solidaridad.
Mi primer libro, Emancipación de la mujer, se publicó en la colección «Nosotros, los Chilenos»´´, Editorial Quimantú, Santiago, 1972.
Mi mayor logro lo obtuve al ser la única periodista de Chile y América que fue a Estocolmo y cubrió la entrega del Premio Nobel a Pablo Neruda. Se comprenderá por qué el último libro publicado me ha proporcionado una alegría inmensa: Neruda Memoria Crepitante, Ediciones Radio Universidad de Chile, 2015, se está traduciendo al chino*.
Después del golpe de Estado de 1973, salí al exilio en 1976 hasta 1987. Me dediqué por entero a la lucha contra la dictadura, viví en Yugoslavia, Moscú y Venezuela; fui periodista del programa “Escucha, Chile” de Radio Moscú y luego su corresponsal ad honores durante ocho años. Colaboré en diarios y revistas, publiqué relatos, algunos premiados, y la novela del exilio Rumbo a Ítaca, Editorial Pomaire, Caracas, Venezuela, 1987. Al retorno, jamás volví a encontrar trabajo. Solo me abrieron sus puertas como colaboradora “Punto Final”, “Análisis” y «Mensaje”.
Como me pusieron la «L» en el pasaporte, no podía retornar a Chile. La resolución N° 444, firmada por Juan García Rodríguez, subsecretario (s) del Interior, informa que “esta Secretaría de Estado, luego de un detenido estudio de los antecedentes de la ciudadana MVVV, ha resuelto no acceder a la solicitud de reingreso al Territorio Nacional”. ¿Me pregunto, qué es ser ciudadana? El ciudadano que firmó esa resolución ha seguido su carrera pública sin interrupciones.
Aún soy miembro del Consejo Nacional del Libro y la Lectura: colaboro en la revista “Punto Final” y mantengo la página web “Anaquel Austral”. Mi pasión es la defensa del patrimonio, esto me obliga a reclamar porque se declare monumento histórico nacional el sector de 3 y 4 Álamos, convertido en Centro de Detención de Menores por la democracia. Fue el mayor centro de tortura y detenciones que existió en Chile entre 1974 y 1977, tuvo al comienzo alrededor de 90 mujeres, tres de ellas dieron a luz. Las presas y presos políticos –alcanzaron a ser 9000-, víctimas del golpe de Estado de 1973 no soñaron ni en las más atroces de sus pesadillas, que en ese campo de concentración serían sustituidos por niños. Este es el único que subsiste, porque los demás fueron borrados del mapa (Chacabuco, Isla Dawson, etc.).
Mi escritura obedece tanto al inagotable afán de conocer nuestro país, su historia, sus héroes más nobles y los humillados, ofendidos y burlados anónimos o borrados, como al empeño de entender de dónde nos nace tanta crueldad materializada en matanzas horribles y sobre todo en una dictadura cruel que quiso borrarnos para siempre nuestros sueños de justicia, igualdad y prosperidad.
Entre mis novelas, y crónicas figuran: Letradura de la Rara, donde por primera vez en la literatura de Chile surge como protagonista una obrera industrial. Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez, novela de una bandida que existió cuando se iniciaba la república. Javiera Carrera Madre de la Patria, Oro, Veneno, Puñal, novela de la Quintrala, publicada en España. Balmaceda varón de una sola agua, 1991, irónicamente declarada Material Didáctico Complementario de la Educación Chilena para literatura por el Ministerio de Educación, pero jamás reeditada: borrada del mapa. Cadáveres del incendio hermoso, 1990, Premio Municipal de Literatura, 1991, y Premio de Novela “María Luisa Bombal” 1989. Hormiga pinta caballos. Delia del Carril y su tiempo. Morir es la Noticia (Ernesto Carmona Editor, 1997). Coautora junto a otros periodistas que relatan la historia de sus colegas y trabajadores de la comunicación asesinados, desaparecidos, torturados y muertos durante el exilio y la dictadura. Agua viva. Gabriela Mistral y la juventud, Testimonios de Francisco Coloane, Editorial Universitaria, 1991.
Escribí mucho. Para el cuento La última luna elegí como epígrafe un verso de Gabriela Mistral: “Todas íbamos a ser reinas”, porque este poema es un buen ejemplo tanto del proyecto de vida y sueños que se pueden forjar las mujeres como de su frustración. Fue primer finalista del concurso de cuentos del Diario El Nacional de Caracas en 1984; publicado en su suplemento literario; después se editó en la antología Cuentos chilenos, Editorial Kinkulén, Alemania, 1986, con autores que vivían dentro y fuera de Chile. Ha sido traducido a varios idiomas. Es una evocación en la distancia del país lejano y de su realidad presente, a más del recuerdo de una tragedia ocurrida en un año de gran sequía en las tierras de Gabriela Mistral. No pensé en el suicidio al escribirlo sino en la defensa de la propia dignidad y en el rechazo a la pasividad, en la necesidad imperiosa de rebelarse y combatir en la medida de las propias posibilidades, aun en las circunstancias más adversas. Como ésta, las decisiones más dolorosas y extremas son determinaciones de conciencia que no se pueden imponer, proponer o repudiar desde afuera. La protagonista no está impulsada por el afán de acabar con su vida y otras vidas, sino por sublevarse ante un destino implacable.
En Chile no hay suficiente respeto por los escritores muchos de los cuales llegan a la vejez en la absoluta miseria e indefensión. Entre ellos no puedo olvidar a una poetisa admirable: Stella Díaz Varín, el poeta Rolando Cárdenas, el ensayista especializado en Gabriela Mistral, profesor Gastón von dem Büsche. Los escritores necesitan un reconocimiento de su oficio y una pensión digna.
En un día tan importante como éste, los hombres feministas merecen ser recordados: José Miguel Carrera a poco de nacer la república, firmó el decreto por el cual se ordenó que, a ejemplo de lo hecho en los conventos de regulares, cada monasterio destinara una sala o espacio capacitado para situar la enseñanza de las niñas, siendo el ayuntamiento el encargado de proveer los fondos para los salarios de las maestras (Aurora de Chile, 21 de agosto de 1812). Miguel Luis Amunátegui, el ministro de culto, justicia e instrucción pública, firmó en 1877 el Decreto 547 que permitió a las mujeres estudiar en la universidad. Luis Emilio Recabarren, dirigente fundador de la prensa obrera, organizó los primeros centros de mujeres que desde la pampa salitrera se extendieron al país. Allí las mujeres trabajadoras y esposas de los proletarios comenzaron a tratar sus problemas y a tomar conciencia de la necesidad de ser ellas mismas sujetos de la historia. No podemos olvidar que fue el presidente Salvador Allende quien en su gobierno oficializó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la Asamblea General de las Naciones Unidas lo reconoció tan solo en 1975.
Allende dedicó su vida a la defensa de los derechos de la mujer y el niño. La medida N° 15 del Programa de la Unidad Popular, consistente en la entrega de medio litro de leche diario a todos los niños menores de quince años, sin distingo de su condición social, se sumó al reparto gratuito de leche durante el embarazo. Creó la Secretaría Nacional de la Mujer, organismo integrante del gobierno. En 1971, planteó la creación de un nuevo Estatuto de la Familia que contemplaba: derecho de la mujer a celebrar contratos, enajenar e hipotecar sus bienes, sin autorización del marido; cuidado y mantención de los hijos con responsabilidad de ambos padres; filiación única terminando con la diferencia entre hijos legítimos e ilegítimos; efectos jurídicos a la unión estable a la pareja no casada; tribunales de Familia integrados por un psicólogo, asistente social y un abogado para facilitar el divorcio, luego de un tiempo prudencial de separación, sin obligarlos a rendir testimonios humillantes.
El golpe de Estado impidió materialización de muchas de estas iniciativas, anuló otras y tronchó el proceso de verdadera democracia**.
– – –
*El lunes 12 de diciembre de 2016, avisaron que la traducción al chino se concretó.
** El mismo texto fue leído en su funeral.






Emotivo y crítico. Es un gran relato picaresco.