Por Kütral Vargas Huaiquimilla

Presentación de La distancia entre tu nombre y el mío, de Kamelia Mardones Vergara

La distancia entre la autora y yo nos ha unido, es la palabra la que nos obliga a estar en constante vigilancia de nuestros sentimientos. Como amigas centinelas del corazón de la otra. Desde hace años hemos hablado de este proyecto, probablemente en Puerto Montt, también en Rapa Nui, en la Habana Cuba y en Santiago, en aeropuertos, en buses, en la playa, en nuestras casas. Este proceso ha creado una separación que se extiende y contrae constantemente, y desde su concepción hasta su publicación lo que separa los afectos, las risas, las memorias, que llevamos como heridas o escudos está llena de palabras siempre.

El libro abre con desconfianza, con el temblor ante las preguntas. Y es que toda investigación de un secreto; familiar, nacional o íntimo exige un valor casi arqueológico, intentando desenterrar sin despedazar, los huesos cubiertos por la débil trama de lo que queda de nuestros recuerdos.

La protagonista, Amaranta, habita esa tensión con una obsesión que roza lo sagrado; desea comprender a una mujer fugitiva, su tía, que un día se entregó a la justicia, luego de vivir durante más de 20 años oculta de lo que llamaríamos la ley y quedó atrapada no solo en una celda, sino en el silencio de lo no dicho, entre susurros, especulaciones periodísticas, un atentado, miradas entre las cortinas y un rastro de miedo. Las cartas que escribe la protagonista a su tía son el puente más frágil y más firme de la relación que intenta construir con una mujer que sólo conoce en lo dicho por otros. Pero la censura impone un límite cruel a lo extendido de la palabra de una mujer que quiere abarcar el mundo con su lenguaje. Cinco páginas por envío es lo que le permite gendarmería. ¿Qué se puede decir con cinco páginas frente a alguien que deseas conocer a fondo, porque lo has amado desde siempre? Entonces, Amaranta escribe sabiendo que quizás nunca envíe esas palabras. Se escribe a sí misma como dice en las siguientes líneas “no debemos exagerar, me dijo. Así que aquí estoy, escribiéndote, pero escribiéndome, en realidad porque no creo que la envíe” Y en ese gesto descubrimos la clave del libro, la escritura como un refugio para contener el vacío desolador que las familias fabrican con sus historias.

Porque la familia es aquí un pequeño país. Y como todo país, tiene sus dictaduras, sus exilios, sus regresos imposibles. Analizar la temática familiar siempre es de importancia, debido a que en la familia está el reflejo de las incrustaciones sociales de los diversos periodos de la historia. Kamelia, la autora, como profesora de Historia, genera un trazado de relaciones, las divisiones, el corte de relaciones dejando atrás la obligatoriedad del pertenecer a un núcleo, las descendencias y sus flujos y lo que deberemos forjar al ser hijos, padres, madres, tías y cuidadoras.

Al igual que un eco explosivo, la muerte de Jaime Guzmán atraviesa la trama como un rápido corte de bisturí, y la protagonista busca en autores como Lacan, Simmel o Diamela Eltit un andamio lógico para no derrumbarse ante la violencia de saber a su tía en prisión. Leer se vuelve una forma de sostener su mundo. Al igual que cartografiar objetos como un peluche, una pulsera rota, pasaportes con apellidos falsos, un celular que no recibe la llamada esperada, trazando el mapa de un amor que se niega a extinguirse.

La autora sabe que en las grietas domésticas se cuelan los temblores de una nación. Por eso esta novela no solo indaga en la sombra de dos mujeres, sino en el corpus que es Chile, fracturado, disperso por el mundo, siempre preguntándose si quiere o no volver al nido. Llevándonos a preguntarnos ¿Aún quedan abrazos, canciones compartidas, recuerdos que no se pudran en la desaparición?

Ante el silencio, la protagonista se desborda en palabras. Ante la distancia, un nombre o nombres que se escriben y se escriben hasta volverse puente. Este libro es, en el fondo, un acto de amor infinito: acumular lo que se va, decir lo que dolió, y honrar a quienes desaparecieron por voluntad propia o por destino trágico. Leerlo es aceptar que, a veces, la única forma de estar cerca es escribiéndose desde lejos. Es así como este documento frente a las limitaciones de tan sólo 5 páginas por carta, nace una novela para honrar ese deseo de atesorar y decir hasta que ya no quede aliento.

La distancia entre tu nombre y el mío
La distancia entre tu nombre y el mío