INSTRUCCIONES PARA UN RESCATE

Por Yiro Moraleda

Todos los que quisieron fueron a la playa. Las instrucciones en el cuaderno indicaban: “Recolectar conchas, algas, arena y cualquier otro elemento relativo al mar”.

Fue una tarde de sábado primaveral estupenda: soleada, templada y justo después del almuerzo. Llevaron sándwiches, frutas y jugos. Y así, luego de caminar un rato y disfrutar la brisa marina, se pusieron a buscar.

El padre tomó una piedra de cuarzo y la guardó, su hermano mayor encontró una concha gris y la guardó, y su hermana menor recolectó unas plumas de gaviota y las guardó. Sin embargo, el pequeño Diego solo encontró una botella de vidrio, chica y sucia, con algo de basura en su interior. Aun así, la metió en su pantalón y no la volvió a sacar.

Cumplida la tarea, se sacaron fotos, hicieron dibujos en la arena y hasta metieron los pies en el agua. Sin duda, había sido una hermosa jornada.

El lunes, y a mitad del segundo recreo, Diego por fin abrió la botella para guardar las pocas polquitas que aún le quedaban. Así, escondido en el baño, giró la tapa y sacó todo lo que había en ella: algo de arena, trocitos de sal humedecida y un papel muy arrugado.

Con asombro, el niño leyó lo que parecía ser un petitorio:

Tenemos a tu madre. Si la quieres ver con vida, tendrás que cumplir con las siguientes condiciones:

  1. Esconder el cloro.
  2. Desenchufar la plancha.
  3. Apagar las ollas.