Breves apuntes sobre el movimiento estudiantil de Francia
Por Alberto López Sanjurjo (León, 1952)
Lejos de la propaganda del poder y de los medios dominantes, tanto públicos como privados, que desde hace muchos años han perdido todo sentido de deontología periodística, para convertirse nada más en oficinas de reproducción de la comunicación gubernamental, el movimiento de estudiantes de institutos y universidades de Francia que empezó al inicio del año académico 2026, es, sin lugar a dudas y cualquiera sea su desenlace, un movimiento de fondo que expresa una profunda exasperación ante el deterioro y abandono de los servicios públicos de parte de los sucesivos gobiernos y el desprecio de estos hacia los funcionarios, salvo, por supuesto, los que dependen del mantenimiento del orden.
De ahí, la velocidad con la que se expandió al conjunto del territorio nacional y su amplitud: hoy día, de una manera u otra, apoyan dicho movimiento la gran mayoría del cuerpo docente, del personal educativo, de la primaria a la universidad, asociaciones de jubilados y padres de familia y, más allá, los agentes que conforman el servicio público de manera amplia.
En un contexto de pauperización creciente de las clases populares y de las clases medias y de enriquecimiento vergonzoso de una décima parte de la población, las sucesivas políticas en materia educativa van conduciendo todas a una misma finalidad: la privatización creciente de la educación vía la desvinculación material y financiera del Estado. En lo que atañe a la universidad, dicha política se ha acelerado desde la adopción de la Ley de Autonomía de las Universidades.
Todo el mundo ha entendido perfectamente desde hace muchos años que no se trata con esas medidas de reducir los gastos públicos con objeto de reembolsar la deuda sino de responder a un propósito meramente ideológico según el cual la educación tiene que ser privada y debe funcionar según el modelo empresarial, dicho de otro modo, obtener beneficios.
Cada quien tiene sus propias prioridades tal como se puede constatar con el fuerte y constante aumento de los presupuestos militares sin que nada lo justifique y los millones dados a las grandes empresas sin ninguna contrapartida.
A ese ritmo y hablemos claro, habrá en un futuro no tan lejano una escuela para pobres y una escuela para ricos, dicho de otro modo, para quienes tengan los medios de sufragar los gastos educativos porque, en definitiva, de eso se trata: dejar que surja, de los vestigios de la Instrucción pública y de la Educación nacional una verdadera fábrica de reproducción social en ausencia de cualquier movilidad social: “de tal palo, tal astilla”. En otras palabras, una vuelta al siglo XIX en los albores del siglo XXI.
Y es por eso que para muchos jóvenes de hoy tanto en Francia como en España o en otros países europeos al borde de la recesión y en que la tasa de desempleo juvenil se mantiene alta y se retrasa constantemente la edad para jubilarse (o se anima a los agentes del Estado a trabajar hasta los 67 años), la escuela ya no se percibe como un factor de emancipación personal y éxito profesional.
A las reivindicaciones y quejas expresadas por los estudiantes (supresión de “Parcours sup” para ingresar en la Universidad y de “Mon master” para acceder al segundo ciclo universitario que, en ambos casos, equivalen a una selección disfrazada; falta de medios financieros y humanos para el buen funcionamiento de los establecimientos escolares, bajas y escasas becas de estudios, enormes problemas de alojamiento para los estudiantes, etc.) se añade el rechazo de mayores gastos de matrícula para los estudiantes extracomunitarios, una medida percibida como discriminatoria y contraria a la tradición humanista de la Universidad y adoptada bajo el impulso de un rancio conservadurismo al que se muestran cada vez menos insensibles los gobiernos.
La democracia no se limite a la celebración de elecciones. La democracia social se cultiva y es incompatible con el autoritarismo y la violencia desenfrenada por parte de la fuerza pública (6OOO detenciones en pocas semanas, unos jóvenes menores de edad mutilados, etc.), situación denunciada días tras día por las organizaciones de derechos humanos, entre otras.
Hasta el momento, la respuesta del gobierno a unas legítimas reivindicaciones solo se ha expresado a través del uso desmesurado y ciego de la violencia contra el movimiento estudiantil como si Francia estuviese en guerra contra su propia juventud.
Cuando manda el Dios mercado, su voz y su imperio no tiene límite alguno y los aparentemente invisibles estragos causados por él a lo largo de los años van afectando casi de la misma manera a los sistemas educativos de Europa y de Latinoamérica. Pero a veces vuelve a irrumpir la cruda realidad de tal forma que las fisuras ya no se pueden disimular.
Octubre 2026






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