Por Ranen Thai

María Magdalena detuvo el taxi en la intersección de las avenidas Vía Crucis con El Calvario. El pasajero, un hombre joven y pálido, señaló la dirección – al Santo Sepulcro por favor.

Con cara de sorpresa e incredulidad ella le replicó: –Señor, tú deberías saber, el Santo Sepulcro está cerrado desde el viernes, ayer fuimos con tu madre a buscar el Santo sudario y la piedra que lo sellaba estaba en el mismo lugar.

Mucho más pálido, el Nazareno preguntó – ¿Cómo que cerrado? ¿Qué día es hoy?

Después de un par de segundos, con un disimulado tono de reproche, la taxista movió la cabeza y le contestó: –Ya es lunes.

El rey de los judíos, tal cual oficinista atrasado ante su supervisor, intentó justificarse como si ello expiara su falta: -parece que no escuché la alarma -dijo, sin sopesar que la simple precaución de mantener la batería cargada habría evitado el terror que asoló a los cristianos.

A través del espejo retrovisor, Magdalena observó que Jesús temblaba desconcertado. Lloroso y en tono confesional susurró: -Llevo más de 2000 años reviviendo este martirio. Mi padre no tiene consideración, su avidez de gloria es insaciable y me veo obligado a volver y volver cada año para ser torturado, negado y traicionado por mis amigos. Ya no quiero evangelizar con falsos milagros y promesas de salvación.

La Magdalena, ahora más compasiva, viró por Santos Inocentes y le preguntó:

-¿Ya no quieres regresar?

El carpintero, aliviado por la posibilidad de contar su versión, contestó con voz quebrada -Ya no quiero este cáliz de amargura ni salvar a la humanidad con mi cuerpo y sangre.

Estas fueron sus últimas palabras en la tierra. En la cima del Monte Gólgota el cielo se abrió luminoso y un coro de ángeles entonando el aleluya rodeó el taxi. Muy a pesar suyo, el pescador de hombres resignado subió a los cielos para sentarse otro año más a la derecha de su padre.

El creador de los cielos y la tierra miró a su hijo con el ceño fruncido y le advirtió -Hablaremos de esto en marzo, cuando sea la Visitación de tu madre- y luego masculló entre dientes … -si es que Gabriel la encuentra.

24 de agosto 2026

Ranen Thai
Ranen Thai

Escribo con el pseudónimo Ranen Thai, tengo 64 años y nací en Valdivia, aunque me considero magallánica, ya que viví ocho años entre la Tierra del Fuego y Punta Arenas. Soy Matrona de Profesión, con postgrados en Ciencias de la Educación. De niña leía todo lo que podía y desde ese tiempo escribí historias inspiradas en la vida llena de imágenes de la tierra fueguina.

Me dediqué al trabajo académico en formación de formadores, acompañamiento de estudiantes y en espacios clínicos. Al final de mi carrera escribí un pequeño cuento llamado Adentro y Afuera que resultó ganador en el VII concurso de cuentos Juan Bosch, auspiciado por la Universidad Austral de Chile y la embajada de la República Dominicana. Desde ahí escribir se volvió una necesidad que mueve toda la energía de mis días y que he ido ordenando en los talleres que ofrece Diego Muñoz principalmente por la combinación de teoría y práctica y el espacio seguro para compartir nuestras letras embrionarias. Ahora jubilada, disfruto de ser propietaria de casi todo mi tiempo y por ello me detengo ante aquello que antes no vi o no amé por estar sumergida en la urgencia de lo inmediato.