DE LA TINTA DEL SILENCIO, 2025

Presentación de Gloria Ramírez Fermín

Las cien y una minificciones de Dina Grijalva, nos remite a uno de los libros clásicos de la Edad de Oro del Islam, me refiero a Las mil y una noches, en el cual la narradora Sherezada tiende a contar una historia tras otra para ganar tiempo ante el sultán. En ella observamos el ingenio y la creatividad, características que comparte con la autora de este libro que presentamos hoy.

Grijalva, reconocida escritora de minificciones, nos entrega en este libro ciento un textos que desarrollan temas tan variados como el erotismo; juegos de lenguaje; el tema de la pandemia y el COVID-19; el ciberespacio: tal como el Twitter y el Facebook; la metaficción; la mitología; los viajes que ha realizado; algunas adivinanzas; ecos de autores como Julio Cortázar y Max Aub; sobre todo, de su natal Culiacán; definiciones de minificción, y al final, nos regala una gran serie de microrrelatos que dan ejemplo de su estilo y particular voz narrativa.

Todas estas líneas de creación, en conjunto, en el libro se decantan en una particular corriente literaria, muy recurrida, por cierto, en los microrrelatos de este siglo, que es la literatura lúdica.

Es interesante observar cómo, mediante diversas estrategias y artificios literarios, los textos deleitan, entretienen y fomentan la imaginación tanto para el autor, cuanto para el lector. En este sentido, la escritora lúdica se convierte en participante de su propia creación, en espera de que el lector asimile también las reglas del juego textual.

Abro aquí un paréntesis para contemplar una particularidad. La literatura, como actividad intelectual, es sumamente racional, y que el factor juego comulgue de una forma tan natural en los textos breves de Grijalva es toda una proeza.

Leer a Grijalva es un reto constante, ya que exige a nuestro imaginario estar atento a las reglas no dichas del juego, al contexto social, histórico, cultural, literario, al plano físico y emocional. Por ejemplo, en el tema del erotismo, mantiene la tensión con lo desconocido y la incertidumbre que seducen. El lector entra en un juego con reglas que surgen entre líneas que de a poco asimilamos en la lectura.

Otra muestra de lo lúdico la encontramos con el humor, y como recursos literarios principales de los que dispone para acentuarlo está el sarcasmo, como crítica ingeniosa hacia diversos aspectos risibles, y la ironía, como la coexistencia de dos mismos sentidos en un mismo espacio.

Este tipo de recursos los podrá encontrar el lector en aquellos que hablan de la situación social que existe en Culiacán, en los cuales hay una interacción más dinámica y personal entre la autora y lector, creando así una cercanía con Grijalva y sus experiencias.

Asimismo, esta alta dosis de humor no es extrañar en la literatura de la autora sinaloense, ya que la Grijalva es heredera de esta tradición de exponer las problemáticas sociales y políticas mediante las letras, tanto de modo sutil, cuanto directo, y así superar las situaciones que atomizan al hombre del siglo XXI; tal como lo hacen otras autoras del mismo género, como Luisa Valenzuela, en Argentina, o Pía Barros, en Chile.

En otro orden de ideas, antes había mencionado la diversidad de temáticas que contiene el libro, con lo cual me gustaría agregar una muestra más.

El carácter lúdico no sólo se manifiesta en lo social, también en el lenguaje. El lector participa en nuevas realidades en las que las reglas del juego están determinas por las instrucciones de las letras repetibles de cada una de las palabras que componen algunos de las minificciones, esto con intención de hacer una concatenación en la repetición de la fonología de ciertos sonidos.

Por ejemplo, un fragmento de su texto “Esa sirena es sexy”:

“Esa sirena se sienta en su silla de sol y sonríe. Su sonrisa en sensual, sugerente, subyuga. Es sublime, soberbia, seduce. Se sueña saliendo a la superficie, se sueña segura, se sueña saltando. Sus suspiros, sus susurros se suceden y sorprenden, su sabiduría es saberse seductora. Su secreto es ser siempre sensible, silente, sutil”.

Sus textos tienen la cualidad de ser identificables, al estilo de Crímenes ejemplares de Max Aub, creando así una estructura propia, cuyo estilo es un sello distintivo entre la multitud de autores. Podrá pensar el lector en Las vocales malditas de Óscar de la Borbolla. No obstante, Grijalva apuesta por textos aún más breves y con un sentido más humorístico.

Lo anterior, es ya un legado en la trayectoria de la autora. Quienes hemos estudiado y analizado el género, hemos visto reflejado esas herramientas en otros escritores que han utilizado recursos similares. El juego y el placer se reflejan en la obra de Grijalva como herramientas poderosas para la enseñanza y aprendizaje, que reflejan los valores, creencias, estilos, voz y narrativas que han influido en otras obras literarias.

Esto y más, es lo que el lector obtendrá de Las cien y una minificciones de Dina Grijalva.

Las cien y una minificciones de Dina Grijalva
Las cien y una minificciones de Dina Grijalva