Karla Barajas (1982, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas) es una interesante escritora mexicana, que ha enviado a Letras de Chile varios microcuentos. Ha publicado Neurosis de los bichos (Colección Minitauro, La Tinta del Silencio, México, 2017); Esta es mi naturaleza (Editorial Surdavoz, México, 2018); Cuentos desde la Ceiba (La Tinta del Silencio, México 2019); Donde habitan las muñecas (Quarks Ediciones Digitales, Perú, 2021); Cenizas de los amordazados por el alba (EOS Villa Digital, Argentina 2022); Viscerales (Chicatana Ediciones, 2022); y La raíz que cuartea la tierra (BGR, 2024).

Antologó Mujeres en la minificción mexicana (EOS Villa Digital, Argentina; 2021) y junto con Eliana Soza, la antología Minimundos (Dendro Ediciones Digitales, Perú, 2021), ¡Calabacita, tías! (Chicatana Ediciones; 2021), Amores, Antología de minificción mexicana (EOS Villa Digital, Argentina en coedición con Chicatana Ediciones; 2022), ¡Calabacita, tías! Vol. II (Chicatana Ediciones; 2023).

Ha participado en diversas antologías nacionales e internacionales. Algunas de sus minificciones han sido traducidas al francés, húngaro, inglés, polaco, alemán, islandés y a la lengua maya-tseltal de la variante de Oxchuc.

JUNIO EN ARIZONA

“La muerte te ronda. Cuídate del alacrán”, dijo la adivina de San Cayetano, y él pensó en su compadre Juan Abarca, el ponzoñoso. Cruzábamos por el desierto de Arizona y murmuró que no lo matarían las temperaturas altas, que lo haría su compadre.
—¿Qué se trae conmigo? —, reclamó el Juan Abarca, empujándole el hombro y su mochila cayó al suelo.
—¡Usté me envidia! —, contestó el supersticioso, colocándosela de nuevo, fue cuando el alacrán le enterró su cola en el pecho y él se revolcó de dolor. Íbamos a ayudarlo, pero su compadre gritó: “¡nos va a agarrar la Migra, apúrense! …” Obedecimos. ¡Cuánta razón tenía la adivina!

(Publicada en Neurosis de los bichos, Editorial La tinta del silencio, Coleccion Minitauro, número 7, Ciudad de México, 2017).

ACCIONES GASTRONÓMICAS

La banda se reunía en la calle, comía acomodada en un círculo, sin que nadie las molestara, ni gente ni autos. Un hombre mandó a su hijo pequeño a patear a las palomas, que volaron, dejando ver que se alimentaban de un niño. El señor cargó a su criatura; pero estas aves vuelan rápido, atacan por montón y se defienden. Son crueles.

(El hilo invisible, Editorial Minificción, Colección Microcuento, México, 2024).

ENCARNADO

En puertas y ventanas se colocan ajos, algunas cruces y espejos como protección, para que no entre lo corrompido que transita en la penumbra. Dentro de la vivienda de la abuela, todas oímos la música de las hijas de la noche; ellas gimen al compás del aullido de la bestia que las posee. La piel se me eriza cuando las tonalidades más altas de diversas especies se funden en un aullido. Cuentan que es Drácula en su forma animal. Su respiración desbocada se extiende por nuestro hogar. Espié a través de la ventana y atestigüé la posesión de la vecina por un licántropo. “Los lobos gustan de las jóvenes vestidas de rojo sangre”, advertía la abuela. No olvido el rostro del brusco animal que, al terminar de copular sobre la hembra, se acurrucó tiernamente en sus rodillas, mientras la abrazaba. Ya no hay amuletos en mi cuarto y abrí las ventanas para que las cortinas carmesíes se bamboleen con el viento, en noches de luna llena.

(Déjame te cuento, Pupila Editorial, México, 2023).

RACISTA

—¿Hijo, crees que soy un robot y no siento? Me duele el cibercorazón fibroso cada vez que ignoras mis mensajes —reclama la mujer de cerebro humano y cuerpo robótico, al vástago que dejó de escribirle desde que a ella le remplazaron los órganos por un armazón metálico.

(Ventanas en el mundo, Antología digital latinoamericana de ciencia ficción, vol. 37, colección Editorial Eos Villa Digital Argentina. 2022).