Por Matías Quer
Doctor en Filosofía y académico de la Universidad de Los Andes
El druida y el caballero (y la princesa)
Benjamín Franzani se ha atrevido a escribir una historia épica y a crear un mundo donde conviven bestias y dragones con druidas, caballeros y princesas. Sus Crónicas de una espada, Editorial Vuelo Ártico, nos sumergen en un mundo colmado de leyendas y con atisbos de mitología. Las historias se van construyendo a lo largo de cinco cantos y yo he tenido el gusto de leer los dos primeros, titulados «El Lobo de Plata» y «La Corona de las Montañas», y ahora no puedo esperar a seguir con los tres siguientes y completar la saga.
El mundo donde ocurren estas historias es tan interesante, que a veces uno quisiera tener a mano, para esta épica, el equivalente de El Silmarillion para El Señor de los Anillos, es decir, produce el deseo de conocer las historias más antiguas, la mitología y la cosmogonía de esta tierra. Franzani, con tacto, muestra a veces partes de esas historias, como cuando nos enteramos de que el poderoso caballero Aton derrotó a un gigante en la cima de una montaña (llamada, desde entonces, el Pico de Aton). Así, ¿quién no quisiera conocer en detalle lo que ocurrió en la Guerra de las Bestias? ¿O en la legendaria batalla entre el titán Garbatros y el monstruo Dejálkor?
La historia se desarrolla en torno a la amistad de Damián y Julián, dos jóvenes que tendrán que recorrer un camino, en parte compartido y en parte individual, para intentar preservar lo que queda de su patria y de su Imperio, aunque sea en una lucha desesperada. Porque, realmente, ¿qué esperanza hay de derrotar al Azote Negro y sus enormes fuerzas? Lo interesante de esta amistad es que Damián y Julián tienen una misión común, comparten una lucha, pero sus diferencias de carácter se van reflejando en caminos muy diferentes. Así, aunque todavía no sabemos el final, todo nos indica que el más contemplativo y paciente Julián podría seguir “el camino del druida”, mientras que el más impulsivo, vanidoso e impaciente Damián tendrá que recorrer un largo viaje para poder convertirse en un auténtico caballero. Esta amistad y estas diferencias enriquecen la trama y le dan más vida y autenticidad.
Al inicio de la historia hay una sensación de que falta un personaje femenino importante en la trama y de pronto surgen dos mujeres, las hermanas Delia y Débora de Anfálsor, que parecen tener el potencial de tomar un papel importante en el conflicto que se está desarrollando y que tienen un mensaje importante que transmitir. Sin embargo, lamentablemente, de inmediato perdemos a estas hermanas y su mensaje, que quizás nunca podamos conocer. Este vacío de una figura femenina luego es llenado sobreabundantemente con la maravillosa princesa Elena de Nifrán. Con ella no solo obtenemos a una mujer tan necesaria en la trama, sino que se introduce todo un mundo (de los “bárbaros”) y una sana dosis de tensión romántica.
Quizás una crítica que se podría hacer al mundo creado por Franzani es que el elemento metafísico y de clara inspiración cristiana aparece de forma bastante explícita en algunas ocasiones, como al referirse a Dios como el Creador o como Lo Alto o “Aquel que llama” y “Aquel que indica el camino”. Esto puede gustar a algunos lectores y quizás menos a otros. Sin embargo, en contrapartida, existe un elemento de profundas raíces cristianas que es introducido con gran sutileza y de una manera que resulta inspiradora. Se trata del tema del sacrificio, como ocurre con Orencio al dar su vida por Siar y, especialmente, con el sacrificio de Gódric el Rojo, un “bárbaro” que ofrece su vida de manera absolutamente gratuita por el Imperio.
En suma, una vez que se prueba el brebaje de esta obra, la sed se acrecienta y el lector queda atrapado con ganas de poder completar la historia. Crecen así las ganas por conocer más de estos gigantes, bestias, druidas y dragones, y también por saber qué ocurrirá con las múltiples profecías y visiones, especialmente con la célebre profecía de Luciano el Vidente. Pero, sobre todo, el lector queda con ganas de saber qué harán, en medio de este mundo peligroso y fascinante, sus jóvenes aventureros: la princesa, y quienes quizás, en ese proceso, se convertirán en un noble caballero y un sabio druida. De esta manera, la obra de Franzani es un aporte, desde Chile, a la literatura de la «alta fantasía», un subgénero menos explotado que la simple fantasía o literatura juvenil de aventuras, donde la trama adquiere tintes solemnes; nos remite a cosmogonías, mitos y antiguas leyendas, y donde el viaje de sus protagonistas puede convertirse también en un viaje interior para el lector. Por esta razón, los lectores chilenos harían bien en darle una oportunidad a estos cantos, quizás encontrarán en ellos más de lo que esperan.
Benjamín Franzani: Crónicas de una espada
Editorial Vuelo Ártico (www.vueloartico.com), Valencia, España, 150 pp.







Agudo análisis.