por Aníbal Ricci

Debo ser el primer usuario de UCuerdo, programa experimental de la Universidad Catódica que prometió almacenar mis mejores recuerdos, debía elegir uno y ellos daban la posibilidad de accederlo electrónicamente una vez por día, los treinta días del mes. En broma fui su conejillo de indias, aunque el director del proyecto insistía en que yo era pionero en perseguir un mayor bienestar para la población. Me lo vendieron como algo que incrementaba la felicidad, pero estoy siendo majadero, como miembro del grupo de prueba ellos no me cobraron por la suscripción. Eso de la felicidad parecía una trampa, pero tener un recuerdo a mano resultaba tentador. Estuve internado un día completo en sus laboratorios y extrajeron esos recuerdos de mi cerebro.

Los posteriores usuarios a esta primera fase debían cancelar 100 dólares por tener el recuerdo disponible cada mes. No estaba dispuesto a pagar esa cantidad y tampoco me alcanzaba el presupuesto. Tengo varios procesos pendientes por tráfico de drogas, pero hasta el momento he podido escabullirme de la cárcel.

Un año después había diez mil usuarios suscritos. Nos invitaron a una reunión en la facultad y al finalizar nos ofrecieron, yo seguía con acceso gratuito, una mejora del producto por 100 dólares adicionales. Cuando firmé el primer contrato no entendía todos los alcances de las cláusulas, muchas páginas con palabras técnicas y conceptos complicados. No sólo tendríamos acceso al recuerdo, sino que se podían introducir variantes mediante un guion escrito por uno mismo, perfeccionamiento posible gracias a la inteligencia artificial.

Al segundo año, UCuerdo introdujo la versión 3.0 por otros 100 dólares. Esta consistía en la eliminación sináptica en nuestro cerebro. Al acceder al recuerdo, éste no haría cortocircuito con el original. Eliminaba 100% la confusión mental y contribuía a incrementar la felicidad del usuario. Esta versión estaba destinada a profesionales exigentes, donde el recuerdo modificado iba cambiando para siempre la percepción subjetiva del individuo, permitiendo aumentar la autoestima.

Asistía sin falta a las exposiciones de la universidad, pensando en los adictos a las drogas que distribuía y creyendo que estos recuerdos mejorados permitirían a mis clientes consumir mayores dosis. Pero existía un problema: 100 dólares mensuales ya era mucho dinero y las drogas sintéticas eran ostensiblemente más baratas. El otro problema, nunca entendí la letra chica, el otro problema es que la versión 1.0 a partir del próximo año incluirá publicidad cada vez que se ejecute un recuerdo. Las versiones 2.0 y 3.0 no incluyen segmentos publicitarios. La primera versión poseía muchos más usuarios, eran doscientos mil a fines del segundo año.

UCuerdo, el nombre del proyecto, no sólo hacía mención a la Universidad Catódica, sino que también significaba «You Cuerdo» en perfecto espanglish y se traducía en almacenar recuerdos perfeccionados donde el usuario incrementaba su nivel de cordura.

El usuario elegía un recuerdo, pero según las cláusulas el sistema almacenaba mis mejores recuerdos. La versión 4.0 ahora permite el acceso a diez recuerdos diarios por otros 100 dólares. Los clientes empezaron a endeudarse para ir mejorando sus versiones, pero la opción inicial ahora no sólo incluía publicidad, sino que la plataforma podía utilizar todos los recuerdos almacenados, el contrato no establecía límites y los servidores cuánticos tenían capacidad para fijar hasta cien recuerdos por persona. Estos otros recuerdos eran utilizados para guiar la publicidad personal. Cuando firmé el contrato me interesó que UCuerdo no podía comerciar con mis recuerdos, pero este resquicio legal podía inducir la publicidad priorizando mis gustos.

Muchos usuarios, entre ellos me incluyo, no podíamos acceder a las versiones sofisticadas por falta de dinero. Existía una cláusula maldita: si uno dejaba de pagar la suscripción, UCuerdo se reservaba el derecho de suspender el contrato. No era prerrogativa del cliente y las empresas de publicidad aportaban cada vez mayores recursos financieros al proyecto.

Los que dejaron de pagar recibieron la dosis aumentada de publicidad y se hicieron adictos a múltiples bienes y servicios. Me estaba volviendo loco, adicto a todos los estímulos, entonces comencé a consumir mis propias drogas. Ya no tenía dinero para nuevos encargos y estaba desesperado, hasta que un narcotraficante del mayor cartel del país inyectó una enorme cantidad de dinero a una empresa publicitaria. Esta provocó una adicción a la música urbana e indirectamente disparó el consumo de droga. La demanda de los que no pagaban la mensualidad básica se elevó por las nubes. Consumían cada vez más sintéticos ilegales y los mafiosos de los carteles entendieron que UCuerdo debía captar clientes en forma exponencial. Se dieron cuenta de que tenían que financiar a todas las empresas publicitarias para promocionar aquello que cada cliente requería con urgencia.

La industria de la publicidad ahora era financiada mayormente por los carteles. Los planes exclusivos de UCuerdo fueron subiendo de valor para que cada vez hubiera más morosos. El precio de la versión 1.0 seguía a 100 dólares y los carteles invirtieron en la educación de algunos estudiantes para enquistarlos en la universidad. Una vez ingresados al proyecto convencerían al directorio de bajar los precios del plan básico.

Al quinto año existían dos millones de abonados y con la rebaja de la tarifa básica, en dos años los clientes se elevaron a cinco millones. El porcentaje de planes básicos era cada vez mayor dentro del porfolio.

Los nuevos ejecutivos manejaban una teoría secreta de esas que enseñan en la Universidad Catódica: a mayor morosidad en las suscripciones, mayores eran los aumentos de capital debido a las inyecciones de las empresas publicitarias.

La versión 10.0 permitió 100 recuerdos modificados, lo que moldeaba nuevas personalidades. Estas no manifestaban remordimientos ante conductas ilegales y estaban plenamente coludidos con los carteles de la droga para maximizar su riqueza. Recurrían a sus recuerdos modificados para fomentar la confianza en sí mismos. Los recuerdos que procesa el cerebro tienen un límite y esos cerebros rápidamente fueron saturados.

Carteles, universidades, políticos, empresarios y sindicatos estaban coludidos tras un solo objetivo. El control de las mentes mediante la publicidad forzada y selectiva disparó el consumo de drogas.

UCuerdo estableció operaciones en otros países. Las redes sociales exhibían adictos invadiendo todos los espacios públicos y privados del continente.