Por Diego Muñoz Valenzuela
La ciencia ficción chilena, existe, qué duda cabe. Inició su época más fructífera a partir de la década de 1950 y de la mano de la publicación de Los altísimos (1959) de Hugo Correa, quien ha sido incluido en numerosas antologías extranjeras y traducido a diversos idiomas, a quien se suman escritores como Elena Aldunate y Antoine Montagne, seudónimo de Antonio Montero. A esta trilogía de autores, cuyo aporte es notable, los podemos denominar clásicos del género en Chile. A su periodo de actividad se le suele llamar la “época de oro” de la ciencia ficción nacional.
Después, desde los años 70 en adelante, vino un largo silencio que se extendió hasta los 90, con la producción de autores como Darío Oses, Claudio Jaque y Diego Muñoz Valenzuela. Más adelante se fueron sumando numerosos autores como Jorge Baradit, Sergio Meier, Francisco Ortega, Alicia Fenieux, Soledad Véliz, Fabián Cortez. Una enumeración completa sería demasiado extensa.
En la corporación Letras de Chile, creada en los albores del milenio presente, se han ido congregando -sin premeditación alguna- autores y autoras del género. Eso se ha evidenciado en publicaciones en la página www.letrasdechile.cl y en la realización de cuatro encuentros internacionales que han incluido la ciencia ficción como una de sus temáticas (hay registro escrito y audiovisual de estos en el portal web).
De este modo se han ido creando condiciones para la generación de un grupo de narradores dedicados a la ciencia ficción. Esto eclosionó en junio de 2025 con la creación del Grupo Ciencia Ficción de la corporación Letras de Chile, cuyo manifiesto se encuentra en el libro al que nos referimos y https://letrasdechile.cl/2025/06/09/manifiesto-grupo-ciencia-ficcion-letras-de-chile/
Se trata de un conjunto de autores – todos ellos socios de Letras de Chile- que han decidido constituirse en un núcleo de colaboración para llevar adelante iniciativas de difusión del género. La primera de ellas ha sido la publicación del volumen de cuentos Ecos del Mañana, como resultado de una colaboración entre dos editoriales: Vicio Impune y Rhinoceros Ediciones, y patrocinio de Letras de Chile. Cuentos de diez autores integran un volumen plural y diverso en temáticas, intenciones, estilos y formas. Sin duda un aporte a la difusión y el enriquecimiento de este género en permanente evolución en la actualidad.
Un conciso y preciso prólogo de la escritora y crítica Marisol Utreras abre el volumen, y nos va guiando a través de las lecturas. Me referiré brevemente a los cuentos de la antología en lo que sigue, sin revelar los detalles de su trama, para no restar al lector el disfrute de descubrirlos por sí mismo.
Obras consagradas de Cecilia Aravena aborda, de manera inteligente y profunda, la problemática de la capacidad de humanos y máquinas para crear contenidos originales y bellos. La trama va convergiendo hacia la narrativa negra, donde los crímenes y la muerte aparecen formando parte del núcleo de la historia. Una lectura entretenida, apasionante y desafiante en sus implicaciones.
El olvido programado de Eduardo Contreras Villablanca nos conduce al territorio de las distopías y contrautopías. Grandes protagonistas son los libros, depositarios y vehículos de transmisión de la memoria: nuestros fracasos y desventuras, éxitos y hallazgos de belleza. ¿Estará la felicidad en el olvido de lo doloroso? Esta parece ser la gran pregunta que propone este cuento hondo y desafiante.
Las aves incandescentes de Leonardo Cornejo, viene a ser una narración clásica de la exploración interplanetaria, aunque muy bien centrada en la emocionalidad y sensaciones del cosmonauta protagonista. En el centro de la historia está el encuentro con seres alienígenas muy diferentes, cuya acción resulta fundamental en la superación en una amenaza impredecible y compleja.
Señal de vida inteligente de Fabián Cortez, también aborda la temática de los viajeros espaciales en busca de otras formas de vida inteligentes. Sin embargo, la ficción toca un asunto mucho más significativo y denso filosóficamente: la compleja relación entre las dimensiones de tiempo y espacio del universo, la cual excede la comprensión de las capacidades de los seres vivos y las inteligencias artificiales que dan vida a este relato.
La mujer del café virtual de Alicia Fenieux, aborda -mediante la creación de exquisitas atmósferas narrativas- la insaciable e improbable búsqueda de la belleza y del amor. Un protagonista navega por la realidad virtual en busca de la imposible media naranja y contra todas las posibilidades, la encuentra en un ciclo de espacio tiempo; así se concilia una oportunidad de encuentro cuyos resultados parecen impredecibles.
Rory Kokos explora la nube onírica de Bartolomé Leal aborda el encuentro con otra civilización alienígena, Omega, similar a la humana, mucho más avanzada en lo tecnológico. El detective omegano Rory Kokos está encargado de investigar el oscuro campo de conocimientos diseminados, desordenados, extraviados en una suerte de “nube” y convertirlos en un cuerpo útil y jerarquizado, aprovechando en el camino de ironizar con nuestras actuales problemáticas humanas.
Mujer por elección de Diego Muñoz Valenzuela, narra un intenso encuentro entre un hombre y un alienígena con apariencia femenina. Se relata en contrapunto de flashbacks y un presente erótico. El cuento sugiere una paradoja: una civilización avanzada necesita experimentar lo «primitivo» humano (el sexo, el género, el placer corporal) para completarse. El cuento plantea una reflexión filosófica sobre si el amor es real o simplemente una construcción retórica.
Una sed inmensurable de Edward Grove nos traslada a un territorio terrestre desértico, donde imperan el calor tórrido y la consecuente sed que lleva a la búsqueda ansiosa del agua que asegure la sobrevivencia. Aquí ocurre un fortuito, a veces aterrador e inquietante encuentro con una criatura alienígena cuya naturaleza e intenciones no son claras, hasta que se produce una reveladora comunicación telepática. Ella busca el agua con más desesperación que el humano…
Una gallina inmortal de Marisol Utreras es un relato que escapa a toda norma por su desopilante fantasía que pone a una extraña gallina en el pináculo de las divinidades, planteando en deliberada ironía una teoría alternativa de la Creación. Los humanos creados y criados por ella en singular experimentación, aquí son objeto de sorna. Su propósito como raza inferior era venerar a la Diosa Gallina, aunque cayeran al fin en la tentación de renegar de la deidad.
La furia del Big Bang de Max Valdés Avilés es una narración apocalíptica cuyas sobrecogedoras escenas van configurando un terror creciente, donde parece no haber límite para el ejercicio de la maldad de los hombres, ni escape para los temporales sobrevivientes. La degradación moral precede a la declinación del género humano en una ficción sin concesiones, aquí la salvación y la esperanza no encuentran sitio donde poder instalarse.
En suma, Ecos del Mañana nos entrega una decena de relatos de buena factura dentro del amplio rango de la ciencia ficción moderna. Esta primera edición ha tenido buenas apreciaciones y ecos; pronto será reeditada para alcanzar a un número mayor de lectores que ojalá rebose con mucho el límite de los fans de la ciencia ficción. Una estupenda iniciativa de Letras de Chile que esperamos sea seguida de una amplia serie de actividades y publicaciones.
Ecos del mañana, cuentos chilenos de ciencia ficción
Editorial Vicio Impune y Rhinoceros Ediciones, Santiago, 2025, 144 pp.







[…] libro de Guillermo Bustamante Zamudio, Oficios de Noé, se publica en 2005. Todos los textos que hay allí se…