Por Omar López

Hoy, al mirar por la ventana el paisaje luminoso y amable de un mar acariciado por el sol, recordé el cumpleaños de un amigo, un gran amigo o casi un hermano… Manuel Paredes Parod, poeta, artesano, militante de la generosidad y el compromiso con la cultura, el pensamiento crítico y la acción creativa. Si hubiera estado vivo, habría cumplido 71 años pero falleció un martes 30 de julio de 2019, luego de padecer la invasión de un implacable cáncer. Con Manolo compartimos instantes de muchas satisfacciones y desafíos desde más menos fines de marzo de 1978, a raíz de un llamado de radio Chilena para convocar jóvenes poetas que se interesaran en trabajar unidos y organizados en grupos o talleres literarios sectoriales en Santiago.

Saludo su recuerdo y en alguna medida abrazo su amistad ahora, desde otro taller, otra realidad y otros personajes: en un mundo o un país que en el transcurso de cincuenta y tantos años ha sufrido enormes y preocupantes transformaciones económicas, sociales y, sobre todo, culturales. El mundo del arte, los artistas, los creadores y todas sus propuestas suelen ir por la orilla del planeta cotidiano y si en general, pretenden “representar” el entorno humano o “interpretar” sus mecanismos de convivencia el mismo sistema tiende a pervertir o a comprar con infinitos estímulos el alcance de dichos mensajes.

Dicho esto, retorno a un espacio mucho más íntimo e inmediato que las anteriores reflexiones: pertenezco a un taller de poesía que inició sus actividades en julio de 2019 bajo el auspicio de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Su nombre es BOTELLA AL MAR y durante estos casi siete años de existencia se ha convertido en un caja de gratas sorpresas y punto de partida o encuentro con personas de cálida y transparente humanidad que, más allá de compartir versos y materias literarias, se ha constituido en un espacio de libre expresión anímica, solidaria y gentil.

Este micromundo es una manera de resistir también la contaminación de cierta vulgaridad verbal y prosaico contenido, porque todo lenguaje es un medio de comunicación que en el mejor de los sentidos, debiera transmitir lo más genuino y representativo da cada uno; limpio de eufemismos oportunistas o de intenciones disfrazadas. Otra condición de particular interés, es la conversación entre personas de distintas edades que van en un rango desde los quince a poco más de los ochenta años. Es decir, un amplio abanico de visiones, experiencias, historias de vida y profesiones y, por supuesto, estilos diversos de escritura y formación literaria.

Nuestra botella navegante y vagabunda en el mar de las letras y la costa de los sueños persistentes, ya ha concretado algunas publicaciones, varias presentaciones en la SECH y otros ambientes y goza de muy buena salud creativa porque se alimenta de la vitamina de la amistad, la solidaridad y un convincente cariño entre sus integrantes: Melania Tello, Edith Contador, Aminta Rojas, Ariana Sotomayor, Javier Reyes, Joaquín Orellana, Daniel Órdenes, Nahuel Ramos y Omar López. Tal vez, es oportuno y sin desmerecer la obra de los mayores, destacar especialmente el trabajo y talento de los jóvenes Joaquín, Nahuel, Javier y Daniel porque su potencial, su pasión, su energía nos ha demostrado en cada caso, la frescura y compromiso de sus obras.

Por otra parte, Aminta y Ariana, ambas mujeres que, más allá de sus profesiones (profesora de música y abogada, respectivamente) también están en pleno desarrollo de su discurso poético a partir de vidas intensas y autoexigencia eficaz y elocuente. Sus poemas reflejan asertividad y coraje frente a la realidad de la mujer en la sociedad actual y una constante de denuncia frente al atropello de la naturaleza y los vaivenes del amor de pareja. Y quienes, en gran medida llevan la voz de la experiencia y la sabiduría que se adquiere en años de ejercicio y talleres literarios, son Melania y Edith. Ambas poetas de oficio y voz madura en expresión y contenidos. Sus versos, sus ritmos, sus metáforas, sus libros y sus trayectorias nos hacen recoger enseñanzas y construcción de estilos. Tal vez, sea este el perfil de su generosidad de tiempo y compromiso con el género de poesía: dejar huellas, señalar caminos, indicar eventuales rutas.

En fin, pocas ocasiones he dado espacio a un tema tan personal y que está inserto en la práctica, en la contingencia del “aquí y ahora”. Y es, en realidad, un homenaje a un compañero que ya no está físicamente pero que habita mi corazón de viejo escribidor y gato enamorado de cola a bigotes y dientes. La poesía es una ventana y una puerta siempre abierta a cualquier ser humano, y el mapa de su territorio está entre la sangre y la piedra; entre la piel y la distancia; entre la vida y la muerte. Por lo mismo, con-vivir y ser uno entre todos y entre todos extender puentes, es la tarea del presente.

¡¡Viva entonces, la poesía!!

EL Tabo, viernes 16 de enero de 2026