
Por Jorge Lillo
Raudo, el nuevo mandatario,
salió con ramos de flores
a homenajear dictadores
que fingen ser “libertarios”.
Vergüenzas del vecindario,
hetairas del tío Sam,
están ideando un plan
de modernas represiones
que asolen nuestras naciones
en un nuevo Leviatán.
Como nunca ha sido reacio
al lujo ni a las riquezas,
por eso ahora su alteza
quiere vivir en Palacio.
Ni príncipe ni batracio,
capitán de sus meznadas,
se siente en un cuento de hadas
sin brujas ni torvos magos,
recibiendo el triste halago
de las gentes humilladas.
Quiere el Führer ahorrar
en todo lo que más pueda,
pues viviendo en La Moneda,
arriendo no va a pagar.
Tampoco en gas va a gastar:
–“¡mira, mijita, qué bueno,
el agua gratis tenemos,
y el gasto’e electricidad,
desde hoy nos lo pagarán
entre todos los chilenos!”.
Y se ahorrarán la comida,
ya corriente, ya especial,
que el erario nacional
soportará en la embestida.
Va a mejorarle la vida
ahorrar en trasladación,
pues del despacho al colchón
caminará pocos pasos,
sin andar a los codazos
gastando en locomoción.
¡Atenta la población,
que vienen tiempos peores:
llegaron depredadores
a manejar la custión!
el Zar de la Colusión
va a ser el capo de Hacienda;
el que va llevar las riendas
del coche del empresario,
que va a subir al calvario,
al pobre, en la remolienda.
¡Chipe libre a los permisos
pa’hacer lo que se te frunza!
(no lo afirmo en lengua kunza
sino en chileno castizo).
Pa’acicalar el panizo,
se acaban los formularios;
ya no habrá más cuestionarios
ni pretextos engorrosos
con que podrá el poderoso
adueñarse del terrario.
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Emotivo y crítico. Es un gran relato picaresco.