Anticipo del ENCUENTRO DE CIENCIA FICCIÓN, sábado 8 de noviembre a las 11 am.

(Doce cuentos del futuro de Alicia Fenieux, Editorial Forja, Santiago 2017)

Por Bartolomé Leal

Estamos viviendo una época de cambios culturales con la irrupción de avances tecnológicos en las comunicaciones, la información, los delitos cibernéticos, las entretenciones, el transporte, y suma y sigue. Cuando Borges soñaba con una biblioteca universal, infinita, nunca llegó a imaginar algo así como la red virtual (Internet) y sus derivaciones: la nube, los servidores computacionales, el teletrabajo, la creación artística (incluida la escritura y la traducción) y tanto más. Son lo más cercano al ideal borgiano. Si fuera un sistema democrático, extensivo, igualitario, tal como nació, ligado al mundo académico, y no un pingüe negocio más como es en la actualidad, la Internet podría abarcar toda la sabiduría de la humanidad. Explorar el pasado más recóndito, ver el presente fugaz y proyectar futuros posibles. De todos modos, la Internet contiene bastante.

Esa nube que se puede transformar en lluvia, como correspondería, es difícil de evaluar. Sabíamos de la lluvia ácida (por la contaminación), de la sequía por falta de lluvia, y de las lluvias torrenciales como sucesos deletéreos. Pero la nube virtual, ¿qué trae? Alicia Fenieux, en los cuentos de su libro Una vida encantadora, plantea una serie de situaciones bien conocidas por todos quienes somos, cual más cual menos, súbditos de la nube, donde el bienestar físico y espiritual que proporciona a menudo se vuelve contra el usuario o la usuaria.

Ese mundo de maravilla, esa vida encantadora que se nos ofrece, esconde horrores inéditos que además se multiplican, evolucionan, mutan en otros horrores aún peores. La propia nube los genera. Inspira o ahoga revoluciones y contrarrevoluciones. Entonces se acaba la fiesta. Alicia se sabe mover, navegando por esa nube con una prosa amable, discreta, parodiando a ratos la novela rosa y la crónica testimonial. Introduciendo un humor sutil. Les pasa revista a otras cosas que pueden ocurrir, que transforman las clonaciones, las redes sociales, los hologramas y avatares, los viajes, las nostalgias de pasados mejores, la ecología, lo que se quiera, inclusive como temas de conversación, en verdaderas y nada corrientes pesadillas.

Esa es la onda de estos originales cuentos de CF, que tienen a ratos una pizca de Ray Bradbury y otra de J.G. Ballard, maestros del género, con un despliegue en Fenieux de estilos narrativos siempre logrados, y que dan cuenta de una gama amplia de temas contemporáneos vistos con ojo crítico, y que tienen poco que ver con las rutinas de naves espaciales, alienígenas o imperios galácticos (benévolos o malvados), en que a veces nos quedamos pegados los cultores del género.

La lectura del libro deja sin embargo muchas preguntas en el aire, quizá cada cual podrá responder algunas según la indefinible lógica de cada lector. Aunque siempre queda la posibilidad de preguntarle a la autora qué quiso proponer en cada cuento o en su conjunto. Por ejemplo:

Pregunta: A juzgar por este libro, ¿te consideras una autora optimista o pesimista frente al futuro?

Alicia: Me considero una autora distópica, es decir, pesimista frente al futuro. Lamentablemente, los distópicos hemos terminando siendo bastante realistas. Lo que hemos atisbado en cuentos escritos ya hace 15 años, se ha ido cumpliendo, para mal.

Pregunta: ¿Cuánto hay de experiencias personales en tus escritos? ¿O todo viene de tus lecturas o revisiones de películas?

Alicia: La imaginación y los sueños han inspirado mis obras de ciencia ficción. En el caso de mis novelas y cuentos de corte femenino, sí hay vivencias personales.

Pregunta: Hay una moda, bastante sectaria por cierto, de exigir sotto voce a los autores y autoras que incorporen en sus escritos tópicos de actualidad política contingente (prefiero no especificarlos). Tus textos no parecen tener mucho de eso. ¿Qué opinas?

Alicia: No me gusta para nada. Sobre todo en autores que escribimos ficción. No podría opinar o «casarme» con alguna postura política, siento que me quitaría libertad para escribir.

Una vida encantadora
Una vida encantadora