Por Antonio Rojas Gómez

Ediciones Destino, sello de Editorial Planeta S.A. 333 páginas

Cuando el lector cierra la última página de este libro, se queda preguntando ¿quién fue el verdadero asesino? El autor le ha proporcionado todos los antecedentes, le ha contado en detalle cada paso que han dado todos los participantes en la historia, ha dejado en claro quién se beneficia con cada muerte, y sin embargo el lector queda con la pregunta ¿quién fue el verdadero asesino? Porque el interés de esta magnífica novela negra no se centra en descubrir al que aprieta el gatillo, da la puñalada o manipula el veneno; nada de eso, aquí lo que importa son los seres humanos que pueblan las páginas del libro, sus expectativas, sus desesperanzas, sus dudas, lo que persiguen y esperan de la vida y los pasos que dan -muchas veces equivocados- para conseguirlo.

Guillermo Martínez es un escritor argentino que ha incursionado en el género negro con especial inteligencia. Él es doctor en Ciencias Matemáticas, pero su pasión literaria es lo que lo hace conocido en todo el mundo. Sus libros han sido traducidos a cuarenta idiomas y sobre ellos se han realizado películas. Esta historia que comento transcurre en Oxford, Inglaterra, al igual que su anterior “Crímenes imperceptibles”, que le valió el Premio Planeta en 2003, y tiene al mismo protagonista, el doctor en Matemática Arthur Seldom, de quien el autor es coprotagonista, además de ser el narrador en primera persona de la historia. ¡Ah… y muy importante! “Los crímenes de Alicia” obtuvo el Premio Nadal de Novela en el año 2019.

La Alicia, que supuestamente desencadena los crímenes, es la misma Alicia del país de las maravillas, el famoso libro de Lewis Carroll, quien vivió en Oxford, donde se le recuerda como el coterráneo más ilustre, y donde funciona, además, una de las dos más prestigiosas universidades británicas. La otra es Cambridge.

Un grupo de académicos de Oxford, para mantener vivo su recuerdo, ha formado la Hermandad Lewis Carroll, cuyo presidente honorario es el Príncipe de Gales, hoy Rey Carlos III. Pero el príncipe no ha asistido nunca a las sesiones de la hermandad. Sin embargo, cuando empiezan a ocurrir homicidios que afectan a sus integrantes, se produce una inquietud adicional, porque la sangre puede salpicar a la corona.

¿Y cuál es la razón de esos crímenes? Nadie la sabe. Solo se conoce que una estudiante, patrocinada por un profesor miembro de la hermandad, ha descubierto en antiguos archivos un papel que contiene una frase acerca de las razones por las cuales las sobrinas y herederas de Carroll, arrancaron algunas páginas de sus diarios. Inmediatamente alguien intenta matar a la estudiante y la atropella con un auto robado. Pero ella, milagrosamente, sobrevive. Y guarda el papel que descubrió y que se niega a mostrar.

Surgen entonces hipotéticas razones entre los académicos y la policía para explicarse lo que ocurre. Que se agrava con nuevos homicidios. Y aquellas razones se vuelcan a la presunta pedofilia del escritor Carroll, que además era un apasionado de la fotografía que recién comenzaba, y fotografiaba con especial interés a niñas desnudas, entre ellas la propia Alicia.

Es una trama compleja. La vida social en el siglo XIX, cuando Lewis Carroll vivió, era distinta a la de fines del siglo XX, cuando viven los personajes del libro. Lo que una vez fue permitido y alabado como un arte edénico, después era combatido por una distinta visión de la sexualidad. Ocurren bastantes episodios controversiales, como el recuerdo de la hija de un matrimonio de académicos que se suicidó, a los catorce años, enamorada de un hombre mayor.

Lo que cada personaje vive en la interioridad de su ser, que evita asomar a la superficie aun cuando es determinante en su actuar público, conmueve al narrador y esa conmoción se traslada al lector por la gracia de un relato lúcido, de brillante claridad, que toca con precisión los puntos sensibles de cada cual y la reacción que provocan en los demás que comparten intereses e inquietudes.

“Los crímenes de Alicia”, del autor argentino Guillermo Martínez, es una novela extraordinaria, que presta una nueva dimensión a la literatura negra o policiaca, tradicional fuente de entretención, enriquecida ahora por una profunda introspección en el alma humana.