Por Yuri Soria- Galvarro
Dos libros que llegaron al mismo tiempo, que tienen mucho en común y que recomiendo completamente: La Dimensión desconocida de Nona Fernández y Lo demás fueron los árboles y el viento de Rubén Gonzáles.
El libro de Nona Fernández es una novela con alma de crónica, un relato que se hace cargo de la pregunta de Redolés ¿Qué será de mi torturador? El texto se sumerge en la búsqueda de uno de los asesinos y represores de la dictadura, pero no de uno cualquiera: de Andrés Antonio Valenzuela Morales, que abrumado por la conciencia dio su confesión a la prensa, a los organismos de derechos humanos y a los tribunales, lo que ayudó a conocer el destino de algunos detenidos desaparecidos, mostró la realidad sangrienta de la dictadura y contribuyó a procesos judiciales en busca de justicia. Y también lo convirtió en un exiliado perseguido por el régimen. Nona Fernández imagina y se zambulle en la oscuridad para contarnos esta historia, esta epistolar búsqueda del represor es un viaje a La dimensión desconocida, esa que convivió con nosotros por muchos años como un programa de televisión y que el país quiere esconder debajo de la alfombra. El texto tiene un arreglo vertiginoso que a veces evoca a Kurt Vonneguth en Matadero cinco y en otros momentos a Primo Levi en su crudo relato sobre los campos de concentración nazis, la mirada de Nona Fernández, sin embargo, tiene un pulso propio y definido, un latido interno y fuerte que hace a La dimensión desconocida un libro potente, generacional, necesario y de alguna extraña manera sanador.
Lo demás fueron los árboles y el viento de Rubén González Lefno es una novela cuyo eje central es la lucha armada contra la dictadura. Se estructura en base a narraciones que parecen cuentos, segmentados y compartimentados, que van armando la metahistoria de un grupo de combatientes, esos que de verdad lucharon, que fueron capaces de dar la pelea frontal y heroica, jóvenes que tomaron las armas, que aportaron su sangre para dar fin a un régimen de oprobio y represión. Los personajes de la novela los conocemos por sus chapas políticas y apodos, no siempre se los describe pues en muchas reuniones están encapuchados para preservar la compartimentación, otros como el comandante Pepe o Jaime Castillo Petruzzi “Torito”, son personajes reales, guerreros heroicos de ese capítulo tan reciente y sangriento de nuestra historia latinoamericana.
Pero, aunque no sabemos cómo son físicamente, la novela logra, y de ahí su fuerza, transmitirnos la sustancia, los anhelos, el miedo que fue necesario franquear, el dolor por la pérdida, la absoluta seguridad en el futuro de los personajes. Hay cierto dejo de candor o ingenuidad también, algo cercano al idealismo como niños que pierden la inocencia ante el horror. Pero ellos hicieron la diferencia, su entrega fue necesaria y urgente, una historia que envejece en algún sentido y en otro continuará siempre vigente, una historia que debe ser contada en cualquier caso y que Rubén González hace con maestría.






Hornado y contento por tu invitación a participar en este proyecto querido Rolando. Me gustó conocer también, la mirada y…