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	<title>Ensayos archivos - Letras de Chile</title>
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	<title>Ensayos archivos - Letras de Chile</title>
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		<title>IV. LOS LÍMITES DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Aug 2026 13:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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<div style="font-size: 15px; padding: 10px 20px;"><p>Este artículo de Diego Muñoz Valenzuela sobre Inteligencia Artificial fue publicado antes en el diario electrónico El Mostrador.</p></div>
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<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Diego Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como hemos venido deliberando acerca del rol de la IA, sus posibilidades e impacto en la sociedad actual, nos corresponde ahora especular sobre escenarios de futuro inmediato o a plazos mayores. Se ha observado una tendencia a magnificar sus posibles efectos y extender sus límites y capacidades mucho más allá de lo que la realidad da cuenta. Se ha desatado una epidemia de temor en cuanto a la destrucción de puestos de trabajo que generará a corto plazo, incluso a la exterminación de carreras completas. Tal vez echar a correr esta clase de rumores intimidantes sea conveniente para justificar reducciones en las planillas de empleados, mucho más allá de las necesidades efectivas de las empresas. En particular aquellas reducciones de costos que apuntan a mejorar la rentabilidad del capital de los dueños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, no puede negarse que en esta nueva y acelerada expansión tecnológica liderada por la IA, habrá trabajos que serán automatizados totalmente o en alto grado. Al mismo tiempo, también es esperable que surjan nuevos trabajos a partir de esa misma transformación; sin duda serán trabajos que requieran cierto grado de especialidad y exigencias de creatividad superiores. Es decir, oficios que se transmiten de maestros a aprendices desde tiempos inmemoriales. O labores ligadas a la imaginación y la creatividad, como las de los artistas y científicos, donde importan más las capacidades de innovar, criticar lo que existe y plantear cambios profundos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hemos reflexionado ya sobre las IA generativas, que son capaces de poner a disposición sistemas computacionales asombrosos entrenados a partir de la información y conocimientos alimentados digitalmente. Son capaces de hacer maravillas dentro del campo de aquello que se les ha proporcionado como materia prima intelectual: construir variantes aparentemente originales de lo que ya existía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de estas exageraciones acerca del poder de las IA, surge una suerte de paranoia que eleva a increíbles niveles la desconfianza acerca del origen de artículos o libros completos, acusando a los autores de usar herramientas de IA, llegando a ejecutar una especie de cacería de brujas en pleno siglo XXI.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que las herramientas de IA llegaron para quedarse y es preciso darse cuenta de que ya están teniendo un efecto de transformación en el lenguaje humano, que ha dejado de ser un territorio exclusivo de las personas, como fue hasta hace muy poco tiempo. De hecho, creo que cada vez resulta una tarea más compleja detectar acaso un texto fue escrito con o sin intervención de alguna IA. Si bien hay una elevada oferta de aplicaciones capaces de detectar el origen humano o maquinal de un texto, ciertamente estas no son infalibles. Yo hice recientemente una prueba con un cuento escrito por mí -sin apoyo alguno de la IA- y la aplicación dictaminó con una probabilidad de 87% que estaba hecho por una IA. Es decir, la aplicación se equivocó, a menos que un descendiente de HAL -la supercomputadora de 2001: Odisea del espacio- se haya instalado en mi notebook y tomado el control de mi conciencia. De ser así, sería recomendable que usted interrumpa ahora mismo la lectura de este artículo y llame a la policía del Pensamiento para efectuar la denuncia correspondiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muy pronto será prácticamente imposible afirmar que un texto haya sido o no escrito por una IA, porque nuestro manejo del lenguaje estará dado por de millones de humanos y máquinas interactuando cotidiana y masivamente a través de libros, correos y redes sociales en una espiral creciente. La pregunta que debemos formularnos es ¿Cómo las IA están transformando ese instrumento llamado lenguaje, que creíamos de nuestra propiedad exclusiva? Eso ya no es así.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de todo lo planteado hasta aquí, es preciso recordar que las máquinas son máquinas, y los humanos somos humanos. Los humanos somos mamíferos, simios desarrollados, capaces de tener emociones y sentimientos, marcados por el instinto gregario, por las posibilidades de la colaboración y el trabajo cooperativo. Creamos el lenguaje justamente para comunicarnos entre nosotros y poder pasar a etapas superiores de trabajo en equipo. Y por esa vía desarrollamos nuestros cerebros y nuestra vida en sociedad, creamos tecnología, dando cauce a un vertiginoso y complejo río de progresos y saltos sucesivos que parece no tener fin. Pero aún no ha llegado el fin de la humanidad: seguimos siendo el recurso principal y superior sobre la faz de este planeta, más allá de todos los errores que hayamos cometido en la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las máquinas, porque no son otra cosa que máquinas y también productos ofrecidos por gigantescas compañías tecnológicas cuyo objetivo es hacer enormes y rentables negocios, no son capaces de sentir, de emocionarse, de tener dudas, de poder convivir con la incertidumbre, de poder hacerse preguntas sin necesidad de responderlas, de intuir o de crear algo nuevo de una manera no deductiva o inductiva, que son caminos obvio y frecuentes para los potentes algoritmos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie se angustia por el hecho de que una grúa pueda levantar 50 toneladas de un envión (aunque este hecho generó pánico hace décadas). Una consideración similar aplica para las máquinas a vapor, eléctricas o nucleares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su momento grandes matemáticos impulsaron la construcción de máquinas calculadoras para aliviar “la pesada tarea de pensar” (sumar, restar, multiplicar, dividir, calcular logaritmos, aplicar trigonometría, etc.). Alcanzada esta meta, el nivel de lo que se consideraba inteligencia, se desplazó al nivel superior. A partir de la Segunda Guerra Mundial, las ciencias de la computación tuvieron un enorme progreso, del cual la IA viene a ser su principal estandarte. Se produce un nuevo y fuerte “corrimiento” hacia arriba de la definición de inteligencia. Muchas de aquellas tareas que durante siglos consideramos superiores en cuanto a su requerimiento de inteligencia para resolverlas con éxito son efectuadas mucho mejor hoy por “máquinas inteligentes” en vez de humanos: los cálculos complejos, el modelamiento matemático, la simulación de la realidad, la generación de textos, la traducción, la programación de sistemas computacionales…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las IA actuales carecen de un cuerpo, no conocen la existencia a través de una conciencia como nosotros, no tienen emociones ni sensaciones ni sentimientos. No pueden vivir como hacemos los humanos. Es imposible que puedan llevar a la escritura las sensaciones y emociones que vivimos las personas de un día cualquiera, donde podrían predominar el optimismo, la pesadumbre, la sensualidad, el delirio, el amor, el cariño, el odio, la resignación. Las máquinas están privadas de saber lo fascinante que puede ser la vida. Al no tener estas cualidades originales e imponderables, la fuerza desatada y masiva de la IA generativa puede actuar como una especie de aplanadora simplificante del lenguaje humano, del mismo modo que -por ejemplo- ha actuado la televisión destruyendo las culturas locales, autóctonas, reemplazándolas por un sucedáneo elemental y uniforme. Acabando de paso con las lenguas, los dialectos, los acentos, los modismos, que son justamente el material de la literatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas capacidades especiales de los humanos (o debilidades, según el punto de vista maquinista) ligadas a la creatividad y la innovación son los factores claves que finalmente distinguirán a la literatura humana de la literatura de IA. La literatura de IA se hace a partir del entrenamiento con lo existente; es por esencia conservadora y no puede haber novedad efectiva en ella. La novedad literaria irá contra las normas estatuidas, contra el orden aparente, contra lo viejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lenguaje nos sirve para transmitir realidades interiores de un ser que tiene conciencia, vida, que tiene emociones y sentimientos, dominado por la incertidumbre, cuestionador del <em>statu quo</em>. Los humanos no podemos pensar sin sentir: somos eso, un ser que piensa y siente al mismo tiempo; no podemos evitarlo. La literatura es uno de los medios superiores para transmitir esa dualidad profundamente humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las IA pueden ser extraordinariamente hábiles en los niveles inferiores de las estructuras sintácticas, pero los desafíos de la ficción narrativa encarnan otros dilemas que se relacionan con la dualidad humana pensamiento/sentimiento. El ingrediente esencial de la buena literatura se ha mantenido oculto ante las miradas agudas y escrutadoras de los más notables lingüistas, que no han logrado comprender cómo funciona el encantamiento de la escritura literaria humana, porque somos materia viva, ansiosa de relacionarnos con otros seres, de tener experiencias vitales. Esa es nuestra ventaja humana, fuera del alcance de las IA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que tener esta conciencia de superioridad de lo humano para aprovechar de manera óptima las mejores potencialidades de la IA, que es una herramienta vigorosa. El peligro está en venerarla per se, en verla como un interlocutor superior y todopoderoso; en renunciar al ejercicio de nuestra propia inteligencia y emocionalidad dejándonos arrastrar por el influjo de una falsa creatividad que no es más que la reformulación del pasado, de lo que nosotros mismos ya hicimos. Delegar en la IA todo el trabajo, la educación de nuestros hijos, la guía para caminar en la vida: ahí está el peligroso camino que puede acabar con la inteligencia humana.</p>
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		<title>III. IA GENERATIVA Y DERECHOS DE AUTOR:EL USO NO CONSENTIDO DEL TRABAJO CREATIVO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 13:50:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este artículo de Diego Muñoz Valenzuela sobre Inteligencia Artificial fue publicado antes en el diario electrónico El Mostrador. Por Diego Muñoz Valenzuela En un artículo publicado el 27 de mayo en El Mostrador (“Derechos de autor, polémico artículo y la promesa de la IA”) he planteado algunas reflexiones que ameritan una continuación. Las Inteligencias Artificiales [&#8230;]</p>
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<div style="font-size: 15px; padding: 10px 20px;"><p>Este artículo de Diego Muñoz Valenzuela sobre Inteligencia Artificial fue publicado antes en el diario electrónico El Mostrador.</p></div>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Diego Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un artículo publicado el 27 de mayo en El Mostrador (“Derechos de autor, polémico artículo y la promesa de la IA”) he planteado algunas reflexiones que ameritan una continuación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las Inteligencias Artificiales (IA) Generativas requieren ser alimentadas con obras humanas para generar correlaciones de datos mediante complejos algoritmos de aprendizaje. Así, a partir de ese conocimiento estructurado es que pueden generar sus respuestas a nuestras consultas; no es por arte de magia, ni como resultado de un proceso de razonamiento comparable al nuestro. Esa capacidad no proviene de una existencia biológica, donde el aprendizaje resulta de un largo y continuo esfuerzo de conceptualización, asimilación del lenguaje, prueba y error. Es una forma muy diferente de conceptualizar, almacenar y utilizar el saber.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esencial resulta reconocer que la acción de las IA generativas resulta de su alimentación con obras de alta calidad del intelecto humano a lo largo de milenios. Esta alimentación no ha sido -como regla general- consentida por los titulares de obras con derechos de autor vigentes. Se ha realizado de manera mayormente subrepticia, oculta, no transparente, sin siquiera otorgar los créditos correspondientes; menos aún pagando las compensaciones que corresponderían por los derechos de autor involucrados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso Anthropic ilustra paradigmáticamente esta situación: en agosto de 2024, un grupo de autores —entre ellos Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson— presentó una demanda colectiva ante el Tribunal de Distrito del Norte de California, alegando que la empresa había descargado millones de libros desde sitios de descarga pirata como LibGen y PiLiMi, sin consentimiento y sin pago alguno, para entrenar a su modelo de inteligencia artificial Claude. En septiembre de 2025, Anthropic acordó pagar al menos 1.500 millones de dólares para resolver el litigio, lo que constituyó el primer acuerdo colectivo de este tipo en Estados Unidos y sentó un hito en la protección de los derechos de autor frente al avance de la IA generativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De otra parte, es preciso reconocer ciertos hechos básicos. Las IA no son dioses infalibles, entidades sobrenaturalmente omniscientes, oráculos certeros; son máquinas, sistemas computacionales propiedad de grandes empresas —en algunos casos con facturación superior a la de muchos países— que disponen de recursos financieros y legales enormes, frente a los cuales los recursos de los autores son —en la práctica— insignificantes, impotentes. Compañías cuyo objetivo es llevar a cabo enormes negocios, no beneficiar a la humanidad toda ni a los creadores, sino a sus accionistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los creadores humanos debemos actuar a través de amplias agrupaciones para reunir fuerza para hacer frente a esos poderes omnímodos. Las gigantes tecnológicas avanzan con gran celeridad, sin dejar tiempo a los gobiernos y las entidades defensoras de los derechos de autor para estudiar las regulaciones y leyes necesarias para manejar el mercado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las IA generativas han sido nutridas con el trabajo creativo de millones de creadores a lo largo de milenios: escritores, cineastas, filósofos, artistas, periodistas, científicos, músicos, pensadores, profesores. Se han alimentado de estos conocimientos de altísima calidad sin permiso, sin reconocimiento y sin las debidas compensaciones a los titulares de derechos. Teniendo en cuenta que la fuente de esta sabiduría es colectiva, también debieran serlo los beneficios de las grandes gigantes tecnológicas de las IA, aquellas que dominan el mercado mundial. Hay quienes se están enriqueciendo con este despojo en descampado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recientemente, hemos enfrentado esta situación a través de la proposición del artículo 8 en la ley miscelánea de reconstrucción nacional propuesta por el gobierno, que fue rechazada por una mayoría transversal en la Cámara de Diputados, gracias a la movilización y presión de los representantes de los diversos grupos de interés de entidades defensoras de los derechos autorales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta propuesta legal se establecía una escandalosa y permisiva excepción a los derechos de autor que beneficiaba a las gigantes tecnológicas, autorizándolas a utilizar las creaciones autorales sin pedir permiso, sin reconocer el origen y menos aún pagar los correspondientes derechos. Por cierto que esta propuesta es la lógica resultante de un lobby de las gigantes tecnológicas para obtener una suerte de patente de corso para utilizar impunemente las obras de los autores para alimentar sus productos tecnológicos, destruyendo sus derechos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, es posible que este artículo 8, a todas luces nefasto para el respeto a la propiedad intelectual y la creatividad humana, pudiera ser repuesto por el gobierno en la discusión del Senado, o en algún otro proyecto de ley más adelante. Es posible imaginar en acción para resucitar el mencionado artículo -o algo similar- a los lobbistas de estas poderosas compañías transnacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a este panorama, la defensa de los derechos de autor no puede remitirse solo a la resistencia. Es necesario avanzar hacia propuestas concretas, por ejemplo, la creación de licencias colectivas obligatorias que permitan a las empresas de IA utilizar obras protegidas a cambio de una compensación justa distribuida entre los titulares de derechos; o la exigencia de transparencia sobre qué obras se han utilizado para entrenar cada modelo. Chile tiene la oportunidad de aplicar una legislación equilibrada que proteja la creatividad humana y que aliente la innovación. El rechazo del artículo 8 fue una victoria, pero el debate legislativo debe continuar.</p>
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		<title>II. INTELIGENCIA ARTIFICIAL: ENTRE LA IMAGINACIÓN Y LA POSIBILIDAD</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 14:23:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Diego Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Los inicios de la IA</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de la inteligencia artificial se remonta —al menos como concepto o deseo— a la remota antigüedad. Quizás corresponde a la ambición de convertirse en un dios creador de seres animados. Homero describe mujeres de oro y bandejas autónomas en la Odisea. El ateniense Dédalo, precursor de los especialistas en robótica, construyó estatuas que se desplazaban solas. La Biblia habla de las <em>teraphim,</em> unas cabezas momificadas parlantes que se dedicaban a entregar el oráculo. En la vieja China se practicaba el arte del <em>khwai shu,</em> que infundía vida a las estatuas. Y así llegamos al convidado de piedra de Molière y otros engendros de la imaginación, como el monstruo de Mary Shelley. Esto en el mundo de la mitología, la leyenda y la literatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los siglos XVII y XVIII hubo una fiebre de construcción de autómatas primitivos, cuyo punto más alto representó Jacques de Vaucanson (1709-1782). En 1737, Vaucanson construyó un flautista mecánico que tocaba melodías desplazando sus dedos sobre los orificios del instrumento. Un año después, construyó un pato capaz de nadar, batir las alas y alimentarse, el cual fue considerado la mayor maravilla de su época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más adelante, un excéntrico matemático inglés, profesor de la Universidad de Cambridge llamado Charles Babbage, concibió una “máquina de diferencias” (1822). El propósito de tal ingenio era realizar largos y engorrosos cálculos aritméticos basados en logaritmos, una tarea que consumía mucho tiempo humano. Babbage dedicó su vida a esta quimera; finalmente cambió su diseño al de una “máquina analítica”, auténtico antepasado de las computadoras, dotado de un procesador, una memoria y un control (software). Renunció a su propósito, pero mucho después, a fines del siglo XIX, Herman Hollerith comprobó su genial intuición usando tarjetas perforadas para procesar el censo de Estados Unidos. Eso dio origen a una empresa llamada International Business Machines (IBM). El resto es la historia de la computación moderna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El camino de Babbage fue recorrido, en palabras de él mismo, con la finalidad de aliviar la pesada tarea de pensar. Similar tarea se propusieron matemáticos del calibre de Pascal o Leibniz, forjadores del cálculo diferencial e integral.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Albores de la disciplina</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Alan Turing (1912-1954) fue un matemático trascendental para la IA, conocido por el famoso test homónimo, diseñado para probar la efectividad de una máquina presuntamente inteligente (medir la capacidad de una máquina para imitar a un ser humano a través del desarrollo de una conversación con dos sujetos, un humano y una máquina).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1950, Turing publicó un contundente artículo titulado “Computing Machinery and Intelligence” donde sienta las bases de la posibilidad de construir una IA y plantea dicho test. Se le considera una de las mentes más brillantes del siglo XX. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, trabajó para el servicio secreto inglés y con su equipo lograron descifrar los códigos del alto mando alemán, un triunfo impresionante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alan Turing y John von Neumann, otro precursor notable de las tecnologías de información, sentaron en esa época las bases de la computación moderna, que también es heredera de los ingenios de Hollerith. Nuestros computadores actuales son “máquinas de von Neumann”. En cuanto a la “máquina de Turing” que el matemático bosquejó, aún no ha sido construida. Todavía trabajamos con máquinas de von Neumann, que operan sobre base binaria, lo que representa una barrera pendiente de superar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya en los años 50, surgió una serie de científicos notables que señalaron el camino de la disciplina; entre ellos John McCarthy, Marvin Minsky, Roger Schank y una extensa galería de investigadores cuyas realizaciones han permitido alcanzar el sorprendente estado del arte presente. Estamos, en consecuencia, frente al resultado de un desarrollo científico y tecnológico de ocho décadas, con una extensa y prolífica historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Las polémicas en torno a la IA</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cierto, el camino ha estado sembrado de polémicas, en especial cuando se ha sentido amenazada la naturaleza humana. Siempre ha habido objeciones en contra de las tecnologías relevantes transformadoras de la sociedad: la máquina de vapor, el tren, la electricidad, la energía atómica, la radio, la televisión, internet, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que una grúa pueda levantar cantidades de toneladas en un solo movimiento fue motivo de inquietud en ciertos momentos de la historia; sin embargo, ahora nadie pierde el sueño por ello. Lo mismo aplica para todas las tecnologías de alto impacto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marvin Minsky señaló: “Para mí, la inteligencia es la forma como resolvemos problemas que aún no entendemos. Porque una vez que sabemos cómo resolver un problema, no consideramos que requiera inteligencia”. Es decir, el desarrollo de la IA va desplazando el límite de lo que conceptualizamos como inteligencia hacia ámbitos que pueden ir en contra de nuestras intuiciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tendencia ha mostrado que la IA posee fortalezas notables en el análisis de enormes masas de datos para llevar a cabo tareas de interpretación, análisis, clasificación, así como para construir modelos de alta complejidad y predecir comportamientos o para resolver ecuaciones intrincadas y engorrosas de calcular. Justamente, varios de los terrenos que los humanos hemos reclamado como máximas cimas del pensamiento humano, la racionalidad y la lógica, vienen a ser muy simples para las máquinas de IA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez la pregunta correcta sea: ¿cuáles son los tipos de trabajo donde los humanos seguimos siendo más competentes de manera natural? Versus esperar simplemente que las máquinas decidan y administren todo, hasta que lleguen a la conclusión de que los humanos somos un recurso inútil, una rémora o un costo reductible.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>La objeción de Searle</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Acá cobra valor la paradoja de la sala china de John Searle, filósofo de la Universidad de Berkeley, que al test de Turing opuso la paradoja de la sala china. En el test de Turing hay tres seres: un humano H, y dos entes, A y B, uno de los cuales es una máquina y el otro un humano. El test consiste en que el humano H interactúa a través de terminales con A y B, haciendo preguntas, hasta que se sienta capaz de discriminar con éxito quién es quién.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sala china de Searle funciona así: hay un recinto cerrado que contiene letreros con todas las palabras en chino y su correspondiente traducción en el idioma (por ejemplo, español). Por una ventanilla de entrada se solicita el servicio de traducción de una palabra. El funcionario recibe la palabra y la busca en el interior; cuando la encuentra, camina a la ventanilla de salida con el letrero con la traducción. Es decir, traduce.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que Searle plantea a través de esta paradoja, es que, vista desde afuera, la sala china <em>parece que traduce;</em> sin embargo, lo hace a su manera maquinal, no como lo hace un humano. No solo importa el resultado, sino <em>cómo se logra.</em> Plantea así un dilema difícil de dilucidar, pero que identifica aspectos relevantes de la problemática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta competencia entre humanos e inteligencias artificiales, debemos tener claras las diferencias esenciales entre ambas. Los humanos somos seres biológicos, en particular mamíferos gregarios, caracterizados por su vida afectiva, capaces de transformar emociones en sentimientos, su profunda empatía y capacidad de colaboración y transformación cultural. Ciertamente, también dotados de capacidades intelectuales y racionales destacadas que han permitido nuestra evolución al estado actual, con las dudas que puedan sostenerse respecto de las imperfecciones de nuestros sistemas de gobierno y producción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las diversas tecnologías hemos ido delegando tareas en máquinas de diverso tipo que son más eficaces, fuertes, resistentes, eficientes que nosotros. No ha sido un camino fácil ni exento de crisis y conflictos. En la actualidad, nos parece que el efecto de la IA se acerca demasiado al campo que nos parecía privativo, exclusivamente humano. Y eso representa un peligro, una alarma.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>La naturaleza de las máquinas</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las asombrosas máquinas, por más relucientes que sean, no dejan de ser máquinas. Están privadas de la capacidad de sentir, de poseer una conciencia, de tener sentimientos y emociones, de intuir. Esto se puede simular en una máquina, pero no es posible inducirlo de manera real y efectiva en una computadora, que es el mecanismo base sobre el cual opera una IA. Puede simular el amor, la empatía, el afecto, pero no sentirlo. Esto a algunos les parecerá más bien la esencia de la fragilidad humana, que nos convierte en seres débiles y prescindibles. Pero también es la causa madre de la imaginación, la creatividad, la fundación de lo auténticamente nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que la interpretación de un universo específico de datos arroje conclusiones extraordinarias de una IA con abismante rapidez (aunque habría que evaluar el costo en energía, agua, deterioro del medioambiente), sin embargo, no hay que olvidar que no pasa de ser el resultado de una operatoria binaria de enormes dimensiones. No hay allí el razonamiento de un humano, dotado de cuerpo, mente y consciencia. Es algo muy diferente; en eso, Searle tiene razón, al menos por ahora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No descarto, desde la ciencia ficción y la imaginación, que cuando sepamos lo suficiente acerca de cómo los humanos creamos y resolvemos nuestros problemas, podamos construir un ser capaz de tener conciencia, emociones, sentimientos. Incluso, por qué no, superarnos en esos terrenos, sobre todo en los territorios de la empatía, la solidaridad, la colaboración y el respeto.</p>
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		<title>I. LA PROMESA DE LA IA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Aug 2026 15:13:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este artículo de Diego Muñoz Valenzuela sobre Inteligencia Artificial fue publicado antes en el diario electrónico El Mostrador. Por Diego Muñoz Valenzuela Debo partir por precisar desde dónde hablo antes de entrar en materia. Primero, aclarar mi naturaleza de escritor e ingeniero; ciertamente complementaria y dialéctica, aunque se haya tornado más natural con el paso [&#8230;]</p>
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<div style="font-size: 15px; padding: 10px 20px;"><p>Este artículo de Diego Muñoz Valenzuela sobre Inteligencia Artificial fue publicado antes en el diario electrónico El Mostrador.</p></div>
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<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Diego Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Debo partir por precisar desde dónde hablo antes de entrar en materia. Primero, aclarar mi naturaleza de escritor e ingeniero; ciertamente complementaria y dialéctica, aunque se haya tornado más natural con el paso de las décadas. Introducido al mundo de las letras como resultado obvio de pertenecer a una familia de escritores, humanistas y artistas, era esperable que me convirtiera en voraz lector. Y como niño y adolescente en los 60, que arribara en algún momento a la ciencia ficción. Eso ocurrió en paralelo con la llegada de soviéticos y estadounidenses al espacio en la época de la Guerra Fría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fui hechizado por las historias que preveían la marcha de la humanidad en futuros posibles, más distantes o más cercanos. Pronto las novelas de Isaac Asimov llegaron a mis manos y pude encontrarme con sus fantasías sobre la robótica. Esos sueños me acompañaron durante mucho tiempo, y me deben haber conducido a las puertas de la Escuela de Ingeniería de la U. de Chile en 1974. Muy pronto, bien ilusionado, hice mi primer curso de computación, mayormente en pizarra con tiza. Jamás divisé el supercomputador —el más grande de los mainframe- oculto en los subterráneos. La comunicación con el computador era remota, a través de formularios, tarjetas perforadas y listados. Mientras tanto, seguí con la lectura y empecé a escribir cuentos, alimentando sueños. Y trabajando en modelamiento y simulación computacional, que me fue acercando a la convivencia con las máquinas cibernéticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una década después, vino la gran oportunidad. Ya convertido en ingeniero, fui convocado a sumarme a un proyecto de biotecnología en la U., donde mi responsabilidad se centraba en temas avanzados de tecnología de información, en particular con Inteligencia Artificial (IA). A mediados de los 80, nadie hablaba de IA en Chile ni en ninguna parte. Cuando declaraba que me dedicaba a trabajar en IA las personas me miraban con sospecha. Seguramente pensaban: “¿Con qué clase de loco me he encontrado?”. Unos pocos con curiosidad y tolerancia; uno que otro con interés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una década me dediqué a crear aplicaciones de IA en la academia y en la empresa privada, hacer un magíster en el tema, estudiar lenguajes y aplicaciones, desarrollar una metodología para modelar conocimiento humano. Conseguí logros importantes y sorprendentes, concretos, atractivos, pero el horno no estaba para bollos. Las máquinas y los software sobre los cuales operaban las IA de la época -aplicaciones hechas en lenguajes especiales- no daban el ancho, demoraban mucho. Ponían a prueba los imperfectos sistemas computacionales de la época y revelaban las agudas falencias de las bases de datos, cuya calidad era dudosa. Otras materias absorbieron mi interés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, a mediados de los 90 apareció una inquietud en mi mente: escribir una novela donde la IA fuera protagonista; que la trama se diera en Chile, que recogiera la historia reciente, que indagara en el género negro y las aventuras, y que tuviera humor. De ahí surgió la novela <em>Flores para un cyborg,</em> que en 1996 obtuvo el premio Mejores Obras Literarias, publicada al año siguiente por Random House. La novela tiene varias ediciones, traducciones y tres continuaciones que conforman una tetralogía de ciencia ficción. Y otros libros, editados e inéditos, abordan el asunto de la IA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Disculpen esta larga introducción, pero la estimo necesaria para justificar el origen de mis dichos y reflexiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La marcha de la IA comenzó con el fragor de la Segunda Guerra Mundial, como otras invenciones notables. Fue un avance complejo y polémico, con muchos detractores atentos a cualquier debilidad. Aunque siempre hubo y habrá soñadores, desde los delirios lejanos de bandejas parlantes en el Olimpo, hasta los <em>golems</em> que anunciaban el monstruo de Mary Shelley. Yo me sumé a esa horda de soñadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, muy pronto me encontré con las dificultades. Al fin y al cabo, operábamos con versiones más potentes de las mismas máquinas binarias con las que veníamos trabajando desde hacía varias décadas. Todo lo que las computadoras realizaban era resultado de operaciones gigantescas y veloces con ceros y unos. Quizás el nombre más exacto para este dominio nuevo era “Simulación Cognoscitiva”, pero evidentemente que Inteligencia Artificial es una denominación mucho más atractiva. Qué decir de lo llamativa que puede resultar para una estrategia comercial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Transcurrió el tiempo, ese primer momento de la IA perdió protagonismo, se dejó de hablar del tema con interés. Me alejé del campo como consecuencia de ese descenso del interés</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasaron los años: las máquinas se hicieron más robustas y poderosas, así como las herramientas de software. Las grandes empresas tecnológicas resucitaron la marca IA y crearon productos que hoy andan en la boca de todo el mundo. La mercadotecnia y la falta de conocimientos han hecho creer a las grandes masas que ahora contamos con una especie de pitonisas sobrenaturales o diosas de la sabiduría. Que estas maravillas están disponibles en internet para preguntarles lo que sea y brindarnos respuestas que se suponen sabias, sin mediar dudas al respecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No son dioses infalibles como tratan de aparecer ante nosotros; son aplicaciones muy avanzadas construidas por gigantescas compañías tecnológicas para ganar sumas siderales. Se basan en correlaciones, ciertamente muy complejas, establecidas sobre la base de algoritmos de aprendizaje que devoran toneladas de conocimiento de cualquier tipo (ficción, ensayos, estudios, artículos científicos, etc.) sin pagar los derechos de autor que corresponden, cometiendo un delito. Así aprenden y pueden contestar nuestras preguntas y hacer montañas de dinero. Dicho sea de paso, el art. 8 del proyecto misceláneo del gobierno configuraba una permisividad absoluta para utilizar obras humanas sin pagar derechos de autor para las gigantes tecnológicas; por suerte fue rechazada esta propuesta en la Cámara de Diputados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las aplicaciones de IA actuales, presentes en el mercado, son simulaciones cognoscitivas, no reales demostraciones de inteligencia, menos aún de consciencia. Las máquinas carecen de experiencia emocional, sensorial, de dudas, de intuiciones, de capacidad de convivencia con la incertidumbre. ¿Cómo podrían escribir una novela novedosa y profunda? Lo que pueden hacer es reproducir obras que siguen los patrones de lo ya escrito y alimentado para entrenar las IA; o sea, nada nuevo. Variaciones astutas sobre lo que ya existe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recibimos ya y seguiremos recibiendo cientos de toneladas de basura digital, libros de baja calidad hechos por las IA. Cuando estemos asfixiados con esos desechos revestidos de novedad, nos daremos cuenta de que la verdadera creatividad reside en los humanos, aquellos que somos capaces de sentir de verdad (no solo de simular) amor, empatía, piedad, solidaridad. Estas son las claves de la conciencia, mucho más importantes que la inteligencia.</p>
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		<title>CUANDO LA ESCUELA DEJÓ DE PENSAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 15:35:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por José Baroja El educador o la educadora es aquella persona que adopta la tarea de configurar un espacio de convivencia donde otros se transforman con él o ella.Humberto Maturana La escuela no fue destruida por una reforma educativa ni reemplazada por una revolución pedagógica. Ocurrió algo más silencioso: comenzó a pensar con categorías que [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por José Baroja</em></strong></p>



<p style="margin-left: 300px;"><em>El educador o la educadora es aquella persona que adopta la tarea de configurar un espacio de convivencia donde otros se transforman con él o ella.</em><br>Humberto Maturana</p>



<p class="wp-block-paragraph">La escuela no fue destruida por una reforma educativa ni reemplazada por una revolución pedagógica. Ocurrió algo más silencioso: comenzó a pensar con categorías que no nacieron en ella. Seamos honestos, la lógica empresarial no se instaló como enemiga de la escuela, sino como una promesa de eficiencia, modernización y supervivencia para esta. Nadie discutió seriamente esa transformación y, paradójicamente, hoy resulta casi imposible hablar de educación sin recurrir a conceptos propios del mundo empresarial. La escuela ya no mejora: se optimiza. Ya no educa: gestiona aprendizajes. Ya no forma personas: produce resultados medibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, quiero que quede claro que al mencionar ‘lógica empresarial’ no me refiero únicamente al mundo privado ni al empresariado como actor económico específico, sino a una racionalidad organizativa que tiende a comprender las instituciones desde categorías como eficiencia, rendimiento, competitividad, evaluación permanente, optimización y gestión de resultados. Vale mencionar que dicha racionalidad no se limita a ciertos colegios privados marcados por la competencia, sino que, además, atraviesa sistemas públicos en América Latina, Europa y Norteamérica, donde dicho lenguaje, así como los indicadores y la rendición de cuentas se volvió dominante. Por cierto, lo mismo ocurrió en muchas universidades sometidas al escrutinio de rankings, acreditaciones y lógicas de productividad académica. Frente a lo anterior, basta revisar documentos oficiales para advertirlo: la Secretaría de Educación Pública de México habla recurrentemente de ‘excelencia’, ‘gestión escolar’, ‘mejora continua’ y ‘evaluación del desempeño’, mientras otros ministerios de educación, como el de Chile, insisten en nociones como ‘competencias’, ‘resultados de aprendizaje’ y ‘empleabilidad’. Lo mismo ocurre en organismos internacionales como la OCDE o el Banco Mundial, cuyos informes han influido decisivamente en las políticas educativas contemporáneas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Afirmar lo anterior no significa aceptar que la educación ya ha sido completamente subordinada a la lógica empresarial. Significa, más bien, reconocer que en pleno siglo XXI la escuela sigue siendo un territorio en disputa, un espacio donde todavía persisten prácticas, gestos y resistencias que se niegan a reducir la educación a un proceso productivo. En tal sentido, lo verdaderamente inquietante no es la existencia de esa tensión, sino que a menudo dejemos de percibirla y comencemos a abordar el tema como si esta ‘colonización’ ya estuviera consumada, como si enseñar y aprender hubieran dejado de ser actos humanos para convertirse en procedimientos administrativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas escuelas aceptaron, a veces por simple inercia contextual, que el lenguaje del mercado describiera lo que durante siglos intentó evitar: el tiempo improductivo del pensamiento, la fragilidad del aprendizaje y la experiencia de convertirse en persona. Especialmente desde finales del siglo XX, en el contexto de expansión global de las políticas neoliberales se repitió que introducir lógicas empresariales en las escuelas traería solo beneficios, promesa reforzada continuamente por el discurso tecnocrático. Esa fue una de las promesas de la modernización capitalista: un destino histórico antes que una elección política. Por el contrario, quien se resistía era clasificado como nostálgico o enemigo del progreso; a veces hasta de maliciosamente comunista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema comienza cuando la tecnocracia deja de preguntarse por sus propios límites. Por supuesto que reconocer lo anterior no implica aseverar que toda forma de organización, evaluación o gestión sea incompatible con la educación. Lo cierto es que ninguna institución compleja puede sostenerse únicamente mediante intuiciones pedagógicas o buena voluntad. El problema aparece cuando los instrumentos administrativos dejan de funcionar como medios subordinados al acto educativo y comienzan a definir su finalidad; la cuestión nunca fue si la escuela necesitaba organización. La pregunta decisiva era otra: ¿la educación puede seguir existiendo cuando se la piensa en términos de maximizar rendimiento, competitividad y rentabilidad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí conviene evitar, sin embargo, una idealización ingenua del pasado escolar. La relación entre educación, economía y organización productiva no es nueva. Desde el surgimiento de los sistemas escolares modernos durante los siglos XIX y XX, la escuela estuvo vinculada a las necesidades del Estado industrial, la disciplina laboral y la formación de ciudadanos funcionales para determinadas estructuras económicas. En distintos momentos históricos, la escuela preparó trabajadores, administró poblaciones y reprodujo jerarquías sociales. Lo novedoso no es entonces la existencia de vínculos entre escuela y empresa, sino la profundidad con que la racionalidad empresarial ha comenzado a definir el sentido mismo de educar. Como ha señalado el filósofo y sociólogo Christian Laval, la escuela comenzó progresivamente a reorganizarse según el modelo cultural de la empresa, incorporando criterios de competencia, productividad y gestión como principios capaces de redefinir su propia identidad institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bajo el neoliberalismo contemporáneo, especialmente desde las décadas de 1980 y 1990, categorías originalmente administrativas, tales como competencia, rendimiento, eficiencia, productividad, liderazgo estratégico, capital humano o satisfacción del cliente, dejaron de funcionar como herramientas periféricas. Estas comenzaron a transformarse en principios culturales capaces de reorganizar la identidad de las propias instituciones educativas. Este desplazamiento resulta hoy particularmente visible en sectores privados altamente competitivos, aunque también ha penetrado con fuerza en numerosos sistemas públicos, mediante políticas de evaluación estandarizada, financiamiento condicionado y gestión por resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, no ocurrió solamente una mejora administrativa; cambió, de manera silenciosa, la idea misma de lo que significa educar. El sociólogo británico Stephen J. Ball describe este proceso al afirmar que la performatividad funciona como <em>“Performativity is a technology, a culture and a mode of regulation that employs judgments, comparisons and displays as means of incentive, control, attrition and change”</em>. La escuela contemporánea no solo evalúa: aprende a existir bajo la mirada constante de la comparación, reproduciendo formas de vigilancia y normalización institucional que recuerdan las descripciones de Foucault sobre las sociedades disciplinarias. Hoy, muchas instituciones privadas —y crecientemente también universidades y sistemas públicos sometidos a financiamiento competitivo— compiten por matrícula como si disputaran cuotas de mercado, al mismo tiempo que los docentes son comparados mediante indicadores que prometen objetividad y los estudiantes son tratados como datos acumulables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De modo tal que resulta acertado señalar que el lenguaje empresarial no ingresó a la escuela como una metáfora ocasional, sino como una estructura moral y organizativa que redefinió paulatinamente qué prácticas merecen reconocimiento y cuáles son consideradas improductivas. La escuela aprendió a observarse a sí misma con los ojos de la empresa y empezó a desconfiar de todo aquello que no pudiera traducirse en rendimiento observable. Un claro ejemplo de ello es la aplicación de sistemas de evaluación de desempeño 360°, basados en mecanismos de retroalimentación permanente y monitoreo continuo, que trasladan a la escuela la lógica empresarial de medición integral del rendimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo más de una reunión en secundaria en que, como equipo docente, no discutimos ningún libro, ningún estudiante ni ninguna pregunta pedagógica. Durante dos horas analizamos gráficos de desempeño, porcentajes de retención y metas trimestrales. Ni yo ni nadie pareció incomodarse. No obstante, al final me di cuenta de algo alarmante: habíamos hablado extensamente sobre la escuela sin mencionar una sola vez el aprendizaje. Aquello parecía normal precisamente porque la lógica empresarial sabe con claridad qué busca y cómo medir si lo ha conseguido. Sin embargo, la educación habitó siempre una incomodidad constitutiva, por cuanto su finalidad nunca fue del todo clara ni plenamente cuantificable. Educar significaba aceptar la incertidumbre de acompañar la formación de personas libres, capaces de cuestionar aquello que la propia institución consideraba valioso. La lógica empresarial difícilmente puede convivir con tal ambigüedad, ya que necesita metas definidas, resultados verificables y horizontes previsibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando esa racionalidad se instala en la escuela, ocurre una mutación silenciosa: el aprendizaje deja de comprenderse como una experiencia humana abierta y comienza a organizarse como un proceso administrable. Parafraseando a Michael Sandel, “los mercados no solo asignan bienes; también promueven ciertas actitudes”. La empresarialización de la escuela no modifica únicamente su administración, sino la relación misma que los sujetos establecen con el conocimiento y, por extensión, con la sociedad en la que eventualmente se desenvolverán. En otras palabras, estudiar deja de significar comprender el mundo para convertirse en una forma de acumular ventajas competitivas. El estudiante descubre pronto que el saber ya no posee valor intrínseco, sino valor estratégico: aquello que no parece útil para el mercado comienza a perder sentido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez aceptada esa lógica, todo empezó a organizarse alrededor de una obsesión: medirlo todo. La escuela comenzó a organizar su vida cotidiana bajo el imperio del indicador, como si la complejidad del aprendizaje pudiera resolverse mediante la tranquilidad aritmética del dato. Jerry Z. Muller ha descrito este fenómeno como la “tiranía de las métricas”, recordando que la cultura contemporánea tiende a asumir que aquello que puede medirse coincide necesariamente con aquello que importa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero problema es que la consecuencia no ha sido una educación más rigurosa ni más reflexiva, sino una educación progresivamente simulada. Se enseña para la prueba, porque la prueba legitima a la institución; se aprende para el reporte, porque el reporte garantiza financiamiento y prestigio. La medición, concebida originalmente como herramienta, termina sustituyendo al juicio pedagógico. La apariencia de logro pasa entonces a considerarse evidencia suficiente de éxito educativo y, por cierto, de inserción en un mercado que compite abiertamente por la matrícula. Como sugirió Hannah Arendt, el peligro de ciertas teorías modernas no reside necesariamente en su falsedad, sino en la posibilidad de que terminaran volviéndose verdaderas una vez que organizábamos el mundo conforme a ellas. La escuela contemporánea parece confirmar con inquietante precisión esa intuición. Cuando todo debe medirse, pensar se vuelve sospechoso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando estudiantes y profesores son tratados permanentemente como unidades evaluables, terminan aprendiéndose a sí mismos de esa manera. El docente deja de reconocerse a sí mismo como alguien cuya autoridad proviene de su pensamiento, de su experiencia intelectual o de su relación viva con el saber para pasar a ser un sujeto que busca reconocimiento en la encuesta o en el instrumento de medición “objetivo” instalado dentro del plantel educativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es algo nuevo. Especialistas en educación ya habían advertido hace años que cuando la rendición de cuentas sustituye a la responsabilidad profesional, el trabajo docente deja de sostenerse en el compromiso intelectual y comienza a organizarse alrededor del cumplimiento administrativo. La consecuencia resulta devastadora, ya que, casi no se percibe: el profesor deja gradualmente de concebirse como un intelectual público para transformarse en funcionario pedagógico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi experiencia, he visto —y he sido parte— de escuelas donde los profesores dedican más tiempo a justificar evidencias que a leer. Recuerdo docentes —me incluyo— llenando rúbricas hasta la madrugada para demostrar aprendizajes que nadie tenía tiempo de discutir realmente. También recuerdo reuniones completas dedicadas a indicadores de desempeño en las que ningún profesor mencionó un libro, una idea o una pregunta pedagógica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He visto también equipos directivos hablar extensamente de liderazgo estratégico sin pronunciar nunca la palabra “pensamiento”. He observado departamentos de Recursos Humanos convertidos en dispositivos de gestión antes que en espacios de “cuidado humano”, regidos por una racionalidad estrictamente numérica; cuestión que he vivido en carne propia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He visto igualmente escuelas donde incluso el tiempo cotidiano comienza a organizarse bajo criterios de productividad: estudiantes y docentes almorzando apresuradamente para alcanzar a llegar a la siguiente clase, como si detenerse unos minutos fuera una pérdida de rendimiento antes que una necesidad humana elemental. En esos espacios, incluso la pausa parece sospechosa y “no hacer nada” adquiere la forma de un pequeño pecado contemporáneo. La empresarialización educativa produce así una paradoja silenciosa: sistemas cada vez más organizados conviven con comunidades cada vez menos educadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sociólogo Pierre Bourdieu mostró hace décadas que la escuela podía reproducir desigualdades sociales bajo la apariencia tranquilizadora del mérito individual. Lejos de corregir esa tendencia, la racionalidad empresarial la ha intensificado. Cuando los colegios compiten entre sí, cuando los rankings se convierten en criterio público de calidad y cuando el financiamiento depende del rendimiento cuantificado, la escuela deja de funcionar como espacio democrático de igualdad relativa y comienza a operar como mercado educativo estratificado. En ese escenario emerge una nueva élite escolar: estudiantes, instituciones y trayectorias que no solo concentran capital académico, sino también prestigio simbólico, legitimando la desigualdad como si fuera el resultado natural del talento individual y no de condiciones sociales previamente distribuidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La filósofa Martha Nussbaum sostiene que atravesamos una crisis silenciosa, pero profunda: las humanidades están siendo desplazadas porque no contribuyen de manera inmediata al crecimiento económico. Bajo esta lógica, la Filosofía, la Literatura, la Historia, las Artes y el pensamiento crítico dejan de entenderse como fundamentos de la formación humana y pasan a considerarse adornos prescindibles frente a exigencias institucionales centradas en indicadores de retención, rendimiento y empleabilidad. La escuela se moderniza en procedimientos, indicadores y tecnologías, pero, al mismo tiempo, se empobrece culturalmente: aprende a producir competencias, mientras olvida cómo formar ciudadanos capaces de pensar el mundo que habitan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta transformación parece intensificarse en una época marcada tanto por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial como por la expansión de una cultura del entretenimiento basada en la inmediatez, la estimulación constante y el consumo rápido de contenidos. En ese contexto, la reflexión lenta, la lectura compleja y el pensamiento crítico comienzan a percibirse como prácticas improductivas frente a una sociedad que privilegia velocidad, adaptación y rendimiento permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El célebre y recientemente fallecido Jürgen Habermas describió este fenómeno como la colonización del mundo de la vida por el dinero y el poder. La escuela, que antes era un lugar donde se discutían ideas y se reflexionaba sobre la sociedad, se está convirtiendo en un espacio dominado por la gestión, la eficiencia y el control. Por lo tanto, la educación ya no se centra en formar ciudadanos críticos: el pensamiento crítico cede terreno ante una racionalidad instrumental centrada en la producción de trabajadores funcionales y, en ciertos sectores privados, ante la consolidación de élites educativas destinadas menos a comprender el mundo que a administrarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>La sociedad del cansancio,</em> Byung-Chul Han sostiene que la sociedad contemporánea ya no se organiza mediante la prohibición, sino mediante la autoexplotación: el individuo se exige a sí mismo hasta el agotamiento creyendo ejercer libertad. La escuela empresarializada reproduce exactamente esa lógica. Profesores y estudiantes aprenden a evaluarse de forma permanente, a optimizar su desempeño y a vivir bajo la presión de una productividad infinita. El resultado no es mayor realización educativa, sino fatiga crónica: docentes quemados, comunidades tensionadas y una paradoja silenciosa en la que los problemas estructurales desaparecen del debate, mientras todos se sienten culpables de no hacer lo suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tragedia es que la educación está perdiendo su sentido. Cada vez resulta más difícil que la escuela sea un lugar donde uno pueda demorarse, equivocarse, discutir sin utilidad inmediata o pensar sin producir resultados visibles. La educación se está convirtiendo en un entrenamiento adaptativo, donde se busca la eficiencia y no la formación de ciudadanos críticos, aunque, a mi parecer, el problema más profundo es que muchos han comenzado a creer que no hay alternativa a la empresarialización de la educación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estoy de acuerdo. La escuela no tiene que funcionar como una empresa: su finalidad es diferente. La educación debería ser un lugar donde se pregunte si el mercado merece gobernarlo todo. Pienso que defender la escuela no significa oponerse a la organización, sino recordar que la educación tiene un valor que desaparece cuando se mide solo por el rendimiento, la gestión o la matrícula. La educación consiste en introducir a alguien en la aventura que significa pensar, aun cuando el pensamiento nunca pueda garantizar resultados cuantificables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La señal de que algo se ha desgastado es que la escuela funciona correctamente, pero ya no se educa. Hablamos de innovación educativa, pero no nos preguntamos qué significa realmente educar ni verificamos que eso que llamamos aprendizaje sea real fuera de la instrumentalización. La escuela continúa operando, no obstante, el acontecimiento educativo, ese momento imprevisible en el que alguien descubre una idea que puede cambiar su relación con el mundo, se ha vuelto excepcional. Tal vez el mayor fracaso educativo no sea aprender menos, sino dejar de preguntarnos para qué aprendemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una sociedad puede convertir sus colegios en organizaciones eficientes, pero fracasar en lo que justifica su existencia. Consecuentemente, la educación nunca fue un problema técnico, sino una pregunta filosófica abierta sobre qué tipo de humanidad deseamos formar y qué mundo consideramos digno de ser habitado. Cada vez que reducimos la escuela a una empresa, dejamos de responder a esta pregunta y comenzamos a olvidarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El peligro es que llegue un momento en que olvidemos que la escuela existía para pensar aquello que ninguna empresa puede permitirse preguntar: quiénes somos, qué vale la pena conocer y por qué la vida humana necesita algo más que eficiencia para tener sentido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una escuela que ya no piensa puede seguir funcionando indefinidamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>LA GUERRA CON LAS SALAMANDRAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 16:22:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>UNA DISTOPIA CAPITALISTA Por Bartolomé Leal En el género de la ciencia-ficción chilena hay un libro que puede ser considerado una obra maestra nacional, aunque su autor fue un checo, Karel Čapek (1890–1938). Pues fue otro europeo quien produjo una edición histórica de La guerra con las salamandras, publicada en Chile por Editorial Zig-Zag en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">UNA DISTOPIA CAPITALISTA</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Bartolomé Leal</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el género de la ciencia-ficción chilena hay un libro que puede ser considerado una obra maestra nacional, aunque su autor fue un checo, Karel Čapek (1890–1938). Pues fue otro europeo quien produjo una edición histórica de <em>La guerra con las salamandras</em>, publicada en Chile por Editorial Zig-Zag en 1944, traducida y compuesta por el diseñador y tipógrafo Mauricio Amster, oriundo de Austria, quien llegó a Chile desde España a bordo del Winnipeg. Ese barco atracó en el puerto de Valparaíso en septiembre de 1939. Fletado por Pablo Neruda trajo a Chile una importante cantidad de intelectuales que huían de la persecución emprendida por el régimen falangista del general Franco, ganador de aquella guerra fratricida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Publicado originalmente en 1936, el libro se plantea como una distopía anticipándose a la más conocida (y posterior) novela <em>1984</em> de George Orwell, que es de 1949; aunque es posterior a otra obra distópica fundamental, <em>Un mundo feliz</em> de Aldous Huxley, que salió en 1932. La obra de Čapek es, como las otras, una sátira virulenta sobre el totalitarismo, aunque a diferencia de las señaladas que se ensañaban con el socialismo burocrático (Orwell) y la tecnocracia mundial (Huxley), la obra del checo apuntaba contra el capitalismo y su avidez de recursos e irrespeto del ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia parte con las exploraciones de un capitán Van Toch, que encuentra unas salamandras de gran tamaño, que se suponía extintas, con una inédita capacidad para el aprendizaje y el desarrollo de la inteligencia. Rápidamente, el ávido capitalismo empresarial descubre que hay allí una poderosa fuerza de trabajo que significaría reformular el esclavismo y aprovechar ese potencial. El asunto se presenta promisorio en los ámbitos pesquero e industrial, la expansión territorial y la actividad bélica. Los países se pelean por comprar esos extraordinarios anfibios, llamados <em>molges;</em> sin embargo, estos adquieren conciencia de la explotación de la que son víctimas y terminan por rebelarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabe señalar que, aparte del fondo filosófico y político, la novela de Čapek también aplica un formato cercano al periodismo de su época. No es una novela de héroe. Por ello emplea elementos de collage y variantes tipográficas que le dan un carácter único. Aquello está presente en escasas ediciones traducidas al castellano. Se podría decir que la única que le hace real honor es la chilena de 1944. Por ejemplo, este manifiesto de las salamandras en rebelión, visto así por Amster:</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="593" height="340" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles.jpg" alt="" class="wp-image-18375" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles.jpg 593w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles-300x172.jpg 300w" sizes="(max-width: 593px) 100vw, 593px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mauricio Amster nació en Leópolis, ciudad austríaca actualmente perteneciente a Ucrania. Estudió arte en Viena y Berlín, para instalarse en España donde se involucró con la República Española, trabajando en el área gráfica de editoriales y periódicos. Llegado a Chile colaboró con las casas editoras más importantes, como Nascimento y Zig-Zag. De allí salió la edición de <em>La guerra con las salamandras</em> que estamos comentando. He aquí otro ejemplo de su trabajo de ilustración, con una recopilación bastante sarcástica de las reacciones de distintos colores políticos ante la rebelión de los <em>molges</em>:</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="593" height="599" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles-02.jpg" alt="" class="wp-image-18376" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles-02.jpg 593w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles-02-297x300.jpg 297w" sizes="(max-width: 593px) 100vw, 593px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No falta el humor en Čapek, bien captado por Amster. Por ejemplo, al meterse en la sexualidad de las salamandras, se inventa titulares como éstos: ¡SEX-APPEAL DE UNA MUJER MODERNA TRIUNFA SOBRE SAURIOS PRIMITIVOS! ¡REPTILES FÓSILES LAS PREFIEREN RUBIAS! O en la burla del turbio negocio de la exhibición de lo monstruoso:</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="304" height="163" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles-03.jpg" alt="" class="wp-image-18377" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles-03.jpg 304w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/camaradas-mongoles-03-300x161.jpg 300w" sizes="(max-width: 304px) 100vw, 304px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En 1953, junto al escritor Ernesto Montenegro, Mauricio Amster participó en la fundación de la Escuela de Periodismo, Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad de Chile, y estuvo hasta su partida de este mundo involucrado artísticamente con la Editorial Universitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Digamos de paso, volviendo al autor originario, Karel Čapek, que es al autor de R.U.R. (Robots Universales Rossum, 1920), una pieza teatral que popularizó la palabra «robot», derivada del checo y que significa esclavo. Tema bastante de moda en la ciencia-ficción clásica y en la actual, qué duda cabe. Como que marca una tendencia en la historia de la humanidad, la de esclavizar y explotar a otros seres humanos, sean negros, chinos, mujeres o indígenas. Y por qué no a robots, computadores, animales o creadores despistados. El lucro, <em>pos hom</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un libro fundamental para entrarle a lo mejor de la gran ciencia-ficción distópica, la de Huxley y Orwell, los antecesores de los Bradbury, Asimov, Heinlein, Dick o quienes ustedes, lectores, prefieran. Pues esta edición única de <em>La guerra con las salamandras</em> se encuentra a veces en las ferias persas y las librerías de viejo, como que los tres ejemplares que poseo han sido poco menos que recogidos de la basura. En fin, <em>¡O tempora, o mores!</em></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="699" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/la-guerra-con-las-salamandras-699x1024.jpg" alt="La guerra con las salamandras" class="wp-image-18378" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/la-guerra-con-las-salamandras-699x1024.jpg 699w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/la-guerra-con-las-salamandras-205x300.jpg 205w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/la-guerra-con-las-salamandras-768x1125.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/06/la-guerra-con-las-salamandras.jpg 874w" sizes="(max-width: 699px) 100vw, 699px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>La guerra con las salamandras</em></figcaption></figure>
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		<title>RUMI</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/05/27/rumi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 May 2026 14:06:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Cristóbal Hasbún Existen ciertos temas, como pulsiones, que se encuentran tan enquistados en los arrefices del carácter humano, que vuelven a surgir a la superficie a pesar de haber sido suprimidos en el pasado a expresiones mínimas. La genuina tendencia humana a creer en algo, por ejemplo, por más que haya sido por décadas [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Cristóbal Hasbún</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Existen ciertos temas, como pulsiones, que se encuentran tan enquistados en los arrefices del carácter humano, que vuelven a surgir a la superficie a pesar de haber sido suprimidos en el pasado a expresiones mínimas. La genuina tendencia humana a creer en algo, por ejemplo, por más que haya sido por décadas desplazada, permanece, quizás carente de objeto correcto o expresión clara. Pero persiste. Si acaso los objetos de la creencia o culto hoy, los pequeños dioses, son el consumo, el éxito, el cultivo del cuerpo o el aparentar en redes sociales, eso parece ser otra historia. Pero una historia cierta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sociológicamente, ciertos arquetipos fueron desplazados; el ágora es un aforo virtual, la autoridad una amenaza, la jerarquía una opresión, la política un vacío, y la individualidad un culto en sí mismo, cada vez más desencajado de su herencia colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este horizonte de resignificación del valor de costumbres y objetos, existe un poeta con una clarividencia conmovedora. La materia de su poesía es de una calidad tan prístina y esencialmente humana, que habla a pesar de haber sido escrita en la Persia del siglo XIII, y hoy sigue atesorando un mensaje cuyo cofre merece volver a ser abierto. Su manera de creer en algo, la forma en que ello encuentra cabida en cuanto a expresión artística, es tan honda que contagia a los lectores sin que el foco de la atención se fije en la corriente religiosa que cada cual practique, sino en la belleza de creer en algo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra de Jalal ad-Din Muhammad Rumi requiere una primera prevención relativa a la proliferación de citas y poemas atribuidos falsamente a su autoría. La era de las comunicaciones ha llevado a que ocurrentes falsificadores atribuyan en sus B-logs o páginas web citas y poemas que el poeta Sufi nunca escribió, las cuales no resultan siempre fáciles de detectar. La propagación de ofertas relativas a autoayuda y planteamientos pseudofilosóficos para mejorar la vida de las personas como forma de negocio han agudizado la tendencia a citar sus versos en contextos utilitarios y, muchas veces, a torcerlos o derechamente falsearlos. De la amplia gama de traducciones y antologías de su obra, el trabajo ejecutado en tres tomos por el experto Nader Khalili es de destacar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le lectura de los poemas de Rumi enaltece una vez más temas como la amistad, el amor, la espiritualidad, la alegría y la muerte. Como sabemos, toda buena conversación tematiza necesariamente alguno de ellos. A través de sus versos vuelve a cobrar importancia la verdadera amistad como un árbol de raíces compartidas que terminan alimentándose de un corazón donde ya no existe el <em>tú o yo</em>. La alegría existente en dedicar aunque sea algunos minutos en disminuir el sufrimiento de los demás. Nuestra llegada al mundo como niños, el paso del tiempo entre gente querida y nuestro final como nubes temporales arrastradas por el viento. El valor del silencio, el saber callar, como un pasaje secreto que conecta nuestra boca con nuestro corazón. El deber de los felices de compartir su felicidad en un mundo que se atrofia y aisla. La necesidad de enamorarse de la agonía del amor y no del éxtasis, porque el éxtasis es volátil, y el amor -como nosotros- está siempre muriendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los poemas de Rumi, ya en el siglo XIII, demustran que quienes creen, creen con la misma materia y experimentan el albor de las mismas luces. De su voz y el contenido de sus versos es prácticamente imposible saber si su canto invoca a Alá, Javé, Cristo, Buda, la esperanza de los masones, o la disciplinada bondad de los estoicos. Si su trabajo dijese hoy solo una frase, esta estaría relacionada a la afirmación respecto a que quienes creen en algo se encuentran transitando un mismo camino y, por tanto, es iluso pensar que vale la pena exluirse, recriminarse o desplazarse. El creyente, con independencia de su credo, tiene más en común que aquien rinde pleitesía al estatus y el consumo. La experiencia de la frase antes indicada, la obra de este poeta en su generalidad -en un momento en que su país está siendo bombardeado y sus connacionales asesinados por el gobierno- es un canto dorado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la civilización avanza, o piensa que avanza, pero ciertos hitos perduran al costado o en un nivel sobre la ruta, y de vez en cuando se encienden y vuelven a echar luz sobre los derroteros. Esa es la nobleza del buen arte, que a menudo es simple. La respuesta al sentir común en el contexto de la multirreligiosidad, sobre todo hoy en Europa o en Medio Oriente, se encuentra en parte en la obra de Rumi asi como las herramientas para lidiar con el exceso de medios de comunicación, redes sociales y ofertas de consumo se encuentra acaso en la filosofía de los estoicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, uno de sus poemas titulado <em>De vez en cuando,</em> que podría estar escrito en la frente de la convivencia pacífica de los credos:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>De vez en cuando<br>Me escondo o aparezco<br>De vez en cuando<br>Soy musulmán, judío o cristiano<br>Hasta que mi corazón se vuelva<br>Parte de cada corazón<br>Apareceré cada día<br>Con un rostro distinto<sup><strong>1</strong></sup>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>NOTA: Cristóbal Hasbun (1986), escritor y abogado chileno. Su primera obra literaria publicada se titula Árboles Plásticos (2022), un conjunto de siete cuentos con rasgos propios del realismo y la literatura fantástica. Vive actualmente en Alemania, en la ciudad de Frankfurt am Main.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph">[1] La traducción es mía, tomada de la antología The Friendship Poems of Rumi del traductor Nader Khalili, Wellfleet Press, New York, 2020.</p>
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		<title>EL OCASO DEL CAPITALISMO</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2026/04/08/el-ocaso-del-capitalismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 14:26:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Aníbal Ricci Existe el capitalismo a partir del siglo XVII y a contar del siglo XX irrumpe la economía planificada, específicamente en la Unión Soviética, basada en la propiedad estatal de los medios de producción. La economía planificada prescinde del mercado para asignar los recursos, en cambio, el capitalismo se funda sobre la propiedad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Aníbal Ricci</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe el capitalismo a partir del siglo XVII y a contar del siglo XX irrumpe la economía planificada, específicamente en la Unión Soviética, basada en la propiedad estatal de los medios de producción. La economía planificada prescinde del mercado para asignar los recursos, en cambio, el capitalismo se funda sobre la propiedad privada y el sistema de precios permite la asignación productiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La planificación central recae por lo general en un Estado fuerte que elige cuáles industrias favorecer o qué bienes producir. En el libre mercado, por el contrario, las decisiones de inversión son determinadas por la preferencia de los consumidores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capitalismo se fue asentando a través de los siglos, pero dentro de este sistema de mercado existe un mecanismo disfuncional, la publicidad, verdadero medio de persuasión para escoger un producto por sobre otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para algunos, el sistema de precios es alterado por la publicidad que, en cierto grado, vendría a ser el virus del sistema capitalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el mercado subyace la idea del interés del individuo por maximizar las utilidades, o de otra forma, cómo una persona satisface sus necesidades de corto plazo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una tesis contraria a defender sería que la economía planificada, al ser estructurada, obedecería a objetivos más de largo plazo que aquellos fines perseguidos por el libre mercado. No está escrito en piedra, pero este razonamiento lo considera pertinente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Razonablemente, se podría argumentar que el sistema de precios sufre distorsiones a través de la publicidad, hace décadas se comenzó a hablar de publicidad subliminal, en atención a activar los centros de placer del ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según la visión capitalista del ser humano, lo moral quedaría fuera al tomar decisiones. En el extremo, el mercado persigue satisfacer los instintos individuales en la medida que no atenten contra la libertad del otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La toma de decisiones surgiría a partir del cerebro reptiliano, decisiones impulsivas que apelan fuertemente a emociones primarias y a un raciocinio elemental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo deseado sería que esos impulsos primarios permitan elegir, mediante la guía del sistema de precios, lo que más conviene a la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un enfoque distinto podría intuir que el sistema planificado es más moral, donde la toma de decisiones del Estado satisface las necesidades integrales del ser humano desde un punto de vista holístico. Esas decisiones no radican a nivel de cerebro reptiliano, sino más bien razonadas a nivel de neocórtex.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la planificación central podría asignar recursos donde no sean necesarios, aun siguiendo la lógica del bien común. Por oposición, la existencia de millones de consumidores sería preferible a esa producción centralizada asignada por cúpulas no siempre idóneas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empíricamente, hay que reconocer que las economías planificadas fueron saliendo de la escena mundial y algunas sobrevivientes se tornaron en regímenes autoritarios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo anterior, no significa que el sistema capitalista tenga asegurado su futuro, en la medida que la publicidad ya ni siquiera es subliminal, sino distribuida a través de algoritmos de redes sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Byung-Chul Han es un filósofo nacido en Seúl, capital importante donde impera el capitalismo y un crítico del sistema de libre mercado, intuye que en el capitalismo la cultura del placer ha triunfado sobre la cultura del dolor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podría decirse que mientras existió la esclavitud, en todas sus variantes, el ser humano era coartado mediante el dolor y carecía de libertad para la toma de decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Byung-Chul Han establece que estar obligado a ser libre (en el sistema capitalista) no conduce a la libertad. En cambio, el filósofo surcoreano Han nos habla de una “sociedad del cansancio” donde, mediante la ilusión de ser libres, el ser humano se torna prisionero de sí mismo, lo que refiere un proceso de autoesclavización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al contrario de la visión esclavista, dentro del capitalismo no requerimos del «otro» opresor, simplemente somos identidad e individuación, donde nuestro yo interior nos esclaviza, una esclavitud mucho peor al concepto antiguo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La “sociedad de la transparencia” hace que sea una sociedad positivista sin límites, donde el placer de explotarse triunfa por sobre la coerción del dolor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sociedad del cansancio, que plantea Byung-Chul Han, es aquella en que la individualidad atenta contra nosotros mismos y nos hace caer en depresión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En redes sociales, soy yo el que me satisfago, no necesito del otro, cancelo al otro que piensa distinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo al sistema centralizado, el Estado elige supuestamente lo mejor para la sociedad y elimina la elección libre de los consumidores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero en esta modernidad del siglo XXI, el algoritmo detecta nuestras preferencias, dirige la publicidad, lo subliminal se eleva a la potencia y le ofrece al individuo determinados y acotados bienes, donde el sistema de precios ahora sí que es ineficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ende, la tecnología pervierte aún más el concepto de publicidad y suprime el libre albedrío, en realidad escogemos cada vez entre menos productos y en base a decisiones pretéritas. Ya no existe evolución, sino una libertad falsa construida desde un pasado que cada vez ofrece menos opciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al algoritmo de redes sociales no le interesa que conozcas nuevos libros, nuevas películas o nuevos artistas. Se conforma con más de lo mismo, distorsionado y basado en gustos primitivos alimentados por el cerebro reptiliano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo anterior, lo interpreto como una degradación del sistema capitalista, quizás ahora la tecnología atenta directo contra el funcionamiento del capitalismo tradicional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Byung-Chul Han, la cultura de la cancelación y obedecer a lo políticamente correcto es pura perversión. Cuando niegas al otro y sólo importas como individuo, lo que logras es maximizar el placer a niveles pornográficos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El porno no es otra cosa que placer inmediato, la exacerbación del impulso sexual, quizás basado en un tipo de estética o placer autoimpuesto que funciona como cárcel sobre el proceso de toma de decisiones, lo aniquila y lo redirige a instintos primarios que nada tienen que ver con una elección informada. En este caso, también hay un sistema de precios operando, pero el impulso de satisfacción inmediata uniforma los deseos y despoja de humanidad, en cierto modo, nos emparenta con el mundo animal o uno menos racional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte en cambio te conecta con el dolor, el artista sufre o siente en demasía, las imágenes son información instantánea (Instagram), en cambio crear empatiza con “otras” realidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Experimentar la realidad versus la foto instantánea que atenúa las emociones. Redes sociales como un simulacro, una realidad en 2 dimensiones para un cerebro que debiera funcionar en 3 dimensiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El algoritmo de los buscadores te ofrece más de lo que “te gusta” y en esta sociedad del placer, esa búsqueda es cada vez más primitiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La red social aplana tus emociones, las homogeniza, las hace reproducir en clones que deshumanizan al ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos involucionando a un mundo reptiliano, a simplificar todo a lo mínimo, una iteración infinita de la propia identidad. Se prescinde de la existencia del otro y nos transformamos en buscadores de placer individual. Somos esclavos de nosotros mismos y nos cansamos para lograr esa satisfacción que el algoritmo nos impone.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sociedad de la información mediante el abuso de Internet, la sociedad de la transparencia nos convierte a todos en “iguales” idénticos, una falsa percepción de una individualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La libertad dejó de existir hace rato. La cultura será fundamental, sin ella la experiencia digital carece de sentido evolutivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta era de la Inteligencia Artificial, quizás haya una élite que lee y se cultiva de manera análoga, pero esos mismos líderes, probablemente usan su tecnología para subyugar a las masas a pensar de manera retrógrada. Ya no existe elección, lo subliminal apunta directo a tus gustos y las transnacionales proveen de bienes o servicios que maximizan las utilidades de esa élite, que reemplaza al Estado de las economías centralizadas.</p>
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		<title>RECONOCER AL EXTRAÑO. SOBRE PALESTINA Y EL RELATO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Mar 2026 18:26:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura y memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Josefina Muñoz Valenzuela / Letras de Chile Isabella Hammad (Londres, 1992) es una escritora británico-palestina que en este libro reflexiona sobre uno de los temas siempre candentes de la humanidad: el extraño (es decir, ese otro que no soy yo) y cómo lo relatamos, sea quien sea, persona, idea… La historia nos enseña que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Josefina Muñoz Valenzuela / Letras de Chile</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Isabella Hammad (Londres, 1992) es una escritora británico-palestina que en este libro reflexiona sobre uno de los temas siempre candentes de la humanidad: el extraño (es decir, ese otro que no soy yo) y cómo lo relatamos, sea quien sea, persona, idea… La historia nos enseña que la probabilidad más alta en estas situaciones es que se resuelva con la eliminación de aquello que catalogamos de extraño. Nos enseña también que los puntos de inflexión -aquellos que implican cambios cruciales- no serán jamás para siempre ni los mismos para todas las personas, en tanto son interpretables y parte de visiones de mundo. Coexisten y generan espacios de discusión hasta que alguno de los argumentos puede cobrar tanta fuerza como para llegar a generar una guerra, que es lo que hemos visto claramente en los siglos XX y XXI.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este breve pero macizo texto se origina en una conferencia de su autora en la Universidad de Columbia el año 2023, dentro del ciclo anual en memoria de Edward W. Said (1935-2003), gran inspirador y ‘relator’ de estos y otros temas similares, lo que nos hace entender mejor el porqué de relatos tan diversos sobre un mismo acontecimiento. La gran interrogante siempre será cómo contamos y desde dónde, desde el poder o de la derrota, en las palabras de los vencidos o de los vencedores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema abordado está siempre presente y candente en la historia de la humanidad. El poema de B. Brecht “Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Luego se llevaron a los obreros pero…”. La capacidad de identificación con otros, incluso sin compartir exactamente las mismas ideas, realidades o conflictos, es lo único que nos permite reconocer al otro (y que nos reconozcan a la vez) en tanto roles intercambiables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reconocemos a nuestros homólogos a pesar de ser <em>otros,</em> pero incluso miles de años después, con frecuencia reaccionamos ante su presencia como posibles peligros. Y es un sentimiento recíproco en la mayoría de los casos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como sabemos, EE. UU. respalda abiertamente a Israel y tiene un relato para ello, pero el mundo árabe no reacciona como un bloque en apoyo a la situación en Palestina, sino de acuerdo con sus particulares relaciones con el imperio. Podemos concluir que los relatos no son nunca neutrales, sino interpretaciones sujetas a puntos de vista particulares, que recogen nuestras <em>visiones/valores/interpretaciones</em> y construyen el mundo desde esas ideas y preconcepciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Deshumanizar a otros es un requisito básico inicial para convertirlos en auténticos enemigos, frente a otros que serían <em>amigos.</em> Este libro enfatiza la necesidad de revisar las propias ideas frente a este y otros conflictos, especialmente porque se enfrentan dos fuerzas que no son comparables en poder real, como Israel y Palestina, además de sus posiciones claramente antagónicas. La necesidad de “reconocer al extraño” es una situación frecuente a lo largo de la historia, ya que desde ahí se han generado la mayor parte de las guerras. No es fácil entender y conocer esas particulares circunstancias históricas, políticas, religiosas, con las cuales podemos sentirnos identificados o ser completamente disidentes; de allí la necesidad de entender que siempre somos potenciales otros, extraños, desconocidos, enemigos, para quienes ya calificamos como tales, lo que hace aún más urgente tener esta capacidad de reconocer a otros como legítimos otros, al igual que esperaríamos esa misma mirada hacia nosotros de aquellos otros que, en definitiva, somos también nos-otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una cita del libro de Hammad es muy interesante para entender la situación de Palestina desde el relato de otros: “La creciente normalización de las relaciones entre Israel y los países árabes es un síntoma de la forma en que Palestina ha sido abandonada en la región. El problema palestino, tratado con frecuencia en el contexto del antisemitismo, ha desgarrado el debate político en el Reino Unido, y aunque un creciente número de personas del <em>establishment</em> demócrata estadounidense expresa abiertamente su apoyo a, y su solidaridad con la causa palestina y condena el régimen israelí, hablar en favor de los derechos palestinos se castiga en el más alto nivel”. (p. 29).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hammad cita también un texto de E. Said de 1984, del ensayo “Permiso para matar”: “Los hechos no hablan en absoluto por sí mismos, sino que necesitan un relato socialmente aceptable que los absorba, apoye y transmita. Dicho relato ha de tener un principio y un final: en el caso palestino, una patria que repare el exilio de 1948. (…) La aceptación de un relato que implique una patria ha encontrado una vigorosa resistencia tanto en el ámbito imaginativo e ideológico como en el político”. (p. 34-35)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son dos citas iluminadoras, que contribuyen a pensar que no hay verdades que se impongan por sí mismas, algo que se observa al mirar los decursos de la historia a través de los siglos. Son los relatos de algo, cómo contamos la historia, lo que llevará a los grupos humanos a otorgarle su apoyo, más allá de criterios ideológicos, éticos, políticos. Si la contamos mal, parte de la sociedad quedará excluida, negada, desvirtuada, a pesar de merecer el apoyo de sus pares temporales o no, en tanto reconocer temas de justicia e injusticia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, reconocer al extraño no se da solo, requiere un relato adecuado, creíble, válido, independiente de su correlato con lo que podríamos llamar la ‘situación real’. Finalmente, el poder de las palabras, que según su orden, pueden contribuir a esa imperiosa necesidad de reconocer a nuestros particulares <em>otros</em> o decidir que son nuestros <em>enemigos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entender también que cualquier relato humano sobre la propia vida, la historia, el mundo en que le tocó vivir, merece ser escuchado y no desestimado solo porque no coincide con el propio. Esa es una parte importante de la construcción de una humanidad en la cual todos caben y todos tienen roles interconectados.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Isabella Hammad: Reconocer al extraño. Sobre Palestina y el relato<br>Ed. Anagrama, 2025, 84 pp.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="614" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/03/reconocer-al-extrano-614x1024.jpg" alt="Reconocer al extraño" class="wp-image-18052" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/03/reconocer-al-extrano-614x1024.jpg 614w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/03/reconocer-al-extrano-180x300.jpg 180w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2026/03/reconocer-al-extrano.jpg 768w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Reconocer al extraño</em></figcaption></figure>
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		<title>ENTRE LA INTEMPERIE Y LA MEMORIA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2026 15:42:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Ensayos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una lectura de la obra de José Baroja Julia Rivera, profesora “La literatura es un oficio peligroso”Roberto Bolaño La narrativa de José Baroja se despliega como un territorio de incertidumbre donde la memoria fragmentada, la intemperie existencial y las tensiones sociales configuran una mirada crítica sobre la identidad contemporánea chilena. La obra del chileno-mexicano José [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Una lectura de la obra de José Baroja</h2>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Julia Rivera, profesora</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">“La literatura es un oficio peligroso”<br>Roberto Bolaño</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong><em>La narrativa de José Baroja se despliega como un territorio de incertidumbre donde la memoria fragmentada, la intemperie existencial y las tensiones sociales configuran una mirada crítica sobre la identidad contemporánea chilena.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra del chileno-mexicano José Baroja puede entenderse como una exploración persistente de la fragilidad humana frente a contextos históricos y sociales inestables. Más allá de una simple representación de conflictos externos, su escritura en obras como <em>Un hijo de perra y otros cuentos</em> (2017), <em>El lado oscuro de la sombra y otros ladridos</em> (2020) y/o <em>Sueño en Guadalajara y otros cuentos</em> (2023) se adentra en las fisuras de la conciencia, en los silencios y en las tensiones que configuran la experiencia individual. En este sentido, se podría afirmar que su narrativa se sitúa en un punto de cruce entre la introspección psicológica y la crítica social, articulando un universo literario donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan de manera inseparable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejes centrales de su obra es la noción de intemperie. Sus personajes suelen encontrarse expuestos, no solo a condiciones materiales adversas, sino también a una suerte de desamparo existencial. Dicha intemperie no es únicamente física, sino también simbólica, puesto que implica la pérdida de certezas, la erosión de los vínculos y la dificultad de encontrar un lugar estable en el mundo. En este sentido, Baroja construye sujetos que viven en tránsito, atrapados entre un pasado que pesa y un futuro incierto. La errancia, tanto geográfica como emocional, se convierte así en una metáfora de la condición contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria juega un papel fundamental en la configuración de sus relatos. Sin embargo, no se trata de una memoria lineal ni reconciliadora. Por el contrario, en la obra de Baroja el pasado aparece fragmentado, incompleto, muchas veces inaccesible. Esta fragmentación se traduce formalmente en estructuras narrativas discontinuas, donde los tiempos se superponen y los recuerdos irrumpen de manera abrupta. De este modo, la memoria no funciona como un refugio, sino como un espacio de conflicto, donde se disputan las interpretaciones de la experiencia vivida.<br>En cuanto al lenguaje, Baroja opta por una estética de la contención. Su prosa, despojada de ornamentos innecesarios, en especial en sus últimos textos, adquiere una densidad particular a través de lo no dicho. Los silencios, las pausas y las omisiones son tan significativos como las palabras mismas. Esta economía expresiva obliga al lector a participar activamente en la construcción del sentido, completando los vacíos y enfrentándose a la ambigüedad. Así, la lectura de su obra se convierte en una experiencia exigente, pero también profundamente reveladora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro aspecto clave es la relación entre individuo y entorno. Los espacios en la obra de Baroja, preferentemente urbanos, no funcionan como simples escenarios, sino como extensiones del mundo interior de los personajes. Ciudades fragmentadas o territorios en transformación reflejan estados anímicos marcados por la alienación, la nostalgia o la incertidumbre que acompañan a sus personajes. Esta correspondencia entre espacio y subjetividad refuerza la dimensión simbólica de su narrativa y contribuye a la construcción de una atmósfera densa y envolvente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Asimismo, su obra puede leerse como una reflexión crítica sobre la identidad latinoamericana contemporánea, aun cuando, primero Chile, luego México, se convierten en sus dos centros narrativos. A través de historias aparentemente individuales, Baroja aborda procesos colectivos como la modernización desigual, las fracturas sociales y las huellas de la historia reciente. Sin caer en el panfleto, su literatura logra dar cuenta de estas problemáticas desde una perspectiva humana, mostrando cómo los grandes procesos históricos se inscriben en la vida cotidiana de las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En última instancia, la escritura de José Baroja se caracteriza por su capacidad para habitar la ambigüedad. No ofrece respuestas cerradas ni resoluciones claras; por el contrario, abre interrogantes y deja al lector en un estado de inquietud. Esta apertura es, quizás, uno de sus mayores logros: al renunciar a la certeza, su obra refleja con mayor fidelidad la complejidad del mundo contemporáneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conclusión, la obra del chileno-mexicano José Baroja se configura como un espacio de resistencia frente a la simplificación. A través de una prosa contenida y una estructura fragmentaria, el autor construye un universo donde la memoria, la identidad y la intemperie se entrelazan para dar forma a una reflexión profunda sobre la condición humana. Su literatura no busca consolar, sino interpelar; no pretende ordenar el caos, sino hacerlo visible. En esa tensión radica su fuerza y su vigencia.</p>
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