Por Eddie Morales Piña
Entre nuestras lecturas juveniles de formación lectora estuvieron las obras del escritor francés Jules Verne. El autor nos atrajo desde un principio por la variedad de temas que trataba y porque eran novelas de aventuras y de espacios inexplorados lo que despertaba nuestra imaginación. Cuando leía a Verne me dejaba llevar por su escritura y entraba en el relato como un protagonista más. Lo mismo nos sucedió con Emilio Salgari. Son lecturas que quedaron inscritas en nuestra memoria. Traigo al presente a Jules Verne porque he leído un texto que tiene un elemento común con una de las novelas de quien nos llevó a las profundidades de la tierra, o sumergidos en un submarino, o yendo a la luna. El faro del fin del mundo se nos vino a la memoria con la lectura de Destellos en el Pacífico de María Teresa Rojas, que no es un relato ficcional, pero que sí tiene matices de un mundo imaginario, pues se trata de una narratividad sustentada en la experiencia inmediata de la locutora o narradora como hija de un farero.
El punto de unión entre la novela de Verne y el texto de María Teresa Rojas es la construcción denominada faro, es decir, una torre alta que emite una luz potente para guiar a los barcos, especialmente en lugares peligrosos donde reinan los vientos, las tempestades y las lluvias intensas. La portada de esta obra es ilustrativa porque es una fotografía auténtica de un farero -el padre de la enunciante de lo narrado, Sótero se llamaba, pero le decían Checho- quien está pintando el faro del lugar de su destino. El padre de María Teresa Rojas era un marino de la Armada chilena destinado a distintos faros en el transcurso de su vida profesional.
La obra en cuanto formato escriturario está enmarcada dentro de los nombrados géneros referenciales. Esta denominación alude a todas aquellas discursividades donde el locutor es el eje de lo narrado. A lo largo del tiempo ha tenido distintas modulaciones desde las cartas hasta los diarios de vida, pasando por otras varias maneras de expresar desde el yo las experiencias de vida o de la intrahistoria. En sentido estricto, estas maneras narrativas se generaron o emergieron en la discursividad que plasmó lingüísticamente la imagen de América o el Novus mundus. Este es el marco referencial -valga la redundancia- en que se ubica el texto de María Teresa Rojas. Estamos como receptores ante la presencia de una textualidad que da cuenta de distintas instancias vivenciales de una familia de un farero, pero especialmente de quien está encaramado pintando un faro en la portada.
Desde la novela mencionada de Jules Verne hasta nuestro Francisco Coloane -el escritor por antonomasia de los mares y territorios del extremo sur del continente-, el faro como un lugar que cobija a un hombre solo o junto a su familia ha sido el espacio donde se enfrentan el hombre con la naturaleza bravía de vientos, el frío, el hielo y el mar con olas inclementes. El faro, en este sentido, se constituye como una atalaya desde donde surge una luz que con sus destellos indica la presencia de los humanos que advierten a otros que son los navegantes de las zonas de peligros, o indican la orientación en medio de un clima inhóspito en el mar. El faro es una guía de esperanza y posee una connotación simbólica más allá de su mera construcción sobre una isla, un pivote o un pedazo de tierra continental. El faro como atalaya es una luz que reverbera en medio de la noche o en la niebla. En consecuencia, es un signo visible de advertencia y que procura la vida, signo de protección, esperanza y seguridad. Por lo tanto, la estancia de un hombre y su familia dedicado al cuidado y mantención de un faro tiene ribetes de heroicidad. De lo que estamos reflexionando, está presente en la obra de María Teresa Rojas.
La obra de la autora está encapsulada en la relación entre historia y memoria. Esta conjunción hace posible el aflorar de los recuerdos y la puesta en acto en el proceso de la enunciación lingüística -es decir, la narratividad- y su plasmación en el enunciado -el contenido de lo que se narra-. Por tanto, María Teresa Rojas Otárola ofrece al locutor una obra donde la memoria propia y la de su madre Teresa, Teruca, entran en acción para recuperar un pasado significativo y marcador de su existencia junto a su hermano y a sus padres en los distintos periplos que realizaron en torno a los faros. En definitiva, estas torres altas de destellos luminosos en momentos ominosos para los navegantes han quedado para siempre en la memoria familiar. Esto es muy interesante en la narración. La familia enfrentando como un núcleo compacto el quehacer de cada día desde la llegada a un faro a otro, junto a Lobito, perro mascota que seguramente fue ineludible en la existencia de ellos. La narratividad memorial de la autora lleva al receptor ineludiblemente a los pasajes australes. Un lector de Coloane no podrá obviar una conexión textual -espiritual, más bien- entre los relatos novelescos y cuentísticos del escritor con esta escritura memorial de María Teresa Rojas.
El texto de la autora está muy bien planificado desde el punto de vista de la estrategia narrativa. Es un relato memorístico, pero que adopta aspectos retóricos de la ficción narrativa. De este modo, el relato captura al receptor y lo hace ingresar a una historia de vida como si fuera una novela de aventuras. La locutora es María Teresa Rojas -quien a veces recurre a la memoria de su madre para recuperar aspectos de las vivencias en los distintos espacios en que se desenvolvió la intrahistoria-, transitando durante dos décadas (1964-1978) desde el faro Punta Panul a Corona, de Fairway a Evangelistas, de Bahía Félix a Punta Delgada. Un mérito sobresaliente es que los diversos segmentos que componen los capítulos son casi microrrelatos en que se condensan sucesos imborrables o significativos para una niña al instante de la vivencia, quien junto a su hermano experimentarán efectivamente una aventura insoslayable e inolvidable que es lo que se trae al presente del enunciado.
En definitiva, Destellos en el Pacífico de María Teresa Rojas -quien nació en Valparaíso en 1966 mientras su padre estaba en uno de los faros- se lee con gran interés, no sólo por la calidad narrativa de la autora, sino también porque nos muestra una intrahistoria donde los destellos del faro son los que iluminan la historia familiar.
María Teresa Rojas: Destellos en el Pacífico
Santiago: Libros La Calabaza del Diablo. 2024. 196 pág.







Hermoso, muchas felicitaciones por superar y lograrlo.