UNA DISTOPIA CAPITALISTA

Por Bartolomé Leal

En el género de la ciencia-ficción chilena hay un libro que puede ser considerado una obra maestra nacional, aunque su autor fue un checo, Karel Čapek (1890–1938). Pues fue otro europeo quien produjo una edición histórica de La guerra con las salamandras, publicada en Chile por Editorial Zig-Zag en 1944, traducida y compuesta por el diseñador y tipógrafo Mauricio Amster, oriundo de Austria, quien llegó a Chile desde España a bordo del Winnipeg. Ese barco atracó en el puerto de Valparaíso en septiembre de 1939. Fletado por Pablo Neruda trajo a Chile una importante cantidad de intelectuales que huían de la persecución emprendida por el régimen falangista del general Franco, ganador de aquella guerra fratricida.

Publicado originalmente en 1936, el libro se plantea como una distopía anticipándose a la más conocida (y posterior) novela 1984 de George Orwell, que es de 1949; aunque es posterior a otra obra distópica fundamental, Un mundo feliz de Aldous Huxley, que salió en 1932. La obra de Čapek es, como las otras, una sátira virulenta sobre el totalitarismo, aunque a diferencia de las señaladas que se ensañaban con el socialismo burocrático (Orwell) y la tecnocracia mundial (Huxley), la obra del checo apuntaba contra el capitalismo y su avidez de recursos e irrespeto del ser humano.

La historia parte con las exploraciones de un capitán Van Toch, que encuentra unas salamandras de gran tamaño, que se suponía extintas, con una inédita capacidad para el aprendizaje y el desarrollo de la inteligencia. Rápidamente, el ávido capitalismo empresarial descubre que hay allí una poderosa fuerza de trabajo que significaría reformular el esclavismo y aprovechar ese potencial. El asunto se presenta promisorio en los ámbitos pesquero e industrial, la expansión territorial y la actividad bélica. Los países se pelean por comprar esos extraordinarios anfibios, llamados molges; sin embargo, estos adquieren conciencia de la explotación de la que son víctimas y terminan por rebelarse.

Cabe señalar que, aparte del fondo filosófico y político, la novela de Čapek también aplica un formato cercano al periodismo de su época. No es una novela de héroe. Por ello emplea elementos de collage y variantes tipográficas que le dan un carácter único. Aquello está presente en escasas ediciones traducidas al castellano. Se podría decir que la única que le hace real honor es la chilena de 1944. Por ejemplo, este manifiesto de las salamandras en rebelión, visto así por Amster:

Mauricio Amster nació en Leópolis, ciudad austríaca actualmente perteneciente a Ucrania. Estudió arte en Viena y Berlín, para instalarse en España donde se involucró con la República Española, trabajando en el área gráfica de editoriales y periódicos. Llegado a Chile colaboró con las casas editoras más importantes, como Nascimento y Zig-Zag. De allí salió la edición de La guerra con las salamandras que estamos comentando. He aquí otro ejemplo de su trabajo de ilustración, con una recopilación bastante sarcástica de las reacciones de distintos colores políticos ante la rebelión de los molges:

No falta el humor en Čapek, bien captado por Amster. Por ejemplo, al meterse en la sexualidad de las salamandras, se inventa titulares como éstos: ¡SEX-APPEAL DE UNA MUJER MODERNA TRIUNFA SOBRE SAURIOS PRIMITIVOS! ¡REPTILES FÓSILES LAS PREFIEREN RUBIAS! O en la burla del turbio negocio de la exhibición de lo monstruoso:

En 1953, junto al escritor Ernesto Montenegro, Mauricio Amster participó en la fundación de la Escuela de Periodismo, Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad de Chile, y estuvo hasta su partida de este mundo involucrado artísticamente con la Editorial Universitaria.

Digamos de paso, volviendo al autor originario, Karel Čapek, que es al autor de R.U.R. (Robots Universales Rossum, 1920), una pieza teatral que popularizó la palabra «robot», derivada del checo y que significa esclavo. Tema bastante de moda en la ciencia-ficción clásica y en la actual, qué duda cabe. Como que marca una tendencia en la historia de la humanidad, la de esclavizar y explotar a otros seres humanos, sean negros, chinos, mujeres o indígenas. Y por qué no a robots, computadores, animales o creadores despistados. El lucro, pos hom.

Es un libro fundamental para entrarle a lo mejor de la gran ciencia-ficción distópica, la de Huxley y Orwell, los antecesores de los Bradbury, Asimov, Heinlein, Dick o quienes ustedes, lectores, prefieran. Pues esta edición única de La guerra con las salamandras se encuentra a veces en las ferias persas y las librerías de viejo, como que los tres ejemplares que poseo han sido poco menos que recogidos de la basura. En fin, ¡O tempora, o mores!

La guerra con las salamandras
La guerra con las salamandras