Por Eddie Morales Piña

Debo confesar que de David Uclés no he leído nada sino hasta el momento en que ingresé en esta reciente novela suya. Esto significa que uno se aventura en un proceso de recepción y lectura de un texto que se desenvuelve ante el lector como lo que es, una aventura. Es decir, hacia un mundo desconocido. Cuando uno como receptor se enfrenta en una textualidad de un autor a quien no se ha leído anteriormente, es verdaderamente una sorpresa escrituraria encontrarse con dos opciones: una, que el texto nos atrape y capture de forma inmediata; y dos, que nos sintamos defraudados y optemos por leer cuesta arriba, o simplemente abandonar el ejercicio de lectura y dejar la obra, lo que es un fracaso no solo para el creador sino también para el lector. Por otra parte, cuando uno lee que la obra viene precedida por un importante premio literario y que el autor ha obtenido otros más, el asunto se pone sospechoso. Podríamos pensar que estamos ante un marqueteo de la obra y el autor. Felizmente, después de la lectura de La ciudad de las luces muertas de David Uclés (Úbeda, España, 1990) resulta todo lo contrario. El Premio Nadal 2026 que le ha sido otorgado por esta novela de título tan enigmático lo ha obtenido con creces. En otras palabras, la lectura de esta obra es un hallazgo escriturario.

Probablemente, a más de un receptor de este relato pueda sorprender la estrategia narrativa que adopta Uclés para presentar la historia o la trama. El proyecto narrativo del escritor español que en la portadilla se le describe como un escritor, músico, dibujante y traductor, es verdaderamente sorprendente. El despliegue del argumento puede calificarse de diversas maneras, pues vamos a encontrar códigos narrativos como el surrealismo, lo real maravilloso, el realismo mágico e incluso el esperpento de Valle Inclán o lo kafkiano, o tópicos de la literatura distópica o ucrónica. En este sentido, la obra de Uclés es una caja de sorpresas para el lector.

El texto tiene una hermosa portada que como paratexto que es nos indica algunos indicios de lo que vendrá a continuación una vez que se ingrese en lo escriturario, es decir, en el desenvolvimiento de la trama. Es un dibujo un tanto abigarrado -o más bien, una suerte de imagen barroquista-, por la profusión de elementos que la componen. Una vez terminada la lectura, el receptor de la novela comprenderá cabalmente el dibujo extraordinario que nos abre la puerta para ingresar a un mundo donde la luz se ha ido. En la portada el lector verá la catedral de la Sagrada Familia de Antonio Gaudí, el famoso reloj de Dalí, una bombilla, un aeroplano, un rostro de mujer que tiene entre sus manos un periódico que lleva como titular Jochs Florals, y un San Jorge, entre otros. La ciudad de las luces muertas es Barcelona, por eso el indicio escriturario pictórico muestra el templo de Gaudí o la alusión a los juegos florales en catalán. La otra sorpresa para el lector que se adentre en la lectura de la novela de Uclés es la tabla de personajes que en ella participan. Es como un programa de una obra dramática donde se muestran los actores o actrices que encarnan a los protagonistas. El receptor de la obra de Uclés entrará, entonces, en un mundo donde personalidades del ámbito literario, pictórico, musical, pedagógico, filosófico, médico, en fin, de todas las actividades humanas entran en acción, incluidos personajes como Freddy Mercury o Rosalía. Todo esto nos muestra una programación vanguardista siglo XXI de la novela de Uclés. Una propuesta escrituraria que no dejará a nadie extrañado, sino, por el contrario, deslumbrado por la imaginación neobarroca del creador español.

Por otra parte, los tres epígrafes que anteceden la narración son los pivotes sobre la base en que se estructura la trama. Los epígrafes también son paratextos e indican o dan la clave de lectura. Son verdaderas llaves para abrir una puerta hacia un mundo desconocido como lo es la literatura. El primero de estos epígrafes es de la escritora española Carmen Laforet y está tomado de su novela Nada: “Entonces supe lo que deseaba: quería ver la catedral envuelta en el encanto y el misterio de la noche. […] Había una soledad impresionante, como si todos los habitantes de la ciudad hubiesen muerto”. Este epígrafe es el desencadenante de la historia. El diálogo intertextual es abismante y el narrador empieza a convocar a los personajes para devolver la luz a la ciudad …quería ver la catedral envuelta en el encanto y el misterio de la noche… Laforet como la culpable de la ciudad en la oscuridad absoluta donde hay una leve claridad. Pero también lo son -en el imaginario novelesco- las otras dos escritoras que Uclés convoca a esta historia donde el espacio tiempo se entremezclan y confunden en la propuesta escrituraria: Mercè Rodoreda y Monserrat Roig. En esta novela tan interesante el lector se encontrará, por lo demás, con unas páginas en negro como señalética expresiva de lo que dice el título, y también con páginas manuscritas con una caligrafía de cartas de antaño. Todo lo anterior es una muestra de la calidad literaria de Uclés.

De una novela como esta no se puede hacer una reseña sucinta de su contenido por lo variado de las instancias narrativas en que se desenvuelve el acontecer. Sucintamente, el relato de Uclés despliega que en un momento de un día -la historia dura este tiempo- la ciudad de Barcelona queda sin luz natural ni tampoco con la artificial cuando una joven ocasiona accidentalmente el suceso sobrenatural. Este fenómeno provocará, en consecuencia, una alteración en el devenir cronológico, pues comienzan a aparecer diversas Barcelonas en distintas temporalidades con personajes -los que están en el listado del principio- que se entrecruzan y entremezclan, lo que da el tinte onírico a la narración. El relato como un sueño surrealista o de realismo mágico con los otros toques o guiños a escrituras precedentes donde lo fantástico o lo real maravilloso se hacen presente, pero que en la narración de Uclés pareciera ser natural.

El lector/a no puede perder de vista esta perspectiva lúdica de la obra. Podría decirse o argumentarse que desde siempre ha habido autores lúdicos con una propuesta escrituraria que provoca al receptor. Efectivamente, es así. Lo que se recalca es que Uclés reactiva una forma de vanguardismo donde confluyen sus lecturas -probablemente, porque hay muchas referencialidades -, para entregar un relato donde el lector se encontrará con que Picasso hace llorar a Simone Weil, Cortázar- fotógrafo retratará a Carmen Laforet -cómo no recordar un cuento del autor de Rayuela donde la fotografía es esencial-, el chileno Bolaño se adelanta a su muerte, García Márquez huyendo en una barca, y con Carlos Fuentes convenciendo a Vargas Llosa que no se opere del corazón, etc., y otras múltiples personalidades ficcionalizadas que tuvieron como referente y espacio vitalista a Barcelona. La convergencia de los personajes que aúnan sus artes para entender y comprender el porqué de la ida de la luz sobre la ciudad y cómo recuperarla es la matriz.

En otras palabras, aparte de la historia ficcional, Uclés propone un relato deslumbrante donde la luz siempre vence a pesar de los avatares oscurantistas en que estamos envueltos. El desenlace no lo señalo porque nunca debe hacerse ni siquiera insinuarlo. La ciudad de las luces muertas de David Uclés es una lectura absolutamente recomendable. Uclés ha definido el texto como “más onírico y surrealista que el anterior”, refiriéndose a La península de las casas vacías (2024), que tendremos que leer.

David Uclés: La ciudad de las luces muertas
Santiago. Editorial Planeta/Destino. 2026. 282 pág.

La ciudad de las luces muertas
La ciudad de las luces muertas