Por Antonio Rojas Gómez
Gabriel Dukes Cohen es médico psiquiatra y psicoanalista. Y el protagonista de esta, su primera novela, también lo es. De manera que el lector puede pensar que el autor está escribiendo sus memorias. Sobre todo al enterarse que ambos, autor y protagonista, también son judíos. Pero no, se trata de una novela, una estupenda novela fabricada con materiales que el autor conoce muy bien y domina a la perfección. Pero es una novela; vale decir, una invención. Lo que sucede en sus páginas lo imaginó Gabriel Dukes Cohen, no le sucedió a él en su labor profesional. Pero resulta tan vívido, tan real y tan fuerte que es como si el propio lector lo estuviese viviendo. Ocurre con las obras de los buenos escritores. Y Dukes Cohen, con este trabajo inicial, demuestra que lo es.
Veamos qué historia nos narra y cómo lo hace. El doctor Lev -el de la novela- recibe a un paciente nuevo, llamado Raúl, quien lo primero que le dice es “tengo cáncer de colon con metástasis hepática. Me quedan seis meses de vida”. ¿Y qué puede buscar un hombre, que ya está desahuciado, en la consulta de un psicoanalista? La misma sorpresa que experimenta el lector, asalta al doctor Lev. Y Raúl le entrega una explicación insólita: “No me interesa su ayuda psiquiátrica, doctor. Solo me interesa que me escuche y que recuerde mi historia”.
De manera que no existe nadie que vaya a recordar al tal Raúl, que morirá, a lo sumo, dentro de seis meses. Ni mujer, ni hijos, ni hermanos, ni padre, ni madre, ni amigos. ¿Qué hizo con su vida Raúl para llegar a un desenlace tan amargo, que no le queda más que hablar con un psicoanalista para no desaparecer del todo cuando llegue su hora?
Que llega, por cierto, en seis meses, tal como había anunciado.
Pero ahí no termina la historia. Recién está empezando. Porque ahora Rodrigo, el hijo de Raúl, llega a ver al doctor Lev. Y es digno hijo de su padre, como se irá viendo lentamente, a medida que avancen las páginas y se desenvuelvan situaciones inesperadas.
El lector, transformado en psicoanalista aficionado gracias a la pluma y a los conocimientos del autor, que habla por boca del doctor Lev, va a disfrutar cada instante de estas vidas azarosas e insólitas, que vienen a asaltarlo, de forma tan distinta a la que estamos acostumbrados con los acontecimientos que salpican nuestras propias realidades. Trate usted de imaginar cómo habrá sido la relación de Raúl, el primer paciente, con su hijo Rodrigo. Y enseguida cómo será la que llevan Rodrigo y su propio hijo. Y de paso puede preguntarse cómo habrá sido la relación de Raúl con su esposa, y de esta con su hijo Rodrigo, al que no vio nunca más cuando abandonó el hogar. ¿Y por qué lo abandonó?
Las preguntas asaltan al lector, como cuchilladas, a medida que las páginas avanzan. Preguntas para las que nadie parece tener respuestas, ni quienes vivieron o viven cada situación, ni tampoco el psiquiatra, pese a toda su ciencia, ni los colegas que lo asesoran.
Pero el lector va recogiendo una siembra de interrogaciones ante las que tal vez tampoco tenga nada que decir, pero que le abrirán el ancho pozo insondable del alma humana y le permitirán aproximarse, lúcidamente, a los secretos más profundos que se guardan en ella.
MalaMente, novela de Gabriel Dukes Cohen
Editorial Forja, 253 páginas







Emotivo y crítico. Es un gran relato picaresco.