DIARIO DEL MINUTO

Por Omar López

Conocí a Bruno Serrano (1943-2025) a inicios de la década de los ochenta en un taller literario que impartía el poeta Jaime Quezada en la Casa del Escritor, es decir, en la sede de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Ahí fue la primera vez que compartí diálogos y poesía con él y me pareció de entrada un hombre que irradiaba amabilidad, sencillez y cierta picardía en sus dichos y actitudes que transformaban cualquier conversación en gratos instantes de compañerismo. La última vez que hablamos fue en medio de una multitud que asistía al acto de cierre en conmemoración de los 50 años del cruento golpe militar de 1973 realizado en el estadio nacional. Y él, junto a otro amigo y compañero lucían el brazalete del mítico y heroico GAP (Grupo de amigos personales – escolta del Presidente de la República, Salvador Allende), ya que Bruno en ese tiempo según mis cálculos era un joven de 30 años, dispuesto a dar la vida en defensa del primer mandatario elegido democráticamente y del histórico y digno proceso revolucionario que por ese tiempo asumía nuestro pueblo.

Junto a sus convicciones políticas y en un escenario de riesgos permanentes, creo que Bruno aplicó estrategias de sobrevivencia y lucha eficaces y generosas en actos de humanidad y solidaridad permanente ahora, desde el ámbito cultural y la palabra escrita. Así comenzó a trabajar talleres en las poblaciones marginales (Lo Hermida); talleres de poesía o testimoniales con prisioneras políticas; escritos y publicaciones sobre las minorías étnicas y en fin, muchas otras publicaciones o poemarios denunciando los crímenes, los abusos, las mentiras de la dictadura y sus lacayos. Se la jugaba nuestro poeta Bruno; y lo hacía sin aspavientos ni plumaje de encendido ego: una constate de fina humildad y sereno lenguaje lo acercaba a la gente sufrida, a los postergados, a los anónimos jóvenes que, desde su precariedad existencial buscaban rutas distintas a las drogas, el alcoholismo o la delincuencia.

Bruno Serrano fue un poeta tallado en piedra y fuego y sus versos de vuelo directo y contingente fueron construyendo una obra de necesaria denuncia y de altiva resistencia en los años negros del pinochetismo y luego, rescatando la memoria ensangrentada de los mártires y de los cientos de desaparecidos cuya impunidad, es vergüenza hasta el día de hoy. Recibió, afortunada y justamente varias distinciones y premios por sus actividades en defensa de los Derechos Humanos a nivel nacional e internacional y por su obra literaria repartida en libros, crónicas en diarios y revistas y otros medios.

Al finalizar esta breve nota, comparto fragmento de un poema incluido en su poemario “Olla común” de 1985:

“Si /un niño /del margen /de esta patria /observa la bandera /verá /una franja blanca /como la leche ausente /sobre una franja roja /como la carne fresca /de la propaganda”.

Bruno dejó de existir y ser el fin de semana reciente y esa noticia agregó más frío al que ya nos invade, pero su voz escrita y su huella humana, netamente humana y combativa la encontraremos en un árbol de cualquier bosque sureño o en la ventana fresca de un amanecer sin muros ni cadenas.

Omar López
Puente Alto, miércoles 18 de junio 2025.