Por Antonio Rojas Gómez

Al terminar el año 2025, fue agasajado con el Premio Nacional de Literatura el escritor Ramón Díaz Eterovic, que se ha labrado un nombre en la literatura negra nacional, lo que antes se llamaba literatura policial, y era observada con un respingo por los académicos y los estudiosos del arte de escribir. El talento de Díaz Eterovic ha sido reconocido de forma unánime esta vez y nadie se ha permitido decir: “Pero son novelas policiales” … En lo que sí quiero hacer hincapié es que el autor galardonado no festejó su premio con una nueva publicación, lo que sí hizo su esposa, la también escritora Sonia González Valdenegro, de quien se ha repetido mucho en el mundo literario que “es tan buena como el marido”, y quienes lo dicen, no bromean. La pluma de Sonia González es reconocida de manera unánime, como una de las más aventajadas que le dan lustre a la literatura chilena de los últimos años. Y lo digo así: “La literatura chilena”, no “femenina”, ni “masculina”, porque nada tiene que ver la condición de género de un escritor con el valor de su obra.

Nada impide, tampoco, que un escritor y una escritora se enamoren y se casen, y sean tan buenos el uno como la otra en su oficio creativo. Y ese es el caso de Ramón y Sonia, el premiado y la publicada. Pero ahora nos vamos a referir a ella, a su reciente libro que integran nueve cuentos en cuya lectura el público se encontrará con una visión distinta de las tradicionales en la llamada narrativa policial y negra.

Lo que Sonia ha hecho con estos cuentos es presentarnos una mirada novedosa del mundo del delito, del mundo del crimen, digamos mejor, en la que no tenemos claridad de lo que verdaderamente ocurre entre el hechor y la víctima. A pesar de que el cultor de la literatura negra ha sido tradicionalmente el marido, es la esposa quien incursiona ahora en el tema, y quien nos ofrece una visión original, que se torna bastante más comprensible para el lector desprevenido si lee acuciosamente la introducción del libro, escrita por Julia Guzmán Watine, otra autora que es capaz de innovar y ofrecer una nueva búsqueda en la narrativa policiaca que desde Chile se enriquece con el reconocimiento a un autor consagrado y un nuevo libro que instala una forma distinta de enfrentarnos al siempre difícil encuentro con la muerte.

Veamos un cuento, solo uno de los nueve. Se titula “Matar carece de sentido” y es de los últimos. Comienza en la página 131. Y parte así:

“La historia es como sigue. Una mujer pide a un hombre que no la mate. Se lo dice con un hilo de voz, más bien pronuncia un ruego desesperanzado pues un latido interior, una punzada en el corazón, le anticipa la inutilidad de ese esfuerzo. Lo dice, pues, para constancia. No se diga que no rogué”.

De manera que tenemos a una mujer y un hombre que, muy posiblemente, la va a matar. La mujer tiene un automóvil que quiere vender y el hombre, es casi seguro, se presenta como si tuviera la intención de comprárselo. Pero a poco andar, la mujer se da cuenta de que no es así, y que, en cambio, la quiere matar. ¿Por qué ocurre algo semejante? Nadie parece tenerlo claro, ni el hombre, ni la mujer, ni la escritora, y menos el lector. El lector tiene un desafío: procurar entender lo que pasa, lo que sucede entre las dos personas que se enfrentan, a quienes no conoce, y las ve avanzar hacia el fin, el fin de la vida de una de ellas.

Conflictos similares se advierten en los demás cuentos. Cada cuento va a terminar en la muerte de un personaje, ¿pero por qué razón? ¿Es que existe una buena razón para que alguien asesine a otro ser humano? En las primeras historias policiales, las que inició Edgar Allan Poe con “Los crímenes de la calle Morgue”, se trata de descubrir, en paralelo con el detective investigador, cómo y por qué se produce el crimen. Luego, en la novela negra, se busca adentrarse en el mundo profesional del crimen, en una sociedad corrupta en la que se mata casi por gusto, por placer.

Sonia González Valdenegro nos plantea otra visión; nos descoloca y nos lleva a preguntarnos: ¿es que somos así?, ¿realmente somos esa clase de bichos para los cuales matar es sinónimo de vivir? Bueno, el hombre es complejo. Y a través de estos cuentos aprendemos a verlo un poco mejor, con más cercanía y sorpresa.

Sonia González Valdenegro: “Ni a la diestra de nadie”.
Colección Lengua Negra, Editorial Cormorán, cuento, 169 páginas.

Ni a la diestra de nadie
Ni a la diestra de nadie