Por Gregorio Angelcos

El libro GRANDES CUENTOS CHILENOS DEL SIGLO XX (27 cuentos), cuya compilación corresponde al crítico literario y amigo Camilo Marks, señala sobre la obra de Francisco Rivas: “destacó por sus novelas en la década de 1980, pero pensamos que, indudablemente, logró un nivel mucho más elevado en el género breve, y tanto el cosmopolitismo, como la perfección formal lo acercan bastante a un grado de pulcritud narrativa sorprendente”.

Es posible afirmar que a lo largo del siglo veinte chileno, existe un puñado de cuentos que sobrevivirán el paso del tiempo, una selección ecléctica, libre, en que confluyen las corrientes literarias más contradictorias y dispares.

Las claves del cuento breve son múltiples, desde el punto de vista de su estructura formal como de sus contenidos, pero ¿cómo elegir un buen cuento en medio de tanta palabrería?

Eso varía de lector a lector, dependiendo de su comprensión respecto de las lecturas que aborda. Hay cuentos y cuentistas para todos los gustos. Más todavía, los cuentos, al igual que sus autores, tienen diversas formas, tamaños y contenidos.

Así hay cuentos largos y fantásticos como los de Julio Cortázar y cuentos cortos, microcuentos, como los de Tito Monterroso; cuentos livianos como los de Julio Ramón Ribeyro y cuentos pesados, densos, como los de Lezama Lima; cuentos chuecos como los de Augusto Céspedes y cuentos borrachos como los de Edgar Allan Poe; cuentos humorísticos como los de Bryce Echenique y cuentos angustiados como los de Franz Kafka; cuentos eruditos como los de Borges y cuentos dandys como los de Óscar Wilde; cuentos pervertidos como los del Marqués de Sade y cuentos degenerados como los de Charles Bukowski; cuentos decentes como los de Antón Chéjov y cuentos eróticos como los de Anaïs Nin; cuentos del realismo social como los de Máximo Gorki y cuentos del realismo mágico como los de García Márquez; cuentos suicidas como los de Horacio Quiroga y cuentos tímidos como los de Juan Rulfo; cuentos naturalistas como los de Guy de Maupassant y cuentos de ciencia-ficción como los de Isaac Asimov.

Cuentos psicológicos como los de William Faulkner y cuentos intimistas como los de Juan Carlos Onetti; cuentos de la tradición oral como los de Charles Perrault y cuentos infantiles como los de H.C. Andersen; cuentos de la mina como los de Baldomero Lillo, cuentos rurales como los de Ciro Alegría, cuentos urbanos como los de Mario Benedetti y así, como estos ejemplos, hay un montón de cuentos con diferentes temáticas y variados estilos. El saber elegirlos no es responsabilidad del escritor sino un oficio que le corresponde al lector. Y hay una castración intelectual hace varios años de numerosos lectores.

Pero bien, el cuento «El banquete» de Francisco Rivas, relato con el que se inicia este sobresaliente compendio, es un clásico en el género de la literatura chilena, explora la descomposición material y emocional a través de un banquete fallido.

El relato narra la preparación meticulosa de un banquete por cuatro empleados bajo la dirección de un sommelier, M. Homard. Se detallan objetos y alimentos de lujo, creando un ambiente de refinamiento y buen gusto.

La narrativa incluye procedimientos culinarios que reflejan un profundo conocimiento gastronómico por parte del autor. Se identifican tres etapas de descomposición: material y emocional.

En la primera parte, la preparación es perfecta, pero la descomposición es solo una posibilidad latente.

En la segunda parte, los alimentos comienzan a corromperse debido a la ausencia de los invitados, reflejando la descomposición emocional de los sirvientes.

Desenlace y Simbolismo
La tercera parte muestra la destrucción de la mansión por una tormenta, simbolizando la descomposición total. La presencia de una rata al final representa el grotesco y la corrupción de la armonía inicial. El relato cuestiona los valores estéticos y la naturaleza efímera de la belleza, sugiriendo que solo la muerte puede ser comensal en el banquete.

Pudiendo ser realidad este texto, es claramente una ficción; el espacio donde ocurre esta trama verosímil e inverosímil a la vez, paradójica, pero verdadera y traumáticamente creíble, involucra al lector con una experiencia colectiva, donde los hechos avanzan con una perfección descriptible, destreza que proviene de un narrador con un amplio imaginario, y que somete a sus personajes a una tensión, cuyo desenlace culmina con una ambigüedad semántica.

Es necesario volver a pensar el texto, porque en el trasfondo hay un dilema que queda en la interpretación del lector, quien seguramente no podrá resolver el conflicto que se plantea luego de esta crisis.
Según Roland Barthes (en su libro El grado cero de la escritura, 1954), se denomina generalmente ficción al discurso imaginativo, «caracterizado por la distancia que mantiene con la verdad del mundo referencial», Serían ficcionales los discursos que no corresponden a un estado de cosas en el mundo empírico, los discursos no-referenciales o autorreferenciales.

En la narrativa de Francisco Rivas, existen vínculos inteligentes entre la ficción y la realidad. Lo inventado se confunde con lo real, y la maestría del relato mimetiza ambos conceptos con naturalidad, poniendo en cuestión la tradicional contraposición de literatura/realidad, que es lo verdadero, hasta donde se conjuga con el artificio.

Y este juego de relaciones hace que la narrativa de Los zapatos del señor Lozano y otros cuentos, trascienda el culto al realismo chejoviano, que ha influido en varias generaciones de narradores chilenos, y que han marcado cierta identidad (necesaria en sus contextos), pero que es imprescindible trascender para universalizar los lenguajes, involucrándonos con esta aldea globalizada en la que vivimos.

La otra impresión que desprendo de la lectura de los cuentos de este libro de Francisco Rivas es que tanto la historia como la política están presentes en varios de sus relatos, también algunos aspectos asociados a la ciencia, donde conjuga conocimiento con perversidad en su personaje central, en el cuento El lugar donde domina el escarabajo del vicio.

En su creación, la relación entre historia y literatura (la literatura como reflejo o fuente de la historia), Rivas explora cómo la literatura sirve para entender una sociedad, reflejando sus mentalidades, eventos y conflictos, incluso cuando se trata de ficción.

Reflejo de épocas pasadas: su literatura ofrece una visión de las mentalidades, creencias y valores de una sociedad en un momento específico. También es puerta de entrada a la comprensión: Permite comprender mejor los eventos históricos, ya que los lectores pueden empatizar con los personajes y sus motivaciones.

Esta perspectiva considera que la propia escritura de la historia es un acto literario, y finalmente, interpelación emocional: la historia o un fragmento de la historia incorporada a un cuento puede interpelar emocionalmente al lector, utilizando técnicas narrativas para evocar el pasado.

He aquí el cuento que titula este volumen, Los zapatos del señor Lozano.

La literatura y la política comparten un terreno complejo en el que se mezclan la creación artística y el discurso social. La literatura política no se limita a los manifiestos directos, sino que se encuentra en la manera en que se concibe y se escribe el mundo, en la capacidad de proponer una nueva sensibilidad o de cuestionar lo establecido, ofreciendo un espacio para la reflexión individual y colectiva.

Al terminar este comentario, agregar que los elementos que componen un buen cuento se conjugan con plena armonía y equilibrio, personajes con cualidades físicas y psicológicas, que los diferencian y los distancian de los lugares comunes, ambientes y atmósferas bien construidas, por tanto los personajes pueden desplazarse en el tiempo real y de su conciencia con certeza, los ambientes son buenas escenografías y las atmósferas influyen por su tensión a dramatizar con eficacia la historia que se está narrando, y las tramas, sólidas, interesantes, originales, con un manejo del tiempo y el espacio al interior de la ficción con maestría y oficio.

Francisco Rivas es uno de los mejores narradores chilenos contemporáneos, pero además de ser un buen escritor, es un intelectual que ha pensado y piensa la sociedad en la que vivimos con un rigor crítico y una sapiencia que tanta falta le hace a la cultura política de nuestra actualidad contingente.

Para mí, constituye un honor ser parte de este panel de presentadores junto a Max González, Juan Camilo Lorca, y nuestra presidenta Isabel Gómez. Muchas gracias.

Los Zapatos del Señor Lozano y Otros Cuentos
Los Zapatos del Señor Lozano y Otros Cuentos