Por Omar López
Si existe un vicio que ha rediseñado en todos los sentidos el mapa de mi ignorancia, ese luminoso vicio es el de los libros: más allá de sus contenidos o materias, cada libro rescatado muchas veces desde las estanterías horizontales y resignadas a todo sol o todo frío que existe en la zona cachureos, es un mundo por descubrir y un tiempo por recuperar. Pero, también ocurre que en este ejercicio de recolección, no sé si por instinto de gato mapochino o una diplomacia del azar, he atrapado ejemplares que esconden entre sus páginas, más que el asombro, la poética del misterio.
Hace un par de años encontré un libro de tapas duras, formato mediano, de origen español titulado “El surrealismo” (de autor hispano). Por supuesto, entre sus primeras láminas, una obra de Joan Miró. Digamos que es este, solo un dato referencial porque en medio de una jornada de hojear y reclasificar mi desordenada biblioteca, de pronto encuentro en el citado volumen una carta envuelta en un sobre hechizo y “cerrado” con un cordelito que no quise deshacer porque saqué la carta por un costado. Y…oh sorpresa…era una declaración de amor escrita con tinta negra y letra de trazos regulares, redacción pausada y precisa que antes que nada transmite, honestidad.
Esta carta en sí, tiene el poder de la eternidad anónima y los ecos de una pasión secreta: porque es una declaración amorosa de mujer a mujer y que en su desarrollo manifiesta la imposibilidad de que esta relación se cristalice. La persona que la escribe, está impactada por la belleza de los ojos y el hechizo de su mirada; la define como un ser que le ha despertado toda clase de emociones positivas y le agradece el haberla conocido. En la última línea, en su despedida, expresa:
“ Y así es, hay cosas que se tatúan sin tinta y te dejan en suspensivos…TÚ”
Bonjour, je m´apelle María Julia
Es decir, en idioma francés: Buenos días, mi nombre es María Julia.
Esta carta de una plana completa, dormida quién sabe cuántos años y que no tiene fecha de emisión ni está anclada a ninguna ciudad o país ni tampoco informa del nombre de la destinataria y quedó oculta en un libro de pintura es en sí, una modesta obra de arte que estará viva en su orfandad y en su intimidad universal. Por lo mismo, respira belleza y ternura; como el insondable titilar de una estrella que adorna el jardín nocturno de la zona muda. ¿Habrá llegado a destino?…¿Qué edad tenían ambas damas? ¿ Por qué en el fondo, la escribiente a la vez que desnuda su corazón, se identifica y da a entender una despedida sin retorno. ¿ El libro naufragado en medio de una feria poblacional, por cuantas manos pasó antes de caer en las mías?
Creo que lo esencial en toda relación humana, pura, genuina, verdadera, es una oportunidad de crecimiento y compañía; compañía y crecimiento y el amor, como expresión de unidad y placer; como puente de vida y muerte es el único camino de la felicidad sencilla y silenciosa en un tiempo y en un mundo dónde la parafernalia y el laberinto de los espejismos, corroe la comunicación y la caricia. Y si pondero la carta encontrada en el libro es precisamente porque ahí hubo una mano y un temblor; un latido a todo fuego y un desahogo a toda lágrima; ahí está la valentía de un gesto tal vez prohibido para esa época y la confesión de un deseo irremediable.
Yo guardaré esta carta como testimonio de la magia del azar, su contenido, su respiración de sueño continuo lo respeto y lo quiero porque el misterio debe seguir intacto y seguramente me sobrevivirá y será herencia para otros ojos y otras vidas, esa es la idea de su destino y mi orgullo de puente.
A propósito, mi primera cartita de amor la escribí consumido por la impaciencia como a los ocho años dirigida a una linda niña que se paseaba cada tarde en su bicicleta, no alcancé a despacharla porque escondida en forma precaria y al ser descubierto, la vergüenza o la denuncia, demolieron mis sueños. De lo que sí me acuerdo es que en esa misiva le decía que, cuando yo fuera grande, la volvería a buscar en micro.
Debe ser por eso, que sigo escribiendo y todavía, “me sirven todas las micros”.
Omar López
Puente Alto, martes 26 de agosto 2025.






Bonito cuento.