EL RUIDO BLANCO DE LA EXPERIENCIA
Presentación de Música de Elevador de Kamelia Mardones Vergara
Por Romina Reyes Ayala, noviembre de 2024
Muchas gracias Kamelia por la invitación a presentar este libro junto a Amapola y Marcia. Trato de comenzar este comentario pensando si hay algo que pueda decir que resuma este libro. Si tuviera que quedarme con una sola idea, como prueba de comprensión lectora.
Música de elevador (Artexto, Argentina 2024) es un libro sobre el individuo sensible, y la búsqueda de la sobrevivencia como último anhelo. El libro parece decirnos que si todo se acaba, no nos quedará otra tarea que comenzarlo todo de nuevo.
Pienso que hay algo retro en la imagen del ascensor con música. Un sonido hecho para el olvido, en medio de instancias descartables. La música de elevador puede ser un sonido de fondo que quiere combatir el vacío, la nada, que es en verdad el sonido de la máquina.
La música ayuda a evadir, a disociar. Estetiza nuestros pasos cuando caminamos de acá a más allá para conseguir algo o salir. Hoy esa música suena en nuestros audífonos, somos seres post industriales y, bueno, post todo.
Música de elevador, me lleva a mí misma con audífonos bajando del piso donde vivo a la calle. Me preparo frente al espejo, arreglo mi pelo, tarareo alguna canción que he escuchado en repeat para fortalecerme, hacer de mí misma un personaje que enfrente lo que no quiero o preferiría no enfrentar, pero enfrento. Todo eso en un instante. Un espacio íntimo pero compartido, que cohabito con otros, sin por ello encontrarnos en algo. En el elevador nada malo ni raro debiera suceder, por ser tan mundana la experiencia de bajar o subir.
Pero en lo cotidiano y no amenazante reside su doblez. No por raro es menos posible quedar atrapado en un ascensor, o morir en un accidente de ascensor, por una falla humana, mecánica o natural.
La voz de Kame capta esa posibilidad de supervivencia, y la expande hasta conformar una vida preparada para la guerra, habitando un cuerpo que sobrevive.
El elevador se vuelve el espacio paradigmático del devenir contemporáneo, así como el tranvía para Girondo hace más de cien años en Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Ahí es donde veo que ese Veinte del título de Girondo es también el siglo que se asomaba con sus guerras, genocidios y revoluciones. Y que el elevador de Kamelia nos ubica también en esa continuidad postmoderna.
Hoy, a dos días del triunfo del violador y delincuente Donald Trump en Estados Unidos, a un año del genocidio en Gaza, las cosas no parecen tan distintas, y el dolor existencial se vive con cientos de horas de pantallas, memes, chats y canciones. Ahí Kamelia nos invita a caer en el nihilismo: nihilismo como sinónimo de vanidad, de abandono, de absurdo y comedia, en busca del goce. Pues si todo se cae, no hay mejor alternativa que crearlo todo de nuevo.
En el poema Daydream la voz de Kame Mardones Vergara explora la distopía del Tercer Impacto, un desastre provocado por la humanidad en su intento de acercarse a la divinidad. Frente al instante final de la vida, la voz y el cuerpo guerrero emprenden la búsqueda del deseo y del goce. Voces sensibles en escenarios de ciencia ficción donde hay un mundo que sigue existiendo después de su propio fin.
¿Cómo imaginamos la guerra? Y en ese escenario, ¿seríamos víctimas, victimarios, mercenarios, traficantes, o expulsados?
En Música de elevador habita un universo poético donde conviven el brit pop, el animé, Víctor Jara y el Chile profundo con sus referentes sonoros que hablan y hablan sin llegar a contar nada, casi la verbalización de la emoción pura; hay escenas de familias donde se pasa de la ternura y el cuidado, a la violencia. Es ahí donde el cuerpo revela habitar una tensión que lo pone entre la vida y la muerte.
Buscar el lugar en el mundo parece ser la épica constante de una voz nómada que cambia y se desterritorializa, como la de Kamelia Mardones. El libro lleva un ritmo duro, sonidos que chocan en ideas que cuesta decir, dando cuenta de la dificultad de la aventura. La poesía te lleva a otras poesías, recorre y traza territorios, y el cuerpo es consciente de cómo lo cambian los paisajes.
///PAUSA///
Ahora, creo que algo entretenido y bonito de presentar el libro de una amiga, es la oportunidad de decir algo íntimo, que quizá haga eco de lo ya dicho. De adulta joven conocí a Camila en Buenos Aires y con ella he conocido de cerca también el oficio de la mujer poeta, circuitos de lecturas y publicaciones.
Qué necesario es para sobrevivir seguir el pulso creativo. Y ahora veo cómo el hecho de que todo sea frágil lo hace también más diverso. Admiro mucho las distintas facetas de tu voz, porque me dicen, me recuerdan la validez de mi experiencia.
En San Telmo, pero también en Almagro, en Palermo, y también acá en Barrio Italia o Yungay he escuchado y seguido a Kame, como fan de esa faceta performática que llegó a su máxima expresión con la muestra “no hogar”, una jornada, una instalación, un recital poético íntimo donde muchas de las que estamos aquí compartimos.
Me atrevo a hacernos la pregunta ¿Qué es esto de ser escritora y perseguirlo? Pero, ¿se persigue, se tiene o se es? No sé, pero en esa búsqueda y desarrollo de nuestras voces hemos coincidido, productivizando las experiencias para elaborar desde ahí una estética, con plena conciencia de ser cuerpos vulnerables y habitar el siglo XXI, con su permanente sentido de apocalipsis.







Fui profesor de Emili Barraza en la PUCV. Allí nos hicimos amigo y hasta hoy guardo gratos recuerdos de su…