Por Antonio Rojas Gómez

Héctor Caro Quilodrán es autor de varios libros de relatos, novela y poesía. En esta nueva incursión novelística hace gala de una imaginación nada común, para plantear un relato de una manera curiosa, por darle un nombre, que se distancia de la forma tradicional en que se presentan las obras de ficción. El primer personaje que conocemos es un escritor exitoso internacionalmente gracias a las novelas de un personaje llamado J. Pondius, el bueno de las historias, que se enfrenta al malvado Lukas Malatrix. Todo el primer capítulo, que se prolonga hasta la página 39, está dedicado a presentar las angustias del autor, George W. Queen, que está en una sequía imaginativa y es incapaz de iniciar una nueva historia de J. Pondius, que editores y lectores reclaman. Además, sufre por el distanciamiento creciente de su amada, una chica hermosa y joven, de la mitad de su edad, que termina por llevar a su casa, la de George, a una amiga igualmente bella, pero que tampoco tiene interés alguno en George, con el que ni siquiera cruza palabra. Y un buen día las muchachas se van, cada una en su moto, sin decir a dónde, y George queda solo frente a la página en blanco, en la que escribió, con su lapicera Mont Blanc, “el nombre de J. Pondius, ya no con la alegría de antaño, sino con rabia y desencanto, lo culpó de ser la causa de la pérdida de Nadime y tachó su nombre, renegó de él y en su lugar escribió “Zero” y lo condenó a recorrer por el mundo desnudo con la misión de encontrar la suma de todas las mujeres: La mujer de negro”. (Pág. 39)

Así finaliza el capítulo primero, en el cual también nos enteramos de que George tiene una hija, de la edad de Nadime, que en un único llamado telefónico, le comunica que está embarazada. Veamos ahora cómo comienza el capítulo segundo:

“Así nací, hijo de una tachadura. Quien nace así tiene derecho a sentirse ofendido. Ya no era J. Pondius ni siquiera su doble, a lo más la sombra de algo inexistente. Nací odiando a George por negarme a seguir siendo J. Pondius. ¿Qué pretendía George al llamarme Zero?”. (Pág. 41)

Ahora el escritor es descrito, y el que escribe es el personaje. Un personaje que se encuentra solo y desnudo, en París, donde vivió muchas de sus grandes aventuras, pero a quien no conoce nadie en su nueva identidad. Entonces se le ocurre recurrir a Lukas Malatrix, su archienemigo cuando era J. Pondius. Este también se encuentra olvidado, viejo y solo, sin el prestigio del que antaño disfrutó, desplazado por nuevos villanos que ahora actúan agrupados en bandas de crimen organizado, a las que ha debido pedirles dinero para sobrevivir en un subterráneo. Y lo tienen amenazado de muerte. Sin embargo, recuerda a J. Pondius, sigue odiando a George, el escritor que hizo de él un eterno perdedor, y se muestra dispuesto a darle una mano a quien lo persiguió en el pasado y fue capaz de respetarle la vida en una ocasión, cuando sus caminos diversos sin embargo se cruzaban. Y es que un gran enemigo puede también ser un gran amigo, reflexiona Zero, cuando llega a la guarida de Malatrix y lo encuentra muerto, y descubre también un suculento cheque que le dejó Malatrix, junto con los papeles falsos para que tuviera una identidad, que usó de ahí en adelante: Josef Zero. Más tarde, al finalizar el libro, cambiaría su apellido por Gris, sería entonces Josef Gris.

Pero antes de llegar al final había de vivir todavía nuevas aventuras. Por supuesto, encontrar a Nadime y a su amiga Ursula, que era una perfumista que se encaprichó con su olor y trabajó hasta crearle un perfume personal. Y también reencontrarse con George, que no será capaz de reconocerlo.

Es una novela bien escrita, con personajes delineados adecuadamente, que se mueven del triunfo a la derrota, que van cuesta abajo, pero también son capaces de variar el rumbo cuesta arriba. Presenta situaciones inesperadas y entretenidas y va a satisfacer las exigencias del público, al que proporcionará una lectura amable y provechosa.

Obra: La sombra de la ficción, novela
Autor: Héctor Caro Quilodrán
Editorial Santa Inés, 128 páginas