Por Sonia Cienfuegos
A DOÑA INÉS
Tráiganme las lilas blancas
las blancas lilas del jardín
tráiganme su perfume
las lilas blancas del jardín
traigan a mi madre
las blancas lilas del jardín.
CARA Y SELLO
Cuando apareció la vida, ella se le enfrentó agazapada,
impúdica, oscura y sonriente.
¿DÓNDE SE VAN NUESTRAS MADRES?
¿Dónde se van nuestras madres cuando se quedan dormidas una madrugada de primavera?
¿Se pasearán susurrando -GRÁVIDAS- a sus vientres hinchados diciendo a nos que aguardamos el momento en que seremos uno/una unidas por el calor de la sangre y la leche?
¿Dormirán desde ahora en un parque sobre un jardín escogido o adheridas a las rocas de una playa solitaria?
¿O saldrán a comprar diarios, pan, las provisiones para el día, a observar cómo levanta el vuelo un picaflor que succionó polen y savia de las flores y se sorprenderá con un zorzal que picotea un gusanito?
¿Les agradará recibir la brisa, el viento, el sol y sus sonidos?
¿Serán felices aunque cuando estaban despiertas no lo fueran?
¿Nos cuidarán los sueños, nos abrazarán cuando se nos desencadenen los cataclismos?
¿Nos besarán en silencio cuando dormimos o cuando nos cruja el alma?
(Cuando abro la puerta y traspaso la reja de mi habitáculo, estoy segura que a mi lado camina un ángel tutelar y me digo “tengo el mío que me protegerá desde algún lugar que no logro vislumbrar”).






Bonito cuento.