José Baroja (Valdivia, Chile-1983). Escritor, docente y editor. Actualmente reside en Zapopan, México junto a su esposa, la escritora Leyda Mariscal. Cofundador de la revista de artes y letras Sudras y Parias®, en colaboración con los poetas Jaimen Magnan y Alfredo O. Torres. Entre sus obras destacan: El curioso caso de la sombra que murió como un recuerdo (Barcelona, 2018), El lado oscuro de la sombra y otros ladridos (Lima, 2020), No fue un catorce de febrero y otros cuentos (Barcelona, 2021) y Sueño en Guadalajara y otros cuentos (2023).
ISOLDA1
Por José Baroja
No se nace mujer: se llega a serlo.
Simone de Beauvoir
La casa rechinaba más que otras veces. Nada extraño, después de todo era una vieja construcción de madera que no solía recibir tantas visitas. Muchas veces sus hijos quisieron llevársela de ahí, sin embargo la viejita siempre dijo que no. Desde la muerte de Sergio, hace unos treinta años, Isolda había aprendido a decir que no y, en consecuencia, aquí estábamos, en su casa de toda la vida. Un hogar construido a pulso de mujer, según ella, que muchos creyeron que se derrumbaría al primer soplo del invierno. Se equivocaron, igual que ella, esa casa se había sostenido en pie. La madera durará lo que tenga durar, le dijo a una antigua vecina que no lograba entender por qué Isolda no aceptaba la invitación de sus hijos. Bueno, tampoco entendía qué hacía una mujer involucrada en política, ni se cuestionaba por qué ella misma aún vivía con un marido que apenas la miraba. Sea como sea, la casa hoy sonaba como si fueran continuos sollozos de un hombre a punto de perder al amor de su vida. De hombre, pues ella ya no recordaba qué era llorar de tristeza. Isolda, allí, solo esperaba tranquila su último aliento.
Sí, estaba muriendo. Hijos, hijas, nietos y nietas la rodeaban a la espera del inevitable final. Ella, en silencio, observaba intentando comprender tanta tristeza. Que los vivos compadezcan a los vivos, pensó, yo, yo me voy a descansar. Quizá por respeto no lo dijo, pero sí que lo creía. El negro si no es para gala es un desperdicio, reflexionó, impaciente ya por exhalar su alma. Y así hubiera sido de no ser por una inesperada interrupción. Un sacerdote dispuesto a brindarle la extremaunción se había puesto junto a ella. ¿Quién había tenido la mala idea? No importa. Bastó una odiosa sonrisa de él para que ella, agnóstica en secreto desde hace treinta y tres años, decidiera quedarse un poco más. Hecho. Isolda afirmó su alma, movió levemente sus labios y emitió un susurro que solo el más pequeño de sus nietos entendió. Rápido, como un menudísimo Mercurio, corrió hacia ella, acercó su oreja y escuchó. Luego con una prestancia digna de un maestro dijo: “Tengo una confesión que quiero hacer”. El niño había interpretado incluso la fuerza con que su bisabuela dirigía antiguas marchas de protesta en la ciudad. Todos allí, incluso el incauto padre, se sorprendieron, ahora obligados a escuchar.
Quiero que sepan que no me arrepiento de nada, repitió el chamaco. Su abuelo es hijo de otro hombre, el amor de mi vida. Todos se miraron sorprendidos con un gesto ya sea de estupidez o de hipocresía. De nueve hermanos, Miguel era el único pelirrojo, tan blanco que reflectaba el Sol. Sus nietas rieron. ¡Chsss! Cian, era mi patrón, afirmó, larga historia para otro cuento. Isolda entonces miró al sacerdote, levantó sus manos y declamó, con su propia voz, cómo arrepentirme si lo tenía de este tamaño. Primero, silencio. Después, varias sonrisas. Finalmente, carcajadas, mientras el cura permanecía quieto y ruborizado, sin ninguna potestad allí. La arbitraria declaración había cumplido su objetivo. La última gracia de la bisabuela se diría más tarde. Isolda lo sabía. Por eso cerró sus ojos con una sonrisa que llevaría hasta la tumba. Recordó a sus amantes, sus viajes, su vida, todo aquello que hizo cuando se atrevió a ser mujer. Exhaló al fin. Horas después, la casa quedó en silencio.
[1] Publicado en No fue un catorce de febrero y otros cuentos (Barcelona: TerraIgnota Ediciones, 2023).






Me encanta que la ironía final sea la verdadera “extremaunción”.
Me dió curiosidad y busqué más del Autor. Encontré la siguiente entrevista. Me reí mucho con el final.
https://terraignotaediciones.com/entrevista-a-jose-baroja/
Muy bueno el cuento. Gracias por compartir.