De Reynaldo Lacámara
Barcelona, otoño de 2025
Recordar a la gran y querida Inés Valenzuela en el momento de su partida, trae a mi mente y corazón momentos de profunda humanidad compartidos al calor de la vida y jornadas inolvidables.
Guardo como parte de mi equipaje, sus palabras y consejos cargados de sencillez y sabiduría. Los llevo junto a todo aquello que me ha servido para descubrir paisajes y seres referenciales en mi propia travesía cotidiana.
Inés formó parte de una generación generosa, humanista y comprometida, para quienes nadie ni nada les fue ajeno. Todo lo humano lo sintieron como propio; de ese modo su voz y su obra marcaron una etapa cultural que hoy nos cuestiona más que nunca.
Inés Valenzuela sintió y cultivó una pasión profunda por nuestra cultura popular. Ahí su obra se alza como un referente para las nuevas generaciones. Sus investigaciones y la difusión que hizo de ellas lograron reinstalar el espacio cultural vivificante de nuestra identidad nacional.
El rescate y promoción de su legado es hoy una tarea no solo necesaria sino, además, oportuna, ante el avance de una cultura alienante y superficial.
La vida ha sido generosa y fértil al poner en mi camino personas como Inés. Aquellas horas generosas compartidas en la casa de Palqui forman parte de un universo inolvidable, el cual ha sido y será siempre, un privilegio haber conocido.






Bonito cuento.