Raúl Simón Eléxpuru, físico teórico y escritor nacido en 1950 en Santiago de Chile. Licenciado en ciencias, mención Física, Universidad de Barcelona (1977), España. Master of Sciences in Physics, Georgetown University (1979), Washington D.C. (EUA). Fue docente en varias universidades regionales de Chile. Sus trabajos científicos han sido publicados en libros, revistas y anales universitarios internacionales. Autor de Ontologías y Piedra Viva, poesía; Muchas moradas novela, además de numerosas obras inéditas. Socio fundador de la Corporación Artística “Caballo de Fuego”, sus poemas, crónicas y ensayos aparecieron reiteradamente en los sucesivos números de la Revista de la Corporación Artística “Caballo de Fuego”.

LA CASA

Recordando mis primeros años

Te distingo clara y limpia
en las lindes del recuerdo,
surgida desde la tierra
y contemplando los cielos,
desleída por las lluvias
y peinada por los vientos,
mi desvanecido hogar
y paraíso primero.

En tu solar comencé
un caminar que es eterno,
y hoy es como si trajera
en mis hombros tu misterio.
Crecí teniendo delante
a los encumbrados cerros
que, con el blanco y añil
de atardeceres sin cuento,
llenaron mi corazón
con las voces del silencio;
sones de clara prestancia,
como de coros angélicos.

Veo tus aguas rientes
surgir ante mí de nuevo,
el correr de tus acequias
alegrando mis anhelos.
Veo el ciprés levantado
y el tilo que, floreciendo,
invita el dorado son
de laboriosos insectos.

Hoy aprendo tu lección,
frágil y mudo maestro;
contigo he de remontar
la gris marea del tiempo.

A LAS RUINAS DE LA CARTUJA DE SCALA DEI

Impresiones frente a un monumento medieval

(Estadía en Cataluña, años setenta)

Tan sólo un arco, airoso, se levanta,
envuelto en el silencio de la sierra,
en la solemne soledad que encierra
el secreto de la Montaña Santa.

La incuria mundanal—que ha sido tanta—
y el encarnizamiento de la guerra
no han podido borrar en esta tierra
el recuerdo del pueblo que a Dios canta.

Pétreos muros, de hiedra tapizados,
con el pasar del tiempo ennegrecidos,
siglo y medio lleváis abandonados.

En la quietud profunda recogidos,
os contemplan mis ojos asombrados.
¡Cómo habláis—sin hablar—a mis sentidos!

HIMNO NOSTÁLGICO A LAS CALLES DE BOSTON

“verme morir entre memorias tristes.”

(Garcilaso de la Vega, Soneto X.)

Si se pudiera desandar el tiempo,
como un avión remonta los meridianos de la Tierra,
me haría presente en ti
—faro de Nueva Inglaterra,
cuna de preclaros burgueses,
manantial de apretujada sabiduría—,
con veinticinco joyas en mi frente
y en mi pecho una estrella pulsatoria.

Llegué a vosotras,
calles de mi memoria,
a sentir el hálito mortecino del invierno
arrebujándome en manto de nieve.
Al volver cada esquina
tomábanme por asalto vuestras estrellas.
¡Estrellas del hemisferio norte!
¡Quién pudiera nombraros a todas
en el breve intervalo de un crepúsculo!

El amor encendió sus luminarias,
y la invernal borrasca las deshizo.
Maduró mi verano en soledades
de ciudad, campo, playa y roquerío.

Quise escalar pináculos altivos,
seguir las migraciones estelares,
y ver desenvolverse el universo
desde las verdes márgenes del Charles.

¡Augusta hiedra de las viejas aulas,
donde anida la estirpe puritana,
ventilando en los siglos su soberbia!
No me fuiste propicia, ni pudimos
anudar lazos de constante esfuerzo;
la lección del dolor fue, sin embargo,
guardada en los arcanos del recuerdo.
Quisiera ante tus ínclitos guardianes
descubrir mi cabeza lentamente
y pronunciar palabras de tristeza.

Te envío mi temprana
canción, envuelta en galas del mañana.

CON VICENTE HUIDOBRO

Lágrimas dando a los mares,
al viento voces certeras,
y manantiales de asombro
a ángeles y sirenas,
en transatlántico vuelo
por encima de las quejas
que las espigas del mar
hacia los aires avientan,
ascendió el paracaídas
en que Altazor – ¡oh, sorpresa! –
llegó, cual segundo Adán,
al nacer de toda lengua.
Vicente-Altazor, ¿qué traes?
Vicente amigo, ¿qué llevas?
¿Tal vez el pájaro añil
que del arco iris cuelga?
El humo de tu cigarro,
del aire azulada percha,
antes de desintegrarse,
nos interroga de vuelta:
“¿Qué habéis hecho a vuestro ser,
que el espejo me lo muestra
con la línea ecuatorial
torva, angulosa y siniestra?
Oscureció vuestros días
la silenciosa pantera
que en las lindes del desierto
con la mirada os acecha.

Aventad su triste sino,
desmontad su cabellera;
una a una revivid,
piedras que fuisteis madera.
Lanzad vuestro grito al cielo,
y que el sol os lo devuelva.
Si en vosotros vive Adán,
oculto en tiniebla espesa,
decidle que no es posible
que sólo muera.”

METAMORFOSIS

En mi infancia,
cuando encontraba en el suelo alguna rama de árbol,
solía blandirla como una espada.
Hoy, si por azar recojo una rama,
ésta ya no es espada, sino bastón.