Donde se recuerda los trágicos sucesos del 2 y 3 de abril de 1957,
bajo el segundo gobierno de Carlos Ibáñez.
“Aquí no ha habido muertos”, dijo.
“Desde los tiempos de tu tío, el coronel,
no ha pasado nada en Macondo”.
GGM / Cien años de soledad
Ya se acerca el dos de abril
que recuerda la matanza
en que bajo sable y lanza
sucumbió tanto civil.
Tampoco faltó el fusil
que en las manos militares
hirieron a centenares
cansados de la inflación,
que en su desesperación
reclamaban ¡no disparen!
Comenzó en Valparaíso
unos pocos días antes,
y se transformó en gigante
contra el gobierno remiso.
Reprimieron sin aviso,
con las tropas policiales,
a las fuerzas laborales
que en legítima protesta
se expresaban muy molestas
por las alzas abismales.
Subió la locomoción
ciento cincuenta por ciento, [1]
provocando el descontento
de todos, sin exclusión.
Ibáñez, en su sillón,
se hace el desentendido
y reprime, decidido,
la protesta ciudadana
y comienza una mañana
la masacre sin sentido.
El dos, despierta Santiago
con un paro nacional;
protesta el cuerpo social
sin temor a los estragos.
El gobierno y su zurriago
suspenden hasta el Congreso
y aceleran el proceso
dictando Estado de Sitio,
desatando así, a su arbitrio,
la represión del suceso.
No alcanza la policía
pa suprimir la protesta.
Ibáñez, como respuesta,
manda a salir su jauría.
El ejército ese día,
al mando de un tal Gamboa,
sale a dejar la escoba
entre obreros y estudiantes,
o cualquier manifestante
que se oponga a la resoba.
Corría por las veredas
la policía montada;
mucha gente ensangrentada
sucumbía en la Alameda.
Ha dispuesto La Moneda
balas, palos y sablazos,
repartiendo hasta lanzazos
sin mesura ni conciencia,
pues llamó la presidencia
a contener los turbazos.
No hay respuesta del gobierno
al clamor del ciudadano;
manda el norteamericano
con las penas del infierno.
Klein-Saks diseñó este averno
que pone a la población
el yugo de la inflación
que el gobierno ha desatado,
y el pobrerío, cabreado,
recurre a la rebelión.
No basta la represión
pa contener a las masas
que en dura respuesta abrasan
alguna locomoción.
Se extiende hasta Concepción
la reyerta ciudadana,
dando vuelta de campana
micros, buses y otros medios,
y se le cobra al asedio
con veinte vidas humanas.
El gobierno, el día tres,
destruye imprenta Horizonte.
A obreros y periodistas
los detienen sin por qué.
El comunismo, ya ves,
siempre es el chivo expiatorio
mientras haya un auditorio
dispuesto a tragar embustes
y, te guste o no te guste,
mienten cura y confesorio.
Dice el parte oficial
“hubo solo veinte muertos”
pero el recuento final
nunca estuvo dispuesto.
Tampoco se supo, es cierto,
cuántos fueron los heridos.
Solo el que ha sobrevivido
puede dar cuenta del caso
que solucionó a balazos
un gobierno corrompido.
Así concluye esta historia
donde murió tanta gente;
quien recuerde, lo comente,
por conservar la memoria.
Apago la palmatoria
y me guardo este relato
donde se ha hecho el retrato
de una antigua rebelión,
pa que guarde esta nación
un memorial del mal trato.
JORGE LILLO / 31 DE MARZO DE 2025
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Santiago_(1957)
Acá en méxico eso es muy realista. gran cuento. Bendiciones.