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	<title>Literatura China archivos - Letras de Chile</title>
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	<description>Literatura  Chilena</description>
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	<title>Literatura China archivos - Letras de Chile</title>
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		<title>ANDANDO POR EL PÁRAMO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 17:29:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ban Yu Mi abuelo solía decir que era «hombre de muelles», pero sospecho que en toda su vida jamás vio un verdadero muelle. Le tenía miedo al agua, ni siquiera podía acercarse a un lago, mucho menos al mar. Si lo decía, era solo para simbolizar su vida errante. Nació en Tianjin. Su padre [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Ban Yu</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi abuelo solía decir que era «hombre de muelles», pero sospecho que en toda su vida jamás vio un verdadero muelle. Le tenía miedo al agua, ni siquiera podía acercarse a un lago, mucho menos al mar. Si lo decía, era solo para simbolizar su vida errante. Nació en Tianjin. Su padre fue maquinista de trenes en la dinastía Qing, un hombre bajito, de temperamento extraño y violento. Conduciendo bestias gigantes, recorría cuatrocientos kilómetros al día. Sobradísimo y arrogante, incluso llegó a ver a la emperatriz viuda Cixi. Murió joven por su mal carácter: no se llevaba bien con sus colegas, lo acusaron falsamente de ser revolucionario y murió en prisión. Desde entonces, la familia cayó en la ruina. Antes de llegar a la mayoría de edad, obligado por las circunstancias, mi abuelo se alistó en el ejército. Lo asignaron a la Cuarta Fuerza de Campaña, entrenaba día y noche y luego fue a la guerra de Corea. Obedeciendo órdenes, escondido en una cueva, escuchaba todo el tiempo los aviones de combate que rugían sobre su cabeza, como trazando un laberinto aéreo incomprensible. Su tarea era contar cuántos aviones enemigos había. Sin otras órdenes, no se atrevía a moverse ni sabía cuándo saldría de la cueva. De hecho, parecía que todos se habían olvidado de su unidad. Yo solía preguntarle: «¿Mataste a algún enemigo?». Él, callado, caminaba por la casa como si hubiera olvidado algo o como si empezara a recordar algo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo crecí en una familia de padres obreros. Ambos trabajaban en una fábrica. Su vida era ordenada y rígida: de ocho a cinco, iban y volvían juntos, una rutina estricta, enfocada a la construcción socialista. Los fines de semana y los días festivos, salían en pareja, al cine o a bailar, todo con boletos que repartía la fábrica, sin gastar un centavo. Yo creía que seguirían así toda la vida, y ellos también lo pensaban. Pero ese trabajo no duró mucho. Al llegar el nuevo milenio, ambos se quedaron sin empleo, como dos zapatos viejos tirados, y se convirtieron en vagabundos olvidados, igual que mi abuelo en Corea. Se sentaban en casa todo el día, se miraban y se insultaban mutuamente para sentirse vivos. Eso ya fue después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo crecí con mi abuelo. Le gustaba mucho el autobús porque, como viejo cuadro, viajaba gratis, y yo, por pequeño, no pagaba boleto. Así que, en mi infancia, me llevó a casi todos los lugares de interés de Shenyang: tumbas de emperadores, de sus hijos, de caudillos, sitios arqueológicos de sociedades matriarcales, y también fuimos a los lugares de descanso de los héroes de la guerra de Corea. En teoría, lo hacía para enseñarme historia y así despertar mi amor por la patria, pero él nunca hablaba. Al llegar, elegía un lugar lejos del agua, desplegaba su taburete plegable, se sentaba en silencio con los brazos cruzados y observaba a la gente pasar. Yo, a su lado, solía comer una paleta. Ese era mi verdadero objetivo: mi abuelo prometía comprarme una paleta cada vez que íbamos de paseo. En verano, bajo la sombra de los árboles, después de comer mi paleta, sentía un escalofrío placentero. Corría a buscar piedras, dibujaba un tablero y nos poníamos a jugar al ajedrez. Yo siempre ganaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la vuelta, ya casi atardeciendo, el autobús iba lleno, cuerpos pegados, sudorosos, despegarse era como arrancar una costra. El autobús jadeaba, y mi abuelo perdía la paciencia. A veces le gritaba al conductor: «¡Este autobús parece tirado por bueyes!». Alguien le decía: «Camarada, no se enoje, estamos construyendo las cuatro modernizaciones, hay mucha gente y pocos autobuses, hay que ser comprensivos». Él, terco, no escuchaba y seguía burlándose: «Yo ya manejaba ruedas cuando tú ni habías nacido». Seguía insultando y cuando nos bajábamos todos los pasajeros suspiraban aliviados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contó algunas verdades. Después de la guerra, el partido le presentó a una obrera, se vieron dos veces, se casaron y tuvieron a mi padre y a mi tía. La vida matrimonial no fue armoniosa por diferencias de carácter, y a los pocos años él pidió ser transferido a la frontera de Heilongjiang para encargarse de la distribución de suministros. Allá pasó décadas y solo volvía en Año Nuevo por cortas temporadas, esforzándose por mantener la familia unida. En la frontera aprendió a conducir camiones grandes sobre el hielo con una destreza suprema, como si fueran aviones de combate deslizándose con elegancia mientras las huellas de las llantas dibujaban caligrafía sobre el hielo. Además, sin importar qué vehículo tuviera una falla, en menos de quince minutos, encontraba el origen del problema. En ese aspecto, quizá había heredado el talento mecánico de su padre, muerto prematuramente; solo que los vehículos que manejaba fueron haciéndose cada vez más pequeños, y también cada vez menos importantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se acercaba la jubilación, la organización, tomando en cuenta sus méritos y su estado físico, lo trasladó de regreso a Shenyang. Le concedieron un trato bastante bueno, para que pudiera reunirse con su familia y pasar en paz los últimos años de su vida. El año en que volvió coincidió con mi nacimiento. Éramos como dos visitantes desconocidos llegados de muy lejos, que entraban juntos en aquella familia, ambos un tanto desorientados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso mi abuelo solía decirme en secreto: «Hay cosas que no puedo hablar con ellos, solo tú y yo nos entendemos». Yo tendría seis o siete años y le entendía a medias. Me abrazaba, apoyaba su barbilla en mi cabeza, sus grandes manos me rodeaban la espalda, agarraban mis manos, las levantaban al aire y las movían arriba y abajo incansablemente, como si frente a nosotros no hubiera aire, sino un volante. Me estaba enseñando a conducir, concentrado, avanzando por una llanura infinita. De vez en cuando, hacía el sonido del claxon: <em>«pi-pi, pi-pi»</em>, como si realmente hubiera gente o animales delante: ¡cuidado, viene un coche! Porque nuestra dirección no iba a cambiar. Mi abuelo me decía: «Cuando conduces sobre hielo, no gires bruscamente».</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces le preguntaba más cosas: quién le enseñó a conducir. Él respondía: «¿Acaso eso necesita enseñarse?» Le preguntaba: «¿Cómo salieron finalmente de la cueva?» Decía: «¿Acaso eso necesita preguntarse?» Le decía: «¿Podrías llevarme a un parque en vez de a tumbas?» Decía: «¿Y qué hay de interesante en un parque?» Me enojaba y me negaba a salir con él, decía que me quedaría en casa leyendo el periódico, aunque no reconocía todos los caracteres. El periódico también lo había suscrito la fábrica para él. Era un diario para adultos mayores, y el nombre provenía de un verso del gran poeta de la dinastía Tang, Li Shangyin: “El cielo se apiada de la hierba; en el mundo reina la claridad de la tarde”. Pregunté a mi familia qué significaba, pero nadie supo responderme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras yo hojeaba el periódico ruidosamente, mi abuelo entraba a la cocina y preparaba dos tazones de fideos. Los ponía frente a mí, pero yo no comía. Él, mientras comía, de repente dijo: «Cuando llegué allí, una vez me asignaron ir a recoger una carga de noche. Todos los conductores estaban fuera así que tuve que hacerlo yo mismo. Nunca había conducido, solo había ido de copiloto. Me subí al asiento del conductor, cerré los ojos y pensé unos minutos, recordando cómo lo hacían: había que girar una llave y mover la palanca de velocidades. Lo intenté varias veces, hasta que el motor rugió y el camión arrancó. Avancé con cuidado, primero un trecho corto, luego un tramo más largo, y cuando llegué a la carretera principal ya estaba bañado en sudor». Tomó un sorbo de sopa, se limpió la boca y dijo: «Carajo». Esa era su expresión favorita para mostrar descontento. La decía al escuchar las noticias, lo decía en el autobús, y también para criticar a mi abuela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo bueno fue que era soldado y tenía algo de fortaleza psicológica. El viaje no fue corto, pero siguió adelante, sorteó vallas, cruzó un puente y al cabo de dos horas, no solo no mejoraba, sino que estaba agotado. El camión se paró varias veces sin motivo claro. Empezaba a oscurecer. Si seguía así, mi abuelo sentía que no solo no llegaría a su destino, sino que ni siquiera encontraría el camino de vuelta. La noche lo cubría todo. El camión se paró de nuevo, se desplomó en el asiento. En ambos lados, la misma escena: trigo dorado ondeando al viento. Hileras inagotables de grano, un camino sin fin. «No hay llanuras desérticas en el noreste», decía mi abuelo. «Los cultivos son como la gente: tiras una semilla y crece sin control. Miras el trigo», hacía una pausa, «sientes abundancia, pero también un hambre inmensa».</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Un perro», dijo mi abuelo después de terminar los fideos. Me tendió unos palillos, indicando que solo si yo comía seguiría contando. Levanté los fideos, debajo había un huevo cocido. Mi abuelo sonrió y preguntó: «¿Vas a comerlo primero o al final?». Dije: «Al final». Él dijo: «Claro, somos iguales, lo mejor siempre se deja para el final». Al verme comer, continuó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Bajé del camión a duras penas, con las piernas flojas, no podía sostenerme, con la boca seca, me apoyé en la llanta para descansar. Atardecía y refrescaba, mi ropa ligera estaba empapada, pegada a los huesos picaba como un montón de agujas. No sabía qué hacer, cuando de repente un perro salió de debajo del camión, apareció frente a mí, dio unas vueltas y movió la cola.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Seguro tenía fiebre cuando de repente recordé la cueva en Corea: después de una tormenta, la tierra se desbordó, el agua invadió todo, no había dónde pararse. También entró un perro, de pelaje desordenado, ojeras negras, no ladraba. Estábamos aterrados, temíamos que alguien viniera atraído por sus ladridos. Alguien levantó el rifle para matarlo, pero yo lo detuve. No sé por qué, pero me pareció que no debía hacerlo. Me puse delante del perro, lo ahuyenté. Lo vi alejarse, pero a mitad del camino volteó a mirarme. En esa mirada sentí que era alguien conocido, una sensación difícil de explicar, como la de un compatriota que se alistó conmigo, pero que ya murió en el campo de batalla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Puede que no me creas, pero el compañero y aquel perro al menos tenían algo en común: la oreja derecha cortada a la mitad. La otra oreja se la había volado una bala. Lo sé porque yo fui a recoger su cuerpo, pues era mi subordinado. Después le escribí una carta a su madre. Imitando su letra, le dije que todo iba bien, que no se preocupara, que estaba bien cuidado, que el paisaje era hermoso, que ganábamos batalla tras batalla y que volveríamos pronto. Pero la carta llegó el mismo día que el telegrama de su muerte. Su madre leyó primero el telegrama, luego la carta, y sufrió aún más, lloró hasta quedar ciega. También perdió la razón, andaba por la calle gritando su nombre, y cuando se cansaba gritaba el mío, diciendo que yo había matado a su hijo. Todo el mundo acabó creyendo que su muerte era culpa mía. Yo no podía ni me atrevía a defenderme. ¿Por qué? Porque aquella oreja en realidad se la había volado yo con un disparo accidental. Me asusté y caí sentado al suelo. Él volteó a verme desconcertado, se tocó la oreja, vio su mano llena de sangre, se quedó paralizado, se la siguió tocando sin darse cuenta de la orden de retirada. Le hice señas de que huyera, pero no se movió, seguía tocándose la oreja. ¡Qué ridículo!».</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Ese perro me lo recordó. No supe si tenía que ver con él, no sabía si venía a salvarnos o a vengarse, así que lo eché. Pero al rato volvió, sin ladrar, parado afuera de la cueva, nos miraba. Seguía lloviendo. El perro temblaba de frío, el pelo enmarañado, la respiración agitada, daba lástima. Me acerqué y extendí la mano. Ni mostró los dientes ni se resistió, me lamió la palma, muy dócil. Le acaricié la cabeza y lo llevé a la cueva. Le preparé una cama con paja seca. Se acostó, movió la cabeza para mirarnos, como queriendo recordarnos, todavía tiritando. Encendí fuego, me quité la camisa y se la puse. Así pasamos un día y una noche. Se recuperó, pero no ladraba. Decían que era un perro mudo, que no servía ni para guardar la casa. Creo que simplemente no nos oía y por eso no contestaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«En realidad, mi salvación también tuvo que ver con él. Cada mañana salía, no sé adónde, y volvía puntual al atardecer, se acurrucaba en su cama. Después de medio mes, un día no volvió solo: trajo a un instructor de otra compañía. Lo había reconocido por la camiseta que llevaba. Así se dieron cuenta de que había una unidad incomunicada, y se acordaron de nosotros. Para entonces llevábamos mucho tiempo sin ver a nadie. Le preguntamos al instructor: ¿cómo va la guerra? ¿Ganamos o perdemos? Nos miró a todos, hechos unos fantasmas, decepcionado, nos insultó y dijo que éramos soldados inútiles, sin espíritu, que no sabíamos reparar equipos, que los fusiles estaban oxidados, que no servíamos para pelear, que mejor nos fuéramos a casa. Nos pusimos a limpiar las armas en silencio, sin atrevernos a contestar. El perro, al verme limpiar el fusil, parecía tener miedo, se alejaba. Varias veces intenté llamarlo con la mirada, pero cuando me levantaba, él corría más lejos, sin mirar atrás. Cuando salimos de la cueva, el perro había desaparecido. Miré la montaña a lo lejos, hermosa y llena de nubes que parecían mar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Estando en la frontera, casi había olvidado todo esto. Hasta que apareció aquel otro perro. Por un instante casi creí que era el mismo de la cueva: mismo pelaje, misma expresión, pero con las dos orejas intactas y más listo que el otro. Y muy ladrador, no paraba de ladrar, como si yo hubiera invadido su territorio. Si crees que esta vez también vino a salvarme o a señalarme un camino brillante para llegar a destino, estás muy equivocado. Después de ladrar un rato, al ver que no reaccionaba, se acercó con cautela. Abrí los brazos para recibirlo. ¡Qué paz! Solo nosotros dos, sin necesidad de cuidarnos. Me miró, perdió el miedo de repente, se lanzó a mis brazos, lamía mi barbilla como si yo fuera su dueño extraviado. De repente me sentí menos cansado. Le pregunté cómo se llamaba, de dónde venía. Respondía a cada pregunta con ladridos largos y cortos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo subí al camión, se puso de pie en el asiento como si siempre hubiera estado allí. Muy alerta, mirando conmigo el camino oscuro. Saqué el mapa, encendí las luces, apenas iluminaban un poco. Avanzamos. Cada bache, él ladraba suavemente, como animándome. Así llegamos hasta el amanecer, cuando la luz del día se abrió paso y el viento sopló sobre el páramo como olas. Luego me lo llevé a casa y vivió conmigo mucho tiempo. Me acompañaba en todo. La gente iba y venía, solo él estaba conmigo. Hace unos años, cayó en un agujero de hielo. Sin pensarlo, me tiré a rescatarlo, casi me ahogo también. Cuando salí con él en brazos, temblaba como un perro recién nacido. Después empezó a tenerle miedo al agua, como yo. Nos enfermamos los dos, con fiebre alta, delirios. Cuando empezó a recuperarse, se fue y nunca volvió».<br>«¿A dónde se fue?», pregunté.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Come rápido», dijo mi abuelo, «no pierdas tiempo. Terminamos y salimos. Hoy te llevaré al parque».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco después, mi abuelo sufrió otro derrame cerebral. El primero fue el año que yo nací, de repente no podía hablar bien. Al salir del hospital, el médico le ordenó dejar el tabaco y el alcohol, hacer ejercicio. Con el segundo ataque, el médico repitió lo mismo, pero él ya no le creyó. El día que salió, se compró una botella de buen licor. Por extraño que parezca, los años siguientes no volvió a tener problemas graves, pero hablaba cada vez menos, con todos. A veces caminábamos por la calle, me detenía y señalaba un perro preguntando: «¿Se parece a ese que tuviste?» Él no decía nada, ni me miraba, seguía caminando. Yo lo alcanzaba y tomaba su mano. Sentía sus dedos más flacos, secos, sin elasticidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La partida de mi abuelo también fue inesperada. Según se decía después, una mañana salió de casa bien vestido, llevándose aquellas balas que nunca disparó, como si regresara del campo de batalla a su patria añorada, o como si desde el páramo caminara hacia las luces de la ciudad. Pero esta vez nadie sabía a dónde iba. Nunca volvió. Mi familia lo buscó por dos años, sin resultado y luego dejaron de mencionarlo. Yo tampoco pensaba mucho, porque siempre recordaba su frase: «Lo mejor hay que dejarlo para el final». Sigo creyendo que él se guardó algo maravilloso para sí mismo: no la guerra, ni el trabajo, ni la familia, ni sus perros. El tiempo restante era completamente suyo, para entregarse por completo, avanzar sin mirar atrás y hacer que sucediera ese algo hermoso. Entonces, las luces y las estrellas se fundirían.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, recuerdo el día que se fue. Una mañana de invierno, desperté de un sueño muy largo, y de repente supe que los caracteres que dominaba eran suficientes para registrar cómo transcurrían los días, y eso me produjo una tristeza irremediable. El tiempo pasaba sin volver, yo quería retenerlo, pero solo podía dejarlo ir. Así apareció por primera vez esa sensación de pérdida. No supe qué hacer. Tomé la bola de bronce que adornaba la cabecera de la cama, la puse sobre mi corazón y respiré hondo, intentando calmarme. Si no recuerdo mal, era 1995. Más tarde me preguntaría una y otra vez y también preguntaba a los demás: ¿qué recuerdas tú del 95? Algunos decían que ni habían nacido, otros que fue el año en que empezó la decadencia. Pero la mayoría asociaba la respuesta con la muerte: ese año, un amigo muerto prematuramente empezó su viaje, un ser querido falleció, mi ídolo murió, mi primera mascota se ahogó. Así que creo que lo que llamamos calendario no es más que hacer nudos corredizos en la cuerda de la vida, para ir trepando hacia arriba. Cuando alguien se va, hacemos un nudo. Por lejos que vayamos, podemos verlo, pero nunca podremos deshacerlo.<br>Esa mañana, al levantarme, llamé a mi madre. No respondió. Supuse que ya se habría ido a trabajar. Entonces llamé a mi abuelo. Tampoco respondió. De repente sentí pánico: me di cuenta de que estaba solo en casa, algo que nunca había pasado. ¿Debía esperar tranquilo o hacer algo? No lo sabía. Entonces oí varios ladridos de perro afuera, como contando, o cantando, o señalando el camino, con ladridos largos y cortos. Corrí a la ventana. Quería ver afuera, pero me distrajeron las escarchas del vidrio. En invierno, los dibujos del hielo cambiaban cada día: a veces parecían un puñado de hojas rotas, creciendo en espiral; a veces eran ramas que desde la base echan plumas hasta la punta, como si alzaran el vuelo o aterrizaran lentamente. Eso pasaba cuando las ventanas no cerraban bien. En un costado del vidrio, alguien había escrito varios caracteres grandes con el dedo. La escarcha que se había corrido volvió a endurecer, mostrando unas marcas borrosas. Me esforcé en distinguirlas y leí: “los días pasados pesan demasiado». Los repetí varias veces sin pronunciar. En ese momento no podía entender su significado, si no, me habría consolado sabiendo que quien escribió eso tuvo el mismo sueño que yo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Traducción del chino: Liljana Arsovska</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sobre el autor: Ban Yu 班宇, narrador chino.</strong><br>Sus obras han sido publicadas en prestigiosas revistas literarias chinas como <em>Shouhuo, Dangdai</em> y <em>Shiyue</em>. Ha publicado las colecciones de relatos <em>Natación invernal, Xiaoyaoyou, A camino lento</em> y <em>El elefante blanco</em>. Ha sido galardonado con el IV Premio Mao Dun al Nuevo Talento, el premio a Escritor Revelación del Año en la gala GQ, el primer premio “Joven Escritor Estrella del Año” de <em>Zhongshan</em>, el Premio de Jóvenes Escritores en Lengua China, el Premio de Literatura Baihua y el Premio de Literatura Huacheng, entre otros. Asimismo, se desempeñó como asesor literario de la serie “El largo curso de la estación”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>ENCUENTRO CON BEIJING: LA TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Nov 2025 13:04:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El lunes 24 de noviembre, en la Feria Internacional del Libro de Santiago, se llevó a cabo este Encuentro centrado en la traducción al español de obras literarias chinas. Hubo participación de representantes chinos y chilenos: autores, editoriales y organizaciones culturales. Fue organizado por la Librería del GAM, representada por Mónica Tejos. El importante Encuentro [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">El lunes 24 de noviembre, en la Feria Internacional del Libro de Santiago, se llevó a cabo este Encuentro centrado en la traducción al español de obras literarias chinas. Hubo participación de representantes chinos y chilenos: autores, editoriales y organizaciones culturales. Fue organizado por la Librería del GAM, representada por Mónica Tejos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El importante Encuentro contó con la presencia de Niu Qingbao, embajador de China en Chile; Lyu Qin, vicepresidente de la Federación de Arte y Literatura de Beijing; Sun Xintang, director del Instituto Confucio de Punta Arenas; Diego Muñoz Valenzuela, presidente de Letras de Chile. En la delegación china participaron: Xi Du, poeta y profesor de la Universidad de Tsinghua; Xing He, escritor de ciencia ficción; Ge Jing, escritora de literatura juvenil y profesora de la Academia de Cine de Beijing; Zhou Xiaofeng, ensayista y narradora; Zhou Jia, gerente de Publicaciones Internacionales de la Corporación de Importaciones y Exportaciones de Publicaciones de China.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Encuentro se habló acerca de la rica y dinámica historia de las relaciones culturales entre ambas naciones, la riqueza e importancia de la literatura china, el avance en materia de traducciones directas desde el chino al español, la necesidad de seguir desarrollando el intercambio cultural y de elevar las publicaciones, traducciones y encuentros de diálogo y conocimiento mutuo.</p>



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		<title>EL VIEJO DE XINJIANG</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/11/10/el-viejo-de-xinjiang/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Nov 2025 16:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Xue Mo (Traducción de Liliana Arsovska) El viejo de Xinjiang comenzó a recoger su puesto. Aún era temprano, el sol apenas se había inclinado; ni era rojo ni brillante, parecía hielo lechoso. Ráfagas de aire envolvían la tierra amarilla. Las hojas secas y el frescor anunciaban el sabor del otoño. El viejo terminó de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Xue Mo</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>(Traducción de Liliana Arsovska)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo de Xinjiang comenzó a recoger su puesto. Aún era temprano, el sol apenas se había inclinado; ni era rojo ni brillante, parecía hielo lechoso. Ráfagas de aire envolvían la tierra amarilla. Las hojas secas y el frescor anunciaban el sabor del otoño. El viejo terminó de recoger la fruta y los huevos. Eso de puesto era mucho decir: apenas eran dos cestos y dos pedazos de cartón. Encima de uno, apiladas, unas cuantas peras, muy maduras ya. Las tocabas y por su delgada cáscara escurría jugo fresco que, dicen, puede despejar la tos. Encima del otro cartón yacían algunos huevos, y esa era toda la vendimia, fácil de poner y de recoger. La fruta la había comprado a cuarenta centavos por libra y la vendía a cuarenta y cinco. Los huevos le habían costado veinte centavos cada uno y los vendía a veintidós. No ganaba mucho, apenas lo suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Levantadas las canastas, se dirigió hacia el este del pueblo. El hombre era alto y muy delgado, por lo que su larga sombra asemejaba una cucaracha que escalara un monte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Viejo de Xinjiang, ¿a dónde vas? —le preguntó alguien y el resto miró el destello que despedían sus ojos húmedos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—A casa de ella —contestó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabiendo de antemano quién era “ella”, siguieron:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Vas a dejarle dinerito? Hmmm… ¿Y qué te dará a cambio?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras uno preguntó, los otros rieron. Xinjiang quería esquivarlos, pero lo rodearon.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Y aún puedes?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se detuvo, dejó la canasta en el suelo, se puso en cuclillas en el suelo y respondió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No digan estupideces, yo ya estoy viejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Viejo! —reviró alguien—. Si retuerces un poco la cuerda, podrás. No servirá el aparato, pero aún sirve la mano, aunque sea para quitarle lo goloso.<br>El viejo de Xinjiang decidió no hacerles caso. Tomó la cesta y, como conejo, se irguió de un salto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Es una vergüenza que pases tanto tiempo sin hacerlo —remataron riendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus pasos eran recios, caóticos. Quería flotar, pero aunque el corazón aún era fuerte, las piernas no respondían. Se detuvo, soltó el cesto, estiró el cuerpo y dobló la cintura hacia atrás cuando oyó una voz suave:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Abuelo de Xinjiang, ¿a dónde vas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sonrió y su rostro se iluminó. Sin responder la pregunta del niño, sacó algunas frutas de la canasta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Venga, mi bolita, el abuelo te dará fruta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El niño la tomó y, mientras la devoraba, chupaba el jugo que escurría en sus dedos y en su carita. El viejo de Xinjiang lo miraba, sonreía y, sin darse cuenta, masticaba como si fuera él y no el niño quien comía la fruta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Muchacho, ¿cómo es que de nuevo le has pedido fruta al viejo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Oye, ya no les des frutas a los niños. Dos acá, tres allá, ¿qué va a quedarte para vender? —dijo un hombre de la etnia Han que tenía el rostro muy enrojecido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No pasa nada, es sólo un niño. Soy un viejo solitario. Dos prendas de ropa al año y dos comidas al día son suficientes para mí. No te preocupes, ya me voy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿No te sientas un rato en casa?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No, gracias. Ya me voy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La casa de “ella” estaba muy deteriorada. La pared descarapelada parecía tener psoriasis. Ella, con la cara y la ropa cenicientas, reparaba el <em>kang.</em> Dejó la pala.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Llegaste? —le preguntó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Llegué —contestó y entró al cuarto oscuro, pues la única ventana tapada con papel no dejaba entrar la luz. Un anciano de ojos rojos fumaba al lado del <em>kang.</em> Cogía un tallo de tabaco, lo quemaba con la lámpara de aceite, inhalaba y sacaba humo por la nariz. Al ver entrar al viejo de Xinjiang, se hizo a un lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Llegaste? —murmuró.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Hm… —balbuceó el viejo. Se sentó en un banco y se quedó inmóvil como una piedra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡La cosecha de este año no es buena! —exclamó el viejo de ojos rojos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí, la cosecha de este año no es buena —refunfuñó el viejo de Xinjiang—. ¡Quién sabe cómo será el próximo!</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí. Quién sabe cómo será…</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Estos días, hm…</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí, estos días…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella entró a la casa sacudiéndose la tierra y la ceniza. Miró al recién llegado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Hace frío? —le preguntó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No tanto —respondió aquel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Es tiempo de usar el abrigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí, ya es tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Hay que lavar tus cobijas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí, hay que lavarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Mañana tengo que barbechar las verduras. Lavaré tus cobijas pasado mañana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Pasado mañana está bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Lávalas mañana. Yo barbecharé. Estos días el clima cambia mucho —dijo el hombre de ojos rojos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Bueno, será mañana entonces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo de Xinjiang sacó un billete de diez centavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No tengo más. En los últimos días son pocos los marchantes. ¡Úsenlo! Es hora de cambiar sus trapos rotos, la gente se burlará de ustedes —afirmó y puso el billete en el <em>kang—</em>. Ya me voy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Quédate a comer, haré fideos —dijo ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No, iré a que me inyecten, me siento algo resfriado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Es hora de usar abrigo —añadió la mujer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Sí, es hora —contestó y salió. Nadie lo despidió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La choza era caliente, pero al salir a la calle hacía frío. Estornudó varias veces y sintió insectos treparse en su nariz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Debo inyectarme”, pensó mientras encogía sus hombros. “¡Vaya que hace frío y las enfermedades arrasan! Este año no puedo permitirme el lujo de enfermarme. Pero si me enfermo, ni modo”, elucubraba el viejo cuando de repente soltó varios estornudos muy sonoros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No había mucha gente en la casa del doctor Wang: dos hombres y un bebé. Tomó una fruta, se la ofreció al infante y se sentó. Pensó que aquellos dos hombres también se burlarían y le preguntarían si había hecho aquello, pero no dijeron nada, sólo se dedicaron a mirar al niño comer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“¿Les daré fruta a ellos también? No, no vale la pena”, se decidió a la vez que aquellos metieron la mano en la canasta y, sin permiso, tomaron cada uno una pera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Coman, coman! La pera madura ayuda a dispersar el calor -—comentó, y en eso vio al doctor Wang—. Vengo por una inyección de penicilina, es la única que me cura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Te resfriaste? ¡Pero no te quedas quieto, hombre! ¿Te fuiste de parranda? Querías liberar tus calores internos, ¿verdad? —El doctor Wang se echó a reír.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Cómo puedes decir esas tonterías, doctor Wang? —El viejo se sonrojó—. Ellos son pelados, déjalos que hablen, pero tú eres un hombre culto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿De verdad no lo hiciste? —preguntó el doctor, ahora serio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Cómo crees? ¡La mujer ahora es de otro! Eso sería una falta total a la moral —dijo el viejo mientras gotas de sudor escurrían en su rostro—. ¡Hay que tener algo de decencia!</p>



<p class="wp-block-paragraph">El doctor Wang lo miraba mientras le examinaba el pulso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Antes era tu mujer. No pasa nada si lo hacen de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Antes… eso era antes —murmuró el viejo con su cara, sus ojos y el sudor de la frente de color gris.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Cuántos años tenías cuando los enlistaron a la fuerza?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Veinte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Un día después de casarte?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Hm.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Es cierto que regresaste corriendo de Xinjiang? ¿Jamás te subiste a algún transporte?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Hm!</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo de Xinjiang tenía demasiada pereza para hablar, pues le habían preguntado lo mismo cientos de veces. Preguntas tú, pregunta él, ella, ellos. ¡Qué molesto! ¿Por qué tenían que preguntar siempre lo mismo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía veinte años entonces, o tal vez diecinueve, ya no recordaba. Todo era tan lejano y borroso, parecía un sueño. Sólo recordaba que Xinjiang estaba muy muy lejos. Cuando lo pescaron, ¡ya ni remedio!, había mucha gente y ni siquiera tenían cuerdas para amarrarlos. Agarraban a todos. A él lo sacaron del cuarto nupcial y lo metieron al cuartel militar. Caminaron y caminaron, años tal vez. Cuando le dijeron que habían llegado, nadie sabía cómo era Xinjiang. A él nada le importaba. Pensaba únicamente en su mujer. Ni siquiera tuvo tiempo de verla bien, aunque ya era su esposa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces decidió huir. Lo intentó un par de veces, lo agarraron y lo golpearon casi hasta la muerte. En el quinto intento lo logró y regresó a casa corriendo. ¿Cuánto corrió? Jamás lo supo. Sólo corría de día, de noche, dormido, despierto. Quizás corrió un mes, o un año, o varios años… Finalmente llegó a casa. ¿A quién le importaba eso? ¿Quién pensaba en esas cosas? Cuando regresó, su esposa ya era de otro. El hermano de él, su propio hermano, la vendió, pues no podía mantenerla y, además, pensó que él estaba muerto, así que la vendió. Ella era ya la mujer de otro y él no tenía dinero para recuperarla, así de simple. Aquel no era malo, ella lo siguió y ni modo. ¿A quién puedes culpar? Las cosas son así y ya. “Pero la gente pregunta una y otra vez. ¡Qué latosa es!”, se decía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de pincharlo, el doctor Wang quiso buscarle la vena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Mi piel es vieja, hazlo y ya —le dijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No —respondió el doctor, obligándolo a estirar el brazo—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Qué pena, hombre! Sólo dormiste una noche con ella —añadió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo sonrió mientras pensaba: “Ni siquiera una vez, aquella noche le llegó la menstruación”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿No culpas a tu hermano?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Ni modo, así es la vida. ¿Para qué sirve el resentimiento?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Y por qué no buscaste otra?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Ni modo, eso me tocó vivir. ¿Para qué buscar otra?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo entrecerró los ojos y, apenas desde el rabillo, miró el cielo afuera de la ventana, los árboles, las hojas amarillas que flotaban y caían al suelo. Su rostro asemejaba una estatua de madera. Aquella conversación, tal parecía, no tenía nada que ver con él. Después de ver sus brazos, el doctor Wang le pidió bajarse los pan­ talones. Él obedeció, revelando dos nalgas puntiagudas mientras le pedía al doctor pinchar la carne porque la última vez le había pinchado el hueso y le había dolido durante varios días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Cuál carne, hombre? —dijo sonriendo el médico—. Jalo tu piel y tiene tres pulgadas de largo. ¡Ponte a comer y deja de meterte con cualquier vieja! ¡Ponte de acuerdo con tu socio! ¡Ella quiso largarse con él, ahora que se aguanten!<br>El viejo no contestó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Además —siguió el doctor—, no te desgastes demasiado al hacerlo. Exagerar daña al cuerpo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Otra vez con lo mismo —respondió el viejo—. ¡Pero si tú eres un letrado, hombre!</p>



<p class="wp-block-paragraph">El doctor Wang soltó una risita de pollo. Con una mano levantó el cuero viejo de aquel trasero y con la otra clavó la aguja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Esta vez le atinaste a la carne. No me dolió tanto —añadió el viejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El doctor rio de nuevo. Como veterinario que golpea el trasero de un caballo, dio unas palmaditas en aquellas nalgas afiladas y afirmó:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Levántate, no vayas a romper el tablón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Ay, no me pegue! Me dolió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Tus nalgas parecen campana, las tocas y suenan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entró a su casa y dejó la cesta, por cierto, ya mucho más liviana. Se angustió pensando que los últimos días asoleados del año le habían servido de poco, pero de inmediato meneó la cabeza: “¡Lo importante es estar vivo! ¿Para qué quiere uno tanto dinero?”, se preguntó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su casa no era grande: <em>kang,</em> ventana de madera y paredes negras, grasientas, cenicientas. El papel amarillento de la ventana dejó la casa a oscuras. A él no le gustaba mucho la luz. Cierras la puerta y la casa a oscuras parece un hogar. Todo el mundo se queda fuera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sintió algo parecido a agua tibia en el corazón. ¡Qué bonito es tener casa! Te protege del frío, de la lluvia y del chismerío de la gente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él le temía a la gente. Durante todos esos años se esforzó en olvidar, pero le preguntaban y otra vez venía todo a la mente, apachurraba su corazón, oprimía su cuerpo. Encendió el fogón, se puso a rebanar un camote de cerro, lo metió en la olla y en un instante se ablandó. “Lo tocas con la lengua y se resbala hacia la garganta”, pensó. Hacía tiempo que se había quedado sin dientes, por lo que le costaba trabajo masticar y digerir la comida. “Cortas el camote de cerro en rodajas gruesas, se cuecen rápido, las coges con los palillos sin que la mano tiemble. Aunque, eso sí, cada vez soy más torpe”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una raíz de camote de cerro se quedó entera, pues ya no quedaba lugar en la redonda tabla de cortar de unas cinco pulgadas. Esa tabla tenía ya varias décadas, pero le gustaba, estaba acostumbrado a usarla. Las verduras son cosa buena: las cortes como las cortes, no se resbalan. El carpintero Chen cada rato le recomendaba comprar una nueva, pero ¿para qué? En tantas décadas, los demás habían cambiado un montón de tablas y él aún usaba la misma. Era buena, pues al pasar los años apenas había adelgazado un poco. “Lo cual es bueno”, pensó, “así es más ligera, mientras yo me hago más viejo para cargar”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al terminar de cortar las raíces, analizó la estufa de barro; la flama ya estaba lista. Puso la pequeña olla, mojó los palillos en el aceite y los sacudió en el agua caliente. En un abrir y cerrar de ojos un exquisito olor invadió el cuarto. El aceite de lino olía mucho mejor que el de colza, pero, cuando no alcanza, el de colza también llena todos los orificios del cuerpo. Y cuando no hay aceite, el camote de cerro sabe igual de bueno y ahora casi nunca falta. En aquellos años sesenta había escaseado, pero había borrajas y, ni modo, también con eso se puede sobrevivir. Eran muchos los que habían muerto de hambre en esos años, pero él había sobrevivido. ¡Qué suerte! ¡Qué hermoso es estar vivo!</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Qué agradable era el sonido del camote en la olla! El absoluto silencio del cuarto lo interrumpían, sólo a veces, sus murmullos. El hervor sonaba mejor que la voz de la mujer más encantadora en cualquier estación de radio, aunque, claro, la voz de una mujer también es hermosa. El viejo de Xinjiang era alérgico a los gritos de la ópera Qin. Lo bueno era que hacía tiempo que no tenía radio, por lo que podía ahorrarse aquellos aullidos. El glu, glu, glu del agua hirviendo le gustaba, sólo que cada rato tenía que agregar más líquido a la olla. La guardaba en un barril donde antes tenía soya. Al acabar de venderla se había quedado con el barril a cambio de diez huevos y lo había llenado de agua. De eso también habían pasado decenas de años. Si hubiera sido una persona, ese barril ya habría tenido hijos, nietos, pero, al igual que él, estaba muy solitario y nunca había parido a un barrilito. La negra y grasienta boca del barril, claramente no muy grande, tenía el diámetro de un tazón. Con tres tarros lograba llenarlo y le alcanzaba para tres días. Cuando eres viejo comes poco, bebes poco y el agua te alcanza para tres días. Antes, era suficiente para sólo dos días, y cuando era aún más joven apenas le duraba uno. Fue por el agua que se dio cuenta cuán mayor estaba. Mientras pensaba que ya era viejo, recordó los últimos versos de una ópera:</p>



<p style="margin-left: 60px; "><em>Pasaron sólo dieciocho años, pero yo, Wang Baozhen, envejecí.<br>¡No pasa nada! Los años pasados los viví, nadie me los robó, sólo que pasaron tan rápido, como sueño, sin ton ni son.<br>¡Sin remedio! ¡Todos nos hacemos viejos!</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se sirvió agua en un cuenco. Con cada comida un cuenco. Ese cuenco, sin orejas y con muchos años encima, flotaba dentro del barril. ¡Qué bueno que no tenía orejas! Aunque al principio sí las tuvo; lo llenaba de agua y lo ponía en el fogón para preparar té. Pero un día aquel gato de nariz blanca lo tiró al suelo. El cuenco se había descarapelado y de paso se quedó sin extremidades. ¡Qué bueno! Así podía entrar en el barril, pues otros tazones no cabían. “En este mundo hay tantas cosas difíciles de entender”, pensó. “Tener orejas tiene sus ventajas; no tenerlas, también, y no es fácil saber cuáles ventajas son mayores. A todas las cosas del mundo les pasa lo mismo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo de Xinjiang tomó el cucharón que estaba encima del barril y llenó el cuenco. Se lo había regalado un estudiante. Antes, cuando no tenía el cucharón, abría los cinco dedos, se agachaba, inclinaba el barril y llenaba el cuenco. Había hecho eso durante muchas décadas, pero, desde que aquel estudiante había hecho dos hoyitos, insertado una cuerda y colgado aquel cucharón en el barril, ya no necesitaba inclinarlo para servir agua. Era un adelanto, pero sin él la vida también giraba. Viertes el agua en la olla y ya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiso amasar la harina y buscó aquel platón de porcelana descarapelado, grueso y pesado, pero, eso sí, muy resistente, tan resistente que lo podías usar para todo, para comer, para amasar, y así evitabas comprar utensilios para cada cosa. Colocó harina en el platón, agregó tres dedos de agua, le dio unas vueltas a la masa y listo. Puso la masa sobre la tabla de picar, la aplastó, formó tortillas gruesas y las cortó en tiras uniformes. Luego tomó una tira y la estiró, porque con el caldo espeso van las tiras largas y con el aguado, las cortas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Cuántos años! ¡Vaya que estaba viejo! Al no poder digerir los caldos espesos, había comenzado a sorber caldos aguados, transparentes. Caldo y más caldo, ¡qué comodidad! Además, no gastas mucho. Te sientas en un banco, miras la luna y las estrellas, ¡qué comodidad! Amanecía y anochecía, las hojas enverdecían, se tornaban pálidas y caían. Los años pasaban y nadie le podía hurtar aquella comodidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El crepúsculo se asomaba, la oscura noche se asentaba y la comida estaba lista. El viejo de Xinjiang sirvió un tazón, se sentó en el umbral de la puerta y se puso a comer. ¡Qué melodía! El caldo del tazón se evaporaba, su frente sudaba a chorros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante él estaba un tazón igual de lleno. Era para su amigo, el perro negro que a esas horas venía corriendo desde la casa de su mujer, pisando la tenue luz de la luna e imprimiendo flores de ciruelo por todo el camino. Cuando terminaba de lamer su tazón comenzaba la charla silenciosa entre ellos. Ese era el instante más feliz del día, pues el viejo de Xinjiang lograba olvidar su ser, al perro negro y a la gente del pueblo.</p>



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<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="650" height="433" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/autor-xue-mo-3.jpg" alt="Xue Mo" class="wp-image-17470" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/autor-xue-mo-3.jpg 650w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/11/autor-xue-mo-3-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 650px) 100vw, 650px" /></figure>
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<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Xue Mo </strong><br>Escritor chino, cuyo verdadero nombre es Chen Kaihong. Nació en Liangzhou, provincia de Gansu. Es también calígrafo y promotor cultural, miembro de la Asociacion de Escritores Chinos y vicepresidente de la Asociación de Escritores de Gansu, institución que lo ha reconocido como “vocero artístico de su tierra natal». Autor de las novelas <em>Sacrificios del desierto. Cazando el origen, El paso del tigre blanco, La maldicion de Xixia, El lobo gris de Xixia, El inmortal corazon de diamante,</em> entre otras. También es conocido por sus obras de no ficción, basadas en su amplio dominio de diversas escuelas filosóficas. Sus obras, seleccionadas por el Anuario de Literatura China y Serie de Nueva Literatura China, han ganado el Premio de Literatura Feng Mu, el Premio de Excelencia de Shanghai, el Premio de Literatura Da Hongying y el Premio Erdos de Literatura, entre muchos otros.</p>
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		<item>
		<title>Lan Lan: Para leer a una destacada poeta china</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/08/27/lan-lan-para-leer-a-una-destacada-poeta-china/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Aug 2025 21:06:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://letrasdechile.cl/?p=17031</guid>

					<description><![CDATA[<p>Traducción de Radina Dimitrova Anochecer de primavera Así, nada más asíllega la noche profundaDéjame terminar el último cantoDéjame cerrar los ojos y pensarlo todo de nuevoen esta primaveraen esta noche sin alas Recojo la fatiga de todos los muertostodos los sentimientos impolutos de los recién nacidosy los planto bajo el primer soplo del viento en [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Traducción de Radina Dimitrova</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Anochecer de primavera</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, nada más así<br>llega la noche profunda<br>Déjame terminar el último canto<br>Déjame cerrar los ojos y pensarlo todo de nuevo<br>en esta primavera<br>en esta noche sin alas</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recojo la fatiga de todos los muertos<br>todos los sentimientos impolutos de los recién nacidos<br>y los planto bajo el primer soplo del viento en la madrugada<br>Quiero pasar de lado, echar un vistazo<br>hacia la cosecha del ocaso<br>Cuentas de lágrimas que ruedan desde las flores doradas<br>Ah, ese rayo de luz tan endeble<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que primero se perdió dentro de la noche</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;1983</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tren de otoño</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El tren de otoño pasó muy puntual<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;a medianoche. Iba cargado<br>de aves migratorias y hojas caídas, y se llevó<br>al anciano que a menudo cortaba hierba<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en la orilla del río bajo el ocaso.<br>Los árboles desnudos, las paredes de barro<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;del corral de ovejas y yo no partimos,<br>quedamos en el viento<br>cada uno abrazando su soledad.<br>Las estrellas al parecer no están muy lejos,<br>Como las luces a lo largo de las vías del tren<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que lanzan un flechazo al pasar.<br>Taciturnos, guardan el silencio que permanece<br>después de que la vida haya partido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estoy segura de lo que pasó después del otoño.<br>¿Será que todo se hundió hasta la veta de la honestidad?<br>Quizás&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿Será que tiempo atrás me atraparon<br>con las luciérnagas en los densos matorrales?<br>¿Será que violé la ley de todas las cosas vivientes,<br>esquivé a hurtadillas los ojos del explorador,<br>fingí estar en medio de un profundo sueño<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;o de un beso abruptamente interrumpido?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Será que estuvimos por completo ausentes<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de aquella solemne despedida<br>yo, y las flores abiertas y marchitas que recuerdo?<br>O tal vez simplemente un pájaro salió volando<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de las entrañas de otro pájaro<br>con un aleteo muy suave&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;para que nadie<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;lo viera</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;1991</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Girasol silvestre</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es en otoño cuando cortan las cabezas<br>de los silvestres girasoles. Ella sabe,<br>la gente que pasó a su lado tal vez de pronto<br>regresará. El cielo palidece en el ocaso.<br>El sol desciende. A su paso, el rostro de ella<br>se torna un áureo nubarrón<br>y se funde con la inmensidad del verano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Traspasar a quién?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¿Acaso al horizonte de trigo sarraceno en flor?<br>En el duelo por las ocultas cosas de antaño<br>he vuelto a morir, pero ¿a quién reemplacé?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Falsos girasoles. Falsos cantos.<br>Dolor punzante.<br>El viento otoñal clava en mi pecho sus venenosas púas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;1992</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En un mundo donde tú estás</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué bueno es vivir en un mundo donde tú estás.<br>Qué bueno es respirar sobre esta tierra donde se esparce<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;tu olor a junco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me comprendes,<br>eso pienso mientras levanto la mano para colgar la ropa<br>y los rayos del sol fluyen hasta la orilla de tus labios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De repente surge un viento misterioso. Me deseas.<br>Veo tu sonrisa mientras me arreglo ante el espejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Noche. Cual una nube se marcharon las páginas dispersas<br>y las coordenadas del mundo humano.<br>Levanto la cabeza, envío lejos la mirada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué bueno es vivir en un mundo donde tú estás.<br>Cae la nieve en el ocaso, mientras observo en silencio<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;las llamas rojas en la estufa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finales de 1993</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El del poeta</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la noche, el fuego ruge<br>en la fragua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sombra dibuja un remolino con sus brazos<br>y – pulgada tras pulgada – a golpes incrusta<br>al herrero en el silencio del yunque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diciembre de 2005</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En la eternidad hay…</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la eternidad hay unas cuantas lluvias.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Oleadas de suave brisa;<br>en la eternidad hay un dolor desamparado,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;una mirada abstraída que se desdibuja<br>mientras el sol desciende hacia el ocaso;</p>



<p class="wp-block-paragraph">hay flores de manzano que rocían<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;las tumbas de los muertos;<br>hay cantos, hay un desolado resplandor<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de incontables hogares titilantes;</p>



<p class="wp-block-paragraph">hay dos espigas de trigo, una nube…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los coloco en tu cielo azul.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Marzo de 2006</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El trabajo del poeta</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la noche, el fuego ruge<br>en la fragua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sombra dibuja un remolino con sus brazos<br>y – pulgada tras pulgada – a golpes incrusta<br>al herrero en el silencio del yunque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diciembre de 2005</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En la eternidad hay…</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la eternidad hay unas cuantas lluvias.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Oleadas de suave brisa;<br>en la eternidad hay un dolor desamparado,<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;una mirada abstraída que se desdibuja<br>mientras el sol desciende hacia el ocaso;</p>



<p class="wp-block-paragraph">hay flores de manzano que rocían<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;las tumbas de los muertos;<br>hay cantos, hay un desolado resplandor<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de incontables hogares titilantes;</p>



<p class="wp-block-paragraph">hay dos espigas de trigo, una nube…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los coloco en tu cielo azul.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Marzo de 2006</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mi amor es un árbol</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi amor es un árbol,<br>es un viajero<br>totalmente inmóvil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras mi amor galopa<br>a través del tiempo,<br>le deseo mantenerse recto y noble,<br>soportar con alegría<br>soles abrasadores y lluvias torrenciales.<br>Resistir incluso</p>



<p class="wp-block-paragraph">la inevitable hacha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;2011</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Publicación</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos mis poemas están firmados.<br>Todos mis poemas tienen un destinatario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el haz de flechas venga volando<br>seguro habrá una frente que le dé la bienvenida.<br>Amo su terquedad radiante,</p>



<p class="wp-block-paragraph">amo la intrepidez de la herida expuesta,<br>el irreprimible elogio de los gusanos a la sangre…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las rodillas me hablen,<br>este poema ya no temblará más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He aquí la publicación de la intimidad de una poeta.<br>Océanos y cordilleras perpetuos: marea sobre un escritorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">  2011</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lan Lan</strong> (1967, Yantai, provincia de Shandong, China). Es una poeta y ensayista, y publicó sus primeros poemas a los catorce años. Suma más de veinte poemarios, doce colecciones de prosa y ensayos, y numerosos cuentos para niños. Actualmente está entre las máximas exponentes de la poesía contemporánea china. Sus obras líricas han aparecido en las páginas de diversas revistas internacionales, traducidas a más de diez idiomas. Colecciones con poemas suyos se han publicado en inglés, español, ruso, tailandés, etc. Ha obtenido numerosos galardones, entre ellos, el Premio de poesía “Liu Li’an”, el Poetry and People – International Poetry Prize, el Premio de poesía “Yuan Kejia”, el Premio “Poeta del año” de los medios de literatura en lengua china.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seleccionada como la primera de las “Diez mejores poetas chinas del nuevo siglo”, profesora visitante en numerosas universidades chinas y poeta residente de la Universidad Renmin de China en Beijing, donde vive actualmente.</p>
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		<title>Desde China, poemas de Li Yuansheng</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/08/27/desde-china-poemas-de-li-yuansheng/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Aug 2025 20:42:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://letrasdechile.cl/2025/08/27/desde-china-poemas-de-li-yuansheng/">Desde China, poemas de Li Yuansheng</a> se publicó primero en <a href="https://letrasdechile.cl">Letras de Chile</a>.</p>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: right;"><strong>Traducción de Pável Pantoja</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Un cuchillo</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Con delicadeza un cuchillo raspa la noche<br />Revelando la claridad del cielo poco a poco<br />Aunque llega el mediodía<br />El polvo de oscuridad<br />Se acumula en nuestra plática<br />Bajo los mismos rayos del sol</p>
<p style="padding-left: 80px;">3 de septiembre de 1991</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Bajo la oscuridad de la noche</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Bajo la oscuridad de la noche<br />A veces mis pasos pierden su fuerza<br />Como una red de pesca<br />Cuyo contenido<br />Se vuelve cada vez más pesado</p>
<p style="padding-left: 80px;">Eso es justo lo que temo<br />Que al llegar la mañana<br />Si aflojo las cuerdas de esta red<br />Quién estaría dispuesto a recibir<br />La oscura carga que traigo de regreso sobre los hombros</p>
<p style="padding-left: 80px;">27 de diciembre de 1998</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Las personas que caminan rápido</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Quien camina rápido<br />A veces se adelanta a sí mismo<br />Su rostro se desdibuja<br />Pues la velocidad mezcla<br />El color del futuro con las ilusiones</p>
<p style="padding-left: 80px;">Así, quien camina lento<br />Se queda detrás de sí mismo<br />No es más que una sombra<br />Con grietas de su pasado<br />Hasta parece que es la basura<br />Que ha intentado tirar a escondidas</p>
<p style="padding-left: 80px;">Quien se sienta bajo el árbol<br />Tampoco tiende a coincidir consigo mismo<br />A veces está a la derecha<br />Otras, a la izquierda<br />Por suerte, no se aleja demasiado</p>
<p style="padding-left: 80px;">27 de octubre de 1999</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Acerca de la poesía</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Debe ser amplia<br />Para que la gente se siente donde le plazca</p>
<p style="padding-left: 80px;">Debe ser veloz<br />Para que los paisajes<br />se precipiten frente a la ventana<br />Para dejar a algunos perplejos<br />Y a otros con vértigo</p>
<p style="padding-left: 80px;">Necesita avanzar a sacudidas<br />Para que la gente tenga que aferrarse a algo</p>
<p style="padding-left: 80px;">Debe tener entradas<br />Para que algunos se metan a empujones<br />Y también salidas<br />Para que otros puedan marcharse enfurecidos</p>
<p style="padding-left: 80px;">12 de marzo de 2002</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Dar</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Está bien, acepto tu punto de vista<br />Quien no distingue entre la niebla y el río<br />No conoce sus propios límites</p>
<p style="padding-left: 80px;">Sólo soy una libélula ciega<br />Vuelo, veo y escucho<br />Desconozco quien es conductor y quien pasajero</p>
<p style="padding-left: 80px;">Pero no puedo negar nada de esto<br />Vuelo a orillas de la vida<br />Sobre campos que oscurecen pronto<br />Todo lo que he visto y oído<br />Se acumula y forma mi espíritu</p>
<p style="padding-left: 80px;">12 de mayo de 2002</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Dar (II)</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">A tientas toco las cosas simpáticas<br />que describes el día entero:<br />La hierba, el estanque, los niños jugando,<br />El viento emocionado, las sombras en los ojos<br />El espíritu que se posa en un libro abierto</p>
<p style="padding-left: 80px;">No te dije<br />Pero rápido mis dedos se llenaron de espinas</p>
<p style="padding-left: 80px;">15 de mayo de 2002</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Esas palabras que no se dijeron</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Verano, párrafos ardientes<br />Invierno, epílogo sombrío<br />Estoy entre una y otra palabra<br />No sé si la distancia que las separa<br />Sea tan profunda como el abismo en mi corazón</p>
<p style="padding-left: 80px;">Otoño fugaz, tan corto<br />Como alguien que da la media vuelta<br />Sin tiempo siquiera para enviar esa carta<br />Danzan en el aire a orillas de la calle<br />Esas palabras que no se dijeron<br />Se reacomodan día tras día<br />Como las ramas cambiantes del cielo al pasar</p>
<p style="padding-left: 80px;">Primavera, igual de corta<br />Como un sobre deslumbrante, cuyo contenido<br />Está envuelto en duda y pasión<br />Pero sin nada concreto en el interior</p>
<p style="padding-left: 80px;">La mayoría de las veces, soy la parte no escrita<br />Ni en el papel, ni en el sobre<br />Soy el emocionante espacio en blanco<br />Antes de escribir la carta<br />Soy el silencio que yace en el fondo del río<br />Debajo de todo el barullo que se quiere decir</p>
<p style="padding-left: 80px;">24 de mayo de 2013</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>Si…</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Si aun amo el vapor matutino<br />Entonces tengo salvación, me ha salvado la vida cotidiana</p>
<p style="padding-left: 80px;">Si paso con el desayuno frente a alguien avergonzado<br />Entonces tengo salvación,<br />como quien pasa frente a una iglesia<br />Iluminada por los primeros rayos del sol</p>
<p style="padding-left: 80px;">4 de agosto de 2015</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>La Montaña del Sur</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Siguiendo esos caminos, la Montaña del Sur<br />A veces viene a verme<br />El ambiente estaba húmedo,<br />Volaban las hojas amarillas de glicina<br />Yo sonreí sin mirarla<br />Continué sumergido en el trabajo<br />“Hay una copa de buen vino en la mesa”</p>
<p style="padding-left: 80px;">La Montaña del Sur que vino a verme<br />No regresó a su lugar<br />Una pequeña desviación, apenas perceptible,<br />Registró uno de esos viajes</p>
<p style="padding-left: 80px;">14 de enero de 2016</p>
<p style="padding-left: 80px;"><strong>El preámbulo de una buena noche</strong></p>
<p style="padding-left: 80px;">Cuando alcanzas a leer “amor”, ya no está<br />Cuando lees “primavera”, mis hojas habrán caído</p>
<p style="padding-left: 80px;">La lectura de alguien y la escritura de alguien<br />A veces están separadas por una taza de té<br />Otras veces, por la vida y la muerte</p>
<p style="padding-left: 80px;">Me gusta mi versión simplificada,<br />La que es amada por muchos, la que he podado<br />Hasta que de pronto sucede el milagro,<br />Me alcanzas con tu lectura</p>
<p style="padding-left: 80px;">Lees el silencio contenido en un grano de arena<br />Mientras yo estoy ahí dentro<br />En medio de la furia del mar</p>
<p style="padding-left: 80px;">10 de abril de 2016</p>
<p><strong>Li Yuansheng</strong> (1963, Xuyong, provincia de Sichuan). Es poeta, escritor, comunicador y fotógrafo de la naturaleza. Miembro de la Asociación de Escritores de China y Vicepresidente de la Asociación de Escritores de la ciudad de Chongqing. Ingeniero eléctrico, escribe poesía desde 1981.</p>
<p>Algunas de sus obras son <em>Antología poética de Li Yuansheng, Crónicas de la vida en Chongqing, Deseo perder mis mejores años contigo, Horizontes sin límites, El desfase horario entre todas las cosas y yo, y las colecciones de ensayos Los rostros de una metrópolis, Memorias de una caza de mariposas, así como la novela Bromas Urbanas,</em> entre otras.</p>
<p>Ha sido galardonado con el Premio de Literatura de Chongqing, el Premio Lu Xun de Literatura, el Premio de la Literatura del Pueblo, el Premio Octubre de la Literatura y el Premio al Libro Destacado de la Provincia de Sichuan, entre otros reconocimientos.</p></div>
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		<title>EN LA OSCURIDAD: BUSCANDO LA VERDAD</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Feb 2025 14:14:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Josefina Muñoz Valenzuela El escritor chino Mai Jia (1964), seudónimo de Jiang Benhu, tiene numerosas publicaciones a su haber y es uno de los novelistas más leído en su país y fuera de él; temáticamente, ha incursionado en el mundo del espionaje en el nivel más alto: la Unidad Especial 701, organismo donde solo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Josefina Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El escritor chino Mai Jia (1964), seudónimo de Jiang Benhu, tiene numerosas publicaciones a su haber y es uno de los novelistas más leído en su país y fuera de él; temáticamente, ha incursionado en el mundo del espionaje en el nivel más alto: la Unidad Especial 701, organismo donde solo trabajan los mejores y más especializados agentes, que no escapan de sus propias angustias vitales. Ha recibido varios premios, entre ellos el Premio Mao Dun de Literatura en 2008, el Premio Bajin por <strong><em>En la oscuridad</em></strong>, novela publicada en 2013. Varias de sus obras han sido llevadas al cine, con guiones de su propia autoría, otro interés y talento que lo destaca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una entrevista con La Nación, en Argentina, señaló que el origen e inspiración de esta novela fue su propia estadía de 17 años en el ejército chino, periodo en el que se especializó en espionaje, criptografía y decodificación de mensajes, tema nuclear del libro. Así, su vuelta al mundo civil fue recién en 1997.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo fundamental, este libro recoge cuatro historias sobre exespías, vinculados a la conocida, admirada y temida Unidad Especial 701, que se estructuran en categorías cuyos nombres podrían ser títulos de poemas: Preludios (1 a 6); Escuchadores del viento (señales secretas por radio); Observadores del viento (descodifican códigos); y Captadores del viento (agentes de campo). Cada una de estas partes mayores tiene, a su vez, un número variable de capítulos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Preludio 1 nos lleva a poner atención en aquellos hechos, en apariencia intrascendentes, y que de pronto estallan como una bomba de racimo en nuestras vidas. Preludio 2 nos instala en el origen de “esa experiencia tan interesante”, cuyo desarrollo cruzará más de 450 páginas. Los hechos que narrará sucedieron hace doce años, cuando “aún no tenía treinta”; su jefe había ido a Pekín por trabajo y llama de manera urgente a este personaje – narrador, que se llama Mai Jia, para que vuele a Pekín y allá le haga un nuevo informe, porque los temas han cambiado. Como este es su primer viaje en avión, el jefe lo espera en el aeropuerto; al llegar, dos policías lo detienen y lo llevan para interrogatorio. No entiende lo que pasa, su jefe apoya sus explicaciones; es dejado en libertad previo compromiso “a no decir jamás nada a nadie de lo que había oído, puesto que era secreto de Estado” (p.15). En la parte 6 y última de Preludio, quien narra reitera que se llama Mai Jia y en una especie de ‘desdoblamiento’ y rara verosimilitud literaria señala: “En cuanto a este libro, siento que va a ser de buena calidad. (…) Lamentablemente, la persona que me ha dado mayor apoyo en la redacción de esta obra, el director Quian, ha fallecido y no la podrá leer. (…) Dedico esta obra al director Quian y a todos los miembros de la Unidad 701”. (p.24)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las preguntas a este detenido, al parecer altamente sospechoso, se enfocan rápidamente en una ‘conversación’ sostenida por él en el avión, con dos personas que hablaban su mismo dialecto y a quienes había saludado “con cordialidad, como si fueran mis padres”, con la emoción de reconocerse. Días después, estos mismos policías le piden que los acompañe a un sitio secreto en las montañas. Ahí se iniciará aquello para lo que fue elegido, y su inmersión en la Unidad Especial 701, algo que no habríamos podido sospechar a partir de las primeras escenas en que vamos conociendo al personaje Mai Jia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las cuatro historias refieren al mundo de agentes especiales, contadas por el personaje Mai Jia, desde sus roles de autor, narrador, protagonista, de un mundo que conoce a fondo, y en el que se espera siempre la muerte como algo cotidiano, más presente que la propia vida. A través de los relatos, mantiene un tono de ajenidad de los acontecimientos narrados, a pesar de tener un historial extenso de trabajo destacado y especializado en el ámbito del espionaje, en sus dimensiones del conocimiento, poder y control.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capítulo 1 de la Primera parte se titula <strong>El ciego Abing</strong>; su historia le fue contada al narrador por su jefe Quian, figura a la que siempre recuerda y rinde homenaje, y que ahora simplemente transcribe. Refiere, desde luego, a la Unidad Especial 701 y a la búsqueda de personas con extraordinarias capacidades auditiva; ahí aparece el <em>ciego Abing,</em> justo la persona que andaba buscando. En este capítulo queda claro el peso del <strong>Partido</strong>, la revolución como parte de la vida, los códigos de honor… la relación con la Unión Soviética… la necesidad de reeducar a ciertas personas. El encuentro con Huang Yiyi (o Huang Qian), “Una mujer hermosa, endemoniada, guapa, sentimental, inteligente, libertina (…) Mientras más nos acercábamos a nuestro destino, más preocupado me sentía de que no llevara a la Unidad a una matemática especialista en descifrar códigos militares, sino a una víctima de la ideología capitalista”. (p. 161)</p>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia de las novelas de espionaje y películas de acción con agentes secretos tipo James Bond, cuyo origen ha sido mayoritariamente estadounidense, y en las cuales se dispara antes de preguntar nada, aquí encontramos conversaciones muy personales, morosas, historias contadas y recontadas, a veces desde diversos y variados participantes y perspectivas. Hay muchísimas palabras, largas conversaciones y análisis repetidos de situaciones que se miran desde diversos personajes que participaron en ellas; explicaciones de los personajes para sí mismos y para otros; partes o momentos de una misma historia que van completándose, rehaciéndose, desde perspectivas y visiones diversas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el tema del espionaje y del contraespionaje, se mezclan sucesos y relaciones que creemos ciertos, pero que también son puestos en duda con frecuencia. Se nos ha mostrado también la importancia capital de descifrar y crear códigos y, de paso, informar a los lectores sobre el tema. La matemática es uno de los ámbitos de la ciencia que ha permitido generar nuevos modos de encriptación, nuevas teorías encaminadas a contar con los mejores lenguajes para tener los mejores espías, en un mundo que privilegia la inteligencia más que la violencia. Lo anterior no implica que no haya o no se ejerza violencia, pero sí nos sumerge en un mundo también confuso, en el cual es casi imposible decir con certeza que algo es o fue así. La duda está anclada en este mundo donde prácticamente nada es lo que parece, o tiene un grado de permanencia o veracidad siempre en cuestión, rasgo muy propio del espionaje, cuyo éxito se basa en engañar y desorientar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hacia el final, la Tercera Parte (Captadores del viento) inicia con el Capítulo IV, ‘Lo que cuenta el espíritu de Wei Fu’ (p.363), muerto ya, pero que está en un espacio que le permite saber y entender todo lo que pasa a su alrededor. Valora lo que le pasó después de su ´muerte´ como mucho más interesante que su vida e insistirá frecuentemente en que su nombre es Wei Fu, como la posibilidad de recuperar su verdadera identidad, confundida entre todos los roles que ha encarnado y acciones que ha debido llevar a cabo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Capítulo V, ‘Bailar en la punta del cuchillo’, parte 1, aparece un nuevo y sorprendente personaje, muy anciano ya: “Me llamo Jin Shenshui. Vengo de los Estados Unidos. Era compañero de trabajo de tu madre. Me refiero a tu madre biológica, no la que vive en tu pueblo natal. (…) Estoy determinado a decirte la verdad, porque esto constituye no solo mi deseo de siempre, sino el de tu madre, quiero decir, tu madre biológica” (p.399).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es ahora cuando, posiblemente, se pueda conocer (y contar) l<em>a verdad.</em> Difícil tarea, porque representar roles verosímiles crea seres reales de los cuales es muy difícil despojarse y, luego, decidir cuál es, si lo hay, el verdadero, palabra que se desliza como gelatina entre las páginas. “Me odio, por lo menos al yo de aquellos días tan nefastos” (p.407), dice Shenshui.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resurgen frases y palabras que recorren el libro: Kuomintang, Chiang Kai-shek, Buró de Seguridad, Relaciones chino-soviéticas, KGB, República Popular China, El Partido…<br>La novela está cruzada por este intento permanente de encontrar la verdad, escarbar hasta conocerla, aunque sea dolorosa. Y darse cuenta de que ese anhelo no sirve de mucho, porque no existe una única verdad y porque si buscarla es lo humano, también es humano saber que no la encontraremos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida se parece peligrosamente al mundo del espionaje, oculta las identidades, las transforma y las convierte en algo que no entrega ninguna certeza, porque el día de mañana podemos tener dificultades para reconocer quiénes somos… de “verdad” … si es que eso existe.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En la oscuridad, de Mai Jia<br>Joyas de Literatura Contemporánea China<br>China Intercontinental Press, 453 págs.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="599" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/02/portada_en-la-oscuridad_mai-jia_1280-599x1024.jpg" alt="En la oscuridad" class="wp-image-16103" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/02/portada_en-la-oscuridad_mai-jia_1280-599x1024.jpg 599w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/02/portada_en-la-oscuridad_mai-jia_1280-176x300.jpg 176w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/02/portada_en-la-oscuridad_mai-jia_1280.jpg 749w" sizes="(max-width: 599px) 100vw, 599px" /></figure>
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		<title>DE REGRESO A 1942, DE LIU ZHENYUN</title>
		<link>https://letrasdechile.cl/2025/01/30/de-regreso-a-1942-de-liu-zhenyun/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jan 2025 21:48:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Josefina Muñoz Valenzuela Estas ediciones se han agrupado bajo el nombre común de Joyas de literatura contemporánea china, realmente lo son, y nos llegan especialmente traducidas para lectores del mundo hispano. En el caso específico de la literatura, novelas a las que quienes no conocemos el idioma solo podemos acceder gracias a las traducciones, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Josefina Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas ediciones se han agrupado bajo el nombre común de <em>Joyas de literatura contemporánea china</em>, realmente lo son, y nos llegan especialmente traducidas para lectores del mundo hispano. En el caso específico de la literatura, novelas a las que quienes no conocemos el idioma solo podemos acceder gracias a las traducciones, podemos leerlas con extraordinaria y asombrosa fluidez, como si hubieran sido escritas en castellano, sin presencia de nada que sea un “escollo lingüístico”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, el primer sello a destacar es la delicadeza y precisión en la traducción, en este caso, a cargo de Javier Martín Ríos, dotado del talento y la rara perfección de escoger las palabras que, como lectores, percibimos como las mejores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, el traductor es también autor de la Introducción y de varias notas; en este caso, la Introducción aporta elementos fundamentales para adentrarse en “LA NARRATIVA CHINA DESDE EL FIN DE LA GRAN REVOLUCIÓN CULTURAL HASTA PRINCIPIOS DE LOS AÑOS NOVENTA”. Así, nos ayuda a entender este tránsito desde la literatura realista socialista, la reforma estructural del Estado, los diferentes gobernantes, desde Deng Xiaoping hasta ahora, consecuente con un gran cambio en lo social, cultural, económico y político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El escritor y autor de esta novela-reportaje Liu Zhenyun (1958), estudió Filología china y, como otros de sus colegas de las últimas décadas del siglo XX y del actual, han tomado periodos de su propia historia para crear esta nueva literatura, difícil de relacionar con otras, pero absolutamente contemporánea en su mirada, sus interpretaciones, sus modos de decir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este caso, se retrocede a 1942-1943, año de una gran hambruna en Henan (tierra natal del escritor) provocada por la sequía y una plaga de langostas que destruyó los cultivos de arroz, alimento fundamental pero que, como siempre, no afectó por igual a todas las personas, parte de los descubrimientos del personaje principal. Murieron tres millones de personas y treinta millones fueron afectados de manera profunda. Es coincidente también con la invasión y dominación japonesa en zonas de China, Henan entre ellas. Es inevitable recordar las películas de los años cincuenta, provenientes de EE.UU. en las que los chinos eran los malos y su territorio había sido ocupado y atacado por los japoneses, apoyados por los norteamericanos y encabezados por Chiang Kai Shek, enemigo acérrimo de Mao Tse Tung, el líder comunista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mirada a la historia se hace desde otra perspectiva; se necesita hacerla porque ya no se cree en una versión única e indiscutible, sino en el valor de los relatos hechos por diferentes personas desde los contextos en que estaban. El personaje busca la verdad y para ello se apoya en las preguntas realizadas a familiares y conocidos, y en un reportaje del periodista estadounidense Theodore White y libro de este mismo, “En busca de la historia: una aventura personal”, relato de su viaje a Henan en 1943 con su colega Harrison Forman, del diario The Times. Lo percibe como escrito desde la objetividad, sin prejuicios, una respuesta a su deseo de saber, más allá de toda consigna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El relato está construido desde testimonios orales, de múltiples voces que, al ser interrogadas, recuerdan y reviven lo que significó ese momento histórico para sí mismos y para sus familias, incluidos familiares del propio autor. El narrador se mueve como un periodista que busca versiones en personas que vivieron ese periodo directamente, o supieron después porque eran pequeños en ese momento, o se enteraron muchos años después. Se encuentra también con grandes sorpresas cuando una abuela le cuenta inocentemente que debió prostituirse, secreto familiar que desata amenazas ataques para el mismo narrador. La reunión de muchas versiones sobre un acontecimiento refuerza la convicción de que no hay verdades únicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El nombrado periodista White entre otros tema, resume lo que vio: animales alimentándose de incontables personas heridas y muertas, abandonadas en la huida por todos los caminos; personas alimentándose de otras, ya muertas o asesinadas; trueques y venta de personas, especialmente mujeres y niños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capítulo 7 y final es desolador; el autor recalca que su texto no se centra en las langostas. Describe las variadas formas en que lucharon contra las langostas del 43 y busca las razones de haber sobrevivido en ese momento histórico y ser ahora la segunda provincia más poblada de China. Sorprendentemente, afirma que sobrevivieron gracias a los japoneses, que habiendo cometido “crímenes monstruosos, mataron a la gente como a moscas, fluyó la sangre como ríos y no cabe duda de que son nuestros peores enemigos. Pero en la zona del desastre de Henan, desde el otoño de 1943 hasta la primavera de 1944, algunos de estos agresores asesinos salvaron la vida de no pocos paisanos de mi tierra natal. Nos dieron muchos víveres del ejército. Comimos los víveres del ejército japonés, lo que ayudó a mantener y fortalecer la vida. Que los japoneses dieran los víveres albergaba absolutamente una mala acción, porque no tenían un buen corazón y había una intención estratégica, una conspiración política para comprar al pueblo, ocupar nuestras tierras, conquistar nuestros ríos y montañas, violar a nuestras mujeres, pero a pesar de todo salvaron nuestra vida. (…) Las autoridades [chinas] se desatendieron de su responsabilidad hacia nosotros. Bajo estas circunstancias, para sobrevivir, quienquiera que me amamantara se convertía en mi madre, y por eso nos comimos los cereales de Japón, vendimos al país, y fuimos unos traidores”. (p. 109)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que leer con mucha atención este capítulo final, porque muestra de manera descarnada aspectos centrales de la vida humana que la historia recubre para contarla ocultando los aspectos más miserables. Que tampoco es la historia, que no puede contarse a sí misma; que tampoco la <em>cuentan los pueblos</em> como hemos querido creer: simplemente la cuentan quienes están en el poder en ese momento y de la manera más conveniente a sus propios fines.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí reside el gran valor de este libro, necesario de leer (y releer) y tener en la mente en cualquier etapa de la vida. Saber que cada uno de nosotros, desde el lugar en que nos tocó nacer y vivir y trabajar y pensar, sin estar en los círculos de poder propiamente tales, podemos agregar nuestras miradas y palabras e interpretaciones para estar presentes y actuantes en una historia que nos reconozca como parte de ella y, por tanto, nunca podrá ser una sola y para siempre.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="659" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/portada_de-regreso-a-1942-659x1024.jpg" alt="" class="wp-image-16048" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/portada_de-regreso-a-1942-659x1024.jpg 659w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/portada_de-regreso-a-1942-193x300.jpg 193w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/portada_de-regreso-a-1942-768x1193.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/portada_de-regreso-a-1942.jpg 824w" sizes="(max-width: 659px) 100vw, 659px" /></figure>
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		<title>YO NO SOY UNA MUJERZUELA, DE LIU ZHENYUN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Jan 2025 14:06:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Cecilia Aravena Liu Zhenyun, en su novela “Yo no soy una mujerzuela”, crea una sátira mordaz del sistema burocrático chino, al tiempo que ofrece un retrato de la condición femenina en una sociedad en transformación. A través de la figura de Liu Xuelian, la novela explora temas universales como la justicia, la identidad y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Cecilia Aravena</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Liu Zhenyun, en su novela “Yo no soy una mujerzuela”, crea una sátira mordaz del sistema burocrático chino, al tiempo que ofrece un retrato de la condición femenina en una sociedad en transformación. A través de la figura de Liu Xuelian, la novela explora temas universales como la justicia, la identidad y la autonomía individual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, Liu Xuelian, protagonista de esta novela, se convierte en una figura emblemática de la resistencia frente a un sistema burocrático opresivo y profundamente machista. El título de la novela, «Yo no soy una mujerzuela», es en sí mismo, una ironía que subvierte los estereotipos y las expectativas sociales. La protagonista encarna una compleja amalgama de arquetipos femeninos chinos. Desde Pan Jilian, el arquetipo de la mujer adúltera; Dou E, quien representa a las víctimas de graves injusticias; Xiao Baicai, conocida como «la lechuguita», un personaje de la dinastía Qing que simboliza a las mujeres injustamente agraviadas; y Bai Suzhen, la mítica serpiente blanca que personifica la capacidad de transformación y reinvención. La novela teje una rica tapicería de referencias culturales que resuenan en la experiencia de la mujer contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se exponen con agudeza las mañas de la burocracia y el abuso de poder por parte de la dirigencia, obsesionados con el control y los cálculos mezquinos. Este retrato convierte a la novela en un puente que conecta el pasado con el presente: por un lado, se evocan las tradiciones, costumbres y normas del legado cultural chino, mientras que, por otro, se exploran las tensiones de una sociedad que exige una visión más centrada en los individuos y sus anhelos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Liu Xuelian se presenta como una mujer audaz y resiliente, quien decide divorciarse de su esposo en un acto calculado para evadir la política del hijo único y proteger a la hija que lleva en su vientre. Sin embargo, lo que inicialmente parece un divorcio falso se transforma en un drama personal cuando su esposo aprovecha la situación para casarse con otra mujer. Este giro inesperado desata una lucha feroz en Liu Xuelian por conseguir que el sistema judicial reconozca la falsedad de su divorcio. Su batalla la lleva a enfrentarse a los intrincados laberintos del aparato gubernamental, ascendiendo desde las instancias locales hasta las más altas esferas del poder central.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este recorrido, el lector es testigo de la complejidad de la burocracia china y de su relación con la ciudadanía. En la narrativa hay un humor negro, que contribuye a aliviar la tensión. La novela revela los prejuicios y creencias que pesan sobre las personas, así como las estructuras piramidales de las instituciones que a menudo aplastan las aspiraciones individuales. A pesar de las innumerables barreras que enfrenta, Liu Xuelian desafía las restricciones impuestas, demostrando una valentía inquebrantable en defensa de lo que considera justo. Aunque la novela está anclada en la realidad china, sus temas son universales: la lucha por la justicia, la resistencia frente al poder, la búsqueda de identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llama la atención la forma en que se cuenta la historia de Liu Xuelian, con un narrador omnisciente, que habla desde la cabeza de cada uno de los personajes de la historia. Se detalla con precisión el espacio social donde habitan, con sus normas y costumbres. Este entorno da verosimilitud a la historia, lo que es clave para los lectores de occidente. También, se narra el espacio psicológico de los personajes, lo que influye en el tono de la novela, en el que se mezcla la ingenuidad e idealismo de Liu Xuelian con el pragmatismo de los otros personajes. Respecto al espacio físico, se describen poco los entornos, lo que para los lectores es una pena, ya que se tiene la expectativa de conocer más de Beijing y de otras ciudades de China a través de sus principales obras literarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta obra fue llevada al cine con el nombre de “Yo no soy Madame Bovary” en el año 2016, ganando varios premios en el festival de cine de San Sebastián.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="659" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/yo-no-soy-una-mujerzuela-659x1024.jpg" alt="" class="wp-image-15912" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/yo-no-soy-una-mujerzuela-659x1024.jpg 659w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/yo-no-soy-una-mujerzuela-193x300.jpg 193w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/yo-no-soy-una-mujerzuela-768x1194.jpg 768w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2025/01/yo-no-soy-una-mujerzuela.jpg 772w" sizes="(max-width: 659px) 100vw, 659px" /></figure>
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		<title>LA CONVIVENCIA CON EL DOLOR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Dec 2024 12:24:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Diego Muñoz Valenzuela El poeta y calígrafo Zhao Lihong nació en Shanghai en 1952. Estudió Literatura china en la Universidad Normal del Este. Tiene más de un centenar de libros publicados: poemarios, ensayos y novelas. Con su obra ha ganado una cantidad de galardones literarios muy amplia: el Premio Internacional de Literatura Bing Xin, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Diego Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El poeta y calígrafo Zhao Lihong nació en Shanghai en 1952. Estudió Literatura china en la Universidad Normal del Este. Tiene más de un centenar de libros publicados: poemarios, ensayos y novelas. Con su obra ha ganado una cantidad de galardones literarios muy amplia: el Premio Internacional de Literatura Bing Xin, Premio Wenjin, Premio al Buen Libro de China, Premio a la Colección de Prosa Sobresaliente de la Nueva Era, y en 2014 en Premio a la Contribución Destacada en Literatura y Artes de Shanghai. A estas distinciones se suman otros galardones internacionales en Serbia, Francia y Rumania. Como buena parte de los autores chinos destacados, participa en sus organizaciones gremiales y en la actualidad es vicepresidente de la Asociación de Escritores de Shanghái. Está traducido y publicado en diversas lenguas y naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Zhao Lihong es uno de los poetas chinos contemporáneos más importantes. Su obra es universal y llama la atención en otros países por su actualidad y conexión con los grandes problemas de nuestras sociedades modernas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro «Aflicciones» de Zhao Lihong es una obra poética que explora en profundidad el vínculo entre el cuerpo humano y las experiencias emocionales y existenciales. Presentado recientemente en la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA) 2024, este libro fue destacado por la profundidad y sensibilidad que despliega en el tratamiento de temas universales como el sufrimiento y la conexión con la naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Será esencial el dolor en la experiencia humana? El dolor en sus múltiples e infinitas manifestaciones. Las “aflicciones” que aborda este volumen homónimo son variadas, muy distintas en su naturaleza y forma para afectar la condición humana. De ser insoslayable el dolor, el poeta nos sugiere que tal vez lo mejor sería convivir amigablemente con él. En esa convivencia se genera sabiduría y equilibrio: cuerpo, alma y pensamiento se articulan en una actitud positiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, en la lectura de este poemario sentimos como dolor y alegría, aflicción y felicidad, sufrimiento y goce conviven en nuestra existencia. No existe una sin la otra, son las caras de una misma moneda, el ying y el yang. Es una reflexión muy actual y potente cuando contemplamos los múltiples absurdos que se dan en nuestro mundo: terribles guerras, devastación del medio ambiente, consumismo desatado, indiferencia e individualismo llevados a la categoría de valores esenciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, producto de la aguda reflexión poética de Lihong sobre las aflicciones humanas, surge la capacidad de alzarse por encima de los absurdos y las sinrazones: ascendemos y volamos muy por encima de los dolores que pretenden configurarnos a una condición miserable. En la reflexión honda y en la convivencia con las aflicciones está la posibilidad -no de anularlas y hacerlas desaparecer, que es imposible e insano-, sino que de integrarlas a nuestra existencia en un equilibrio y estado superior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reproduzco a continuación un poema del autor que resulta elocuente respecto su intención poética global. Por cierto, integra el volumen comentado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>COLUMNA VERTEBRAL</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Enderézate, enderézate, enderézate,<br>Columna mía, irremediablemente curvada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace tiempo, soportaste pesadas cargas en largos viajes.<br>El yugo atravesó la carne de los hombros.<br>Reprimiste el quejido disparado al cielo.<br>La tierra tembló bajo mis pies, y dobló<br>mi columna, que se erguía derecha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca en mis viajes caí de rodillas,<br>aunque mi cabeza pendía agobiada por la carga.<br>Tanto al detenerme como al caminar,<br>mi columna se erguía de verdad.<br>Verdadera como ese mudo pilar de la sala,<br>verdadera como la caña de caoba de mi anciano Padre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué, entonces, estoy encorvado<br>con mi columna torcida hacia abajo?<br>¿Es que la gravedad terrestre la ha vencido<br>o es que el deterioro sube desde la tierra hacia mí<br>me tironea, me atrapa<br>y me arrastra hasta la tumba?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Enderézate, enderézate, enderézate.<br>¿No he de caminar erguido todavía?<br>Si estoy francamente fatigado.<br>Me dejaré caer de espaldas<br>sobre la tierra robusta para que<br>ella sostenga mis huesos cansados<br>y suavice la curva de mi columna<br>En ese momento, al mirar el cielo,<br>he de ver un ave batir sus alas<br>sobre mi cabeza</p>



<p class="wp-block-paragraph">Enderézate, enderézate, enderézate,<br>columna mía, aún no quebrantada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El poema “Columna vertebral” es una buena muestra de la capacidad del poeta para conectar cuerpo y dolor, existencia y sufrimiento, naturaleza e interioridad, capacidad de autoanálisis con generación de esperanzas. Constituye un bello y potente llamado a levantarse contra el peso de las aflicciones, a rebelarse ante ellas y seguir caminando por el incierto sendero de la vida, que de todas maneras es una aventura maravillosa. Un canto a la existencia que no anula las aflicciones que son el precio de las alegrías que nos brinda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Zhao Lihong utiliza un lenguaje que evoca la forma en que las aflicciones afectan al cuerpo del ser humano en su totalidad. Esta aproximación íntima permite al lector experimentar las emociones de manera casi visceral, creando una experiencia rica y conmovedora. La naturaleza juega un papel central en su poesía, que se convierte en un reflejo de las emociones humanas y un espacio de reflexión sobre la existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gran poesía siempre constituye un acercamiento profundo a la experiencia humana y sus mayores avatares: sufrimientos, miedos, dudas atenazadoras, intuiciones existenciales, contemplación de la naturaleza, sueños de armonía y pesadillas creadas por nosotros mismos. Zhao Lihong se entronca con esta corriente superior y aporta lo suyo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Aflicciones» es una invitación a explorar las complejidades del sufrimiento humano a través de una mirada poética que combina lo físico con lo emocional, ofreciendo una lectura que resuena profundamente en los lectores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Aflicciones, poemas, Zhao Lihong, 2014, Ediciones Lastarria, 152 pp.</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="612" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_zhao-lihong-612x1024.jpg" alt="Zhao Lihong" class="wp-image-15862" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_zhao-lihong-612x1024.jpg 612w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_zhao-lihong-179x300.jpg 179w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_zhao-lihong.jpg 765w" sizes="(max-width: 612px) 100vw, 612px" /></figure>
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		<title>LAS DESVENTURAS DEL TALENTO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mauricio Galaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Dec 2024 20:11:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comentarios de Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura China]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Diego Muñoz Valenzuela Mai Jia (Zhejiang, 1964) es uno de los autores más leídos en China y ha destacado por sus novelas de espionaje que describen complejas conspiraciones donde participa el Servicio Secreto de China. Varias de sus novelas se han editado en millones de ejemplares y han sido adaptadas al cine y la [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Por Diego Muñoz Valenzuela</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mai Jia</strong> (Zhejiang, 1964) es uno de los autores más leídos en China y ha destacado por sus novelas de espionaje que describen complejas conspiraciones donde participa el Servicio Secreto de China. Varias de sus novelas se han editado en millones de ejemplares y han sido adaptadas al cine y la televisión con éxito de taquilla. Su obra fue distinguida en diversos concursos, entre ellos el afamado Premio Mao Dun (además, obtuvo el Premio Nacional, Premio Sichuan, Premio Chen Du City Goleen, Novela del año de la Asociaición China de Ficción). En la actualidad su obra trasciende las fronteras de China, donde atrae un creciente número de lectores</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mai Jia es el nombre literario de Jiang Benhu, proveniente de una familia “sospechosa” por su origen social y convicciones religiosas. Jiang ingresó al Ejército Popular de Liberación , donde estudió radiocomunicaciones y más adelante literatura creativa en su Academia de Bellas Artes (una trayectoria que comparten muchos afamados escritores chinos).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante muchos años escribió en silencio, estudiando matemáticas, inventando códigos de encriptación y diseñando un juego de mesa matemático, todas estas actividades conctadas con su trabajo de escritura. En 2002 recién publicó su primera novela, <strong>El don</strong>, que obtuvo inmediato éxito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El don fue traducida al español en 2014. La obra se centra en la vida de Rong Jinzhen, un genio matemático que, debido a su singularidad y excepcionales habilidades, es reclutado a la fuerza por los servicios secretos de China (la Unidad 701) para trabajar en criptografía, descifrando un complejo código creado por una potencia competidora: el Código Púrpura. De este modo se configura una novela de espías muy especial, pues cuenta con una base matemática que aprovecha el profundo conocimiento del autor sobre matemáticas y criptografía, que debido a este sustento eleva su veracidad y verosimilitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, es una novela que no aprovecha una trama caracterizada por la aventura violenta, el combate con armas (el estilo de la saga de James Bond por Ian Fleming) como en la tradición anglosajona, o la conspiración sofisticada en el límite, confrontando a dobles agentes y contraespionaje (como la serie de George Smiley de John Le Carré). De otra parte, la inmersión en la compleja psicología del protagonista es un fuerte de la novela, así como la caracterización de otros singulares personajes que configuran la trama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rong Jinzhen, el protagonista, es un joven de especial talento, descendiente de una curiosa familia de emprendedores, que tiene la oportunidad de viajar y educarse en el extranjero. Se forma en un entorno caracterizado por la soledad y la falta de afecto, que busca suplir con el estudio de las matemáticas, la filosofía y la interpretación de los sueños. Junto con su enorme inteligencia muestra una gran incapacidad para relacionarse con las personas, con características del síndrome de Asperger. Su vida, desde el principio, se nos muestra como un viaje a través de la compleja y tortuosa mente humana, en la frontera difusa entre la genialidad y la locura. Ese enorme talento matemático y criptográfico, su destreza para descifrar enigmas y sus destacadas capacidades de análisis lógico, lo llevan a ser reclutado forzosamente por la Unidad 701 (el Servicio Secreto), donde inicia una carrera exitosa que hace de él una leyenda viviente, y lo obliga a recorrer y un tránsito peligroso que cobra lo suyo, no solo en lo referido a la pérdida de libertad, sino que afectando seriamente su salud mental y su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A medida que la trama progresa, Rong Jinzhen se enfrenta a desafíos cada vez más complejos en su trabajo de desciframiento de códigos, lo que pone a prueba su cordura y lo lleva recorrer un camino muy riesgoso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La novela en lo esencial se estructura en dos partes: una que aborda el linaje y la historia familiar de Rong; la otra narra su azarosa vida en el servicio secreto. La narración se aborda desde múltiples perspectivas narrativas, que incluyen cartas y testimonios de numerosos personajes. Todos estos elementos se van integrando en una estructura configurada como un caleidoscopio, cuyas diversas visiones se van complementando hasta el final de la historia. De este modo, logra configurar un mundo convincente,</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertamente se trata de una obra muy atractiva, difícil de clasificar, poco emparentable con otras novelas al combinar elementos de historia, espionaje y psicología, un cruce muy original. La humanidad está muy presente en los personajes: dolores, miedos, frustraciones, grandes ambiciones, conflictos de poder, ansias de amor; esta presencia configura una novela de espionaje distinta a las clásicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El don</em></strong> es una obra narrativa con múltiples matices que conduce a reflexionar sobre las posibilidades y fronteras de la mente y los efectos del aislamiento social. Al mismo tiempo propone una mirada del manejo del poder en la sociedad humana, sometido a los flujos y reflujos de la historia, que convierten a las personas a engranajes de un juego mayor donde operan intereses que escapan a su escrutinio normal. Su exploración única y especial de sicología y el mundo de la criptografía le otorgan un lugar destacado dentro de la literatura contemporánea china, conciliando el talento literario con la facilidad de la lectura. Una demostración más de la calidad y diversidad de la narrativa china contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>EL DON, novela, ed. Destino, España, 2014, 478 pp.</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="608" height="1024" src="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_el-don-608x1024.jpg" alt="" class="wp-image-15856" srcset="https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_el-don-608x1024.jpg 608w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_el-don-178x300.jpg 178w, https://letrasdechile.cl/wp1/wp-content/uploads/2024/12/portada_el-don.jpg 760w" sizes="(max-width: 608px) 100vw, 608px" /></figure>
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