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	Comentarios en: Microcuentos para los 50 años	</title>
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	<description>Literatura  Chilena</description>
	<lastBuildDate>Tue, 12 Sep 2023 20:42:08 +0000</lastBuildDate>
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		Por: Duquesa de Éboli		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Duquesa de Éboli]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Sep 2023 20:42:08 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Mi particular homenaje al dolor.
GRITOS DESDE LAS MURALLAS

Once de septiembre de nuevo, columnas de gente entrando en los centros de detención y tortura con la mirada mansa y el corazón inquieto, otro año más, desafiando el tiempo y la paciencia, otro año recordando el dolor de la juventud, de la niñez, quizás incluso prenatal. ¿Para qué hacemos fila para volver a sentir el vómito? El dolor en carne ajena que nos cuentan, en susurros de cucarachas, la cal y cemento de las murallas.
Me agacho al pasar por el portón presionado por una fuerza invisible que me hace mirar al suelo y sentir los culatazos de otros tiempos y otros cuerpos. 
Dentro siento que los camarines se convierten en plastilina, en barro moldeable de Pomaire, igual de negros, formando con las murallas, caras deformadas de bocas desgarradas, desdentadas a base de golpes secos, patadas y puños.
Las imágenes de hace cincuenta años se hacen carne y tapan mi horizonte con su sangre y despojos. Pronto ya no puedo respirar, no puedo gritar, no puedo pedir ayuda.
Las almas emparedadas entre esos muros infinitos, encarcelados en el yeso y hormigón de esas construcciones, se convierten así en esponjas construidas con el espíritu vital de aquellas almas sacrificadas para que una parte del país creyera que ganaba haciendo desaparecer al que enojaba su existencia.
Almas todas frágiles y simples, que sintieron que su existencia dependía de lo que otros decían que era la vida real, mientras la suya se deshacía en la violencia inútil de sus torturadores.
Ni la pintura ni la cal y canto con los que remozaron esos espacios han podido limpiar el dolor que las hizo crecer. Ese sigue ahí, agazapado, esperando cada aniversario para gritar desde su materialidad para pedir una justicia sin bandos ni banderas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi particular homenaje al dolor.<br />
GRITOS DESDE LAS MURALLAS</p>
<p>Once de septiembre de nuevo, columnas de gente entrando en los centros de detención y tortura con la mirada mansa y el corazón inquieto, otro año más, desafiando el tiempo y la paciencia, otro año recordando el dolor de la juventud, de la niñez, quizás incluso prenatal. ¿Para qué hacemos fila para volver a sentir el vómito? El dolor en carne ajena que nos cuentan, en susurros de cucarachas, la cal y cemento de las murallas.<br />
Me agacho al pasar por el portón presionado por una fuerza invisible que me hace mirar al suelo y sentir los culatazos de otros tiempos y otros cuerpos.<br />
Dentro siento que los camarines se convierten en plastilina, en barro moldeable de Pomaire, igual de negros, formando con las murallas, caras deformadas de bocas desgarradas, desdentadas a base de golpes secos, patadas y puños.<br />
Las imágenes de hace cincuenta años se hacen carne y tapan mi horizonte con su sangre y despojos. Pronto ya no puedo respirar, no puedo gritar, no puedo pedir ayuda.<br />
Las almas emparedadas entre esos muros infinitos, encarcelados en el yeso y hormigón de esas construcciones, se convierten así en esponjas construidas con el espíritu vital de aquellas almas sacrificadas para que una parte del país creyera que ganaba haciendo desaparecer al que enojaba su existencia.<br />
Almas todas frágiles y simples, que sintieron que su existencia dependía de lo que otros decían que era la vida real, mientras la suya se deshacía en la violencia inútil de sus torturadores.<br />
Ni la pintura ni la cal y canto con los que remozaron esos espacios han podido limpiar el dolor que las hizo crecer. Ese sigue ahí, agazapado, esperando cada aniversario para gritar desde su materialidad para pedir una justicia sin bandos ni banderas.</p>
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